La primavera negra (2)

2 07 2016

Los All Blacks nos han acostumbrado a una excelencia tan cotidiana que a menudo sus partidos producen en las almas de conclusión ansiosa una impaciencia muy característica: si al cuarto de hora no han marcado un par de ensayos; o incluso si el contrario se les ha colado por un butrón a la espalda de la línea de ventaja una o dos veces… empieza un ya tradicional miserere acerca de su indudable estado de osteoporosis competitiva, problemas defensivos, fines de ciclo o imposibilidad en el relevo de los que se han ido. Y el de enfrente -que por otro lado suele ser un rival de la primera línea del rugby mundial- reúne una pléyade de adjetivos grandilocuentes y el inevitable diagnóstico sobre su evolución y las glorias que le aguardan.

Lo que suele ocurrir después también hace ya tradición. En algún momento hacia la hora de partido aparece, como en las carreras ciclistas, el hombre del mazo y sus diferentes encarnaciones, casi todas vestidas de negro. Y de pronto el partido igualado se convierte en un río de ofensiva lava oscura, que arrasa en el último cuarto todo lo que encuentra a su paso. Vienen los ensayos y se alarga el marcador. El encuentro acaba con los chicos de Steve Hansen frescos como una lechuga y, a su alrededor, un muy habitual “sí, Nueva Zelanda sigue ganando, PERO…”.  Luego el pero se diluye y queda la evidencia de que la distancia entre los All Blacks y el resto del mundo continúa intacta. Por más que se hayan ido todos los Centuriones, los que vienen detrás enganchan en el sistema con total naturalidad y se saben la letra y la música. La primavera negra es así. Un florecimiento constante. Una alergia que deja al de enfrente frito.

El segundo centro George Moala encuentra un hueco en la montonera para uno de los seis ensayos kiwis en el tercer partido de la serie. [ROB JEFFERIES/GETTY IMAGES]

El segundo centro George Moala encuentra un hueco en la montonera para uno de los seis ensayos kiwis en el tercer partido de la serie. [ROB JEFFERIES/GETTY IMAGES]

Que le pregunten a Gales. Los partidos contra los All Blacks se les han hecho muy largos. Y la serie, todavía más: el primer encuentro acabó 39-21 y animó un buen número de aproximaciones teóricas acerca del nuevo estilo de juego expansivo de Warren Gatland. No sin razones, ojo. El segundo se mantuvo en las distancias (36-22) pero creció la sensación de que la historia era la misma de siempre y que Gales venía ya en retroceso. O que los All Blacks habían ajustado las tuercas, que viene a ser lo mismo. El tercero fue un 46-6 tan rotundo en el fondo y en la forma que ha dejado a todo el mundo en el paisito oval haciendo recuento de cadáveres: sólo se salvaba Liam Williams.

Ni tanto ni tan poco. Al fin Gales parece haber aceptado que su modelo de rugby por cabezazo y resistencia defensiva está agotado. En estas semanas hemos visto a Jamie Roberts, que era la clave de bóveda de ese juego, pasar más balones que en toda su carrera junta. Jonathan Davies lo ha agradecido. También jugadores como Liam Williams, que como ala siempre tuvo un vuelo interesante y que en el fondo, de zaguero, es uno de los que mejor interpreta la suma del 15 a la línea y el arte del contraataque. Y desde luego Faletau, cuyo ensayo abrió la serie y mostró cuánto beneficia al jugador quitarse el ropaje de octavo industrioso en el que siempre lo hemos visto y levantar la cabeza en campo abierto.

El try de Faletau resume la tentativa de reconversión de Gales. Está repleto de detalles que vimos reiterados en los mejores pasajes del equipo de Warren Gatland: la incorporación de Williams, el empeño por pasar en el contacto, la urgencia en el reciclaje, el uso de Alun Wyn Jones como pivote para el interjuego, la transición entre fases y el relanzamiento… Y luego, toda la intención evasiva, que se ve en cada decisión tomada por los jugadores. La incorporación de Rhys Patchell después, que movió a Liam Williams al ala, no comprometió esos presupuestos.

Por momentos esa vivacidad rompió a los All Blacks, que aprovecharon los agujeros en el medio campo para pasar a la espalda de Crotty Fekitoa, la nueva pareja de centros negra. Gales ha ido de más a menos. A mucho menos. En el último partido la deserción fue generalizada y ha puesto en juicio todo: si Biggar es el apertura para llevar a Gales con este tipo de juego, para qué sirve ahora Jamie Roberts, dónde está la solidez defensiva de hace un año… Dudas típicas. Pero en general parece que Gales haría bien en perseverar por esta línea, haciendo ajustes, mejor que seguir dando cabezazos contra la línea opuesta. Que era como dárselos contra la pared.

