El partido más viejo del mundo

26 12 2015

Todo viene definido, medio en broma medio en serio, en uno de esos volúmenes que suelen decorar los anaqueles más coloridos de las acogedoras librerías británicas: Weegies vs. Edinbuggers: Por qué Glasgow tiene una sonrisa más hermosa que Edimburgo o por qué Edimburgo es ligeramente superior a Glasgow”. Weegie es el término entre bromista y peyorativo que los habitantes de Edimburgo dan a sus compatriotas nacidos en Glasgow. Una variación socarrona del patronímico glaswegian. Y edinbugger actúa, claro, como equivalente para los ciudadanos de la capital escocesa, jugando con una desinencia algo escatológica, gamberramente sexual o, incluso, abiertamente zoofílica. Ésta es una historia de dos ciudades. Si en la obra de Charles Dickens (A Tale of Two Cities, publicada en 1859), el autor contraponía París Londres, encarnaciones de Europa y el alma insular del Imperio, entre las dos ciudades principales de Escocia se cruzan algunos prejuicios en forma de chistes más o menos procaces. Nada importante. Pero, en rugby, esta rivalidad tiene una forma aún más estimulante: se llama Copa 1872, porque los equipos amateur de Glasgow Edimburgo se enfrentaron por primera vez aquel año. Este domingo, en el marco de la Pro12, Edinburgh Rugby Glasgow Warriors reeditan esta vieja rivalidad localista y deliciosamente provinciana.

La vieja rivalidad entre los equipos de las dos principales ciudades de Escocia nació en 1872.

La vieja rivalidad entre las dos ciudades de Escocia nació en 1872.

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La revolución controlada (2)

18 12 2015

En el final de su periodo, el meollo de las críticas a Stuart Lancaster quedó radicado en el medio campo: la presión a última hora para que eligiera a Cipriani como apertura y, sobre todo, la precipitada inclusión de Burgess. Un jugador del que se hablaba hacía meses, incorporado a Bath, y cuya gestión aceleró el descrédito de Lancaster en el entorno y, por lo que supimos después, también entre los propios jugadores. En todo caso, éstos fueron debates últimos, demasiado cercanos ya a la RWC, reveladores de hasta qué punto nadie advirtió que el proceso se tambaleaba hacía mucho. El modelo Lancaster daba todo el aspecto de haber perdido el rumbo. Muchos buenos jugadores en la Premier, que alcanzaban la selección en momentos rutilantes, pasaron de manera fugaz por las manos de Lancaster antes de difuminarse de nuevo. Algunos parecían solo cumplir cuotas frente a la creciente presión mediática. A otros les resultaba imposible alcanzar la confianza necesaria para reproducir en Inglaterra su rendimiento en los clubes. Cuando se hizo evidente, meses antes del Mundial, que la delantera ya no dominaba los partidos, el derrumbe se aceleró. Ahora le toca a Eddie Jones poner todos los relojes del rugby inglés en hora y sincronizarlos alrededor de una idea transversal a los distintos perfiles que ha tomado el juego en la Premier. Una fórmula en que el uso eficiente de sus recursos, de todos sus recursos, se haga con coherencia. La vieja Inglaterra sí, desde luego; pero también, y sobre todo, otra Inglaterra.

Eddie Jones, Steve Borthwick y Paul Gustard, el nuevo equipo de técnicos, aún incompleto, de Inglaterra.

Eddie Jones, Steve Borthwick y Paul Gustard, el nuevo equipo de técnicos, aún incompleto.

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La revolución controlada

16 12 2015

En la cola de la tormenta viaja la calma; bajo los adoquines aguardaba una playa; y detrás de Lancaster vino Eddie Jones. La lógica de las decisiones es simple: para olvidar al fracasado del Mundial, nada mejor que relevarlo por uno de sus grandes triunfadores. En Inglaterra, país mercurial como tantos otros, muy dado a las certezas retrospectivas, la catarsis tiene nombre: Eddie Jones. Pero no sólo eso. En medio del cráter de acusaciones dejado por la implosión en la RWC15, una nueva rosa ha florecido en el otro rugby inglés: el de los clubes, protagonistas indiscutibles de este agitado primer tramo de la temporada. Dominan la Champions Cup después de tres jornadas y sus actuaciones, de estilos disímiles, han extendido la temprana sensación de que el gran rugby europeo está viviendo el pasaje nodal de eso que comúnmente llamamos cambio de ciclo. El gran desafío -derribar el dominio de Toulon y, por extensión, del hiperinflacionado rugby francés- parece en camino, aunque hay mucha tela que cortar todavía… Del otro, el de la recomposición de la selección nacional y restauración del inagotable orgullo de la Rosa, se encarga Jones. La cuestión, en el fondo, parece sencilla:  lograr que el rugby de Inglaterra se parezca al rugby que se juega en Inglaterra. Y todo eso sin dejar de ser Inglaterra. Se entiende, ¿no? Lo analizaremos en dos entregas.

Eddie Jones, en el centro del rugby inglés: Twickenham, todas las expectativas y la necesidad de renovación.

Eddie Jones, en el centro del rugby inglés: Twickenham, todas las expectativas y la necesidad de renovación.

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