El chico que les sonreía a los balones

5 05 2016

De las muchas razones que uno puede esgrimir para ver a menudo a los Chiefs, tal vez la más común ya sea ésta: disfrutar de Damian McKenzie. El chico es una bomba. La caracterización tiene que ver con la efusiva alegría y la exuberancia física de su juego. Su figura supone una refutación completa de los presuntos arquetipos que rigen el juego moderno: mide 1,75 y ronda los 80 kilos. Siempre fue antes que nada apertura, pero ya en el Mundial sub20 con Nueva Zelanda, y en sus equipos de formación, se desempeñó también como zaguero y dejó noticia de su versatilidad y de un altísimo nivel técnico. La cohabitación en la franquicia con Aaron Cruden y con su hermano Marty, también apertura y que este año juega en los Crusaders, lo ha llevado de manera permanente al fondo. Pero ese alejamiento de la pelota, en su caso, es solo presunto. El papel de McKenzie en el torrencial ataque de los Chiefs es cualquier cosa menos secundario. Y el muchacho solo tiene 21 años.

mckenzie

La feliz rutina de Damian McKenzie cuando tiene que patear.

La edad puede añadirle a su semblanza el innegable factor de la precocidad, pero en el territorio del rugby austral esa condición no es tan distintiva como pudiera parecer: la competición está repleta de jugadores de esas edades, en cualquier puesto y en bastantes equipos; muchachos que juegan con la naturalidad, la jerarquía y el impacto propios de quienes ya están en el apogeo de su carrera. McKenzie es uno de ellos. Un recién llegado al que Sean Fitzpatrick ya ha situado como el próximo full-back de los All Blacks.

Está por ver qué piensa Steve Hansen de todo esto, pero en realidad Fitzpatrick -que hizo un equipo por lo demás ciertamente opinable, y tan válido como lo serían otros- no ha descubierto nada que no estuviera a la vista de todos. Nacido en Invercagill y educado en Christchurch, McKenzie llegó al equipo de desarrollo de los Chiefs en 2013. En 2014 jugó con los sub20 la Copa del Mundo. Ha pasado ya por los New Zealand Maories y en 2015 debutó con el equipo de Waikato en el Super Rugby. Ha sido este año cuando ha explotado… por volver al símil anterior, al punto de que en Nueva Zelanda casi no se habla de otra cosa.

Cuando se observa semana a semana la capacidad de McKenzie para hacerse protagonista en una liga de tan bárbara exigencia, uno entiende cómo y por qué funciona el célebre poder de regeneración de los All Blacks. Retirados los centuriones después de la pasada Copa del mundo, allá abajo el proceso evolutivo no se detiene. De hecho, ocurre en el tiempo escaso en el que uno pestañea. Se van leyendas inolvidables y, de un año para otro, encontramos un ramillete de jugadores (algunos nuevos, otros ya conocidos pero que dan un paso adelante) preparados para asumir ese proceso como antes lo hicieron otros. Y recomienzan las apuestas por saber si el apertura será Cruden Beauden Barrett; quiénes ocuparán el lugar de Nonu Conrad Smith; si Sam Cane puede estar seguro o Ardie Savea tiene derecho a heredar las botas de Richie McCaw; o si el rutilante estado de forma en el que ha regresado Dagg a los crecientes Crusaders lo recupera para discutirle el fondo a Ben Smith. Y aún más… qué pinta Steven Luatua, ahora que lo vemos iniciar la temporada de segunda línea, seguir de flanker y después asumir la plaza de octavo sin mellar un punto su excelente rendimiento;

No se sabe qué papel le aguarda a McKenzie en todo ese baile. Y en qué plazo. En junio aguarda Gales. Esta semana ha renovado dos años más con la franquicia de Waikato y la decisión ha permitido a algunos analistas cruzar aceros: hay quien piensa que se ha equivocado rechazando el ofrecimiento que le había hecho Tana Umaga para ir los Blues. Allí, opinan, podría haber asumido durante varios años el puesto de apertura titular, sin tener que ceder prerrogativas a un Cruden; y a partir de eso, asaltar la camiseta de los All Blacks.

Es verdad que, aun situándolo como full backDave Rennie se asegura de que los movimientos de ataque de su equipo contengan variantes que incluyan al joven: es frecuente ver cómo en un relanzamiento Cruden McKenzie dividen su amenaza situándose cada uno a un lado distinto de la salida de la pelota. Cada uno de ellos anticipa la amenaza y divide a la defensa. De acuerdo a ese mecanismo, McKenzie hace muy a menudo el papel de primer receptor, y en cuanto agarra el balón lo convierte en una espoleta. Hay pocos zagueros que irrumpan en la línea con la frecuencia con que lo hace McKenzie. Y con tan buenos resultados. Su irrefrenable y elusiva carrera comunica la ansiosa amenaza de un reguero de pólvora. Está en el arranque de las jugadas y a menudo en su final. Ahora mismo lidera el ranking de anotadores de ensayos del Super Rugby con siete marcas.

