Misa negra

25 08 2016

No parece necesario entretener el tiempo en construir otro panegírico acerca del maravilloso rugby que está jugando el equipo de Steve Hansen. Porque ya van unos cuantos y, al final, los diagnósticos y las conclusiones o se parecen mucho o inciden en detalles que ya sabíamos. El mundo ya sospecha que por donde pasan los All Blacks no vuelve a crecer la hierba. La primera jornada del Rugby Championship expresó con la misma claridad el estado sublime del rugby neozelandés y la reunión de incertidumbres que acosan a los demás.

Todo se pareció bastante o funcionó como una versión de lo visto en el Super Rugby. Hay un confuso desierto en Australia; una idea esperanzadora aunque todavía muy imperfecta en Sudáfrica; y ese punto impreciso de Argentina, en el que no sabemos si se aprecia lo suficiente un cambio que es básico: los Pumas ya no juegan mirando de abajo arriba a sus rivales ni aspiran a derrotas dignas. Con todas sus deficiencias, ahora juegan de igual a igual y a ganar. Lograrlo o no es otra historia: se llama competición.

Jerome Kaino, desafiante entre Cane y Aaron Smith, tras taparle a Foley una patada y entrar en el ensayo.

Kaino, desafiante entre Cane y Aaron Smith, le tapó una patada a Foley y se fue al ensayo.

En cierto sentido, la excelencia de Nueva Zelanda ha condenado a sus contrarios a vagar por un laberinto de indecisión y ansiedades. Nadie aparece menos favorecido ante ese canon que los Wallabies de estos últimos meses. Si fuera posible trazar con una suerte de gps la línea de los pensamientos y decisiones de Michael Cheika, el resultado se parecería a una ruidosa maraña. En junio encajaba la hipótesis de que la ausencia de los europeos (Ashley-Cooper, Giteau, Genia, Quade Cooper, Mitchell) hubiera debilitado al equipo finalista de la RWC15. Además de que junio es un banco de pruebas. A la hora de la verdad, esos jugadores regresaron para el Rugby Championship y su impacto fue poco… o nada.

Cheika intentó discutirle el breakdown a los kiwis renunciando a la touche: construyó una tercera línea sin Scott Fardy, con McCalman de seis, Hooper de flanker abierto y Pocock en el octavo. Nada funcionó: Whitelock/Read/Kaino/Retallick gobernaron los alineamientos, derrota prevista. Pero es que la agresividad en las abiertas y la velocidad de reciclaje y reutilización de los neozelandeses fue tan alta que Australia descarriló enseguida.

Los Wallabies sufren uno o varios problemas estructurales, para los que Cheika busca solución con más ensayos que aciertos. Delante y atrás. La primera línea es tan esponjosa como acostumbra. No hay segundas que lleven la pelota y puedan ofrecer opciones de carga en el juego abierto. Tampoco ha surgido ningún émulo de John Eales o siquiera un Nathan Sharpe. Cheika ha usado ya a cinco parejas distintas en los últimos cinco tests: Simmons, Mumm, Douglas, Arnold, Carter, Skelton han pasado por ahí… El sábado probará a Adam Coleman. A Simmons lo ha mandado a jugar la NRC y el técnico pide, a su manera, que alguien dé un aldabonazo y reclame la propiedad de la posición de una vez por todas. Nadie se da por la aludido o las circunstancias lo apartan. Como si silbaran mirando para otro lado.

