A propósito de Schmidt

5 12 2014

Joe Schmidt vio la última victoria de Irlanda este mes de noviembre envuelto en un lacerante dolor, muy reconocible para cualquiera que lo haya sufrido. Su equipo acababa de ganarle a Australia. No sólo eso. Había completado un noviembre con pleno de triunfos (Suráfrica primero, Georgia después), mantenido impoluto su récord en el Aviva Stadium dublinés y elevado a 9 de 10 victorias su ejecutoria en 2014. El corolario exacto lo vino a subrayar la clasificación de lo que antes se llamaba IRB y ahora ha mutado la marca a Rugby World: Irlanda es tercera en el ránking mundial, solo por detrás de los dos gigantes del sur, Nueva Zelanda y Suráfrica. Preguntado por su influencia en la formidable evolución de su equipo, Schmidt contestó: “Yo soy solo un observador que decide quién entra como sustituto”. A continuación despidió al periodismo, se fue al hospital y entró al quirófano para que le extirparan el apéndice. Hoy por hoy, merece la pena aguantar dolores por ver a Irlanda. Quitando a los All Blacks, es el equipo con el rugby más sofisticado, divertido y eficaz del mundo.

Joe Schmidt, el técnico que está llevando a Irlanda no a una regeneración de su mejor época, sino a un relanzamiento que promete mucho para la RWC15.

Joe Schmidt, el técnico que está llevando a Irlanda no a una regeneración de su mejor época, sino a un relanzamiento que promete mucho para la RWC15.

Por más que Schmidt mantuviera el perfil bajo que siempre ha caracterizado su personalidad, nadie puede negar la evidencia de hasta qué punto los resultados de Irlanda sintetizan no sólo a su entrenador, sino todo el mecanismo que el neozelandés ha sido capaz de animar a su alrededor. Un entramado que incluye una idea de juego, por supuesto; pero también a un grupo de hombres dispuestos a llevarla a término con una disciplina feroz; además, lo apoya la adecuada organización del rugby irlandés, que facilita armonías y sinergias provinciales en la dirección del equipo nacional. El reverso de Francia o Gales. El efecto visual resultante es una ejecución milimétrica de la filosofía y el trabajo sobre el terreno de juego, más el tradicional entusiasmo irlandés… menos la irregularidad. Repetiremos esta idea: Irlanda, que siempre fue un bloque temperamental, que ha conocido en los 2000 lo que creíamos una generación irrepetible, ha reconstruido su equipo con una facilidad inesperada por todos; y no sólo eso… sino que lo ha relanzado a nuevas cotas con una combinación de rugby vistoso y táctico que habla de un equipo altamente sofisticado en sus mecanismos de juego. Un equipo capaz de una versatilidad de estrategias impensable para el resto del Hemisferio Norte. Un equipo que, como dijo el ex internacional inglés Brian Moore, “es el único del norte que hoy por hoy puede tener ambiciones realistas en la próxima Copa del Mundo“.

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