Una historia (íntima) de los Wasps

17 11 2015

Hace 20 años yo vivía en Londres y mi proyección del futuro era tan borrosa como lo es ahora, 20 años más tarde. Me habían echado de un periódico, pero no voy a atribuir ninguna argumentación cíclica para tal circunstancia, porque entrar y salir de medios de comunicación, y aun de otros trabajos, no deja de ser parte de la existencia. Así que no apelaremos a la brillante frase de mi querido Mark Twain -“La Historia no se repite, pero a menudo rima”-, sobre todo porque ni siquiera parece haber quedado sentado que la dijera Mark Twain. En toda emigración hay algo de huida, y en toda huida una búsqueda ansiosa; yo había huido a Londres a la busca de algunos anhelos juveniles que tenían que ver con una innegable anglofilia, con la mera supervivencia anímica que significa la ruptura y con el desafío de la lejanía. ¿A por el futuro? No, a por el futuro no iba. El futuro apenas me parecía una construcción mental que podíamos desechar -y mejor así-. Su forma material, si podemos otorgarle tal naturaleza, no consistía sino en una (in)finita sucesión de presentes. Así que solo me preocupé de que esos presentes diarios me proporcionaran alguna forma de contento. A tal efecto, me subí al autobús con una mochila roja llena con ropa apretada, algunas fotos, el inevitable aparato de música… y las botas de rugby. Si había alguna posibilidad de que los días sucesivos presentaran un lado gozoso, tendría que ver con el rugby. Era una condición necesaria. Uno, aquí sí con radical naivety, sentía que si había rugby, si de vez en cuando jugábamos al rugby, la tristeza o la añoranza o la perentoria disposición de medios económicos no podrían hacer su trabajo de desgaste. Y así fue. Así es también hoy día. Y hubo rugby en aquellos día en Londres. En dos planos, como siempre: un equipo en el que jugué (el peor equipo del mundo, estoy seguro, una enloquecida reunión de villanos que me hicieron vivir una historia por momentos violenta, a menudo desconcertante y casi siempre beoda: algún día habrá que contarla); y otro equipo al que iba a a ver con cierta frecuencia a su campo del distrito de Sudbury, en el noroeste de la ciudad. Era, claro, el Wasps RFC. El mismo que, más de 20 años después, este pasado fin de semana, asombró al continente con su exhibición en Leinster. Una victoria rotunda en el fondo y en las formas.

Una imagen del viejo estadio de los Wasps en Sudbury, al norte de Londres, en una semifinal de la Pilkington Cup contra Harlequins. [Photo: Mark Leech].

Una imagen del viejo estadio de los Wasps en Sudbury, al norte de Londres, en una semifinal de la Pilkington Cup contra Harlequins. [Photo: Mark Leech].

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El laberinto del Minotauro

13 11 2015

Resulta imposible explicar la Champions Cup que da comienzo esta tarde sin enfocarla desde la expectativa de derrocamiento del campeón, RC Toulonnais, vulgo Toulon. Sus tres títulos consecutivos y la operación de refuerzo del pasado verano insisten en la idea de que no se puede señalar a ningún otro favorito más allá de ese equipo de súperheroes que se ha montado el gran magnate del cómic en el hexágono, Mourad Boudjellal. Visto desde esa perspectiva, este torneo máximo del continente parece una batalla de la galaxia tolonesa contra el mundo oval, encarnado en una multitud de formas distintas de entender el juego. Hasta se diría que la propia competición y las circunstancias quisieran poner a prueba la capacidad de resistencia del RCT, y han conspirado para construirle un grupo mortal, en el que los franceses tendrán que medirse con la anterior dinastía de la Copa de Europa, los irlandeses de Leinster, y con dos de los ingleses en plena emergencia: Bath -su primer rival este domingo en el Stade Mayol– y los audaces muchachos de los Wasps. A cuartos sólo pasan los primeros de cada uno de los cinco grupos de los que se compone el torneo en esta primera fase, y los tres mejores segundos. ¿Hay opciones de que Toulon se quede fuera a la primera? Hay quien piensa que sí.