La baraja se repite en cierto modo en la tercera. La búsqueda permanente de una combinación competitiva favorece la presencia de un Pocock que va camino de su año sabático en evidente caída. Hay varios jugadores que pueden encarnar la decadencia australiana desde la Copa del Mundo a hoy: Pocock sería uno de ellos, acaso el más cacareado entonces. Pero esta vez ni siquiera el cotidiano arrojo Hooper pudo tener ningún impacto frente a la tremenda maquinaria negra. Es verdad que muchos técnicos consideran hasta cierto punto intercambiables a los terceras. Pocock es algunos centímetros más bajo que McCalman, quien con su 1,92 y la fiereza que resume su sobrenombre (The Dogpuede actuar como segunda, flanker cerrado o, lo más natural en los Wallabies, número 8. Ni Hooper ni Pocock llegan a 1,85: son de fisonomía más compacta, preparados para la pesca submarina en los rucks y tendentes -más aún Hooper- al vuelo en campo abierto. Ya en el Mundial, esa misma combinación con Fardy de 6 funcionó a un alto nivel, pero la industriosidad de Fardy y su capacidad para la fontanería son un lujo. Y, sobre todo, aquel Pocock no es el de ahora; o éste no es el de entonces. Para completar la ruina, el sábado McCalman asumía en las melés su puesto habitual -el de ocho- y Pocock iba al flanco. Ese cambio tiene un sabor muy revelador del estado de las cosas. McCalman, al que le ha rebrotado la misma lesión de espalda que lo sacó de la serie contra Inglaterra en junio, tampoco viajará a Wellington.

Por atrás, la ineficiencia de algunos se mezcla desde hace tiempo con la irregularidad de otros. Falta de jugadores de suficiente nivel unas veces; inconsistencia de rendimiento otras; y, a menudo, la desgracia. Giteau se rompió el tobillo, Toomua sufrió una conmoción y debe pasar los protocolos correspondientes, y Horne se dañó un hombro. Tres centros, tres bajas. Póngase sobre el fondo de la enfermedad de Leali’ifano o de la rodilla quebrada de Kurtley Beale nada más fichar por los Wasps. Aderezar con la negativa -al menos práctica- de Cheika a usar de centro a Folau, pese a que juega ahí en los Waratahs y a que, dicen en Australia, es en medio campo donde quiere actuar y no de zaguero. Agítese toda esa coctelera y el resultado es un cuadro tenebroso.

Volvamos al partido: las lesiones provocaron que acabase Ashley-Cooper en el medio campo y Phipps (¡nada menos que Phipps!) de ala: que el nueve reconvertido anotase el único ensayo australiano, al final, debe entenderse como una de esas ironías que procura el azar. Para el sábado, Folau sigue en el fondo (por si había duda), entra el inefable Quade Cooper de 10 y Foley (que ha caído a un nivel menos inflamado que el que mostró en su gran RWC) se va a jugar de 12. Dicho todo esto, consulten de nuevo la ruta del gps mental de Cheika: ¿Algún patrón que no se parezca a la rueda de la fortuna? Si lo encuentran, levanten la mano…

Al otro lado del Mar de Tasmania, la realidad es opuesta. Tras la última exhibición, queda sentado que los All Blacks han convertido su regeneración en un proceso tan mecánicamente preciso como el de una cadena de montaje. Todas esas perversiones del rugby moderno que tanto afectan al resto -la transición generacional, la pérdida de estrellas a manos del parné francés, la fatiga del calendario, la producción de nuevos valores- no hacen mella en los procesos de juego de Steve Hansen: la versatilidad y el rugby interpretado no tanto por posiciones como por roles… esa es la nueva realidad. Lo que en términos técnicos se llama ahora familias: unidades de ataque de 3/4 jugadores que se ordenan y entre sí y asumen tareas distintas según necesidades, más allá del puesto en el que se juegue.

Idea, destrezas, velocidad, ejecución: todo está ahí. Expreso en aquella frase que nos dejó Cochi Pellicena, integrante del cuerpo técnico de Jaguares, en Hablemos de Rugby: “Cuando los demás intentamos acercarnos a los All Blacks, ellos hacen algo nuevo y vuelven a alejarse de todos nosotros”. Van siempre un paso por delante. Una evolución que parece anunciar también Sudáfrica ahora, aunque su equilibrio es aún lógicamente quebradizo. El creciente papel de Eben Etzebeh en el ataque desplegado y el perfil mucho más kieranreadesco de Warren Whiteley como octavo -en comparación con Vermeulen– quizá sean matices tanto o más significativos que la muy comentada bisagra de los Lions. Elton Jantjies aún no es el 10 fiable que precisa una construcción como esa. La sombra de Handre Pollard es alargada. Pero eso es otra cuestión.

