Axel de la guarda

12 01 2017

El rugby es un deporte pasional y emotivo, conformado por estrategias de pizarra, tácticas en diagramas, fundamentos técnicos y exhibiciones físicas… pero todo mezclado con un catalizador que opera inadvertido por las estadísticas, pero que las conforma: el compromiso, la disposición a la entrega del cuerpo, sin observar límites ni riesgos… Y la reunión de voluntades que integra un vestuario. La capacidad para conformar, de la disgregación de posiciones, tareas y habilidades, un solo espíritu que los trascienda.

Uno ha jugado al rugby durante el tiempo suficiente para saber estas cosas. Para no menospreciar el influjo que las emociones confieren al juego. Uno ha jugado al rugby el tiempo suficiente para que la vida se haya cobrado también su parte. La pérdida de alguien próximo, conjurada antes de empezar el partido cuando todos te abrazan y el capitán dice: “Esta semana se nos ha muerto a todos un padre”. La familia. No digamos si la familia ha perdido a uno de los que empujaba contigo. O incluso contra ti…

En esas ocasiones, te preguntas: ¿Cuánto empujan los muertos?

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