Sin embargo, la hipótesis de la equivocación no parece desechable si se analizan otros factores, más allá de su indudable éxito actual como zaguero. Esa teoría sostiene que Ben Smith es inamovible en el fondo de los All Blacks y que, además, Steve Hansen no va a patrocinar para jugar como último hombre a un chico de la talla de McKenzie: Smith mide 1,87; Dagg alcanza el 1,86. Más de diez centímetros por encima. La capacidad ofensiva de McKenzie está fuera de toda duda, desde edades tempranas. Y se mantiene. Ofrece en cada acción detalles técnicos primorosos. La comprensión de los espacios de un animal ofensivo puro. Y una de esas aceleraciones que parece realimentarse en cada zancada. Lo han comparado, en ese aspecto, con Christian Cullen -que por otro lado es su jugador histórico favorito- y no sin razón. Su modo de correr con la pelota, de amontonar cambios de ritmo, los aproxima… aunque Cullen era mucho Cullen.

El juego táctico con el pie de McKenzie también es excelente: sale y patea en carrera en cuanto avista la debilidad de un espacio en la zona ciega de la defensa rival. Y también golpea a palos, aunque Rennie insiste estos últimos días en recubrir de confianza la crónica inseguridad de Cruden. Y, a pesar de la evidencia de que un día, como se ve arriba, se metió entre el molino arrollador que son las piernas de Nadolo y mandó a volar al gigantesco ala de los Crusaders, uno todavía no ha acabado de convencerse de cuán fiable será, en defensa, este magnífico jugador. Cómo de rotundo es en las disputas aéreas (lo vimos con algunos problemas en el último partido frente a los Sharks) y en el placaje (apenas rebasa el 60% de tackles exitosos en la competición). Son cuestiones capitales para un zaguero, más aún a estos niveles.

El jugador de los Chiefs, con la camiseta de los jóvenes All Blacks.

El jugador de los Chiefs, con la camiseta de los jóvenes All Blacks.

En cualquier caso, su rugby conquista parabienes con toda justicia. No tiene que ver solo la fascinación de verlo jugar, con el deleite de la estética. Sobre todo, uno goza viendo a McKenzie por el natural desenfado con el que se maneja en el campo. Sonríe mucho. Se ríe mucho. Su extraversión resulta contagiosa, aunque no faltan entre los rivales quienes consideran una provocación que un rubiales les cosa a ensayos con tanta cordialidad. Y luego está el gesto más característico. Esa media sonrisa, como inconsciente, que se le dibuja en el rostro mientras prepara la patada a palos.

Cuando se dispone a patear, McKenzie encoge el cuerpo y curva la espalda como una oruga que estuviera a punto de recogerse sobre sí misma. Mira al balón, que aguarda su golpeo; y cuando vuelve la vista hacia los palos… entonces sonríe. De forma muy leve, sí, pero perceptible de manera nítida. Una sonrisa aniñada, de felicidad pueril. Lo hace dos veces, como si hubiera alcanzado un estado de plena seguridad. Sonríe porque sabe que ese balón va a entrar y que la patada no es nada más que un juego. Todo el rugby lo es. Podemos asumir que la sonrisa de McKenzie forma parte de una rutina más de pateo, una de tantas. Pero resulta especialmente hermosa, casi emocionante. Damian le sonríe al balón como un niño que descubriese cada vez la magia de una pelota; el interminable deslumbramiento de un bebé que mira rodar un balón y quiere seguirlo y convertirlo en su juguete favorito. Y entonces intuye que puede golpearlo y decidir su velocidad y dirección. Aún con más razón si tiene forma oval. Luego golpea. Y la pelota, desde luego, acostumbra a ir donde él quiera. Cómo negarse, si el chico se lo pide siempre con una sonrisa…

 

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3 responses

5 05 2016
peregrinator

Ni había oído hablar de él cuando ví el partido de los chiefs con los jaguares (partido no partidazo)

Cuando ví que los golpes no los pateaba cruden…pues pensé que algo debía de tener

A medida que siguió le partido,..pues algo tiene sí

No había visto el placaje a nadolo, pero bueno, no olvidemos que el rugby es un juego para gente lista de todos los tamaños

Que tiene un porcentaje de placajes exitoso bajos?, bueno me aprece un aspecto del juego de los más factibles de mejorar. Shane Williams se pasó toda la vida oyendo que no valía para este juego por que no era un buen placador, pero el caso es que se retiró con casi 90 caps.

No se si tardará mucho en asentarse en la lista habitual de los all blacks, pero que no tardará mucho en llegar lo tengo claro, y no creo que su debut se retrase mas allá de este verano

mi opinón

Por cierto Mario, no nos comentas nada de lo de llenar el José Zorrila?

