Caballeros de la orden tabernaria

3 11 2016

Un aspecto importante de la retirada del rugby es la negación. Es decir: hay que negar siempre que uno ha dejado el rugby. En psicología, la negación arrastra muy mala prensa. Pero, en el caso que nos ocupa, resulta absolutamente necesaria para nuestro prestigio público y equilibrio personal. De otro modo sobreviene el trauma. La otra tarde me crucé con un conocido y, como suele hacer casi todo el mundo, me inquirió: ¿Aún sigues jugando al rugby? La frecuencia de la frase, que parece encerrar un simpático desafío compartido, me indica que hay una expectación al respecto. Y yo, ufano y sin asomo de duda, afectando un comprensible tono de ofensa, respondí: “Pues claro que sigo. Precisamente el otro día…”.

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Nuestro ídolo Chilcott, un hombre con aspecto de veterano desde que tenía 15 años, aprox.

El relato que da continuación a los puntos suspensivos se lo ahorré, salvo en lo esencial: “Precisamente el otro día nos fuimos a Bilbao a jugar un torneo”. De veteranos, agrego ahora. El matiz no es raro. Lo raro no es irse a jugar un torneo de veteranos, cosa que a determinadas edades puede suceder con relativa frecuencia. Lo raro es volver. Volver vivo de un partido de veteranos, se quiere decir. Porque sabemos bien que, cuando uno accede a integrarse en uno de esos colectivos lúdico-festivos que se hacen pasar por el equipo de veteranos del club, está en realidad asomándose al borde de un precipicio.

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A propósito de Poite

17 09 2013

Antes de decir ninguna otra cosa, propondré una reflexión modesta, que no pretende adoctrinar, reunir adeptos, actuar como alegato, corregir actitudes ni enseñarle a nadie nada que no sepa o, incluso, que no le interese aprender. Sólo defenderemos un modelo, con mejor o peor fortuna y sin exculparnos de algunas modestas iniquidades cometidas en un rectángulo de juego. El respeto al árbitro, igual que la consideración por los rivales, no deberían interpretarse como fastidiosas obligaciones de un jugador de rugby. Si lo miramos así, un error grueso como el de la jugada de Du Plessis siempre lo veremos como la oportunidad de sentirnos moral y deportivamente maltratados; y por tanto, autorizados para la protesta, la desconsideración y el menoscabo. No sólo de la equivocación del juez, sino también de sus intenciones. Y eso, aun admitiendo que también un árbitro puede inclinar la balanza con decisiones repetidamente parciales. Todos hemos vivido situaciones así en partidos de rugby pequeño: cuando un árbitro nos fríe a golpes y pasa por alto las infracciones del rival en los rucks… Sí, eso genera una frustración terrible. Es verdad.

Poite expulsa a Bismarck du Plessis en el Eden Park de Auckland, el pasado sábado: la actuación del árbitro francés marcó el desarrollo del partido y provocó una oleada de protestas, poniendo de nuevo al rugby ante el fantasma de la traición a sus propios valores.

Poite expulsa a Bismarck du Plessis en el Eden Park de Auckland, el pasado sábado: la actuación del árbitro francés marcó el desarrollo del partido y provocó una oleada de protestas, poniendo de nuevo al rugby ante el fantasma de la traición a sus propios valores.

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