Grand Slam: la victoria total, la gloria infinita

20 03 2018

En cualquier otro torneo, en cualquier otro deporte, esta última jornada trataría seguramente de todo lo accesorio porque lo sustancial -el ganador del título- ya estaría decidido: Irlanda es campeona porque venció a Escocia mientras los ingleses se extraviaban en París. Pero en el rugby, y particularmente en el 6N, el campeón aún debe observar un añadido de la tradición para ser considerado memorable: se podría decir que el triunfo verdadero es el Grand Slam. La dominación absoluta de los rivales. La victoria total y la gloria infinita. Eso es lo que va a buscar Irlanda a Twickenham, en el Día de San Patricio de 2018.

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Tim Francis, el hombre que inventó el ‘melier’

20 03 2018

Tal vez el obituario pasó algo desapercibido para el público en general: incluso para el que sigue el rugby. Pero entre los caballeros de la hermandad (o sea, los delanteros y especialmente los del frente de la primera línea) la noticia dejó el vacío de las pérdidas importantes. Tal vez muchos de ellos jamás hubieran oído hablar de él, pero puede que estas líneas ayuden a dedicarle un momento de respetuoso silencio a la memoria de Tim Francis. Porque a Tim Francis, y a su ingenio, le debemos los delanteros del mundo algunos de los momentos más dichosos que puede pasar un primera línea en toda su vida. Tim Francis, fallecido la pasada semana en Exeter a los 83 años, fue el hombre que inventó la máquina de entrenar melés.

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Dos héroes de guerra inspiran el último trofeo del 6 Naciones

20 03 2018

El sábado, Escocia e Inglaterra dirimirán una nueva edición de la Calcutta Cup, el trofeo más antiguo de todos los que se disputan en el rugby mundial. A pesar del hype de los últimos meses, y de la victoria ante Francia, el equipo de Gregor Townsend tendrá difícil recuperar el trofeo frente a la roca articulada en que Eddie Jones ha convertido a la Rosa. Pero, en el mientras tanto, a los escoceses les cabe el honor de haber levantado ya el primer trofeo en juego en este 6 Naciones: el Auld Alliance Trophy, que le ganaron a Francia hace un par de sábados. Una copa que honra a los jugadores de rugby franceses y escoceses que cayeron en la I Guerra Mundial, ahora que caminamos hacia el centenario del armisticio.

El Auld Alliance se ha convertido, así, en el último trofeo físico que pone en juego el 6 Naciones, un torneo que siempre presumió de una de sus más conocidas singularidades: la de los llamados trofeos honoríficos. Copas que no eran copas y títulos que no eran títulos. El raro prestigio de lo invisible.

Barclay, con el Auld Alliance Trophy en Murrayfield.

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El éxtasis del botepronto

20 03 2018

La otra tarde nos fuimos al parque a jugar a la pelota y, pequeño triunfo, quisimos llevarnos una de esas de forma extraña, que están expuestas en la estantería, y no una de las otras… Ya se sabe cuál es la otra: la convencional, la de los infieles. La previsible.

Durante un rato todo fue bien: leves tutoriales repetidos a lo largo de estos primeros años han propiciado un fundamento técnico esencial: el de aguardar la llegada del pase con las manos ya dispuestas, ofrecidas y adelantadas. Así no se te cuela el balón como agua entre los brazos. Esto ya grabado a fuego, por si algún día llegara a hacer falta en serio. No sea que, a pesar de nuestra confianza en la genética, acabemos descubriendo que en lugar de un respetable delantero hemos pasado años criando a un opinable tres cuartos.

Volvamos al parque. Enseguida el jueguecito empezó a llamar la atención de otros nenes, que andaban con sus coches teledirigidos y, tal vez, sus pelotas de reglamento. Suele ocurrir: cuando uno va con la de rugby a un lugar público de esparcimiento, los infantes señalan con el dedo la extrañeza. Papá, mira qué pelota tan rara… Es el atractivo de lo diferente. Nuestra victoria. Como si en lugar de pasear al caniche hubieras sacado a mear a un koala: todos quieren venir a acariciarlo y a jugar con él.

El problema llegó cuando del ejercicio de las manos quisimos pasar al de los pies. ¿Qué hay más natural que querer patear? Pero no de volea. No al aire. De drop. Dejarla caer y cuando toca el piso, golpear y darle vuelo. Es ahí, precisamente ahí, donde se abre el insondable abismo del botepronto. Ese vértigo de la incomprensión, cuando el incauto deja caer la pelota a sus pies, aguardando un bote regularmente vertical, domesticado, y ocurre ante sus ojos la imprevisible gloria elíptica: el bote indómito que embroma al hombre. Una, dos, hasta tres veces. Nada. La pelota insiste en no dejarse patear. Y condena al ajeno a encontrar solo el aire hueco.

Ahí uno acaba de encontrar, camuflada en las paredes, la puerta a otra dimensión.

Ahí uno se aproxima al enigma de lo singular: cómo es que se avanza pasando hacia atrás, y cómo es que uno nunca puede anticipar en qué dirección botará la pelota.

Ahí uno descubre que la vida no es esférica y que por tanto ocurrirán cosas impensadas.

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¿Acabaremos jugando al rugby con casco?