5 05 2016
Jorf

Damian, un jugadorazo, que casi seguro tendrá minutos en junio pero que lo tiene por ahora muy jodido para meterse en el XV negro, y en la rotación de elegidos.
Ya lo has dicho casi todo sobre él, sus deficiencias defensivas para ser zaguero en los Test Matches son por ahora complicadas de salvar, sobre todo si el número 15 es y debe ser para, a mi jucio, el jugador más insustituible de los all Blacks actuales (junto con Read): Ben Smith.

De 10 pues ni lo concibo, porque si no juega ahí en su club no lo hará de negro.
Creo que le costará llegar a ser un jugador esencial en el equipo, salvo bajón inesperado o problemas de lesiones de algún “rival”.
Encorsetarlo en el ala me parece un despilfarro, aunque no es ningun imposible, sobre todo porque en NZ hay un hype tremendo y si Hansen no lo hace jugar le lloverán las críticas.

Desde luego la tremenda competencia que hay en las islas para formar parte de este equipo son enormes.
-Kaino no se puede dormir (no está especialmente bien este año) porque hay gente como Elliot Dixon, Brad Shields o Taufua rindiendo a nivel superlativo.
-El puesto de Cane no está nada claro, si Savea a reninciado al Seven de Río seguro que es porque desde el entorno de Hansen le han dicho algo. T está Todd que es muy muy buen jugador de rugby. Shane Cristie es “mayor” y no lo van a llevar, pero si fuera por juego estaría en las quinielas, Y Blake Gibson, otro crío, tal vez el mejor 7 neocelandés en las primeras jornadas hasta que Savea y Cane se asentaron, está lesionado. Pero pinta que puede tener mucho que decir en el futuro.
-Y de 8 está Read que es insustituible, pero se abre un hueco detrás a llenar (Vito se va de NZ), y ahí Hansen lleva tiempo bucando un “combo”, ese segunda/octavo que pueda hacer ambas funciones con verdadera capacidad (había un artículo de nzherald muy bueno pero no lo encuentro). La primera opción es Luatua, como has comentado Mario, pero también estaban siguiendo muy de cerca a Taleni Seu como futurible.

Kaino-Cane-Read
Dixon-Ardie Savea-Luatua
Shields-Todd-vito/Seu

-De Apertura y medio melé poco hay que decir
-De segundas, pues la cosa está clara a priori, pero como se duerman, Tuipulotu, Bird está ahí
-Atrás por no repetir nombres, Hansen tiene la “suerte” que Ranger le ha lesionado, igual que Milner-Skudder, que Rieko Ioane se va a Rio y a McNicholl no lo convocarán porque se va a Europa (no por no merecerlo, es un jugadorazo), pero Moala parece revivir últimamamente, Lowe está a un nivel bestial, Luamape apunta alto (viene del League y está adaptándose) y Proctor sale de un calvario de lesiones a los grande (y ya fué un jugador en el radar de Hansen no hace tanto) igual que Crotty.

Savea-Ngatai-Fekitoa-Nene MS-Ben Smith
Lowe-Crotty-Ranger-Naholo-McKenzie
Jane-Proctor-Moala-Rieko Ioane-Dagg

Es que es una animalada

5 05 2016
migueltuck

Ese chico es la definición de lo que Andrés Montes llamaría un jugón.
Tengo la pedrada de que si va convocado con Nueva Zelanda, lo veo ocupando el 14, que por otra parte sin Nehe y con Naholo en un estado de forma más “normal” que el del año pasado, esta abierto a más debate.
Como comentas, el puesto de zaguero con Ben Smith, y la paulatina vuelta a sus fueros de Dagg cierran puertas, y si le sumamos a que Barrett ocupe el puesto de 22/23 en el banco, le quita posibilidades de convocatoria. Conjeturas mías vamos.
Por condiciones y rendimiento desde luego que estará convocado tarde o temprano.

Sobre la capacidad de regeneración de Nueva Zelanda, se vislumbran cambios: por necesidad, por evolución, por ausencia de, pero creo que el aparición de rostros nuevos de golpe en el XV incial va a ser complicado. Viendo el modus operandi del cuerpo técnico neozelandés en estos casos, me soprendería ver dos tres jugadores debutar de inicio (o con menos de 3 caps).
En el 7 tiene toda pinta que la primera oportunidad se la llevará Cane, no será porque Ardie y Matt Todd no hacen méritos cada semana.
En la posición de centros me entran bastante más dudas, de momento el que debería estar seguro es Charlie Ngatai.
Luego de fondo que vayan adquiriendo experiencia los Brad Shields, Elliot Dixon, Tuipolotu, Codie Taylor, y demás miebros de la camada. Me gustan las quinielas.
Un saludo

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