Dan Carter, a la conquista de Europa

26 04 2016

La Europa de hoy es hija de una revolución. La Europa oval, se quiere decir, aunque no faltará quien aplique la afirmación a la historia política del continente. Hablamos de la Champions Cup, nacida sobre el cadáver aún caliente de la Heineken; una competición ideada por la revolución de las clases poderosas del rugby continental: los clubes de Inglaterra Francia, que forzaron a redefinir la competición a partir de su acuerdo con BT, la operadora televisiva. Y serán precisamente un equipo de cada país -el mejor equipo de cada país, tal vez, aunque Racing 92 está lejos de dominar el Top 14– quienes se disputen en Lyon el título que dejó vacante el tricampeón Toulon. La Champions de este año ha extrañado a los equipos celtas, que han trasladado a Europa el estado de transición e interrogantes de la Pro12. En todo caso, el entre Sarries Racing se hace irrefutable: han confirmado con el paso de los meses que ésta era su temporada. Son los dos equipos más en forma del continente; seguro que no los más brillantes, pero sí los mejor capacitados para competir, dominar los partidos, definir los términos en los que se juega y, al cabo, ganarlos.

Dan Carter, el rutilante fichaje de Racing 92 este año, ha conducido al equipo francés a la final europea.

Dan Carter, el rutilante fichaje de Racing 92 este año, ha conducido al equipo francés a la final europea.

Frente a ellos, Wasps Leicester Tigers, sus contrarios en las semifinales, tuvieron pocas opciones. El equipo de Dai Young madrugó en el partido para anotar un ensayo de Christian Wade apenas al minuto largo de juego. Una de esas acciones ya habituales, en las que todo lo que hace Wasps parece electrificado: la evasiva carrera del ala y el apoyo de un medio de melé de explosividad protéica como Robson. A partir de ahí, sin embargo, la noche se vino sobre el lado de los Wasps.

La noche viene a ser un fenómeno meteorológico, valga el término, que cuando juegan los Saracens se expresa mediante la imposición de varios principios y algunos nombres. A saber: una velocidad de presión defensiva agobiante sobre el pivote de juego contrario (Gopperth apenas pudo respirar y no hizo sino exhalar patadas sin rumbo); la declaración del imperio Itoje en el territorio de las touches (flanqueado el gigante por su conmilitón Kruis, o por Rhodes); y el sonido inequívoco del cornetín de caza del hombre por el hombre. En la partida siempre algunos sospechosos habituales: los insaciables hermanos Vunipola, el enérgico Brits, el tercera de turno (dígase Rhodes, Wray y similares) y algunos de los perros de presa del fondo, que vienen enmascarados pero juegan a lo mismo (Wyles tapando una patada a Gopperth, verbigracia) o Farrell en su versión más tabernaria (estacazo de tarjeta severa a Robson, que Poite consideró con indulgencia).

El resultado fue una incomodidad mortal de los Wasps, que no supieron dónde meterse, como tomar la pelota y en qué dirección avanzar. La defensa de Sarries era una invitación a caminar hacia atrás. El principio de la defensa que es en realidad ataque. Metidos en territorio ajeno, hicieron de las suyas. Al punto de escribir la sentencia al modo Warren Gatland: con un maul en la 22 contraria, a menos de diez minutos para el final, que pusieron a caminar los delanteros y al que luego se sumó media línea de tres cuartos. Antes de que la tortuga humana se derrumbara e hiciera un socavón, Poite decretó ensayo de castigo por derribo desesperado de Wasps y el partido se acabó.

No hay mucho que oponer a Saracens, si salimos del territorio de los gustos y la estética. Cuatro semifinales y dos finales, ésta la segunda. Hoy por hoy parece uno de los pocos equipos en condiciones de hacer frente a la equívoca maquinaria de Racing 92. La adición de Dan Carter, como no podía ser de otra manera, ha tenido un efecto multiplicador en el bloque parisino. Veterano y ganador de todo lo posible y aun lo imposible, el apertura All Black le agrega el equipo un cuajo impagable, la seguridad de su incorrupto pie y algunas cosas menos consideradas, pero muy considerables: su curso de placaje contra Leicester Tigers (buena parte de ellos para frenar al invasivo Manu Tuilagi) definen al jugador poliédrico que es Carter. Con él, este millonario Racing dubitativo de los últimos años parece en condiciones de cruzar el Rubicón y suceder al equipo al que, precisamente, se cargó en cuartos: Toulon.

