Je t’aime… moi non plus!

29 08 2017

El Top 14 se puso en marcha este fin de semana, con su feria de vanidades a toda vela, pero con una apreciable ración de rugby generoso en los campos. Lo primero no supone ninguna novedad. Respecto a lo segundo, podemos tomarlo con todas las prevenciones habituales, pero la realidad fue la que fue: todos los equipos anotaron al menos un ensayo en la primera jornada del campeonato francés. El campeón perdió -esas cosas-, pero dos de los clubes que mejor representan la rácana megalomanía que ha caracterizado estos años el rugby en el HexágonoToulonMontpellier, cerraron victorias profusas, con anotaciones por encima de los 40 puntos.

Mientras tanto, L’Equipe hacía nuevas revelaciones acerca de la sospechosa alianza de intereses entre las empresas del presidente de la Fédération Française (FFR), monsieur Laporte, y el dueño de Montpellier, Mohed Altrad. Un asunto que sacudió el panorama en agosto, cuando el Journal de Dimanche destapó el contrato entre la empresa Altrad Investment Authority y la empresa de márketing de Laporte, BL Communication, mezclado con las presiones ejercidas por Laporte sobre el Comité de Disciplina de la FFR, con el fin de que favorecieran a Montpellier rebajando algunas sanciones a jugadores y al propio club. Mientras la acusación crecía, uno de los miembros de esa comisión presentó su dimisión hace algunos días. Este mismo martes lo hizo otro. Y los medios publican encuestas sobre si Laporte debe o no dimitir. Todo muy edificante.

Como se sabe, el rugby francés tiene más corredores interiores que el palacio de Versalles. Es una mezcla de competición deportiva, vodevil de despachos, circo de tres pistas mediático y serie moderna de culto en la que importan más los personajes que la trama. Es, a su manera, una diversión para toda la familia.

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