Junio, una ventana hacia el futuro (1)

27 06 2016

Junio ha traído tantos partidos, y tantas historias, que el análisis merecía algo de perspectiva -para no variar juicios de una semana a otra-, y también diferentes capítulos. Porque hay demasiadas cosas de las que hablar… y muchas perspectivas desde las cuales hacerlo. Para empezar, la doble clasificación española para los Juegos Olímpicos de Rio. Aquí no somos analistas de Seven, como ya se sabe, pero el significado de la hazaña de La familiaLas Leonas trasciende la modalidad… o eso sería de esperar. El rugby español busca hace tiempo un banderín de enganche que galvanice la regeneración/renacimiento/impulso que precisa el deporte. La apuesta, en lo competitivo, ha salido bien porque los dos equipos -el masculino de Tiki Inchausti y el femenino de José Antonio Barrio Yunque– respondieron incluso por encima de las expectativas y ganaron sus respectivos torneos preolímpicos. Ahora toca rentabilizar arriba lo que se ha ganado abajo.

Pero, ampliando la perspectiva, junio ha sido el mes de la aparición de los nuevos All Blacks, y eso es mucho. Mucho más que la previsible victoria en la serie ante Gales, sobre cuyo pretendido cambio de estilo hay muchas consideraciones que hacer. Hemos visto también a la nueva Sudáfrica, un equipo repensado por Allister Coetzee alrededor de los Lions, frente a una Irlanda que tuvo la serie de su lado hasta el segundo tiempo del segundo partido. Por el medio de todo esto se cruzó el espectacular choque final del Top 14, que ganó Racing 92 con catorce jugadores, en un Camp Nou abarrotado. Y las sensaciones contrapuestas del rugby argentino, bronce en el Mundial U20 mientras los Pumas naufragaban contra una Francia de circunstancias. Por último, el momento inglés, donde todo son análisis optimistas. Los resultados parecen incontestables… aunque admiten matices. Por el juego, cambiante y abierto a consideraciones; por la ocasión (de poco vale ganar en junio o noviembre si no se gana en las RWC); y por la convivencia de modelos diferentes en el mismo entramado: los Saxons y los U20 juegan a otra cosa… y también ganan. En fin, que hay mucho… Empezaremos por esto último. Por empezar por algún sitio.

Danny Care, Jamie George y Farrell, entre otros, celebran el barrido en Australia.

Danny Care, Jamie George y Farrell, entre otros, celebran el barrido en Australia.

Este último fin de semana, Argentina quedó atrapada entre la extrañeza de la severa derrota en el segundo test con Francia y el notable triunfo de los Pumitas en la U20RWC. La tercera plaza del equipo de Nicolás Fernández Lobbe en el torneo jugado en Manchester iguala la de sus mayores en la pasada RWC15. La coincidencia -en el juego como en el resultado- ayuda a subrayar hasta qué punto la transformación del rugby argentino tiene una dirección vertical, vertebrada en el trabajo que ya glosamos en su día en los placares y centros de formación.

El tercer puesto en el Mundial sub20 supone la mejor posición argentina en su historia en el torneo juvenil. En la edición de 2012 fueron cuartos, después de perder las semifinales también con Sudáfrica (aquel equipo campeón frente a los Baby Blacks, ordenado en torno a Jan Serfontein, Du Toit y, sobre todo, Handré Pollard) y el play-off por el tercer puesto con Gales.

Esta vez de nuevo los Baby Springboks han sido sus grandes rivales, primero en el grupo y luego por el bronce. Pese al arranque irrefrenable del equipo sudafricano, apoyado en esos dos jugadores tan atendibles que son Libbock Corwin Bosch (que intercambian como apertura y zaguero), los argentinos se repusieron de un 7-19 para ir dándole vuelta al choque y acabarlo en un triunfo rotundo. El 10 Domingo Miotti es el cerebro central del juego de los Pumitas; pero lo acompañan otros jugadores notables -los segundas Molina KremerJuan Cruz Mallía en el centro; Delguy atrás serían solo algunos…- y una construcción colectiva muy resistente.

Mientras, arriba el equipo mayor se llevó una grave cornada en el segundo test en Tucumán. Después de haber ganado el primero con cierta comodidad, aunque sin acabar de sacarle partido a los evidentes problemas defensivos franceses cuando los Pumas atacaban la línea de ventaja, en este segundo Francia no encontró contestación. Los argentinos aparecieron totalmente desconectados entre sí, apenas en esfuerzos individuales y con una desestructuración alarmante en todos los mecanismos de su juego.

Enfrente, Francia pareció hambrienta. Como si se le fueran juntando las piezas. El equipo de Novès continúa acechado por unas cuantas incertidumbres y soporta como puede las contradicciones organizativas del rugby francés. Pero, así y todo, en cierto modo confirmó lo hemos sospechado incluso en su marasmo del pasado Seis Naciones: algo puede germinar ahí. Porque de fondo, en el totum revolutum que es hoy el rugby del hexágono (la final del Top 14 el día anterior al final de la ventana primaveral del equipo nacional), aparece una idea de juego de ataque modernizada. Veremos si fluye, aún más, cuando estén los mejores, los que faltan del campeón Racing 92 y del finalista RC Toulon.