Sudáfrica Argentina disputaron un test tan imperfecto y volátil que pudo ir a cualquier lado. Arrancaron 20 minutos tarde los Pumas, pero golpearon con su ataque profundísimo -desde cualquier punto de la cancha- en cuanto Jantjies o Goosen dejaban sus patadas dentro del campo. Incluso con 14 jugadores por la amarilla a Montero. El ensayo de Orlando en una contra maravillosa de Argentina tuvo ese espíritu montaraz del mejor ataque Puma. La segunda mitad descubrió mucho más cuidado defensivo de los Springboks, que dejaron solo al placador en los rucks, para mantener mucha gente de pie en defensa. Esa variación limitó espacios a los argentinos y provocó que el juego se concentrara entre las dos líneas de 40, con posesión ocupación territorial mayormente argentinas. Pero los Pumas anotarían desde la contra: otra patada regular desde el fondo, escapada, reciclaje y construcción posicional hasta la 22 rival. Ahí, la jugada acabaría con el gesto sutil del sombrerito de Nico Sánchez, para que apoyase Cordero.

En ese tramo intermedio del segundo tiempo, el choque quedó botando para que lo acabara el equipo de Hourcade. Pero no supo hacerlo. Esa fue la impresión en directo. Revisado el partido, nos creció otra idea: no pudo… y Sudáfrica, en sus imperfecciones, tuvo mucho que ver. Los dos rivales se cruzaron en curvas de rendimiento y agresividad opuestas en el último cuarto del choque. Bajó su nivel de agresividad Argentina, mientras los Bokke lo elevaban. Ocurrió a partir de una acción racial de Faf de Klerk, el jugador que electrifica su ataque y también su corazón colectivo. Y afectó a los que salieron del banco. Hay que hablar de los relevos: Du Toit, Koch Jacko Kriel le dieron mucho filo defensivo y mucha dureza a Sudáfrica. Ellos siguieron el camino abierto por De Klerk, autor de algunos placajes desconsiderados, bloqueando arriba, a gente del tamaño de Leguizamón Matera. Su anticipación en una salida de Cubelli le permitió provocar un knock on en campo rival. En la melé siguiente, arrancó como un balín por el cerrado, para trazar una cruz con Goosen y posibilitar el try del 15.

Así, Sudáfrica salvó otro encuentro apurado con victoria. Es el tercero consecutivo (los dos decisivos de Irlanda y éste)… pero todos en campo propio. Habrá que ver cómo se comportan los chicos de Coetzee en territorio ajeno. Aguarda Salta y unos Pumas que no acaban de ajustar su juego de descarga, que se ven forzados a desviar (y lo hicieron bien) las consecuencias de su inferioridad en la melé. Y que no terminan de elevar su desempeño hasta el minuto 80. Aunque el diagnóstico obliga a algunas frustraciones lógicas, vale la perspectiva: hace cinco años no hablábamos en estos términos. Merece la pena recordarlo.

En este enlace podéis escuchar el último Hablemos de Rugby (22/8/2016): clicar en la pestaña de Programas Completos.

 

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7 responses

13 09 2016
Black_Magic

@Jorf, no es infravalorar a Ryan Crotty, sino verlo con los Crusaders temporada tras temporada. Por ejemplo, en el SupeRugby 2016, no salió muy bien parado de sus duelos con George Moala, Piers Francis, Anton Lienert-Brown o Seta Tamanivalu.

No te dejes impresionar por su buena actuación vs los Pumas el pasado sábado. Con Beaudy y Ben Smith, la vida de un centro se vueve fácil, muy fácil. ¿No crees?

