Rugby sentimental

3 02 2016

Si alguien hiciese una encuesta preguntando cómo nos enamoramos del rugby, la mayoría de nosotros respondería lo mismo: fue viendo el Cinco Naciones. O el Seis… según la edad del interpelado. Durante décadas identificamos la expresión máxima del deporte oval con este torneo que los británicos siempre llamaron Championship. El Seis Naciones forma parte de nuestro patrimonio sentimental. Ocurre que, desde que en 1987 se creó la Copa del Mundo, se ha producido una evolución del juego, de sus estructuras en los despachos, de su repercusión mediática, y han variado las jerarquías, hasta la culminación del pasado otoño: el Mundial de Inglaterra resultó ser, sin duda, la mejor competición de selecciones que pudimos soñar jamás. Una celebración formidable de todas las posibilidades del rugby moderno. Y, desde luego, del juego en su evolución más espectacular.

oconnell

O’Connell levanta su último trofeo , el año pasado, entre Best y Heaslip.

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