Rugby sentimental

3 02 2016

Si alguien hiciese una encuesta preguntando cómo nos enamoramos del rugby, la mayoría de nosotros respondería lo mismo: fue viendo el Cinco Naciones. O el Seis… según la edad del interpelado. Durante décadas identificamos la expresión máxima del deporte oval con este torneo que los británicos siempre llamaron Championship. El Seis Naciones forma parte de nuestro patrimonio sentimental. Ocurre que, desde que en 1987 se creó la Copa del Mundo, se ha producido una evolución del juego, de sus estructuras en los despachos, de su repercusión mediática, y han variado las jerarquías, hasta la culminación del pasado otoño: el Mundial de Inglaterra resultó ser, sin duda, la mejor competición de selecciones que pudimos soñar jamás. Una celebración formidable de todas las posibilidades del rugby moderno. Y, desde luego, del juego en su evolución más espectacular.

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O’Connell levanta su último trofeo , el año pasado, entre Best y Heaslip.

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La guerra por otros medios

12 10 2015

La frecuente asociación del juego del rugby con la guerra no es casual. No se trata sólo de la evidencia argumental de la imposición de la fuerza, del combate físico y estratégico que constituye su puesta en escena y le confiere esa imagen de campo de batalla en el que, a menudo, aparecen convocados todos los elementos de la advertencia churchilliana: el sudor, la sangre y hasta las lágrimas. No es sólo eso, con ser mucho. La guerra está en los orígenes del juego (la mayoría de los deportes colectivos de pelota vienen de un ramo común de ejercicios militares de esparcimiento y preparación) y también en su naturaleza: los tratados técnicos del rugby han formulado la esencia del juego en un objetivo común al balón oval y a las armas: la invasión. El rugby es un deporte de invasión. Esa es la meta. La pelota es el arma. Para los demás elementos no hacen falta demasiadas metáforas ni símiles forzados: cualquiera los identifica porque son muy literales. El problema, en el rugby, es cuando un equipo olvida la importancia inigualable del arma y su uso. O sea, del balón. Verbigracia… Francia contra Irlanda. El equipo de Joe Schmidt lo entendió… o tal vez se encontró la solución, llamada Madigan. Saint-André nunca dio con la forma de reciclar a su equipo desde el combate al juego. Y por eso fue derrotado con amplitud.

Ian Madigan, abierta y sinceramente emocionado en el final del partido contra Francia, en el que fue actor principal tras la lesión de Sexton.

Ian Madigan, abierta y sinceramente emocionado en el final del partido contra Francia, en el que fue actor principal tras la lesión de Sexton.

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A propósito de Schmidt

5 12 2014

Joe Schmidt vio la última victoria de Irlanda este mes de noviembre envuelto en un lacerante dolor, muy reconocible para cualquiera que lo haya sufrido. Su equipo acababa de ganarle a Australia. No sólo eso. Había completado un noviembre con pleno de triunfos (Suráfrica primero, Georgia después), mantenido impoluto su récord en el Aviva Stadium dublinés y elevado a 9 de 10 victorias su ejecutoria en 2014. El corolario exacto lo vino a subrayar la clasificación de lo que antes se llamaba IRB y ahora ha mutado la marca a Rugby World: Irlanda es tercera en el ránking mundial, solo por detrás de los dos gigantes del sur, Nueva Zelanda y Suráfrica. Preguntado por su influencia en la formidable evolución de su equipo, Schmidt contestó: “Yo soy solo un observador que decide quién entra como sustituto”. A continuación despidió al periodismo, se fue al hospital y entró al quirófano para que le extirparan el apéndice. Hoy por hoy, merece la pena aguantar dolores por ver a Irlanda. Quitando a los All Blacks, es el equipo con el rugby más sofisticado, divertido y eficaz del mundo.

Joe Schmidt, el técnico que está llevando a Irlanda no a una regeneración de su mejor época, sino a un relanzamiento que promete mucho para la RWC15.

Joe Schmidt, el técnico que está llevando a Irlanda no a una regeneración de su mejor época, sino a un relanzamiento que promete mucho para la RWC15.