14 09 2016
Jorf

Claro que con esos dos genios es más fácil, pero Crotty precisamente poca ayuda ha tenido este año en crusaders, Havili y Fonotia me parecen limitadísimos y por ahí han estado las vías de agua del centro de la defensa. Idem con Mo´Unga que defensivamente es otra madre.
Aparte ciertamente crotty ha hecho grandes partidos (contra Lions en J´burgo en temporada regular está inmenso) compaginados con otros muy mediocres, en parte por regresar de la lesión. Pero en parte porque le ha tocado lidiar, como digo, con la parte defensiva más pobre de crusaders.
De años atrás no puedo hablar porque sólo veía unos pocos partidos de SR pero este año no se si me he perdido alguno de las franquicias neocelandesas
Precisamente Moala me parece lo opuesto, un jugador muy vistoso pero con una lectura de juego y capacidad asociativa limitada. De hecho Umaga lo manda al banco hasta la lesión de Ranger. Su hype tras un buen partido contra una desfondada gales (bueno sin más, vistoso pero con errores) me ha extrañado mucho. Lo mismo con Tamanivalu, otro jugador al que no le veo la capacidad de Crotty de leer y decidir antes de actuar.
Estoy de acuerdo que Lienert-Brown me parece un potencialmente mejor jugador, que un Ngatai sano es otro nivel, pero no lo cambio por Moala, Seta o Francis (con este tampoco podría ser, es ingles) ni farto de vino 🙂
Aparte, si llevaba tiempo en el equipo como 4º-5º centro (tras Conrad, Nonu, SBW y a la altura de Fekitoa) era por algo. Hansen sabe latín

PD: Hablando de Francis, su final de año me ha parecido fantástico (contra Brumbies da una master-class). Veremos cuanto dura antes que la Premiership y Eddie Jones se lo lleven si continúa evolucionando así

8 09 2016
peleida

tarde y mal pero aporto otro punto de debate.
fekitoa no lo esta haciendo bien. es quizás el único lunar de los blacks.
en defensa lucha ayuda y placa bien como todos, pero en ataque lo veo desubicado. parece un ente extraño, ralentiza el balón, tarda en pasarlo.
quizás sea solo una errónea apreciación subjetiva, pero ahí dejo la reflexión

10 09 2016
Black_Magic

El problema con Malakai Fekitoa es que los neozelandeses añoramos su mejor versión, la de 2014, cuando sorprendió a propios y a extraños con su espectacular rugby: off-loads, sus breaks, sus ensayos después de superar a cuanto jugador le saliera por el camino…

Yo aún confío en Malakai. Es joven (tiene 24 años) y tiene un margen amplísimo de mejora. Date cuenta que los ‘centros’ suelen empezar a destacar cuando tienen 27, 28 años. Los Tana Umaga, Conrad Smith, Ma’a Nonu son buenos ejemplos de ellos. Además, tener como compañero a Crotty no le sirve de gran ayuda. El 12 de los Crusaders es el jugador ‘average’, insípido por excelencia. No falla pero no arriesga nada.

Menos mal que en la línea de salida, tenemos tres jugadores muy jóvenes pero de primerísimo que pueden jugar de 12 o de 13: Anton Lienert Brown, Jodie Barrett y Rieko Ioane (el jugador de los Blues puede jugar de ala o zaguero, pero Hansen, Foster, Smith y Fox lo ven mejor como outside center.

Feliz rugby a tod@s!

12 09 2016
Jorf

No minusvaloraría yo tanto a Crotty, me parece un pedazo de jugador. No es muy fuerte, ni muy rápido, ni muy móvil, pero sabe dóne ubicarse, lee el juego y defiende muy bien. Me parece un recambio de lujo para Conrad Smith. Quizá sin su excelsa calidad pero con una inteligencia super necesaria para esa posición.

Yo tampoco veo a Fekitoa a gran nivel, me parece desubicado y posiblemente la culpa sea de haber jugado mucho de 12 en Highlanders cuando es un 13, lo que le hace ni rendir de 12 ni de 13 actualmente.

26 08 2016
Boli

Hola, sabeis si se puede descargar el podcast del programa Hablemos de Rugby. La verdad, no lo consigo.

Gracias por la entrada. Buen análisis.

27 08 2016
ornat

Gracias a ti. Hablemos de Rugby solo se puede oír online. No hay podcast. Lo siento.

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