Huw Jones, una sombra azul en los radares

11 02 2017

Casi todo en Huw Jones  parece improbable, o una singularidad del destino. Igual de desconcertante resulta el irregular trayecto que lo ha llevado a la selección de Escocia desde los Stormers sudafricanos, como las condiciones de su aparición en el equipo de Vern Cotter. Y ese perfil elusivo todavía lo subraya más la velocidad con la que hizo impacto en el medio campo escocés. Precisamente en los centros, donde más talento ha reunido en estos últimos años el equipo: Alex DunbarMatt Scott, Duncan TaylorPeter HorneMark Bennett… Jones se saltó la jerarquía con dos ensayos frente a Australia y la permanente impresión de que, aunque nadie lo vio venir, ha regresado a Escocia para quedarse.

Huw Jones apoya uno de sus ensayos a Australia en noviembre.

Huw Jones apoya uno de sus ensayos a Australia en noviembre.

De hecho, acaba de firmar para la próxima temporada por Glasgow Warriors. La Scottish Rugby Football Union asegura que lo seguía mucho antes de convocarlo para el test match del pasado mes de junio en Japón, donde debutó entrando como sustituto. Y que su instalación ahora ya permanente en el segundo centro escocés (en Western Province también ha sido 12 y 15), culmina una estrategia de captación que nunca lo perdió de vista. La realidad de su trayectoria, sin embargo, hace sospechar que una elipse tan pronunciada ha tenido algo más que ver con el azar. O con una inesperada deflagración cuya onda expansiva obligó a los técnicos a montarse sobre la bomba y revolear el sombrero… como el mayor TJ King Kong en Dr. Strangelove, la delirante alegoría nuclear de Kubrick.

Si World Rugby varía algún día las leyes de elegibilidad del juego en materia de internacionales -asunto que está en solfa hace tiempo-Escocia será uno de los equipos más damnificados. Aunque todas las grandes selecciones, salvo Argentina, practican la naturalización de extranjeros, sobre todo del Hemisferio Sur y particularmente polinesios, el fondo de armario de cada país determina la proporción del impacto que la variación de la normativa puede tener. Cotter ha explotado con no poco éxito estos últimos años la veta internacionalista: en la última Copa del Mundo, Escocia incluía hasta a doce jugadores nacidos fuera de sus fronteras: dos sudafricanos (WP Nel y Josh Strauss), tres neozelandeses (John Hardie, Blair Cowan Sean Maitland), tres ingleses (Tim Swinson, Ryan WilsonHenry Pyrgos), uno de Zimbabue (David Denton), otro nacido en España (Sam Hidalgo-Clyne) un estadounidense (Tommy Seymour) y un holandés (Tim Visser). De ellos, la mayoría cualificados por parentescos escoceses. Tres (Nel, Strauss y Visser) a través de la normativa de residencia.

Los casos son obviamente diferentes. Y más aún el de Huw Jones, cuyo árbol familiar funciona a modo de encarnación del panorama: el chico nació en Edimburgo, pero sus padres -que se llaman Bill Hillary, como la pareja presidencial norteamericana- son ingleses. El nombre, Huw, de raíz galesa, declara la genealogía de sus abuelos por parte de padre. Después de estudiar internado en un colegio en Millfield, resolvió tomarse un despreocupado año sabático en el extranjero. Se decidió por Sudáfrica y terminó en Ciudad del Cabo. El rugby, a esas horas, apenas era un entretenimiento conveniente.

Murrayfield, el sueño alcanzado del centro escocés.

Murrayfield, el sueño alcanzado del centro escocés.

El resumen de tan cambiantes filiaciones es éste: Huw Jones era elegible para ser llamado por Inglaterra, en virtud de la nacionalidad de sus padres. Con Escocia por razón de nacimiento. Por Gales gracias a los ancestros del otro lado del río Severn. Y, finalmente, por Sudáfrica, porque allí ha residido en los últimos años. Eligió Escocia. El motivo debe radicar en algún pliegue bien profundo de su identidad, tan variable según el punto de vista desde el que se mire. Para Huw Jones, la salida de ese laberinto sanguíneo no ofrecía ninguna duda: desde los 11 años, su cama la preside una Saltire, la cruz de San Andrés blanca sobre fondo azul que hace la bandera de Escocia.