Respecto a Nueva Zelanda, la serie interesaba no tanto por los resultados como por el diagnóstico del estado de la nación después de la salida de Dan Carter, Nonu, Conrad Smith o Richie McCaw. La regeneración tiene un tamaño tan considerable, dada la estatura de los jugadores, que cabía esperar un proceso de adaptación; esa pausa mínima que sigue al reinicio del sistema, con nuevas características. La verdad es que la serie ha disipado cualquier temor: los All Blacks han seguido con absoluta naturalidad su plan de juego, hecho de sutilezas tácticas, movimientos sencillos muy bien ejecutados, fundamentos resueltos con rigor sin parangón y la interpretación individual de las necesidades del juego, en cada momento, que hacen los jugadores. En eso, como en tantas otras cosas, son inigualables. Es lo que se decía de los yugoslavos siempre en el baloncesto: miran enfrente, leen lo que tienen delante y juegan por conceptos, individuales y colectivos.

Los siete nuevos: Tu'ungafasi, Dixon, Ardie Savea, Squire, Damian McKenzie, Franklin y Tamanivalu.

Los siete nuevos: Tu’ungafasi, Dixon, Ardie Savea, Squire, Damian McKenzie, Franklin y Tamanivalu.

En el orden de relevos, los puestos críticos han tenido un poco de todo. Sam Cane ha heredado el 7 de Richie McCaw, pero Ardie Savea ha empujado mucho. No es ninguna sorpresa. Cualquiera que lo haya visto sabe que la pervivencia de Cane en el flanker dependerá de hacerse valer a través de la dureza; pero se enfrenta al talento atlético y natural de un jugador en cuarto creciente como Ardie, que ha dejado algunos momentos expansivos estas semanas. Su registro es tan amplio que no encuentra comparación. El resto de incorporaciones para discutirle la plaza a Jerome Kaino son dos Highlanders de piedra como Elliott Dixon Liam Squire. Puede que los de atrás sean el Circo del Sol, pero delante nadie se hace el simpático.

La cosa en el apertura ha tenido miga, como no podía ser de otra forma. Empezó Aaron Cruden, y además con un buen partido. Luego se lesionó. Y todas las apariciones de Beauden Barrett han sido absolutamente rutilantes. Barrett parece jugar en patines, ataca la línea cimbreando el cuerpo con el balón entre las dos manos, abre caminos y hace jugar… Es difícil encontrarle debilidades a un tipo así y diríamos que, a la salida de este mes, le saca ventaja al de los Chiefs en su guerra de sucesión por el puesto de Carter. Sopoaga tuvo sus ratos. Que el tercer apertura sea Sopoaga lo explica casi todo. Entre los centros, Crotty Fekitoa han funcionado, pese a que pareciera forzado este último como 13. También Tamanivalu llena bien el puesto y agrega otro perfil: al igual que ocurre con Waisake Naholo en el ala, su presencia le confiere a los All Blacks un punto de brutalidad física en el abierto, otra arista en el interminable prisma de su juego.

Por fuera y atrás vale todo, al punto de que en la última fase del tercer partido Steve Hansen llegó a jugar con Ben Smith Naholo de centros y Barrett de zaguero. Sopoaga dirigía y Dagg cerraba en el ala diestro. Una síntesis de la excelencia… que también opera en la normalidad. Si juega Ben Smith de 15, bien; si lo hace de ala y va Dagg al fondo, excelente. Dagg ya avisaba desde que volvió a los Crusaders esta temporada de Super Rugby que está en un momento otra vez dulce. Eléctrico y audaz, como siempre, irrefrenable cuando sale de la cueva. El único que no ha tenido un papel salvo de aprendizaje desde fuera ha sido Damian McKenzie, del que ya dijimos que necesitará tiempo para encontrar su hueco en este entramado. Pero lo tendrá. De Naholo no hay duda: se perdió la RWC15  y vivió la explosión de Nehe Milner Skudder. Ahora la situación se ha invertido, pero el resultado es el mismo: un ala monumental, en cualquiera de los dos lados. La nómina resulta escandalosa: Julian Savea, Naholo, Ben Smith, Nehe…

Por fin, nos detendremos en Ryan Crotty, un jugador al que le intuimos protagonismo de época, muy duradero; un papel cuyo reconocimiento apostamos que crecerá como lo hizo el de ese gran demiurgo del juego y la inteligencia austera que era Conrad Smith. En el primer centro Crotty modela ya un rol capital en la tramoya interna del juego All Black, tipo The Snake: parece que no hace nada, pero la realidad es que casi nada se hace sin pasar por su cabeza o sus manos.

La vida sigue igual. Los kiwis son el único equipo que no necesita del rival para lograr que un partido sea fantástico: se vio en el 46-6, de imposible aburrimiento. Lo extraordinario no es lo buenas que son las estrellas de los All Blacks, sino el nivel tan excepcional de su clase media. Probablemente el mejor partido internacional posible, como siempre decimos, es el que jugarían el primer XV de Nueva Zelanda contra el segundo XV de Nueva Zelanda. O sea, lo que pasa cada semana en el Super Rugby.

