El éxtasis del botepronto

20 03 2018

La otra tarde nos fuimos al parque a jugar a la pelota y, pequeño triunfo, quisimos llevarnos una de esas de forma extraña, que están expuestas en la estantería, y no una de las otras… Ya se sabe cuál es la otra: la convencional, la de los infieles. La previsible.

Durante un rato todo fue bien: leves tutoriales repetidos a lo largo de estos primeros años han propiciado un fundamento técnico esencial: el de aguardar la llegada del pase con las manos ya dispuestas, ofrecidas y adelantadas. Así no se te cuela el balón como agua entre los brazos. Esto ya grabado a fuego, por si algún día llegara a hacer falta en serio. No sea que, a pesar de nuestra confianza en la genética, acabemos descubriendo que en lugar de un respetable delantero hemos pasado años criando a un opinable tres cuartos.

Volvamos al parque. Enseguida el jueguecito empezó a llamar la atención de otros nenes, que andaban con sus coches teledirigidos y, tal vez, sus pelotas de reglamento. Suele ocurrir: cuando uno va con la de rugby a un lugar público de esparcimiento, los infantes señalan con el dedo la extrañeza. Papá, mira qué pelota tan rara… Es el atractivo de lo diferente. Nuestra victoria. Como si en lugar de pasear al caniche hubieras sacado a mear a un koala: todos quieren venir a acariciarlo y a jugar con él.

El problema llegó cuando del ejercicio de las manos quisimos pasar al de los pies. ¿Qué hay más natural que querer patear? Pero no de volea. No al aire. De drop. Dejarla caer y cuando toca el piso, golpear y darle vuelo. Es ahí, precisamente ahí, donde se abre el insondable abismo del botepronto. Ese vértigo de la incomprensión, cuando el incauto deja caer la pelota a sus pies, aguardando un bote regularmente vertical, domesticado, y ocurre ante sus ojos la imprevisible gloria elíptica: el bote indómito que embroma al hombre. Una, dos, hasta tres veces. Nada. La pelota insiste en no dejarse patear. Y condena al ajeno a encontrar solo el aire hueco.

Ahí uno acaba de encontrar, camuflada en las paredes, la puerta a otra dimensión.

Ahí uno se aproxima al enigma de lo singular: cómo es que se avanza pasando hacia atrás, y cómo es que uno nunca puede anticipar en qué dirección botará la pelota.

Ahí uno descubre que la vida no es esférica y que por tanto ocurrirán cosas impensadas.

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París bien vale una barba

20 03 2014

Brian O’Driscoll se retiró del rugby internacional con un título del Seis Naciones y el segundo galardón consecutivo de Jugador del Partido. Es cierto que el sentimentalismo influyó en este postrero reconocimiento: el desempeño de Chris Henry, Paul O’Connell y, desde luego, David Trimble y Johnny Sexton explican de un modo mucho más amplio la victoria irlandesa (20-22). Pero está bien que el rugby conceda un homenaje cuasi-póstumo a un jugador superlativo. En el triunfo final del equipo de Joe Schmidt no hubo, sin embargo, una sola concesión. Irlanda tuvo que emplearse para ganarle a Francia, como preveían los más suspicaces. Este tipo de veleidades competitivas se dan por descontadas con los franceses por el medio. Irlanda fue mejor, desde luego. Pero le hicieron falta tres ensayos de Trimble y Sexton (2) para doblegar a un equipo que no entregó el choque hasta el final: Chouly vio desautorizada una marca tardía por pase adelantado previo; y Doussain erró un tiro a palos bastante asequible que hubiera girado el signo del partido. Cierto que, antes, el ensayo junto a la espuma protectora de los palos de Szarzewski mereció una revisión del TMO que Walsh no creyó oportuna. En cualquier caso… en medio de la euforia del triunfo, Irlanda hubo de lamentar dos pérdidas irreparables: la de su divino segundo centro, BOD, la tenía asumida. No estaba preparada, sin embargo, para la otra: sin advertencia previa, Gordon D’Arcy se afeitó la barba.

Sexton se aplica en el afeitado de la barba que tanto había llegado a odiar. Healy fotografió el proceso y lo anunció en su cuenta de Twitter.

Sexton se aplica en el afeitado de la barba que tanto había llegado a odiar. Healy fotografió el proceso y lo anunció en su cuenta de Twitter.

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