17 01 2018

La lesión sufrida hace unos días por Samuel Ezeala, en un choque con el impetuoso Virimi Vakatawa, ha devuelto el asunto de la conmoción cerebral al primer plano del rugby. No hay mayor novedad ni en la acción ni en sus consecuencias. Pero las circunstancias adyacentes (la juventud de Samu, que el incidente se produjera en su debut en la élite y la proximidad por haber sido formado en el BUC barcelonés y las categorías inferiores de España) han animado un revoloteo de exclamaciones y reclamaciones en el rugby francés. El cacareo habitual, cada uno desde su negociado, que en esta ocasión suena un poco a la cínica frase del capitán Renault a Rick en Casablanca, cuando le justifica el cierre de su café americain: “Qué escándalo, qué escándalo ¡he descubierto que aquí se juega!”. Y luego se lleva las ganancias.

Sí, en el rugby hay lesiones. Y algunas, como las conmociones cerebrales, pueden ser especialmente graves. No tiene sentido poner cara de sorpresa. Eso sí: si algo no podemos permitirnos es la indiferencia.

north

George North, atendido después de un incidente con Nathan Hughes, el 8 de Wasps: el galés ha sufrido varias conmociones que aún hacen temer por el futuro de su carrera.

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Barrett: demos muerte a los dioses

19 09 2017

El exceso cometido el sábado último por los All Blacks obliga a tomar con cautela todas las consideraciones: victorias absolutas, sostenidas en actuaciones así de absolutas, animan al más templado a las afirmaciones más absolutas. Que si nunca vimos nada igual, que si el mejor equipo de la historia, etc. Conviene subrayar una vez más que (casi) todas las construcciones que los All Blacks elevan en los territorios de lo asombroso son, en realidad, revisiones de maravillas que ya frecuentaron en alguna época anterior. Sirva solo como ejemplo este inocuo detalle: a los Springboks también les metieron 57 puntos por estas fechas el año pasado. Con dos matices: uno, que los sudafricanos no se quedaron a cero entonces (fue 15-57); y dos, que ocurrió en territorio Bokke. La verdad, no podemos estar seguros de cuanto rebaja un detalle o aumenta el otro el indudable escarnio de ambas ocasiones.

Eso sí… lo que tal vez no hayamos visto antes es una constancia tan pertinaz en la excelencia. Y, sobre todo, la reunión inquebrantable del virtuosismo formal y el rigor competitivo: desde que se sacaron la pelota de la garganta ganando por fin la Copa del Mundo de 2011 (“don’t choke!!!”, gritaban los estadios), el equipo de Steve Hansen ha acumulado sólo estas derrotas: Inglaterra (noviembre 2012), Sudáfrica (octubre 2014), Australia (agosto 2015), Irlanda (noviembre 2016) y British&Irish Lions (julio 2017). Más tres empates: Australia (octubre 2012 y agosto 2014) y los BIL (julio 2017). El último partido que perdieron en una Copa del mundo fue aquel de 2007 contra Francia. Para la perspectiva: juegan 12 test matches en año de RWC (así fue en 2011 y 2015) y 14 en los intermedios.

El otro día alguien en Sudáfrica reflexionaba si estos All Blacks no serán el mejor equipo de la historia del deporte. No del rugby, de cualquier deporte. Bueno, es algo que algunos nos y hemos preguntado ya en varias ocasiones y hasta buscado referencias al respecto: grandes dinastías deportivas. Pero eso es otro tema. Ahí no estamos solos. Tal vez sí lo estemos en esto: no sé si alguien ha empezado a plantearse ya la posibilidad, a la vista de los hechos, de que Barrett vaya camino de ser el mejor número 10 del rugby de todos los tiempos, pero a nosotros nos resuena la pregunta en la cabeza desde hace ya meses. ¿Será Beauden Barret el mejor apertura que vimos jamás?

Antes de seguir leyendo, e incluso de opinar, que alguien llame a Bernardo Guy, de la Santa Inquisición… para que levante acta y proceda a sentenciar los suplicios que procedan.

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Je t’aime… moi non plus!

29 08 2017

El Top 14 se puso en marcha este fin de semana, con su feria de vanidades a toda vela, pero con una apreciable ración de rugby generoso en los campos. Lo primero no supone ninguna novedad. Respecto a lo segundo, podemos tomarlo con todas las prevenciones habituales, pero la realidad fue la que fue: todos los equipos anotaron al menos un ensayo en la primera jornada del campeonato francés. El campeón perdió -esas cosas-, pero dos de los clubes que mejor representan la rácana megalomanía que ha caracterizado estos años el rugby en el HexágonoToulonMontpellier, cerraron victorias profusas, con anotaciones por encima de los 40 puntos.

Mientras tanto, L’Equipe hacía nuevas revelaciones acerca de la sospechosa alianza de intereses entre las empresas del presidente de la Fédération Française (FFR), monsieur Laporte, y el dueño de Montpellier, Mohed Altrad. Un asunto que sacudió el panorama en agosto, cuando el Journal de Dimanche destapó el contrato entre la empresa Altrad Investment Authority y la empresa de márketing de Laporte, BL Communication, mezclado con las presiones ejercidas por Laporte sobre el Comité de Disciplina de la FFR, con el fin de que favorecieran a Montpellier rebajando algunas sanciones a jugadores y al propio club. Mientras la acusación crecía, uno de los miembros de esa comisión presentó su dimisión hace algunos días. Este mismo martes lo hizo otro. Y los medios publican encuestas sobre si Laporte debe o no dimitir. Todo muy edificante.

Como se sabe, el rugby francés tiene más corredores interiores que el palacio de Versalles. Es una mezcla de competición deportiva, vodevil de despachos, circo de tres pistas mediático y serie moderna de culto en la que importan más los personajes que la trama. Es, a su manera, una diversión para toda la familia.

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