Francia y sus contradicciones

17 12 2014

Si nos tuviéramos que guiar por las sensaciones prevalentes en este mes de noviembre, diríamos que Philippe Saint-André ha reiniciado a Francia. Si atendemos a la trayectoria del equipo azul en los últimos años, cualquier afirmación ha de ser puesta de inmediato en suspenso y aguardar su evolución. Diría sin duda que Francia ha sido el equipo más entretenido de ver este noviembre, al margen de Irlanda. Y que, a la vista de sus últimas incorporaciones, hemos caído en la tentación de proclamar que el equipo de Saint-André ha ingresado en estado de buena esperanza, gracias sobre todo a la interacción de tres hombres aparecidos en estos últimos tiempos en el equipo nacional: el apertura Camille López, el ala Teddy Thomas y el zaguero Scott Spedding. Un contingente variado, en ciertos aspectos contradictorio. Tan contradictorio como el propio equipo francés: López viene de una carrera algo errática pero está haciendo en Clermont (y ahora Francia) una temporada soberbia; Thomas es un talento inconmensurable de 21 años, al que habrá que supervisar su evolución; Spedding es sudafricano nacionalizado francés (como Rory Kockott y el tercera Claasen por cierto) y su entrada en el equipo se debió a la lesión de última hora de Brice Dulin. La visita de Patrice Lagisquet, asistente de Saint-André, al vestuario del Aviron Bayonnais para comunicarle su convocatoria refleja la indescriptible emoción del jugador al saberse seleccionado (ver aquí). Y este vídeo de su conferencia de prensa posterior lo explica todo.

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Un mono subido a la espalda

9 12 2014

Desde hace algún tiempo Gales no juega al rugby: se pasa el tiempo dedicado a quitarse monos de la espalda. La frase, un idiom inglés, ha sido la cabecera del pasado mes de noviembre para definir la frustración de los Dragones, y sus aficionados, contra los equipos grandes del Hemisferio Sur. Todo el mes, y cada partido, consistían en eso, en sacarse el animalito de la chepa: esa mochila psicológica de la que el equipo de Warren Gatland se deshizo con su laborioso triunfo contra Suráfrica, en el cierre de la ventana otoñal. Al menos, eso han dicho. En el liviano ejercicio de googlear la frasecita viene sin embargo una caracterización más profunda del asunto: el 8 de febrero de 2013 el tercera Ryan Jones ya la usó después de que Gales le ganara a Francia en el 6 Naciones. Ese triunfo cerraba una sucesión de ocho partidos sin victorias del equipo que, a las alturas del 2011, parecía llamado a dominar el Hemisferio Norte y, sobre todo, desafiar al Sur. El detalle explica hasta qué punto Gales, y Gatland, parecen dar vueltas sobre sí mismos en estos dos últimos años. Sí… Gales le ganó a los Springboks. Pero… ¿solucionó el problema? ¿Los problemas? Eso es más opinable.

Warren Gatland, inspirador hace unos años, sospechoso en los últimos tiempos, sigue sin reproducir los mejores momentos de Gales.

Warren Gatland, inspirador hace unos años, sospechoso en los últimos tiempos, sigue sin reproducir los mejores momentos de Gales.

La cuestión: ¿Cuánto tardará en tener a otro Amedio subido a los hombros? Y, yendo aún más lejos: ¿No será el mismo Gatland el que anda encaramado a la grupa de su equipo, impidiéndole avanzar? Esta conjetura, impensable en 2011 y 2012 (tras el gran Mundial, el Grand Slam y dos campeonatos consecutivos en el 6 Naciones), empezó a tomar forma cuando Gatland regresó de su excedencia temporal para dirigir a los Lions. Hasta ahí no había una sola voz discordante. Unos situamos el punto álgido del juego de este equipo en la RWC11… progresión cortada de raíz con aquella roja al capitán Warburton; otros lo vieron, y no sin razones para ello, en la proteica demolición de Inglaterra en el último partido del 6N de 2013, cuando le arrebataron el Grand Slam al equipo de Lancaster en un partido jugado con el cuchillo entre los dientes y un rugby de otra dimensión. Después, ya nada parecido.