Toulon festeja con motivo su tricampeonato europeo: el gran desafío del rugby continental de clubes, la Champions Cup, arranca esta misma noche.

Toulon festeja con motivo su tricampeonato europeo: el gran desafío del rugby continental de clubes, la Champions Cup, arranca esta misma noche.

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Ciudadano Wilkinson

22 05 2014

Jonny Wilkinson se retirará del rugby después de los dos partidos que le quedan a su equipo, Toulon, esta temporada: la final de la Heineken Cup, este sábado frente a los Saracens; y la del campeonato francés, el Top14, una semana más tarde, de nuevo con Castres por rival. Entre medio, este próximo domingo, el apertura inglés habrá cumplido 35 años. Dos encuentros para que Wilkinson, el hombre que hizo ese raro tránsito de jugador de rugby a estrella mediática (y por méritos deportivos, no por una exclusiva operación de marketing), recubra de mayor gloria una carrera de picos extraordinarios y un largo valle intermedio próximo al hundimiento físico y emocional. Wilkinson ha sido, para muchos, el Beckham del rugby. La analogía entre los dos personajes se apoya en la coincidencia temporal, en algún encuentro publicitario que tuvo por argumento su común maestría por el golpeo de la pelota, y en la condición de iconos que trascienden lo deportivo. Pero olvida divergencias fundamentales. Wilkinson fue Beckham sin ser Beckham. Es decir, la complejidad mercadotécnica alcanzada por el futbolista (que no está al alcance de cualquiera, desde luego) fue en realidad complejidad psicológica en el jugador de rugby. Wilkinson ha peleado toda su vida por el equilibrio mental. Ni la gloria ni la notoriedad cambiaron su modo de comportarse en la escena pública o en el campo de juego. Pero le pasaron una carísima factura íntima: su largo camino de vuelta de la gloria lo rindió en un laberinto de lesiones, en un proceso de autoinculpación terrible y en estados que alcanzaron pasajes depresivos. Se va convencido de que ni su cuerpo ni su cerebro pueden hacer frente ya a las exigencias del rugby de hoy. Lo único que le da miedo, dice: “Encontrar un trabajo como Dios manda”. Jonny está a punto de convertirse en el ciudadano Wilkinson. Un mortal más… o no.

Wilkinson dice adiós al rugby, envuelto en reconocimiento y con una última posibilidad doble de ser campeón de Europa y de Francia con Toulon.

Wilkinson dice adiós al rugby, envuelto en reconocimiento y con una última posibilidad doble de ser campeón de Europa y de Francia con Toulon.

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La fe de Thomond Park

24 04 2014
"Nada es imposible, para aquéllos que son valientes y conservan la fe": el lema de Munster, síntesis escrita de su personalidad como equipo de rugby.

“Nada es imposible para los valientes y los que tienen fe”: el lema de Munster, síntesis escrita de su personalidad como equipo de rugby.