Leicester Tigers siempre estuvo más cerca en el marcador que en el partido. Racing aplicó un tratamiento de choque furibundo: el primer contacto había de buscar no solo cerrar los accesos, sino también desposeer al portador de la pelota. Y desde luego, disuadirlo de cualquier tentativa de descarga. El planteamiento defensivo de los franceses resultó tan brillante como su ejecución. Protegieron su lado con una vigilancia sin fisuras del eje profundo, a base de presencia física y dureza; para cuando Tigers trataba de ir hacia los lados y desatar a sus veloces backs (los Burns, Tuilagi, Betham, Goneva, VeainuTait), el sistema de vigilancias y recolocación de Racing 92 clausuraba cualquier posibilidad. Por momentos resultó tácticamente interesantísimo observar lo bien que ejecutaban los parisinos la defensa corrida  o en deriva. Agresivos desplazamientos laterales y reposicionamiento milimétrico de cada jugador.

Leicester acusó un golpe inicial en el que manifestó que su rigor no era el mismo. Desatendió los lados de ruck, que son terreno defensivo sagrado, y permitió una colada de Rokocoko, que lanzó su incombustible maquinaria hacia la línea de marca. Fue detenido a tiempo, pero su ímpetu ya había generado una onda expansiva que los Tigers no pudieron detener. Machenaud acabó apoyando el ensayo. Los viajes de Rokocoko hacia los carriles centrales son un arma de destrucción masiva, porque su poder de desequilibrio, aun en avanzada edad, permanece vigente.

Después, Racing se afrancesó y el choque cruzó sus fases centrales en un suspenso conveniente para las ínfulas especulativas que siempre acechan a los equipos del Top 14. Aun así, con Masoe -otro ilustre- dirigiendo el tráfico pesado desde el puesto de octavo, Racing 92 violentó la línea de ventaja con dos ensayos fulgurantes que impidió Nigel Owens por pase adelantado. El primero -una combinación primorosa de Rokocoko con Goosen-, con razón. El segundo, sin ella. La disculpa del colegiado no mitigó la sensación de que los franceses se habían quedado sin sentencia por un grueso error del árbitro (que no tuvo un día precisamente ocurrente ni tampoco lúcido). El ensayo postrero de Veainu apretó un marcador engañoso. Leicester anda en reconstrucción, eso por un lado. Por el otro, el equipo vuela menos de lo debido porque arrastra el peso de Cockerill, siempre más afecto al control que al vértigo. La semifinal, sin embargo, es un premio considerable para los Tigers, que salieron del campo con legítimo orgullo.

 

 

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2 responses

26 04 2016
peleida

Una de cotilleo
la que ha liado castrogiovanni
parece que lo van a despedir( merecidamente). Se fue a las vegas con jugadores del psg y al club le dijo que tenia asuntos que atender en argentina, perdiendose la semifinal contra tigers

26 04 2016
Jaco

Unas impresiones rápidas

-Si a Wasps se les hizo de noches porque este año Saracens es la noche: poco a poco se va oscureciendo el partido y su victoria parece algo irresistible, como inevitable, imponiéndose poco a poco. A ver que sanción le cae a Farrell porque suma en todos los partidos una burrada de puntos al pie. Lo de la segundo es absolutamente destructivo, al nivel de dejar a un dúo como B. Davies y Launchbury a la altura de unos novatillos.

-Wasps: ¿cómo ves su futuro? ¿van a ser el mismo peligro sin Smith ni Charles Piutau, quizá los dos grandes culpables de sus subida de nivel?¿qué les da y que les quita Cipriani? A Simpson se le notó un poco falto de ritmo y no entiendo muy bien porqué Festuccia tanto tiempo en el campo y no buscar el impacto de Ashley Johnson.

-Racing: está claro que Carter ha venido a justificar cada uno de los euros que cuesta a Lorenzetti. Se ha puesto el mono de trabajo, para los que pensaban que iba a venir por diversión (como Conrad Smith en Pau) o a hacer turismo (como Nonu en Toulon). Sensación agridulce porque con la línea y delantera que tienen pueden jugar mucho más, y se les ve en determinadas fases donde Marchenaud es capaz de poner una marcha más (como en el ensayo)

-Tigers: Otros que tienen una línea para jugar a mucho más de lo que juegan, pero parecen frenados por la cabeza de Cockerill y ese medio melé funcionario que es Ben Youngs, el hombre del telégrafo, parafraseando a Rutger Blume

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