Sudáfrica, país de leones

26 07 2016

Los Lions de Johan Ackermann acaban de entrar en las semifinales del Super Rugby con una nueva exhibición de su pegada ofensiva. Derrotaron con rotundidad al mayor clásico del campeonato, Crusaders, y buscarán contra Highlanders su pase a la final. Todo esto con un rugby de inspiración atacante: logros que, poco tiempo atrás, solo un loco entusiasta habría imaginado. La brillantez de los Lions hace tiempo que estaba fuera de toda duda. El éxito de los resultados le da todavía más sentido y potencia persuasiva al papel regenerador que la franquicia basada en Johannesburgo está jugando en el rugby sudafricano.

Esta reflexión viene demorada, sin embargo, desde algunas semanas atrás. Entonces, un partido encarnó el momento de incertidumbre y transición en el que se encuentra el rugby sudafricano: fue el Lions-Sharks. A dos jornadas del final de la temporada regular en el Super Rugby, el vibrante equipo de Ackermann protagonizó una de las victorias más arrolladoras del año, en el fondo y en la forma. Hablamos de Sharks, equipo que ha llegado al final de temporada hecho unos zorros, pero que aún son los Sharks: o sea, Mtawarira, Coenie Oosthuizen, los gemelos Du Preez, Pat Lambie -ahora tocado-, el prometedor Garth April, Paul Jordaan, Sithole, Mvovo, JP Pietersen, Willie Le Roux… Poco importó su nómina de jugadores ni el hecho de que se estuvieran jugando con los Bulls una plaza en los playoffs que no tenían asegurada. Fueron arrollados por el hambriento partido de Elton Jantjies, Combrinck, Mapoe, Mostert, Malcolm Marx, Redelinghuys, Skosan y compañía. Y al frente de todos, Faf de Klerk. El tipo, y sus compinches, que le han enseñado a Sudáfrica el aspecto que tiene el futuro.

 

Faf de Klerk, el nueve de los Lions que ya lo es, y con pleno derecho, de los Springboks.

Faf de Klerk, el nueve de los Lions que ya lo es, y con pleno derecho, de los Springboks.

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De Allende, héroe de Boris Vian

22 10 2015

El día que Heyneke Meyer dio la lista de 31 jugadores para la RWC15, hubo quien se puso a contar años (los que sumaban Schalk Burger, Victor Matfield, Fourie du Preez y otros héroes del 2007) y hubo quien empezó a contar razas. O colores: si lo decimos así puede que no atendamos a las razones de la corrección política, pero al menos estaremos siendo precisos. Porque, en Sudáfrica, hay muchos organismos -y el gobierno de la nación al frente de ellos- que han introducido la cuota racial en las selecciones deportivas. La Agency for new agenda, nombre algo críptico, viene a ser una asociación que busca la normalización, la igualdad racial post-apartheid, a base de mínimos porcentuales en el reparto: el asunto no es nuevo, pero alcanzó esta vez tintes algo surreales. Meyer tenía que seleccionar, de acuerdo al plan estratégico de normalización y sus KPIs (indicadores de rendimiento del plan) un 30% de jugadores of colourcomo dicen allá. El objetivo final es el 50%. Cuando vio la lista la SARU, la federación sudafricana, dijo que había nueve no blancos, lo que se aproximaba al porcentaje requerido, y que estaba satisfecha. La gente y los medios de comunicación se pusieron a contar: Mtwarira, Nyakane, Kolisi, Paige, Habana, Mvovo, Kirchner Pietersen. Ocho. ¿Quién era el noveno negro? Damian De Allende, alegó un portavoz de la union. El público enarcó una ceja. Puede que la afición no esté en disposición de discutir si un jugador es mejor que otro, pero la SARU se enfrentaba aquí a la posibilidad de que el país entero no se hubiera quedado ciego: ¿De verdad era negro ese muchacho vigoroso de los ojos verdes?

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