Por más que Schmidt mantuviera el perfil bajo que siempre ha caracterizado su personalidad, nadie puede negar la evidencia de hasta qué punto los resultados de Irlanda sintetizan no sólo a su entrenador, sino todo el mecanismo que el neozelandés ha sido capaz de animar a su alrededor. Un entramado que incluye una idea de juego, por supuesto; pero también a un grupo de hombres dispuestos a llevarla a término con una disciplina feroz; además, lo apoya la adecuada organización del rugby irlandés, que facilita armonías y sinergias provinciales en la dirección del equipo nacional. El reverso de Francia o Gales. El efecto visual resultante es una ejecución milimétrica de la filosofía y el trabajo sobre el terreno de juego, más el tradicional entusiasmo irlandés… menos la irregularidad. Repetiremos esta idea: Irlanda, que siempre fue un bloque temperamental, que ha conocido en los 2000 lo que creíamos una generación irrepetible, ha reconstruido su equipo con una facilidad inesperada por todos; y no sólo eso… sino que lo ha relanzado a nuevas cotas con una combinación de rugby vistoso y táctico que habla de un equipo altamente sofisticado en sus mecanismos de juego. Un equipo capaz de una versatilidad de estrategias impensable para el resto del Hemisferio Norte. Un equipo que, como dijo el ex internacional inglés Brian Moore, “es el único del norte que hoy por hoy puede tener ambiciones realistas en la próxima Copa del Mundo“.

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París bien vale una barba

20 03 2014

Brian O’Driscoll se retiró del rugby internacional con un título del Seis Naciones y el segundo galardón consecutivo de Jugador del Partido. Es cierto que el sentimentalismo influyó en este postrero reconocimiento: el desempeño de Chris Henry, Paul O’Connell y, desde luego, David Trimble y Johnny Sexton explican de un modo mucho más amplio la victoria irlandesa (20-22). Pero está bien que el rugby conceda un homenaje cuasi-póstumo a un jugador superlativo. En el triunfo final del equipo de Joe Schmidt no hubo, sin embargo, una sola concesión. Irlanda tuvo que emplearse para ganarle a Francia, como preveían los más suspicaces. Este tipo de veleidades competitivas se dan por descontadas con los franceses por el medio. Irlanda fue mejor, desde luego. Pero le hicieron falta tres ensayos de Trimble y Sexton (2) para doblegar a un equipo que no entregó el choque hasta el final: Chouly vio desautorizada una marca tardía por pase adelantado previo; y Doussain erró un tiro a palos bastante asequible que hubiera girado el signo del partido. Cierto que, antes, el ensayo junto a la espuma protectora de los palos de Szarzewski mereció una revisión del TMO que Walsh no creyó oportuna. En cualquier caso… en medio de la euforia del triunfo, Irlanda hubo de lamentar dos pérdidas irreparables: la de su divino segundo centro, BOD, la tenía asumida. No estaba preparada, sin embargo, para la otra: sin advertencia previa, Gordon D’Arcy se afeitó la barba.

Sexton se aplica en el afeitado de la barba que tanto había llegado a odiar. Healy fotografió el proceso y lo anunció en su cuenta de Twitter.

Sexton se aplica en el afeitado de la barba que tanto había llegado a odiar. Healy fotografió el proceso y lo anunció en su cuenta de Twitter.

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El día del asesino silencioso

25 02 2014

De todos los momentos de pura vibración que compusieron el tremendo partido entre Inglaterra e Irlanda, y de los jugadores que los produjeron, uno se queda con el que nos dejó ese muchacho colosal al que veteranos de su país como Dallaglio o Vickery llaman el asesino silencioso: aka Joe Launchbury. Inglaterra defendía un ajustado 13-10 en unos últimos minutos en que cada acción constituía un borboteo de agresividad ofensiva de Irlanda, que armaba tumultuosos moles y lanzaba a los hombres de su medio campo como kamikazes. Todo lo que sucedía a esas horas tenía el grosor de lo decisivo. Cuando Dave Kearney, el ala irlandés, escapó campo abajo por el callejón abierto del once, a Twickenham lo debió atravesar un escalofrío colectivo. Era una carrera de ensayo. Tal vez un contrapié frente a Mike Brown, que venía a cerrar. Después una descarga… y la superioridad para la marca. El triunfo del equipo de Joe Schmidt. La Triple Corona. Casi diríamos que el torneo y una porción muy grande de un Grand Slam. Pero nada de eso ocurrió. Lo único que ocurrió, de manera memorable, fue que Launchbury hizo un placaje demencial por maravilloso.