Una tarde de entrenamiento invernal, de esas que componen la gloriosa e inolvidable vida íntima de los equipos pequeños de rugby, nuestro entrenador entró en el vestuario y, antes de sentarse y sin mirar a nadie, anunció: “Me he convertido a la religión de Munster”. Era un tipo impulsivo, así que la declaración no nos extrañó gran cosa. Precisar la fecha no puede ser muy difícil: debe de haber sido entre 2007 y 2008, algo antes o después. En todo caso, en aquella franja de la historia del rugby europeo en la que Munster dominó el continente a fuerza de rabiosos empujones, capaz de juntar 33 fases de juego, 41 fases de juego… todas sin que la pelota salga de la delantera hasta ganar el partido. Nuestro delicioso sueño húmedo. Y un estilo engañosamente ancestral que generaba beatos emocionados entre cualquiera de los que alguna vez hubiéramos conformado una delantera. Particularmente, la primera o la segunda línea… Mi entrenador, claro, estaba entre ellos. ¿Cómo no secundar esa fe? La consecuencia de su revelación no tardó en sernos dada: a partir de ese día, los delanteros empujamos la máquina de la melé durante horas sin cuenta. La llevábamos arriba y abajo del campo, como si no hubiera nada mejor que hacer en la vida, entusiasmados en un progresivo embrutecimiento que, en momentos de paroxismo mayor, nos hacía temer si no atropellaríamos a algún tres cuartos despistado. Parecíamos Conan empujando la noria antes de que le creciera una potra (diría García Márquez) capaz de volatilizar brujas. Puede que algún jovencito se haya hecho literalmente hombre a lo largo de aquellas sesiones. Si en ese momento el entrenador nos hubiera pedido que la empujáramos hasta Barcelona, habríamos tomado la vieja carretera nacional sin hacernos una sola pregunta. Profesábamos la fe de Thomond Park, Co. Limerick. Sólo nos faltaba bautizarnos con una inmersión en el río Shannon.

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El castañazo

4 04 2014

Recuerdo que en algún momento de mi irregular vida adulta llegué a pensar que la existencia perdía sentido a partir de mediados de marzo, que era el momento en que se terminaba el (entonces) Cinco Naciones. Ahora resulta que mi pesada rutina se ha convertido, en buena parte, en una sucesión más o menos (des)ordenada de partidos de rugby, de tal forma que en algunos momentos temo haberme encarnado en el lema de aquella vieja camiseta que aún debo guardar en algún armario:“La vida es rugby: el resto son meros detalles”. Me acuerdo mucho de la irónica frase del Joker de Tim Burton: “Queda tanto por hacer… y tan poco tiempo”. En este caso: tanto rugby que ver… y nunca el tiempo suficiente. Entre ver rugby, jugar al rugby, pensar en el rugby, hablar de rugby, beber con los del rugby y escribir (a veces) sobre rugby, diría que no tengo agenda para el resto de obligaciones o pseudo responsabilidades. A tal punto que ayer me citaron para una reunión consultiva en la universidad la próxima semana y, mientras me hablaban, mi cerebro se puso él solito a considerar si a esa hora (las once y media de la mañana del martes) no habría algún partidito de tal o cual liga que yo TUVIERA POR OBLIGACIÓN que estar viendo. Esto es un síntoma de eso que llaman por ahí la enfermedad de Ellis.

Así presenta Sky Sports el partido de este domingo entre Toulon y Leinster: dos personajes principales para un choque repleto de secundarios estelares. El partido que culminará unos cuartos de final monumentales, un fin de semana de rugby extraordinario.

Así presenta Sky Sports el partido de este domingo entre Toulon y Leinster: dos personajes principales para un choque repleto de secundarios estelares. El partido que culminará unos cuartos de final monumentales, un fin de semana de rugby extraordinario.

Los hay peores que yo, lo sé. Mucho peores incluso: uno me confesaba haber llegado a ver tres partidos de rugby al mismo tiempo en pantallas alternas, durante esas prolíficas tardes de sábado del largo invierno. Yo reconozco haber dividido en dos la pantalla para no perderme ripio de lo que ocurre a ambos lados del Canal de la Mancha. Este fin de semana, al menos, tendremos algo en lo que centrarnos y horarios ordenados para hacerlo: los cuartos de final de la Heineken Cup, ahora mismo la competición que más me gusta ver. Entre el sábado y el domingo, cuatro partidos extraordinarios, cada uno a su manera o incluso todas a la vez: el sábado, Munster-Toulouse (14:30), Clermont-Leicester Tigers (18:00) y Ulster-Saracens (19:30). Y el domingo, por si todo esto fuera poco, Toulon-Leinster (17:00), con el encuentro de dos clásicos modernos, Wilkinson y O’Driscoll, y los últimos campeones de la HCup. Todo por Digital+. Sinceramente: yo entiendo que la cosa del cholismo y los balones de oro está en su gran apogeo final, pero con programas ovalados como éste uno no tiene tiempo para vulgaridades.

