Sudáfrica, país de leones

26 07 2016

Los Lions de Johan Ackermann acaban de entrar en las semifinales del Super Rugby con una nueva exhibición de su pegada ofensiva. Derrotaron con rotundidad al mayor clásico del campeonato, Crusaders, y buscarán contra Highlanders su pase a la final. Todo esto con un rugby de inspiración atacante: logros que, poco tiempo atrás, solo un loco entusiasta habría imaginado. La brillantez de los Lions hace tiempo que estaba fuera de toda duda. El éxito de los resultados le da todavía más sentido y potencia persuasiva al papel regenerador que la franquicia basada en Johannesburgo está jugando en el rugby sudafricano.

Esta reflexión viene demorada, sin embargo, desde algunas semanas atrás. Entonces, un partido encarnó el momento de incertidumbre y transición en el que se encuentra el rugby sudafricano: fue el Lions-Sharks. A dos jornadas del final de la temporada regular en el Super Rugby, el vibrante equipo de Ackermann protagonizó una de las victorias más arrolladoras del año, en el fondo y en la forma. Hablamos de Sharks, equipo que ha llegado al final de temporada hecho unos zorros, pero que aún son los Sharks: o sea, Mtawarira, Coenie Oosthuizen, los gemelos Du Preez, Pat Lambie -ahora tocado-, el prometedor Garth April, Paul Jordaan, Sithole, Mvovo, JP Pietersen, Willie Le Roux… Poco importó su nómina de jugadores ni el hecho de que se estuvieran jugando con los Bulls una plaza en los playoffs que no tenían asegurada. Fueron arrollados por el hambriento partido de Elton Jantjies, Combrinck, Mapoe, Mostert, Malcolm Marx, Redelinghuys, Skosan y compañía. Y al frente de todos, Faf de Klerk. El tipo, y sus compinches, que le han enseñado a Sudáfrica el aspecto que tiene el futuro.

 

Faf de Klerk, el nueve de los Lions que ya lo es, y con pleno derecho, de los Springboks.

Faf de Klerk, el nueve de los Lions que ya lo es, y con pleno derecho, de los Springboks.

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La primavera negra (2)

2 07 2016

Los All Blacks nos han acostumbrado a una excelencia tan cotidiana que a menudo sus partidos producen en las almas de conclusión ansiosa una impaciencia muy característica: si al cuarto de hora no han marcado un par de ensayos; o incluso si el contrario se les ha colado por un butrón a la espalda de la línea de ventaja una o dos veces… empieza un ya tradicional miserere acerca de su indudable estado de osteoporosis competitiva, problemas defensivos, fines de ciclo o imposibilidad en el relevo de los que se han ido. Y el de enfrente -que por otro lado suele ser un rival de la primera línea del rugby mundial- reúne una pléyade de adjetivos grandilocuentes y el inevitable diagnóstico sobre su evolución y las glorias que le aguardan.

Lo que suele ocurrir después también hace ya tradición. En algún momento hacia la hora de partido aparece, como en las carreras ciclistas, el hombre del mazo y sus diferentes encarnaciones, casi todas vestidas de negro. Y de pronto el partido igualado se convierte en un río de ofensiva lava oscura, que arrasa en el último cuarto todo lo que encuentra a su paso. Vienen los ensayos y se alarga el marcador. El encuentro acaba con los chicos de Steve Hansen frescos como una lechuga y, a su alrededor, un muy habitual “sí, Nueva Zelanda sigue ganando, PERO…”.  Luego el pero se diluye y queda la evidencia de que la distancia entre los All Blacks y el resto del mundo continúa intacta. Por más que se hayan ido todos los Centuriones, los que vienen detrás enganchan en el sistema con total naturalidad y se saben la letra y la música. La primavera negra es así. Un florecimiento constante. Una alergia que deja al de enfrente frito.

El segundo centro George Moala encuentra un hueco en la montonera para uno de los seis ensayos kiwis en el tercer partido de la serie. [ROB JEFFERIES/GETTY IMAGES]

El segundo centro George Moala encuentra un hueco en la montonera para uno de los seis ensayos kiwis en el tercer partido de la serie. [ROB JEFFERIES/GETTY IMAGES]

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Junio, una ventana hacia el futuro (1)

27 06 2016

Junio ha traído tantos partidos, y tantas historias, que el análisis merecía algo de perspectiva -para no variar juicios de una semana a otra-, y también diferentes capítulos. Porque hay demasiadas cosas de las que hablar… y muchas perspectivas desde las cuales hacerlo. Para empezar, la doble clasificación española para los Juegos Olímpicos de Rio. Aquí no somos analistas de Seven, como ya se sabe, pero el significado de la hazaña de La familiaLas Leonas trasciende la modalidad… o eso sería de esperar. El rugby español busca hace tiempo un banderín de enganche que galvanice la regeneración/renacimiento/impulso que precisa el deporte. La apuesta, en lo competitivo, ha salido bien porque los dos equipos -el masculino de Tiki Inchausti y el femenino de José Antonio Barrio Yunque– respondieron incluso por encima de las expectativas y ganaron sus respectivos torneos preolímpicos. Ahora toca rentabilizar arriba lo que se ha ganado abajo.