Sin ellos, frente a una versión demediada de esta naciente Francia de Guy Novès, los Pumas quedaron expuestos: los problemas de los Jaguares (resistencia al esfuerzo continuado, serias dificultades en las fases estáticas, reequilibrio en las transiciones ataque/defensa) se han comunicado al plantel nacional. Parece evidente que ésta es una fase delicada del proceso de transformación del rugby argentino y que más nunca hace falta entender bien la circunstancia y sus circunstancias. Cualquiera podía intuir que, a muchos jugadores la temporada se les iba a hacer muy larga. Sinceramente, uno cree que el problema de los Pumas es coyuntural, no de estructura. Siempre hay que analizar y poner soluciones. Los Jaguares y los Pumas necesitan análisis y trabajo para resolverlos. Pero no histerismo.

El factor de la duración de las temporadas en el rugby de hoy queda perfectamente expuesto si miramos a la gloriosa Inglaterra de Eddie Jones: sus jugadores comenzaron el campamento para la RWC15 en junio de 2015. A principios de julio vinieron los primeros descartes de aquel medio centenar de seleccionados. Muchos de ellos han terminado la campaña este fin de semana, doce meses después. Por el medio, Premiership, competiciones europeas, Seis Naciones y gira de junio. Manejar el impacto de esos programas constituye una de las obligaciones más sobresalientes de la gestión de los equipos de élite en el rugby de hoy.

Inglaterra, hay que decirlo, lo ha hecho de manera extraordinaria, si atendemos a los resultados: campeona del Grand Slam en marzo, ganadora con un barrido de la serie en Australia (0-3 en los tests con los Wallabies), exuberantes los Saxons frente a la versión B de Sudáfrica y, por fin, campeones del mundo los U20, con un Harry Mallinder imperial, como anunciaba su excelente aparición en los Saints que dirige papá Jim. Y otros jugadores como los centros Marchant y Johnny Williams, o los flankers Nott y Evans, que parecen llamados a recorrer el camino a la élite de sus predecesores en este torneo, interesantísimo para avistar algunas (porque mucha gente también se queda por el camino) de las estrellas del futuro.

Es el tercer título de Inglaterra en la categoría, en los últimos cuatro años. Mientras eso ocurría en Manchester, en Australia los chicos de la Rosa le hacían un 0-3 en la seria a los Wallabies. Este mes de junio ha servido para acabar de corregir medianamente las apocalípticas sensaciones de su fracaso mundialista, precisamente frente a los rivales que la echaron de su torneo: ganaron a Gales en el test inicial en Twickenham. Ahí ya enseñaron, a partir de la media hora de juego, un atisbo de evolución hacia un juego de dos velocidades (recuperada la potencia delante, agresiva la defensa en presión, voladores cuando la pelota sale del 10 hacia campo abierto) que se confirmó en el primer partido en Brisbane. El segundo test lo jugaron solo a medias. Mucho en defensa, casi nada en ataque. Fue un ejercicio defensivo cuya resonancia queda sintetizada en el guarismo de los 215 placajes: interesante para un día, si se quiere, y bien que se le ha dado bombo en la ciclotímica prensa inglesa. Pero insostenible como plan a futuro y, desde luego, para competir por premios mayores frente a los rivales más cualificados.

La nueva/vieja Inglaterra de Eddie Jones debería parecerse al primer partido más que al segundo, al menos como ideal. Equipo riguroso en las fases estáticas, potente delante, muy acuciante en el breakdown, severo en defensa, y con vuelo y llegada en abierto, ahora sí. Pero su doble cara nos recuerda que los equipos de Eddie Jones juegan a menudo según convenga. Propio de un entrenador de gran detallismo táctico. La presencia en su equipo de trabajo de Paul GustardSteve Borthwick confirma ese perfil.

Ahora… Inglaterra nunca se ha contentado con premios menores ni victorias de entreguerras. La primera parte del trabajo de Jones -devolverle la dignidad a la que seguramente es, por medios y recursos, la segunda potencia del rugby mundial- ha quedado completada. Pero olvidar el Mundial 2015 requiere mucho más que un Seis Naciones o una victoria en Australia. Inglaterra siempre aspira a cazar el tiburón blanco… que en este caso es negro. O sea, competir con los All Blacks por la corona mundial. Ese y no otro es su objetivo. De los negros hablamos otro día.

 

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One response

27 06 2016
migueltuck

Junio de 2016, 9 titular en Australia: Nick Phipps.
No tengo nada mas que decir señoria.

Fuera de bromas a mi me soprende que un tio como Cheika confie 3 test match a ese hombrecillo, no se como andara el panorama de 9 en Australia, pero ese chico es un tiro en el pie de manera continua para su equipo.
Evidentemente el 0-3 no pasa por su culpa exclusivamente, pero si se le pega un repaso a los partidos se ve que no da una a derechas, por no hablar de su deficiente habilidad de pase, pases a la frente, a lo pies, al hueco que ni para ti ni para mi… del factor tactico ni hablamos…

De Inglaterra mas alla de los resultados veo una mejora de la autoconfianza en su plan debido precisamente a eso, a ganar. Fisicamente son atroces del 1 al 15 y currantes como pocos, y a partir de ahi Jones va racionando las abiertas con patadas perseguidas o redobles de Farrell en el 12 para mantener la continuidad en las jugadas. De momento como los resultados les acompañan casi da miedo decirles algo, pero bueno como dices, esto es un camino de 4 años con el premio en Japon.

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