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Camino a Cardiff… o a ninguna parte

18 10 2013

La Heineken Cup dio comienzo el pasado fin de semana, pero la batalla en Europa hace tiempo que está en marcha, como ya contamos hace ahora un año. Los sucesivos plazos de negociación se cumplieron sin acuerdo y los clubes del Top14 y la Premiership anunciaron que el año próximo montarán una competición paralela, a la que invitan al resto. Los argumentos, los de siempre: el agravio que franceses e ingleses denuncian por parte de los clubes de la Pro12, clasificados de forma directa para la competición, y lo que consideran un reparto injusto de los ingresos. También por allá afuera hay tensiones con los modelos de financiación.

Bakkies Botha y Jonny Wilkinson, en el centro de la celebración del título europeo de Toulon, el año pasado: la Heineken Cup, una competición repleta de estímulos, acaba de comenzar con partidos estupendos en el campo y una incierta y larga batalla de fondo en los despachos.

Bakkies Botha y Jonny Wilkinson, en el centro de la celebración del título europeo de Toulon, el año pasado: la Heineken Cup, una competición repleta de estímulos, acaba de comenzar con partidos estupendos en el campo y una incierta y larga batalla de fondo en los despachos.

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Moneyball: Boudjellal y los ‘galácticos’

20 05 2013

Devorado por la angustia, Mourad Boudjellal abandonó el Aviva Stadium durante la segunda parte de la final de la Heineken Cup, el pasado sábado. Era incapaz de soportar la tensión. Vio a Brock James posar el segundo ensayo de Clermont y no quiso ver más: abandonó el campo, tomó un taxi y ordenó al chófer que condujera sin destino por los alrededores del estadio. En ese momento su archienémigo, el ASM Clermont-Auvergne, vencía 15-6 y quedaba media hora por jugar. Aunque había extraviado la capacidad de penetración de Rougerie, que tanto daño le había hecho a Toulon en la primera parte, y estaba cediendo terreno de forma peligrosa ante la amenaza latente del pie de Wilkinson, el equipo manejado por Bernard Laporte no daba la impresión de haber encontrado un hilo de juego o de iniciativa suficientes para amenazar la victoria clermontois. Boudjellal, el lenguaraz presidente y propietario del RC Toulonnais, se había quedado sin aliento emocional para permanecer en el escenario del partido. Durante su viaje en taxi a ninguna parte, sin embargo, todo dio la vuelta. Wilko cobró un golpe de castigo, premio a la crecida defensiva y el empuje de un grupo que hasta entonces no había tenido ningún tipo de preeminencia. Su estilo es el que es y ganó con su argumento principal: las explosiones individuales. El dramático viraje ocurrió cuando el argentino Fernández Lobbe robó la pelota en un ruck y lanzó un contraataque que Delon Armitage convirtió en ensayo. Fue una victoria repentina. Un fogonazo aislado pero inapelable, definitivo. Wilkinson, y una defensa impenetrable para un Clermont disminuido con los cambios, hicieron el resto hasta el 15-16. Cuando supo que Toulon era campeón, Boudjellal ordenó al taxista regresar a Lansdowne Road y entró al estadio para levantar la Heineken Cup. Con la emoción, el multimillonario dueño del nuevo campeón de Europa de rugby olvidó pagar la cuenta…

Mourad Boudjellal, jubiloso tras la victoria de Toulon en el Aviva Stadium de Dublín: el RCT, plagado de estrellas, acaba de convalidar con el título europeo su polémico proyecto de rugby a base de superestrellas.

Mourad Boudjellal, jubiloso tras la victoria de Toulon en el Aviva Stadium de Dublín: el RCT, plagado de estrellas, acaba de convalidar con el título europeo su polémico proyecto de rugby a base de superestrellas.

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