Con ella en la maleta ha viajado allá donde buscase su suerte. La llevó por Inglaterra cuando aún residía con sus padres. La tuvo en las habitaciones del Millfield Boarding School, por cuyas estancias educativas también pasaron Gareth Edwards o el adusto Chris Robshaw. La cargó consigo cuando decidió tomarse un año de reflexión y aprendizaje en Sudáfrica, que ocupó entre otras cosas jugando al rugby en categorías menores con False Bay. Después, cuando supo que quería permanecer en aquel país, la tuvo sobre su cama en los días de estudio y deporte en el Ikey Tigers, equipo de la Universidad de Ciudad del Cabo con el que jugó las competiciones académicas. Las jugó y las ganó, por segunda vez en la historia del centro. Aún lejos, muy lejos de los focos, la incipiente carrera de Huw Jones fue tomando una prometedora densidad. En la final universitaria, el escocés abrió el marcador con un ensayo y fue capital en el triunfo. Por más que hubiera llegado al país a pasar el tiempo, formarse o buscarse a sí mismo, su aleteo acabó alertando a Western Province. Le hicieron una prueba y Jones se quedó.

El resto, como se dice, es historia. Western Province, la Currie Cup, el Super Rugby, los Stormers. Los compactos virales que muestran un catálogo de carreras extrañamente cimbreantes… Y, durante todo ese tiempo, la Saltire en la pared presidiendo la cama, como un ritual que fijaba el objetivo final, en medio de tanta confusión geográfica: Escocia. Ahora, la gente revolea banderas con la cruz de San Andrés en Murrayfield.

La victoria de la semana pasada ante Irlanda expide otro certificado de credibilidad para este renacimiento de Escocia. El año pasado cayó Francia. Esta vez, los hibernios. El Rubicón está en las tres victorias: necesita dar ese paso ganando a Gales y en París Londres. Palabras mayores. Equipos muy potentes para un plantel como el escocés, eléctrico para desatar los partidos; pero demasiado ligero, a menudo, para anudarlos. Eso sí, su celebrada mutación demuestra que no hay imperativo de tradición en el juego que no pueda ser revisado: hacen falta ideas, jugadores, un plan y los medios para ejecutarlo. Hace falta, como ha ocurrido en Escocia, un autor intelectual como Gregor Townsend. Y la traslación de un modelo vertical de juego que apenas anheló Andy Robinson, que asomaba bajo la confusión de formas que fue el pasaje de Scott Johnson en la selección, y que le ha explotado felizmente en las manos a Vern Cotter. Feliz pero tardíamente, porque dejará el equipo en junio para que lo tome, precisamente, Townsend.

Bajo las premisas de Glasgow Warriors (este año por primera vez en las eliminatorias de la Champions Cup, otro síntoma), los jugadores y el funcionamiento colectivo siguen su progresión. Jonny Gray va camino de definir una época en el rugby escocés y más allá de él: 27 placajes del segunda contra los aguerridos irlandeses. Y la sensación avalada de su solvencia en múltiples facetas del juego. Si el pequeño de los Gray apunta a jugador memorable, el hombre del momento en Escocia es Finn Russell, liberado este año y con jerarquía prevalente ante otros candidatos al 10 como Weir o Ruaridh Jackson. Si uno mira los ensayos de Jones, advierte cuánto le deben a la audacia creativa de su 10.

Fue precisamente la lesión de Russell en junio la que permitió a Cotter idear un recambio asimétrico, llamando a Huw Jones en su lugar: un apertura por un centro. Había que hacerle espacio a ese muchacho llegado para reventar los espacios. Hay algo imprevisible en Jones, jugador muy vertical y de carrera potente, pero en absoluto ligera. No da la impresión de ser un tipo de fácil escapada. Casi diríamos que se le puede anticipar el cambio de dirección cuando lleva la pelota en las manos. En carrera acelera mucho, pero cuando cambia de pie se mueve con pasos cortos. Sin embargo, su percepción del espacio libre y el timing de sus acometidas al intervalo lo convierten en un escapista consumado. Después, ataca con gran decisión y habilidad el hombro débil de los defensores. Con todo eso, Jones acostumbra a pasar. Y cuando pasa, juega con enorme claridad dentro de la defensa, tramo del campo en que el juego se simplifica y todo consiste en percibir el triángulo espacio-defensa-apoyo. Y resolver la ecuación con buenas decisiones. El chico se equivoca poco.