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7 responses

22 08 2016
cuenca

Me uno a la petición de Peleida acerca de una entrada (o varias, no hay problema) dedicada íntegramente a Richie McCaw.

4 08 2016
Pepe

Desde mi humilde opinión, el centro de los AB no están “aún” en el nivel necesario, o quizás sea porque entre Nonu , Conrad Smith y SBW lo jugaron todo y se me hizo costumbre verlos rompiendo lineas y marcando trys importantisimos…supongo que con los partidos podrán llegar a ese nivel y más (costumbre ALL BLACK),
Han dado una lista con muchos jugadores de NZ que no han sido convocados y con eso ya dice mucho del nivel, pero hay jugadores de otras selecciones que podrían ser titulares en los All Blacks?? a mi se me ocurre uno, Damian de Allende…

17 07 2016
Jorf

Ayer se demostró porqué Ben Smith es indiscutible en los AB y a McKenzie aun le quedan muchas sopas para igualarlo.

6 07 2016
peleida

y falta Piutau que es muy joven y anda por Europa haciendo barbaridades. Ojala vuelva a casa y se añada a la lista.
Se va una generación memorable, la mejor de los all blacks según los propios neozelandeses, y sus bajas se notan (como no se iban a notar) pero son sustituidos con solvencia por gente joven con gran margen de mejora.

un pequeño a parte para los Smith (ya solo son dos, aaron y ben) jugadores superlativos, el 9 a veces parece que estuviera clonado y hubiera dos o tres 9. llega siempre rápido a levantar el balón y casi siempre lo dirige magistralmente. y ben smith que jugador, vale de 15(el mejor de largo del planeta) y de 14 donde finaliza con precisión de cirujano. placa bien…
estamos tan acostumbrados a lo que hacen que ya no nos parece sobresaliente. pero lo es
Kieran Read también merece capitulo aparte es verle jugar a el y a los demas ochos y pensar ¿es el mismo puesto? ¿juegan a lo mismo?

p.d: Mario aun espero tu relato sobre McCaw jejejeje

6 07 2016
Jorf

el cuajo con el que Read ha saltado a la palestra como capitán de los AB ha sido admirable. Mira que era una “putada” de las gordas sustituir a McCaw, el listón estaba en la estratosfera, pero por ahora parece coser y cantar. Veremos cuando lleguen cruzadas, que llegarán, aunque su ejemplo en el campo, la manera que tiene de hablar y de dejar las cosas claras ha tranquilizado mucho a la hinchada del helecho. Hasta algún columnista de ahi abajo ya se ha atrevido a decir que lo tiene todo para ser el mejor capitán de la historia de los AB (cierto es que son bastante dados al fanboyismo en la prensa kiwi)

De los Smith no puedo hablar, se me nota demasiado que soy fanboy total XDXDXD

5 07 2016
jorf

El rugby de NZ (y por ende los AB) han llegado a un nivel tal que sólo hay que echar un vistazo a los jugadores que están fuera de las convocatorias de la selección para atisbar el bosque. Y me refiero a jugadores de las franquicias neocelandesas, no a los que juegan en Europa.
Gente como Tevita Li, Agustine Pulu, Rieko Ioane, James Marshall, Matt Todd, Jordan Taufua, Steven Luatua, Melani Nanai, Brad Weber, Dominic Bird, Hika Elliot, Richie Mo´unga, Reggie Goodes, Jone Maciali, Johnny McNicholl, Liam Meesam, Victor Vito, Luke Whitelock, Shane Cristie, Matt Fades, Ash Dixon, Tom Franklin, Matt Proctor, James Broadhust, Jeff Tomaga-Allen, Bdad Shields, Cory Jane, los hermanos Lierten-Brown…

Es que con esa lista de “descartes” sobran las palabras.

Si a esto le unimos un trabajo fabuloso del cuerpo técnico AB, tanto en la gestión de jugadores a nivel personal como del sistema de juego, pues esos océanos de distancia con el resto de equipos se explican bastante.

Ya no contentos con tener grandiosos jugadores para cada camiseta, se dedican a buscar y formar a jugadores de banquillo que sirvan para cubrir varias posiciones de manera totalmente solvente (el combo 2ª-3ª línea en Tuiputolu, Luatua, Fifita, Seu; el apertura-zaguero, el centro-ala…). Y buscan la intensidad de juego que haga a estos reservas totalmente claves en el desarrollo de los partidos. Si tu rival es casi tan bueno c omo tu del 1 al 15, haz que los decisivos sean del 16 al 23. Haz que los partidos duren 80 minutos.

6 07 2016
peleida

Y rene ranger o akira ioane por ejemplo , una cosa de locos

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