El día del asesino silencioso

25 02 2014

De todos los momentos de pura vibración que compusieron el tremendo partido entre Inglaterra e Irlanda, y de los jugadores que los produjeron, uno se queda con el que nos dejó ese muchacho colosal al que veteranos de su país como Dallaglio o Vickery llaman el asesino silencioso: aka Joe Launchbury. Inglaterra defendía un ajustado 13-10 en unos últimos minutos en que cada acción constituía un borboteo de agresividad ofensiva de Irlanda, que armaba tumultuosos moles y lanzaba a los hombres de su medio campo como kamikazes. Todo lo que sucedía a esas horas tenía el grosor de lo decisivo. Cuando Dave Kearney, el ala irlandés, escapó campo abajo por el callejón abierto del once, a Twickenham lo debió atravesar un escalofrío colectivo. Era una carrera de ensayo. Tal vez un contrapié frente a Mike Brown, que venía a cerrar. Después una descarga… y la superioridad para la marca. El triunfo del equipo de Joe Schmidt. La Triple Corona. Casi diríamos que el torneo y una porción muy grande de un Grand Slam. Pero nada de eso ocurrió. Lo único que ocurrió, de manera memorable, fue que Launchbury hizo un placaje demencial por maravilloso.

Launchbury, en el instante de golpear la pierna de Dave Kearney en un extraordinario placaje francés y evitar, en los instantes finales del partido, la victoria irlandesa.

Launchbury, en el instante de golpear la pierna de Dave Kearney en un extraordinario placaje francés y evitar, en los instantes finales del partido, la victoria irlandesa.

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Los franceses no rinden París

13 11 2013

Dos veces fue a morir Francia, de forma literal, a la orilla neozelandesa. Ocurrió en los dos pasajes finales de cada tiempo, y en ambas ocasiones Nueva Zelanda resistió al borde de su zona de marca hasta agotar el tiempo y a su rival. Enfocar el triunfo negro (19-26), como vi por ahí, desde el punto de vista del sufrimiento, significa en el fondo defender que los All Blacks son invencibles y deberían ganar cada partido con cierta comodidad. Es verdad que sufrieron, pero es que esperar un barrido en París es no conocer de nada a Francia. Aquí pensamos lo contrario: si los negros ganan partidos como el del sábado, frente a una Francia encomiable, es porque han aprendido que son falibles, imperfectos y en absoluto invencibles.

Piutau aguanta el placaje de dos franceses en una de sus potentes apariciones en París: el ala encarnó el espíritu de los All Blacks, que ganaron aprovechando al máximo sus ocasiones.

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