Je t’aime… moi non plus!

29 08 2017

El Top 14 se puso en marcha este fin de semana, con su feria de vanidades a toda vela, pero con una apreciable ración de rugby generoso en los campos. Lo primero no supone ninguna novedad. Respecto a lo segundo, podemos tomarlo con todas las prevenciones habituales, pero la realidad fue la que fue: todos los equipos anotaron al menos un ensayo en la primera jornada del campeonato francés. El campeón perdió -esas cosas-, pero dos de los clubes que mejor representan la rácana megalomanía que ha caracterizado estos años el rugby en el HexágonoToulonMontpellier, cerraron victorias profusas, con anotaciones por encima de los 40 puntos.

Mientras tanto, L’Equipe hacía nuevas revelaciones acerca de la sospechosa alianza de intereses entre las empresas del presidente de la Fédération Française (FFR), monsieur Laporte, y el dueño de Montpellier, Mohed Altrad. Un asunto que sacudió el panorama en agosto, cuando el Journal de Dimanche destapó el contrato entre la empresa Altrad Investment Authority y la empresa de márketing de Laporte, BL Communication, mezclado con las presiones ejercidas por Laporte sobre el Comité de Disciplina de la FFR, con el fin de que favorecieran a Montpellier rebajando algunas sanciones a jugadores y al propio club. Mientras la acusación crecía, uno de los miembros de esa comisión presentó su dimisión hace algunos días. Este mismo martes lo hizo otro. Y los medios publican encuestas sobre si Laporte debe o no dimitir. Todo muy edificante.

Como se sabe, el rugby francés tiene más corredores interiores que el palacio de Versalles. Es una mezcla de competición deportiva, vodevil de despachos, circo de tres pistas mediático y serie moderna de culto en la que importan más los personajes que la trama. Es, a su manera, una diversión para toda la familia.

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Queda inaugurado el futuro

19 10 2015

No es una cuestión de hemisferios, aunque lo parezca. Agrupar en el mismo saco a Nueva ZelandaSudáfrica, Australia Argentina y definir su rugby por la procedencia geográfica (llamémosle SANZAR, el organismo federativo que los agrupa) sería tanto como mirar al dedo cuando nos señalan la luna. Ni los cuatro juegan a lo mismo ni los anima la misma intención -la disonancia sudafricana no precisa detalles… está en su tradición-. Pero desde luego es mucho más fácil relacionarlos entre sí en el espíritu de su juego que establecer paralelismos con Francia Inglaterra. Ahora todo el mundo parece de acuerdo en que la distancia entre el Sur y el Norte se ha ampliado. Pero es que no acaba de hacerlo en estos cuartos de final, no: es una distancia que viene creciendo hace rato. Y, aunque resulta muy difícil un diagnóstico absoluto que defina cuál es la razón última de esa diferencia tan notoria en el juego, al menos deberíamos dejarnos ya de excusas y explicaciones incompletas, que han hecho extraña fortuna: como esa de los entrenadores neozelandeses (Gales también tiene uno) o la de que los campos europeos son muy pesados por el clima. Las dos se rebaten con un solo nombre y un solo equipo: esa Escocia valiente que puso contra la pared a Australia y  a la que ahora todos celebramos (y de la que había muchas risas tras su última Cuchara de madera) le debe mucho, además de a Vern Cotter, a un escocés de pura cepa: Gregor Townsend, el entrenador de Glasgow Warriors. ¿Juega Glasgow en las Bahamas? No. Juega en el mismo ámbito de días lluviosos, campos pesados y pelotas con agua que el resto del Pro12. Así que la cosa no va de geografía. Va de hemisferios mentales. De ideas. De intención.

Imhoff, el ala argentino, se lanza en palomita sobre la zona de marca irlandesa, en una de las anotaciones del partido que los Pumas le ganaron al equipo de Joe Schmidt.

Imhoff, el ala argentino, se lanza en palomita sobre la zona de marca irlandesa, en una de las anotaciones del partido que los Pumas le ganaron al equipo de Joe Schmidt.

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