Pero, ampliando la perspectiva, junio ha sido el mes de la aparición de los nuevos All Blacks, y eso es mucho. Mucho más que la previsible victoria en la serie ante Gales, sobre cuyo pretendido cambio de estilo hay muchas consideraciones que hacer. Hemos visto también a la nueva Sudáfrica, un equipo repensado por Allister Coetzee alrededor de los Lions, frente a una Irlanda que tuvo la serie de su lado hasta el segundo tiempo del segundo partido. Por el medio de todo esto se cruzó el espectacular choque final del Top 14, que ganó Racing 92 con catorce jugadores, en un Camp Nou abarrotado. Y las sensaciones contrapuestas del rugby argentino, bronce en el Mundial U20 mientras los Pumas naufragaban contra una Francia de circunstancias. Por último, el momento inglés, donde todo son análisis optimistas. Los resultados parecen incontestables… aunque admiten matices. Por el juego, cambiante y abierto a consideraciones; por la ocasión (de poco vale ganar en junio o noviembre si no se gana en las RWC); y por la convivencia de modelos diferentes en el mismo entramado: los Saxons y los U20 juegan a otra cosa… y también ganan. En fin, que hay mucho… Empezaremos por esto último. Por empezar por algún sitio.

Danny Care, Jamie George y Farrell, entre otros, celebran el barrido en Australia.

Danny Care, Jamie George y Farrell, entre otros, celebran el barrido en Australia.

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Francia y sus contradicciones

17 12 2014

Si nos tuviéramos que guiar por las sensaciones prevalentes en este mes de noviembre, diríamos que Philippe Saint-André ha reiniciado a Francia. Si atendemos a la trayectoria del equipo azul en los últimos años, cualquier afirmación ha de ser puesta de inmediato en suspenso y aguardar su evolución. Diría sin duda que Francia ha sido el equipo más entretenido de ver este noviembre, al margen de Irlanda. Y que, a la vista de sus últimas incorporaciones, hemos caído en la tentación de proclamar que el equipo de Saint-André ha ingresado en estado de buena esperanza, gracias sobre todo a la interacción de tres hombres aparecidos en estos últimos tiempos en el equipo nacional: el apertura Camille López, el ala Teddy Thomas y el zaguero Scott Spedding. Un contingente variado, en ciertos aspectos contradictorio. Tan contradictorio como el propio equipo francés: López viene de una carrera algo errática pero está haciendo en Clermont (y ahora Francia) una temporada soberbia; Thomas es un talento inconmensurable de 21 años, al que habrá que supervisar su evolución; Spedding es sudafricano nacionalizado francés (como Rory Kockott y el tercera Claasen por cierto) y su entrada en el equipo se debió a la lesión de última hora de Brice Dulin. La visita de Patrice Lagisquet, asistente de Saint-André, al vestuario del Aviron Bayonnais para comunicarle su convocatoria refleja la indescriptible emoción del jugador al saberse seleccionado (ver aquí). Y este vídeo de su conferencia de prensa posterior lo explica todo.

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Un mono subido a la espalda

9 12 2014

Desde hace algún tiempo Gales no juega al rugby: se pasa el tiempo dedicado a quitarse monos de la espalda. La frase, un idiom inglés, ha sido la cabecera del pasado mes de noviembre para definir la frustración de los Dragones, y sus aficionados, contra los equipos grandes del Hemisferio Sur. Todo el mes, y cada partido, consistían en eso, en sacarse el animalito de la chepa: esa mochila psicológica de la que el equipo de Warren Gatland se deshizo con su laborioso triunfo contra Suráfrica, en el cierre de la ventana otoñal. Al menos, eso han dicho. En el liviano ejercicio de googlear la frasecita viene sin embargo una caracterización más profunda del asunto: el 8 de febrero de 2013 el tercera Ryan Jones ya la usó después de que Gales le ganara a Francia en el 6 Naciones. Ese triunfo cerraba una sucesión de ocho partidos sin victorias del equipo que, a las alturas del 2011, parecía llamado a dominar el Hemisferio Norte y, sobre todo, desafiar al Sur. El detalle explica hasta qué punto Gales, y Gatland, parecen dar vueltas sobre sí mismos en estos dos últimos años. Sí… Gales le ganó a los Springboks. Pero… ¿solucionó el problema? ¿Los problemas? Eso es más opinable.

Warren Gatland, inspirador hace unos años, sospechoso en los últimos tiempos, sigue sin reproducir los mejores momentos de Gales.

Warren Gatland, inspirador hace unos años, sospechoso en los últimos tiempos, sigue sin reproducir los mejores momentos de Gales.

