El laberinto del Minotauro

13 11 2015

Resulta imposible explicar la Champions Cup que da comienzo esta tarde sin enfocarla desde la expectativa de derrocamiento del campeón, RC Toulonnais, vulgo Toulon. Sus tres títulos consecutivos y la operación de refuerzo del pasado verano insisten en la idea de que no se puede señalar a ningún otro favorito más allá de ese equipo de súperheroes que se ha montado el gran magnate del cómic en el hexágono, Mourad Boudjellal. Visto desde esa perspectiva, este torneo máximo del continente parece una batalla de la galaxia tolonesa contra el mundo oval, encarnado en una multitud de formas distintas de entender el juego. Hasta se diría que la propia competición y las circunstancias quisieran poner a prueba la capacidad de resistencia del RCT, y han conspirado para construirle un grupo mortal, en el que los franceses tendrán que medirse con la anterior dinastía de la Copa de Europa, los irlandeses de Leinster, y con dos de los ingleses en plena emergencia: Bath -su primer rival este domingo en el Stade Mayol– y los audaces muchachos de los Wasps. A cuartos sólo pasan los primeros de cada uno de los cinco grupos de los que se compone el torneo en esta primera fase, y los tres mejores segundos. ¿Hay opciones de que Toulon se quede fuera a la primera? Hay quien piensa que sí.

Toulon festeja con motivo su tricampeonato europeo: el gran desafío del rugby continental de clubes, la Champions Cup, arranca esta misma noche.

Toulon festeja con motivo su tricampeonato europeo: el gran desafío del rugby continental de clubes, la Champions Cup, arranca esta misma noche.

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Victorias y fracasos de la RWC15

14 10 2015

La RWC15 se asoma ya al impresionante precipicio de las eliminatorias, después de una estimulante primera fase, seguramente la mejor en las copas del mundo. Hasta ahora hemos visto el planteamiento de esta historia, una larga exposición del modo en el que evoluciona el lado deportivo del rugby, con un mejor nivel general y la progresiva desaparición de los grandes desequilibrios. Los comportamientos han sido variados y aún falta por saber mucho: el nudo está en la eliminatoria de cuartos, que en cualquier competición define la frontera de las ocasiones excepcionales. Luego vendrá el desenlace, en semifinales y, desde luego, el choque definitivo por el título.Pero, mientras todo eso ocurre, este Mundial tan extraordinario ha dejado algunas manchas que exigen reflexión: por un lado las lesiones, aunque los datos presentados por Rugby World contradicen la sensación general de que han crecido respecto a otros torneos. De acuerdo al balance presentado al final de la primera fase por el organizador, ha habido 21 lesiones hasta la fecha en la competición, lo que representa un término medio, incluso por debajo del torneo de 2007, en el que se produjeron un total de 37. Aún más grave que eso es el asunto de las decisiones disciplinarias, con el uso del TMO al fondo… La resolución de las sanciones a O’Brien (una semana), Ross Ford Richie Gray (tres semanas) y Marcelo Bosch (otra semana) dejan -sobre el fondo de las anteriores decisiones con Alesana Tuilagi (cinco reducidas a dos) y, sobre todo, Mariano Galarza (nueve semanas)- una enorme cantidad de dudas sobre el camino que va tomando el rugby de hoy. Por último, el futuro del juego en lo que respecta al crecimiento de los países de segunda fila y las desigualdades de inversión y retorno económico para esas federaciones, en comparación con lo que reciben los mejores. Un sistema que hace muy complicada la mejora y del que se sabe, y se habla, poco. En el fondo, la impresión de que crece -pese a los llenos en los estadios, que no pueden ser el único baremo- un profundo desencuentro entre quienes dirigen y juzgan el deporte, y los aficionados que lo miran. Eso representa una pésima noticia.

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