El show del apertura gordo

25 02 2016

El canon praxiteliano anticipaba en la escultura clásica la sensualidad inherente a la curva. Una pose desenfadada del cuerpo definida en flagrante aliteración: suave sinuosidad. En Andy Goode parece no haber canon posible, salvo el que anuncia la decadencia de un jugador. Dicho en plata: es un medio de apertura que está más gordo que su talonador. Una perversión formal que nos recuerda el adagio del que siempre nos enorgullecimos en el rugby: éste es un deporte para gente de todos los tamaños y todas las tallas. Mientras cantamos convencidos la evolución física del juego y lamentamos que los vestuarios del rugby licra parezcan una reunión dominical de adonis mezclados con los primos del rechoncho Berengario de Umberto Eco, de repente se presenta Andy Goode con su barriga prominente; con esas camisetas de los Falcons que no le ganan la curva del vientre; con su aspecto de que será atropellado por cualquiera de los atletas del equipo contrario (e incluso del propio); y la pinta de hiperventilar si intenta atarse las botas él solo en el vestuario. Y sí, llega Andy Goode de su retiro para jugar diez partidos en el equipo de Dean Richards, y enseguida sabemos que no es que se hubiera retirado. No. En realidad, Goode estaba en el cuarto forrado / de leopardo dorado… como cantó Calamaro. Y se pone a repartir balones y de pronto Newcastle es Las Vegas. Y los Falcons ganan tres partidos de los últimos cinco. Y se confirma, una vez más, lo que todos sabíamos: que Elvis está vivo.

Andy Goode suelta un hábil pase a una mano ante el placaje de James Craig, de los Saints.

Andy Goode suelta un hábil pase a una mano ante el placaje de Craig, de los Saints.

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¿Es éste el peor 6N… o somos nosotros?

17 02 2016

El rugby es un juego de imposición física, eso no lo duda nadie. Pero tal vez este 6 Naciones esté llevando el modelo a su agotamiento. A la vista de este segundo fin de semana, los medios afectos a los dos favoritos –InglaterraGales– empezaron a hacerse una pregunta terrible en sí misma, pero que resume el estado de las cosas: “¿Es éste el peor 6 Naciones de la historia?”, tituló Mick Cleary  en el Daily Telegraph. Brian Moore escribió: “En esfuerzo, el 6 Naciones está al máximo nivel, pero tristemente le falta calidad“. Al otro lado del río Severn, en Gales, Delme Parfitt firmaba este otro titular en la web Wales Online: “No hagan caso a los apologetas: hasta ahora, este 6 Naciones ha sido verdaderamente horrible“. Un par de semanas antes de que comenzara este 6N, uno mismo ya mostró en un tuit las sospechas: “Aguardo el 6N con temor al aburrimiento: esperemos que se parezca en algo a la RWC15 y no a los últimos torneos”. Después, añadí: “No pretendo dar la nota disonante, eh. Es un torneo fantástico, obvio, pero sinceramente estos años el juego me ha hastiado bastante”. Me preguntaba si era yo o era el torneo. ¿Nos aburre ya todo? ¿Hemos visto demasiado rugby? ¿Nos hemos hecho mayores? Por lo visto, no estábamos solos…

jamie roberts centro de gales

Roberts se golpea el pecho: en este rugby de choque repetido que es el 6N, el centro galés es el Macho Alfa.

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Flores en el asfalto

8 02 2016

Bien está que el Seis Naciones venga a ser, en nuestro cerebro y el de la mayoría, un parque temático de la nostalgia oval. Pero la melancolía de los tiempos pasados no impide anhelar el aggiornamento del juego, que parece detenido en algún punto de difícil interpretación entre la evolución de la especie, el progreso de las reglas, las utopías del juego del Hemisferio Sur y el modelo triunfante en la pasada RWC15, que ahora mismo es el parámetro de medida. Si el rugby del Seis Naciones representa al juego que se practica en la mitad norte del planeta, hay que concluir que lo visto por ahora augura poca o ninguna intención de contestar al modelo sureño en su mismo idioma.

En ese sentido, la primera jornada dijo pocas o ninguna cosa que no supiéramos o pudiésemos intuir. En términos generales, cumplió con las tradicionales emociones y el esforzado equilibrio de los equipos. Pocas distancias en los marcadores, un empate con toda su carga de frustración repartida y una cuenta exigua de ensayos. Lo que sí hubo fueron miles de fases y rucks. Literalmente. Un juego repetitivo, ajeno al offload en los contactos, de fases acumuladas y relanzamientos que siempre acaban con un jugador en el suelo y la consiguiente abierta. Todo marcado por la falta de sorpresa y por los errores. Muchísimos errores.

Canna, Vakatawa, Al Dickinson, Kruis, CJ Stander y Priestland.

Canna, Vakatawa, Al Dickinson, Kruis, CJ Stander y Priestland.

Los nuevos proyectos de Novès Eddie Jones desplegaron velas con actuaciones más profesionales que brillantes. Nada extraño en que Francia gane a Italia con un partido mediocre; ni que Inglaterra abrase las pretensiones expansivas escocesas con su locomotora de vapor. Novès eligió arriesgar un poco más en la promoción de nuevos talentos (Jedrasiak, Vakatawa, Danty), y hubo más cosas anunciadas o intuidas que vistas. Mientras, Jones explicó con su equipo que lo suyo no es la revolución, sino la evolución. Así que a falta de juego en esta primera jornada hubo hombres. Gente que alumbró a sus equipos. En medio del entusiasta rugby de hormigonera, crecieron algunas flores en el asfalto. No diremos que fueran necesariamente los mejores pero, por unos motivos u otros, éstos nos llamaron la atención.

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Rugby sentimental

3 02 2016

Si alguien hiciese una encuesta preguntando cómo nos enamoramos del rugby, la mayoría de nosotros respondería lo mismo: fue viendo el Cinco Naciones. O el Seis… según la edad del interpelado. Durante décadas identificamos la expresión máxima del deporte oval con este torneo que los británicos siempre llamaron Championship. El Seis Naciones forma parte de nuestro patrimonio sentimental. Ocurre que, desde que en 1987 se creó la Copa del Mundo, se ha producido una evolución del juego, de sus estructuras en los despachos, de su repercusión mediática, y han variado las jerarquías, hasta la culminación del pasado otoño: el Mundial de Inglaterra resultó ser, sin duda, la mejor competición de selecciones que pudimos soñar jamás. Una celebración formidable de todas las posibilidades del rugby moderno. Y, desde luego, del juego en su evolución más espectacular.

oconnell

O’Connell levanta su último trofeo , el año pasado, entre Best y Heaslip.

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