La cuestión: ¿Cuánto tardará en tener a otro Amedio subido a los hombros? Y, yendo aún más lejos: ¿No será el mismo Gatland el que anda encaramado a la grupa de su equipo, impidiéndole avanzar? Esta conjetura, impensable en 2011 y 2012 (tras el gran Mundial, el Grand Slam y dos campeonatos consecutivos en el 6 Naciones), empezó a tomar forma cuando Gatland regresó de su excedencia temporal para dirigir a los Lions. Hasta ahí no había una sola voz discordante. Unos situamos el punto álgido del juego de este equipo en la RWC11… progresión cortada de raíz con aquella roja al capitán Warburton; otros lo vieron, y no sin razones para ello, en la proteica demolición de Inglaterra en el último partido del 6N de 2013, cuando le arrebataron el Grand Slam al equipo de Lancaster en un partido jugado con el cuchillo entre los dientes y un rugby de otra dimensión. Después, ya nada parecido.

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A propósito de Schmidt

5 12 2014

Joe Schmidt vio la última victoria de Irlanda este mes de noviembre envuelto en un lacerante dolor, muy reconocible para cualquiera que lo haya sufrido. Su equipo acababa de ganarle a Australia. No sólo eso. Había completado un noviembre con pleno de triunfos (Suráfrica primero, Georgia después), mantenido impoluto su récord en el Aviva Stadium dublinés y elevado a 9 de 10 victorias su ejecutoria en 2014. El corolario exacto lo vino a subrayar la clasificación de lo que antes se llamaba IRB y ahora ha mutado la marca a Rugby World: Irlanda es tercera en el ránking mundial, solo por detrás de los dos gigantes del sur, Nueva Zelanda y Suráfrica. Preguntado por su influencia en la formidable evolución de su equipo, Schmidt contestó: “Yo soy solo un observador que decide quién entra como sustituto”. A continuación despidió al periodismo, se fue al hospital y entró al quirófano para que le extirparan el apéndice. Hoy por hoy, merece la pena aguantar dolores por ver a Irlanda. Quitando a los All Blacks, es el equipo con el rugby más sofisticado, divertido y eficaz del mundo.

Joe Schmidt, el técnico que está llevando a Irlanda no a una regeneración de su mejor época, sino a un relanzamiento que promete mucho para la RWC15.

Joe Schmidt, el técnico que está llevando a Irlanda no a una regeneración de su mejor época, sino a un relanzamiento que promete mucho para la RWC15.

Por más que Schmidt mantuviera el perfil bajo que siempre ha caracterizado su personalidad, nadie puede negar la evidencia de hasta qué punto los resultados de Irlanda sintetizan no sólo a su entrenador, sino todo el mecanismo que el neozelandés ha sido capaz de animar a su alrededor. Un entramado que incluye una idea de juego, por supuesto; pero también a un grupo de hombres dispuestos a llevarla a término con una disciplina feroz; además, lo apoya la adecuada organización del rugby irlandés, que facilita armonías y sinergias provinciales en la dirección del equipo nacional. El reverso de Francia o Gales. El efecto visual resultante es una ejecución milimétrica de la filosofía y el trabajo sobre el terreno de juego, más el tradicional entusiasmo irlandés… menos la irregularidad. Repetiremos esta idea: Irlanda, que siempre fue un bloque temperamental, que ha conocido en los 2000 lo que creíamos una generación irrepetible, ha reconstruido su equipo con una facilidad inesperada por todos; y no sólo eso… sino que lo ha relanzado a nuevas cotas con una combinación de rugby vistoso y táctico que habla de un equipo altamente sofisticado en sus mecanismos de juego. Un equipo capaz de una versatilidad de estrategias impensable para el resto del Hemisferio Norte. Un equipo que, como dijo el ex internacional inglés Brian Moore, “es el único del norte que hoy por hoy puede tener ambiciones realistas en la próxima Copa del Mundo“.

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Inglaterra y la otra Inglaterra

2 12 2014

Inglaterra siempre nos deja la impresión de mejorar en una medida directamente proporcional al alejamiento que Stuart Lancaster haga de sus presupuestos iniciales. Si analizamos los cuatro partidos que ha jugado la Rosa en este mes de noviembre (derrotas ajustadas con Nueva Zelanda (21-24) y Suráfrica (28-31); victorias ante Samoa (28-9) y Australia (26-17), podemos dibujar esa línea de fuga: rehízo su medio campo desde la combinación inicial (Eastmond / Barritt) hasta llegar a la final (Twelvetrees / Barritt), pasando por la prueba de Owen Farrell en el 12 contra Samoa, recuperada en el tramo final del encuentro con Australia. Billy Vunipola, indiscutible número 8 de la última etapa, quedó ensombrecido por la agresividad finalizadora de Ben Morgan, un tipo que desequilibra cuando embiste. Es verdad que el relevo de Vunipola se debió a una conmoción en partido de la Premiership con los Saracens, pero aun así la impresión de poderío de Ben Morgan parece diferencial: ensayó contra Suráfrica y repitió con los Wallabies, dos veces. Seguramente fue, con varios pasajes de Tom Wood y, sobre todo, con el creciente Courtney Lawes, lo mejor de una delantera que aún es (pese a las notabilísimas ausencias de Dan Cole, Corbisiero, Launchbury, Parling o Tom Croft), el motor fundamental inglés.

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