Launchbury, en el instante de golpear la pierna de Dave Kearney en un extraordinario placaje francés y evitar, en los instantes finales del partido, la victoria irlandesa.

Launchbury, en el instante de golpear la pierna de Dave Kearney en un extraordinario placaje francés y evitar, en los instantes finales del partido, la victoria irlandesa.

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Lancaster hace, Lancaster deshace

4 02 2014

La tendencia a explicar los equipos de rugby a través de las decisiones de sus entrenadores es cada vez más frecuente. Más en las competiciones de clubes que en las selecciones, desde luego, pero está claro que la figura del entrenador, que tenía un papel secundario en el rugby clásico, va sumando preponderancia en los tiempos modernos. Ahora están bajo los focos. Esto también era así en los orígenes del fútbol y sabemos bien a dónde ha llegado la cosa. El rugby lleva décadas de retraso en su evolución y resulta fácil constatar que el progreso no siempre es lo que nos gustaría… Hablamos, claro, de Stuart Lancaster. Puede que el trabajo del entrenador inglés sólo sea posible juzgarlo en 2015, desde la perspectiva que nos ofrecerá la Copa del Mundo. Porque a cada momento Lancaster, y sus decisiones, nos recuerdan que está construyendo un equipo para esa cita. De cuando en cuando, las cifras lo subrayan, por si alguien lo pierde de vista: este fin de semana, ante Francia, la media de caps del XV de la Rosa era 13. O sea, nada. En este Le Crunch 2014 debutaron dos hombres más: el ala Nowell y el segundo centro Burrell. Cierto que las lesiones intervienen y que Lancaster se ha decidido (por fin) a revisar algunos nombres de su equipo base. Pero la juventud ha sido una tendencia constante, una característica básica del equipo inglés en los últimos años.

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Fickou apoya el ensayo que le dio la victoria a Francia, una jugada en el minuto 77 que le daba la vuelta a la larga remontada de Inglaterra. El equipo de Lancaster no supo ni culminar su ventaja ni defenderla, después de haber acumulado muchos méritos a lo largo del partido.

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Quade Cooper, que estás en los cielos*

5 12 2013

Con un año de retraso, de acuerdo al reloj de nuestras preferencias, Kieran Read fue reconocido el martes como el Mejor Jugador del Año por la corte de especialistas de la International Rugby Board, en una votación en la que superó a Leigh Halfpenny (en nuestra opinión, el único que podía comprometer su galardón), Eben Etzebeh y Ben Smith (apariciones rutilantes de los dos últimos años y, en el caso del kiwi, de este último) y Sergio Parisse, candidatura que, sin desmerecer un ápice a un jugador monumental como el 8 de Italia, parece más bien un lugar común, una concesión a la geoestrategia o la nota extravagante de cada temporada: basta recordar la inclusión hace un año de Owen Farrell o, como bien señalaron algunos comentaristas en una de nuestras últimas entradas, elecciones u olvidos injustificables en ocasiones precedentes. Los premios suelen incluir este tipo de episodios: hay una literatura completa al respecto. El reconocimiento a Read, un jugador de evolución rutilante e insospechada hace apenas tres años, no admite refutación. Ahora, de él ya hablamos hace dos semanas. Ahora vamos a referirnos a un jugador antónimo de Read en muchas cosas. Si Read ha sido el mejor de 2013, podemos afirmar que Quade Cooper tal vez haya sido el mejor jugador de noviembre. Ahí queda eso: con lo que aquí hemos llegado a decir de Cooper…

Cooper afronta a la defensa galesa con un remedo de paso de la oca, en preparación de un tremendo contrapié frente a Halfpenny: el apertura wallaby ha destapado este mes el tarro de sus habilidades y acabó conduciendo con una exhibición técnica la victoria australiana en el Millennium.

Cooper afronta a la defensa galesa con un remedo de paso de la oca, en preparación de un tremendo contrapié frente a Halfpenny: el apertura wallaby ha destapado este mes el tarro de sus habilidades y acabó conduciendo con una exhibición técnica la victoria australiana en el Millennium.

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