En Japón entró por Jackson en junio. En noviembre ya fue titular. Y ahí sigue, aunque lo salten esos pases mortalmente planos de Russell que buscan acuciantes las manos de Stuart Hogg. Sea cual sea la variable de juego de los tres cuartos escoceses, Jones nunca anda lejos cuando la acción toma velocidad. Como todos los mejores centros, sabe interpretar a la perfección la continuidad de la jugada y surge en el lugar adecuado. Y ahí se presenta de manera repentina, como una sombra imprevista en el radar. Algo que nadie vio venir y que ahora, una vez que ha pasado, todos celebran. Salvo los rivales que intentan contenerlo, claro.

 

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4 responses

16 02 2017
Nacho

Por cierto Mario, sigo el blog desde el principio aunque es la primera vez que escribo y me gustaría contar un poc mi experiencia con el rugby.
Para mi desgracia lo descubrí demasiado tarde, con 21 años en la Universidad de Vigo, ya no me atreví a jugarlo (algo de lo que me arrepiento bastante) pero lo sigo mucho, cada vez más.
Esa espinita clavada de no haber podido jugar me llevó a insistirle mucho a mi hijastro para que lo probara. Él empezó en el fútbol pero el año pasado acabó muy quemado por todo el ambiente funesto que lo rodea: competitividad mal enfocada, valores inexistentes, padres forofos y mal educados, cultura de la trampa enmascarada por picardía…
El verano pasado me sorprendió con qué quería probar en el rugby al empezar la temporada y ya lleva jugando desde entonces con las categorías inferiores del Vigo Rugby y tiene pinta de que, cómo ocurre casi siempre con el rugby, es un amor de largo recorrido. Siempre me da las gracias por haberle dado tanto la lata con lo del rugby y yo aél por haberse decidido a probarlo, parece que al estar él jugando la espinita ya no está tan clavada como antes.
Da gusto el ambiente tan sano que hay: tanto entre los chavales como entre los padres y aficionados; Cómo se les educa en el respeto a los demás, en el esfuerzo, en el compañerismo, en el huir del individualismo, la importancia del grupo. Son valores que dada vez hacen más falta en la sociedad, cada vez más carente de valores e individualista, en la que vivimos.
Escribo esto por si hay algún padre dudando de si llevar o no a su hijo al Rugby… que no lo duden, no se van a arrepentir. En nuestro caso ha sido una decisión de la que estamos todos muy contentos.
Además en el caso de niños hiperactivos, como el caso de mi hijastro, les ayuda mucho, ya que liberan un montón de adrenalina y después de una buena sesión de pick & go se quedan como nuevos:)

16 02 2017
ornat

Muchas gracias por tus comentarios, Nacho. No creas, que yo llegué también al rugby tarde, por esas edades… aunque lo buscaba hacía tiempo y no había encontrado la forma. También venía del fútbol y también me agotó enseguida el ambiente, la competencia, la falta de compañerismo, las broncas. Supongo que era un rugbier antes aún de saberlo siquiera.

Te pido un favor. La experiencia de tu hijastro me encanta: por el fondo y por cómo lo cuentas. Me dejas que la comparta extractada en redes??? Como un comentario que deja un padre, una experiencia que se puede compartir y que creo que enseña y expresa a la perfección lo que es el rugby y lo que puede aportar a una familia, a unos niños…

Gracias otra vez, mil gracias.

16 02 2017
Nacho

Claro que sí Mario, faltaría más, un placer. Si lo llego a saber me hubiera esmerado algo más en la redacción, manifiestamente mejorable tras una segunda o tercera lectura.
Un saludo

16 02 2017
Nacho

Da gusto ver a esta Escocia. Fue una pena que, a pesar de los dos ensayos, acabara perdiendo contra Francia que les superó claramente en delantera y remató la faena cobrando los golpes de castigo producto de esa superioridad.
Están todavía un poco verdes y necesitan mejorar las fases estáticas, especialmente en la melé cerrada, pero el juego de tres cuartos es muy prometedor; Además de que hay mucha velocidad y talento atrás, la bisagra con Russell y Laidlaw es, quizá no brillante, pero si muy solvente.
Si consiguen recuperar la vieja tradición escocesa de delantera rocosa y mezclarla con esta camada de tres cuartos tan interesantes,serán un rival muy incómodo para cualquiera.

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