Lomu, el viajero del tiempo

20 11 2015

El 18 de junio de 1995 Paul McCartney cumplió 53 años. Habían pasado 180 de la derrota napoleónica en Waterloo y 55 del discurso que Churchill pronunció en la Cámara de los Comunes y que siempre se ha conocido como Their finest hour. Éstas son efemérides de enciclopedia, tomadas al azar. Nos importan poco porque, en el universo oval, todos sabemos que el 18 de junio de 1995 fue el día en que Jonah Lomu aplastó a los ingleses. Particularmente, y de forma muy concreta, a Mike Catt, zaguero de la Rosa y último de los que trataron de detener el negro penacho de Lomu, que era algo así como el remate en forma de chimenea del tren de mercancías al que recordaba su forma de arrollar contrarios. La escena es tan conocida que glosarla en sus detalles resulta improcedente. Aquél era un domingo de sol en Londres y lo vimos en un pub atestado, con un programa que incluía antes el partido, después el inevitable sunday roast y, a todas horas, una ingesta transversal de cerveza que le hiciera de argamasa a la jornada. Creo recordar que hacía poco que se habían liberalizado los horarios de las public houses y que, por lo tanto, las barras ya no cerraban a las cuatro de la tarde. Nos esperaba, así, un domingo largo y beodo. Mezclado con la patulea habitual localizamos enseguida a un concurrente entre cuyos intereses no parecía estar el rugby. Había acompañado a algunos amigos y bebía cerveza con alegría comunal. Era inglés, pero sus comentarios sonaban extemporáneos y apenas atendían a los arcenes del juego: lo frívolo, lo ocasional, lo curioso… Con frecuencia molesta desviaba la mirada de la pantalla para componer chistes que celebraba con una risa nerviosa, frecuente en estridencias. Cuando Lomu pasó por encima de Catt, y mientras casi todos nos quedábamos mudos o engullíamos un murmullo de asombro, él soltó una larga carcajada. Fue lo único que se oyó o fue lo que más se oyó. Aún hoy, en este duelo general por su fallecimiento, no puedo pensar en Lomu y evitar oír esa risa. Y lo que aún significa.

Jonah Lomu, fallecido en la mañana del pasado 18 de noviembre, en una imagen de 2005, en su paso por los Cardiff Blues.

Jonah Lomu, fallecido en la mañana del pasado 18 de noviembre, en una imagen de 2005, en su paso por los Cardiff Blues.

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Jonah Tali Lomu (1975-2015)

18 11 2015

“Recordad que el rugby es un juego de equipo: así que vosotros 14 aseguráos de pasarle la pelota a Jonah”.

DEP.





Ciudadano Wilkinson

22 05 2014

Jonny Wilkinson se retirará del rugby después de los dos partidos que le quedan a su equipo, Toulon, esta temporada: la final de la Heineken Cup, este sábado frente a los Saracens; y la del campeonato francés, el Top14, una semana más tarde, de nuevo con Castres por rival. Entre medio, este próximo domingo, el apertura inglés habrá cumplido 35 años. Dos encuentros para que Wilkinson, el hombre que hizo ese raro tránsito de jugador de rugby a estrella mediática (y por méritos deportivos, no por una exclusiva operación de marketing), recubra de mayor gloria una carrera de picos extraordinarios y un largo valle intermedio próximo al hundimiento físico y emocional. Wilkinson ha sido, para muchos, el Beckham del rugby. La analogía entre los dos personajes se apoya en la coincidencia temporal, en algún encuentro publicitario que tuvo por argumento su común maestría por el golpeo de la pelota, y en la condición de iconos que trascienden lo deportivo. Pero olvida divergencias fundamentales. Wilkinson fue Beckham sin ser Beckham. Es decir, la complejidad mercadotécnica alcanzada por el futbolista (que no está al alcance de cualquiera, desde luego) fue en realidad complejidad psicológica en el jugador de rugby. Wilkinson ha peleado toda su vida por el equilibrio mental. Ni la gloria ni la notoriedad cambiaron su modo de comportarse en la escena pública o en el campo de juego. Pero le pasaron una carísima factura íntima: su largo camino de vuelta de la gloria lo rindió en un laberinto de lesiones, en un proceso de autoinculpación terrible y en estados que alcanzaron pasajes depresivos. Se va convencido de que ni su cuerpo ni su cerebro pueden hacer frente ya a las exigencias del rugby de hoy. Lo único que le da miedo, dice: “Encontrar un trabajo como Dios manda”. Jonny está a punto de convertirse en el ciudadano Wilkinson. Un mortal más… o no.

Wilkinson dice adiós al rugby, envuelto en reconocimiento y con una última posibilidad doble de ser campeón de Europa y de Francia con Toulon.

Wilkinson dice adiós al rugby, envuelto en reconocimiento y con una última posibilidad doble de ser campeón de Europa y de Francia con Toulon.

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