Seis naciones, seis preguntas

23 03 2016

El 6 Naciones es un torneo sostenido sobre la mística de su historia, pero las críticas al espectáculo -más allá de inertes sentimentalismos- indica que ha llegado a un cruce de caminos. Su poder de atracción aún resulta incontestable…,  al menos en estas latitudes. No en otras, desde luego. Pero si no quiere languidecer bajo la sombra de la Copa del Mundo y otras competiciones, debería arbitrar una fórmula estratégica de futuro. El objetivo consiste en respetar su singularidad; y hacer sostenible la feliz atracción de sus liturgias, tradiciones y rivalidades incomparables, pero sometidas a un ineludible aggiornamento del sistema de competición y de la mentalidad de los equipos (dígase entrenadores). No parece difícil pensar que una cosa -cambios en el sistema de puntuación, introducción de los bonus, ajustes para evitar las incoherencias y respetar la jerarquía del Grand Slam– llevaría a la otra. Si no, prevalecerán juicios como los que estos días se han hecho, y que resume la primera de nuestras preguntas.

England3-EPA

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Flores en el asfalto

8 02 2016

Bien está que el Seis Naciones venga a ser, en nuestro cerebro y el de la mayoría, un parque temático de la nostalgia oval. Pero la melancolía de los tiempos pasados no impide anhelar el aggiornamento del juego, que parece detenido en algún punto de difícil interpretación entre la evolución de la especie, el progreso de las reglas, las utopías del juego del Hemisferio Sur y el modelo triunfante en la pasada RWC15, que ahora mismo es el parámetro de medida. Si el rugby del Seis Naciones representa al juego que se practica en la mitad norte del planeta, hay que concluir que lo visto por ahora augura poca o ninguna intención de contestar al modelo sureño en su mismo idioma.

En ese sentido, la primera jornada dijo pocas o ninguna cosa que no supiéramos o pudiésemos intuir. En términos generales, cumplió con las tradicionales emociones y el esforzado equilibrio de los equipos. Pocas distancias en los marcadores, un empate con toda su carga de frustración repartida y una cuenta exigua de ensayos. Lo que sí hubo fueron miles de fases y rucks. Literalmente. Un juego repetitivo, ajeno al offload en los contactos, de fases acumuladas y relanzamientos que siempre acaban con un jugador en el suelo y la consiguiente abierta. Todo marcado por la falta de sorpresa y por los errores. Muchísimos errores.

Canna, Vakatawa, Al Dickinson, Kruis, CJ Stander y Priestland.

Canna, Vakatawa, Al Dickinson, Kruis, CJ Stander y Priestland.

Los nuevos proyectos de Novès Eddie Jones desplegaron velas con actuaciones más profesionales que brillantes. Nada extraño en que Francia gane a Italia con un partido mediocre; ni que Inglaterra abrase las pretensiones expansivas escocesas con su locomotora de vapor. Novès eligió arriesgar un poco más en la promoción de nuevos talentos (Jedrasiak, Vakatawa, Danty), y hubo más cosas anunciadas o intuidas que vistas. Mientras, Jones explicó con su equipo que lo suyo no es la revolución, sino la evolución. Así que a falta de juego en esta primera jornada hubo hombres. Gente que alumbró a sus equipos. En medio del entusiasta rugby de hormigonera, crecieron algunas flores en el asfalto. No diremos que fueran necesariamente los mejores pero, por unos motivos u otros, éstos nos llamaron la atención.

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Rugby sentimental

3 02 2016

Si alguien hiciese una encuesta preguntando cómo nos enamoramos del rugby, la mayoría de nosotros respondería lo mismo: fue viendo el Cinco Naciones. O el Seis… según la edad del interpelado. Durante décadas identificamos la expresión máxima del deporte oval con este torneo que los británicos siempre llamaron Championship. El Seis Naciones forma parte de nuestro patrimonio sentimental. Ocurre que, desde que en 1987 se creó la Copa del Mundo, se ha producido una evolución del juego, de sus estructuras en los despachos, de su repercusión mediática, y han variado las jerarquías, hasta la culminación del pasado otoño: el Mundial de Inglaterra resultó ser, sin duda, la mejor competición de selecciones que pudimos soñar jamás. Una celebración formidable de todas las posibilidades del rugby moderno. Y, desde luego, del juego en su evolución más espectacular.

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O’Connell levanta su último trofeo , el año pasado, entre Best y Heaslip.

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Lancaster hace, Lancaster deshace

4 02 2014

La tendencia a explicar los equipos de rugby a través de las decisiones de sus entrenadores es cada vez más frecuente. Más en las competiciones de clubes que en las selecciones, desde luego, pero está claro que la figura del entrenador, que tenía un papel secundario en el rugby clásico, va sumando preponderancia en los tiempos modernos. Ahora están bajo los focos. Esto también era así en los orígenes del fútbol y sabemos bien a dónde ha llegado la cosa. El rugby lleva décadas de retraso en su evolución y resulta fácil constatar que el progreso no siempre es lo que nos gustaría… Hablamos, claro, de Stuart Lancaster. Puede que el trabajo del entrenador inglés sólo sea posible juzgarlo en 2015, desde la perspectiva que nos ofrecerá la Copa del Mundo. Porque a cada momento Lancaster, y sus decisiones, nos recuerdan que está construyendo un equipo para esa cita. De cuando en cuando, las cifras lo subrayan, por si alguien lo pierde de vista: este fin de semana, ante Francia, la media de caps del XV de la Rosa era 13. O sea, nada. En este Le Crunch 2014 debutaron dos hombres más: el ala Nowell y el segundo centro Burrell. Cierto que las lesiones intervienen y que Lancaster se ha decidido (por fin) a revisar algunos nombres de su equipo base. Pero la juventud ha sido una tendencia constante, una característica básica del equipo inglés en los últimos años.

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Fickou apoya el ensayo que le dio la victoria a Francia, una jugada en el minuto 77 que le daba la vuelta a la larga remontada de Inglaterra. El equipo de Lancaster no supo ni culminar su ventaja ni defenderla, después de haber acumulado muchos méritos a lo largo del partido.

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