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A propósito de Schmidt

5 12 2014

Joe Schmidt vio la última victoria de Irlanda este mes de noviembre envuelto en un lacerante dolor, muy reconocible para cualquiera que lo haya sufrido. Su equipo acababa de ganarle a Australia. No sólo eso. Había completado un noviembre con pleno de triunfos (Suráfrica primero, Georgia después), mantenido impoluto su récord en el Aviva Stadium dublinés y elevado a 9 de 10 victorias su ejecutoria en 2014. El corolario exacto lo vino a subrayar la clasificación de lo que antes se llamaba IRB y ahora ha mutado la marca a Rugby World: Irlanda es tercera en el ránking mundial, solo por detrás de los dos gigantes del sur, Nueva Zelanda y Suráfrica. Preguntado por su influencia en la formidable evolución de su equipo, Schmidt contestó: “Yo soy solo un observador que decide quién entra como sustituto”. A continuación despidió al periodismo, se fue al hospital y entró al quirófano para que le extirparan el apéndice. Hoy por hoy, merece la pena aguantar dolores por ver a Irlanda. Quitando a los All Blacks, es el equipo con el rugby más sofisticado, divertido y eficaz del mundo.

Joe Schmidt, el técnico que está llevando a Irlanda no a una regeneración de su mejor época, sino a un relanzamiento que promete mucho para la RWC15.

Joe Schmidt, el técnico que está llevando a Irlanda no a una regeneración de su mejor época, sino a un relanzamiento que promete mucho para la RWC15.

Por más que Schmidt mantuviera el perfil bajo que siempre ha caracterizado su personalidad, nadie puede negar la evidencia de hasta qué punto los resultados de Irlanda sintetizan no sólo a su entrenador, sino todo el mecanismo que el neozelandés ha sido capaz de animar a su alrededor. Un entramado que incluye una idea de juego, por supuesto; pero también a un grupo de hombres dispuestos a llevarla a término con una disciplina feroz; además, lo apoya la adecuada organización del rugby irlandés, que facilita armonías y sinergias provinciales en la dirección del equipo nacional. El reverso de Francia o Gales. El efecto visual resultante es una ejecución milimétrica de la filosofía y el trabajo sobre el terreno de juego, más el tradicional entusiasmo irlandés… menos la irregularidad. Repetiremos esta idea: Irlanda, que siempre fue un bloque temperamental, que ha conocido en los 2000 lo que creíamos una generación irrepetible, ha reconstruido su equipo con una facilidad inesperada por todos; y no sólo eso… sino que lo ha relanzado a nuevas cotas con una combinación de rugby vistoso y táctico que habla de un equipo altamente sofisticado en sus mecanismos de juego. Un equipo capaz de una versatilidad de estrategias impensable para el resto del Hemisferio Norte. Un equipo que, como dijo el ex internacional inglés Brian Moore, “es el único del norte que hoy por hoy puede tener ambiciones realistas en la próxima Copa del Mundo“.

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Inglaterra y la otra Inglaterra

2 12 2014

Inglaterra siempre nos deja la impresión de mejorar en una medida directamente proporcional al alejamiento que Stuart Lancaster haga de sus presupuestos iniciales. Si analizamos los cuatro partidos que ha jugado la Rosa en este mes de noviembre (derrotas ajustadas con Nueva Zelanda (21-24) y Suráfrica (28-31); victorias ante Samoa (28-9) y Australia (26-17), podemos dibujar esa línea de fuga: rehízo su medio campo desde la combinación inicial (Eastmond / Barritt) hasta llegar a la final (Twelvetrees / Barritt), pasando por la prueba de Owen Farrell en el 12 contra Samoa, recuperada en el tramo final del encuentro con Australia. Billy Vunipola, indiscutible número 8 de la última etapa, quedó ensombrecido por la agresividad finalizadora de Ben Morgan, un tipo que desequilibra cuando embiste. Es verdad que el relevo de Vunipola se debió a una conmoción en partido de la Premiership con los Saracens, pero aun así la impresión de poderío de Ben Morgan parece diferencial: ensayó contra Suráfrica y repitió con los Wallabies, dos veces. Seguramente fue, con varios pasajes de Tom Wood y, sobre todo, con el creciente Courtney Lawes, lo mejor de una delantera que aún es (pese a las notabilísimas ausencias de Dan Cole, Corbisiero, Launchbury, Parling o Tom Croft), el motor fundamental inglés.

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