La guerra por otros medios

12 10 2015

La frecuente asociación del juego del rugby con la guerra no es casual. No se trata sólo de la evidencia argumental de la imposición de la fuerza, del combate físico y estratégico que constituye su puesta en escena y le confiere esa imagen de campo de batalla en el que, a menudo, aparecen convocados todos los elementos de la advertencia churchilliana: el sudor, la sangre y hasta las lágrimas. No es sólo eso, con ser mucho. La guerra está en los orígenes del juego (la mayoría de los deportes colectivos de pelota vienen de un ramo común de ejercicios militares de esparcimiento y preparación) y también en su naturaleza: los tratados técnicos del rugby han formulado la esencia del juego en un objetivo común al balón oval y a las armas: la invasión. El rugby es un deporte de invasión. Esa es la meta. La pelota es el arma. Para los demás elementos no hacen falta demasiadas metáforas ni símiles forzados: cualquiera los identifica porque son muy literales. El problema, en el rugby, es cuando un equipo olvida la importancia inigualable del arma y su uso. O sea, del balón. Verbigracia… Francia contra Irlanda. El equipo de Joe Schmidt lo entendió… o tal vez se encontró la solución, llamada Madigan. Saint-André nunca dio con la forma de reciclar a su equipo desde el combate al juego. Y por eso fue derrotado con amplitud.

Ian Madigan, abierta y sinceramente emocionado en el final del partido contra Francia, en el que fue actor principal tras la lesión de Sexton.

Ian Madigan, abierta y sinceramente emocionado en el final del partido contra Francia, en el que fue actor principal tras la lesión de Sexton.

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El torneo de las cuatro naciones

5 03 2014

Lo ha subrayado en las últimas horas Stuart Lancaster, el seleccionador inglés: Nadie ha ganado nunca un Seis Naciones con sólo tres victorias”. El dato parece una obviedad típica en el sobrio Lancaster, pero ayuda a poner en contexto el reto al que se enfrentan los cuatro candidatos a la victoria en este Seis Naciones: Irlanda, Inglaterra, Gales y Francia. Todos llegan a la cuarta jornada empatados a dos triunfos. Puede que este no haya sido, todavía, un gran torneo, pero sí ha cumplido el pronóstico de igualdad que le habíamos anticipado muchos. Sabemos ya que nadie va a ganar el Grand Slam, pero no es fácil anticipar quién será el campeón. Lo mejor de esta situación es que, este fin de semana, el título se juega en los tres campos al mismo tiempo.

Danny Care, jubiloso de camino al ensayo que le daría el triunfo a Inglaterra frente a Irlanda.

Danny Care, jubiloso de camino al ensayo que le daría el triunfo a Inglaterra frente a Irlanda. Gales es el siguiente visitante de Twickenham, en otro enorme desafío.

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El rompeolas

13 02 2014

La verdad, cuando la grada empieza a hacer la ola en un estadio de rugby (un gran estadio de rugby, esto es… porque cosas así sólo ocurren en un gran estadio de rugby), el nervio se me pone en marcha. Hay quien dice que me entra en hinchazón rojiza la venilla del cuello, que por lo visto desde niño ha constituido el síntoma visual de mis más peligrosos hervores internos. Lo diré sin circunloquios: cuando la gente hace la ola en un campo de rugby, me dan ganas de apagar el televisor. Si me agarra en el campo es otra cosa. O sea, que no me dan ganas de irme, pero me cuido mucho de participar. El motivo es común: bastante tengo con ocuparme del cajón de pintas que he acumulado debajo del asiento en la última visita al bar como para dar arriesgados saltitos y descuidar a esos espumosos polluelos de stout que aguardan a que me los beba a mordiscos. Mucho menos abandonarlos a la acostumbrada intemperie norteña de esos lugares.

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