Rugby sentimental

3 02 2016

Si alguien hiciese una encuesta preguntando cómo nos enamoramos del rugby, la mayoría de nosotros respondería lo mismo: fue viendo el Cinco Naciones. O el Seis… según la edad del interpelado. Durante décadas identificamos la expresión máxima del deporte oval con este torneo que los británicos siempre llamaron Championship. El Seis Naciones forma parte de nuestro patrimonio sentimental. Ocurre que, desde que en 1987 se creó la Copa del Mundo, se ha producido una evolución del juego, de sus estructuras en los despachos, de su repercusión mediática, y han variado las jerarquías, hasta la culminación del pasado otoño: el Mundial de Inglaterra resultó ser, sin duda, la mejor competición de selecciones que pudimos soñar jamás. Una celebración formidable de todas las posibilidades del rugby moderno. Y, desde luego, del juego en su evolución más espectacular.

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O’Connell levanta su último trofeo , el año pasado, entre Best y Heaslip.

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A propósito de Schmidt

5 12 2014

Joe Schmidt vio la última victoria de Irlanda este mes de noviembre envuelto en un lacerante dolor, muy reconocible para cualquiera que lo haya sufrido. Su equipo acababa de ganarle a Australia. No sólo eso. Había completado un noviembre con pleno de triunfos (Suráfrica primero, Georgia después), mantenido impoluto su récord en el Aviva Stadium dublinés y elevado a 9 de 10 victorias su ejecutoria en 2014. El corolario exacto lo vino a subrayar la clasificación de lo que antes se llamaba IRB y ahora ha mutado la marca a Rugby World: Irlanda es tercera en el ránking mundial, solo por detrás de los dos gigantes del sur, Nueva Zelanda y Suráfrica. Preguntado por su influencia en la formidable evolución de su equipo, Schmidt contestó: “Yo soy solo un observador que decide quién entra como sustituto”. A continuación despidió al periodismo, se fue al hospital y entró al quirófano para que le extirparan el apéndice. Hoy por hoy, merece la pena aguantar dolores por ver a Irlanda. Quitando a los All Blacks, es el equipo con el rugby más sofisticado, divertido y eficaz del mundo.

Joe Schmidt, el técnico que está llevando a Irlanda no a una regeneración de su mejor época, sino a un relanzamiento que promete mucho para la RWC15.

Joe Schmidt, el técnico que está llevando a Irlanda no a una regeneración de su mejor época, sino a un relanzamiento que promete mucho para la RWC15.

Por más que Schmidt mantuviera el perfil bajo que siempre ha caracterizado su personalidad, nadie puede negar la evidencia de hasta qué punto los resultados de Irlanda sintetizan no sólo a su entrenador, sino todo el mecanismo que el neozelandés ha sido capaz de animar a su alrededor. Un entramado que incluye una idea de juego, por supuesto; pero también a un grupo de hombres dispuestos a llevarla a término con una disciplina feroz; además, lo apoya la adecuada organización del rugby irlandés, que facilita armonías y sinergias provinciales en la dirección del equipo nacional. El reverso de Francia o Gales. El efecto visual resultante es una ejecución milimétrica de la filosofía y el trabajo sobre el terreno de juego, más el tradicional entusiasmo irlandés… menos la irregularidad. Repetiremos esta idea: Irlanda, que siempre fue un bloque temperamental, que ha conocido en los 2000 lo que creíamos una generación irrepetible, ha reconstruido su equipo con una facilidad inesperada por todos; y no sólo eso… sino que lo ha relanzado a nuevas cotas con una combinación de rugby vistoso y táctico que habla de un equipo altamente sofisticado en sus mecanismos de juego. Un equipo capaz de una versatilidad de estrategias impensable para el resto del Hemisferio Norte. Un equipo que, como dijo el ex internacional inglés Brian Moore, “es el único del norte que hoy por hoy puede tener ambiciones realistas en la próxima Copa del Mundo“.

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El partido que nunca acabará

27 11 2013

Tengo escrito que los irlandeses no son un equipo, son un ejército. En muchas ocasiones, a menudo en las circunstancias más imprevistas, olvidan cualquier referencia previa (bastaría la del partido con Australia, en este caso) para exhibir de forma repentina su poderosa capacidad de inflamación emocional. Irlanda es siempre una amenazante metamorfosis en estado de latencia. Frente al estímulo adecuado, puede esperarse cualquier cosa: la victoria contra Australia en el Mundial de 2011; aquella otra demolición de Inglaterra en el Seis Naciones de ese año, para arrancarle de entre las manos el Grand Slam; y, desde luego, lo que este domingo les hicieron a los All Blacks. O casi, porque el bloque de Joe Schmidt pereció en la orilla, en una de las derrotas más crueles que podamos recordar. En todos los casos el leit motiv parece estar en la expresión máxima del orgullo, el gusto o la necesidad íntima de hacerlo. La sublimación del juego. Y, de paso, negar la gloria ajena para edificar otro episodio de la propia.

Crotty escapa del intento de placaje de Murray, uno de los mejores en el lado irlandés, para posar el ensayo que le daba el empate a Nueva Zelanda: Cruden, al segundo intento, convertiría después para el definitivo 22-24.

Crotty escapa del intento de placaje de Murray, uno de los mejores en el lado irlandés, para posar el ensayo que le daba el empate a Nueva Zelanda: Cruden, al segundo intento, convertiría después para el definitivo 22-24.

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