Los amigos de Peter

16 12 2013

Este fin de semana falleció Peter O’Toole, el gigantesco intérprete irlandés. En algunos momentos de una vida no muy lejana, alimentábamos otro blog en el que a veces hablábamos de cine y otras muchas cosas, y a la desaparición de algún actor o actriz notables dejábamos una leve pincelada en memoria de su personalidad y su obra. O’Toole es recordado, desde luego, por su papel en el ‘Lawrence de Arabia’ de David Lean (“Si tu película va a durar más de dos horas, más vale que te llames David Lean”, dijo alguien); aún más debe serlo por su inconmensurable aportación al teatro en lengua inglesa. Vale decir al teatro a secas. Aquí, sin embargo, vamos a acordarnos de otra de sus pasiones habituales: el rugby. Pensando a la manera del otro blog, encontramos materia para éste. Porque, aunque Peter O’Toole fue, sobre todo, jugador y entrenador titulado de cricket, tenía debilidad por el rugby union y solía asistir a partidos del Cinco Naciones junto a amigos tan renombrados, y aficionados a la juerga, como Richard Burton y Richard Harris: otros dos cíclopes de la actuación y, damos en pensar a la vista de sus comportamientos biográficos, de muchas otras cosas. “Nosotros tres fuimos el espíritu de los sesenta”, dijo en cierta ocasión O’Toole acerca de ese rat-pack anglo-irlandés que conformaron en sus días. No había un modo más preciso de definir la veloz existencia de tres hombres que, literalmente y como se suele decir, se bebieron la vida y algo más a grandes tragos. Este vídeo muestra a Harris y O’Toole en el hospitality de la final de la Heineken Cup que Munster y Northampton Saints jugaron en Twickenham en 2000. No hay una sola imagen de juego pero, como sabemos cualquiera, estos escasos cinco minutos son puro rugby.

Además de la interpretación de las tradicionales canciones irlandesas, punteados por un conveniente violín, Richard Dickie Harris cuenta en esta secuencia su larga relación con el rugby, que le viene desde muy joven. Natural de Limerick en una familia de nueve hermanos, el hombre llamado caballo (y desde luego Bull McCabe) muestra con indisimulado orgullo la primera camiseta con la que jugó en su debut en 1948 con Munster Schools: Nunca la lavé, tiene la mancha original. Es la que llevé ese día y no la cambiaría por nada”, dice golpeándose el pecho. Escena que culmina con el tremendo placaje de O’Toole (“you tackle well!!!”, lo felicita Harris), antes de regresar a las embriagadas canciones. “De mi infancia en Limerick no puedo recordar nada más que el rugby, cuenta Harris, que vistió también los colores de algunos otros clubes de la región, entre ellos el legendario Garryowen, antes de que una tuberculosis lo retirara del oval. Emocionado, habla de eso que a veces hemos nombrado aquí: la identificación telúrica irlandesa y su funcionamiento como esencia motivadora del juego: “Ahora juegan fijianos, samoanos, sudafricanos, sarracenos… Entonces, de los 15 que salían al campo en aquellos equipos de Munster, 13 eran chicos nacidos y criados en Limerick. ¡Nadie puede contra la fuerza de esos lazos!”. Y remata: “Por eso el ‘soccer’ inglés se ha ido a la mierda”. Y utiliza esa palabra, soccer, lo que refuerza no sabemos si de forma casual o deliberada el personal distanciamiento hacia esa disciplina.

Cuando Peter O’Toole comienza a hablar, cuenta que Harris lo llamó para que fuera con él al partido y, como contrapunto a la chemise, como él le dice, de Munster de su amigo, muestra la corbata que él ganó en su primera aparición con el equipo de cricket de County Galway y que se ha puesto para la ocasión: “Sabe más de rugby que yo”, exclama Harris. Sobre su militancia, no caben dudas tampoco. Precisa Dickie: “Esta mañana me he apostado cien libras con el señor Gallagher a que hoy en Twickenham habría al menos un par de calcetines verdes”. Y le pide al cámara que enfoque a las canillas de Peter O’Toole: “Desde el principio de su carrera siempre ha llevado calcetines verdes”. “Así es”, corrobora el otro. Hijo de una enfermera escocesa y de un irlandés corredor de apuestas hípicas, antes futbolista, O’Toole nació en Connemara de acuerdo a una versión, y en la inglesa Leeds de acuerdo a otras (y a una partida de nacimiento alternativa en la que cambia incluso la fecha). De lo que no cabe duda es de que el azul licuado de los célebres ojos de Peter Seamus Lorcan O’Toole era el reflejo diferido de un alma esmeralda. Un instante después de demostrarlo enseñando sus tobillos, O’Toole mira el reloj y le dice a Harris esta frase memorable, que parece la línea de una película y que resume toda la escena: “Estamos en Twickenham, cariño, y el partido empieza en cinco minutos”. Y se van abrazados, cantando y bebidos. A ver rugby. Ese día, Munster perdió (8-9): pero estos dos no se lo debieron pasar nada mal…





Quade Cooper, que estás en los cielos*

5 12 2013

Con un año de retraso, de acuerdo al reloj de nuestras preferencias, Kieran Read fue reconocido el martes como el Mejor Jugador del Año por la corte de especialistas de la International Rugby Board, en una votación en la que superó a Leigh Halfpenny (en nuestra opinión, el único que podía comprometer su galardón), Eben Etzebeh y Ben Smith (apariciones rutilantes de los dos últimos años y, en el caso del kiwi, de este último) y Sergio Parisse, candidatura que, sin desmerecer un ápice a un jugador monumental como el 8 de Italia, parece más bien un lugar común, una concesión a la geoestrategia o la nota extravagante de cada temporada: basta recordar la inclusión hace un año de Owen Farrell o, como bien señalaron algunos comentaristas en una de nuestras últimas entradas, elecciones u olvidos injustificables en ocasiones precedentes. Los premios suelen incluir este tipo de episodios: hay una literatura completa al respecto. El reconocimiento a Read, un jugador de evolución rutilante e insospechada hace apenas tres años, no admite refutación. Ahora, de él ya hablamos hace dos semanas. Ahora vamos a referirnos a un jugador antónimo de Read en muchas cosas. Si Read ha sido el mejor de 2013, podemos afirmar que Quade Cooper tal vez haya sido el mejor jugador de noviembre. Ahí queda eso: con lo que aquí hemos llegado a decir de Cooper…

Cooper afronta a la defensa galesa con un remedo de paso de la oca, en preparación de un tremendo contrapié frente a Halfpenny: el apertura wallaby ha destapado este mes el tarro de sus habilidades y acabó conduciendo con una exhibición técnica la victoria australiana en el Millennium.

Cooper afronta a la defensa galesa con un remedo de paso de la oca, en preparación de un tremendo contrapié frente a Halfpenny: el apertura wallaby ha destapado este mes el tarro de sus habilidades y acabó conduciendo con una exhibición técnica la victoria australiana en el Millennium.

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