Argentina: el rugby de todo un país

29 03 2016

Una de las escasas razones que existen para madrugar es irte a jugar un partido de rugby. No falta en casa quien asegura que jamás hemos madrugado para ninguna otra cosa. Con razón. En los últimos tiempos se añadió una más, que proviene de la misma raíz: saltar de la cama cuando raya el alba para ponernos a ver partidos del Super Rugby. El radical desfase horario permite, mientras mojas galletas en café instantáneo, mirar el exuberante ritmo de juego de equipos neozelandeses y australianos, que a esa hora agotan su tarde austral. Es un espectáculo vitamínico. Y conveniente si has de jugar tú mismo unas horas más tarde… o salir a correr de buena mañana, porque el rugby de feliz desafuero técnico y atlético que practica esa gente te sube las pulsaciones de inmediato. Este año, con la incorporación de los Sunwolves japoneses y de los Jaguares de Argentina a la competición de franquicias del Hemisferio Sur, el reloj mundial se nos ha llenado de rugby a cualquier hora. Los últimos sábados ingresamos en la incierta madrugada del domingo mirando a los chicos del capitán Agustín Creevy frente a Chiefs Stormers en la cancha de Vélez Sarsfield. Es la vida a palos. La enfermedad de Ellis a tiempo completo.

Los Jaguares festejan la histórica y vibrante remontada para ganar a los Cheetahs en su debut en el Super Rugby.

Los Jaguares festejan la histórica remontada para ganar a los Cheetahs en su debut.

Nunca fuimos entusiastas del rugby del sur, salvo en su versión selecciones. Tampoco ahora nos manifestaremos unos radicales conversos. No. Cada uno ve el rugby que le gusta y aprecia cosas diferentes, aunque conviene no mezclar los conceptos con la memoria, ni confundir los gustos con algunos lugares comunes. Aquí siempre tuvimos en la mirada oval el modelo aprendido de nuestros mayores y de nosotros mismos. Y ese modelo era el rugby británico, en todas sus singularidades regionales, más las efusiones de espíritu festivo de los ingobernables franceses. Los tiempos han cambiado. El rugby ha cambiado. Nosotros hemos cambiado. Y hasta nuestros modestos entrenamientos y partidos se juegan ahora de otra forma.

A mí también me pareció, hace tiempo, que el Super Rugby era un circo de tres pistas. Que aquello tenía más que ver con malabaristas, genios locos de la cuerda floja y mujeres barbudas que con los domadores de fieras corrupias que nos gustaban aquí arriba. Demasiada relajación formal, demasiados ensayos, demasiados atletas. Conforme fui viendo con atención y acumulé partidos, encontré muchos más matices. No hace falta explicarlos porque se resumen en dos ejemplos que encarnan el juego: la comparación entre los All Blacks anteriores a 2011 y los que hemos visto después; y la radical transformación vivida por el rugby argentino -a nivel de estructura y de juego-, que han personificado de forma sucesiva tres equipos: los Pampas XV, los Pumas y, ahora, estos Jaguares que dirige Raúl Pérez.

Agustín Pichot, el hombre que ha modelado la revolución del rugby argentino.

Agustín Pichot, el hombre que ha modelado la revolución del rugby argentino.

Su caso es el que nos interesa ahora. Los Jaguares sintetizan la línea de tiempo/nombres que resume la trayectoria del rugby argentino desde la explosión mundialista de 2007. En el génesis, un héroe retirado; en el staff técnico, una gloria reciente; en el campo, varias generaciones reunidas. Al fondo, la idea. Aquel tercer puesto en Francia pudo ser un recuerdo como lo fueron, lo son, los días de Hugo Porta, los de Banco Nación, las lágrimas del Aguja Gómez o aquellos otros Jaguares suramericanos en la gira por Sudáfrica. Pero al frente de la partida que tomó París estaba un capitán de palabra y acciones grandilocuentes: Agustín Pichot. El hombre que se puso al mando de la idea y ejecución del plan de transformación del rugby argentino. Desde los despachos de la UAR, la World Rugby y la Sanzaar; moviendo hilos con la energía con la que uno recicla balones para alimentar a las bestias; con la misma determinación con la que alentaba a sus chicos en los vestuarios. “¡No nos quede nada!”. O también, la legendaria: “Esto recién empieza…”.

Pichot y el rugby argentino no se quedaron pensando en celebrar a aquellos Pumas de bronce. Se empeñaron en modelar el futuro. La RWC2011 cerró una era e inauguró el porvenir. Este lunes dialogamos en Hablemos de Rugby con Martín Mackey, director de rugby de la UAR y uno de los responsables del sistema de desarrollo y crecimiento que ha implementado Argentina estos años. Merece la pena escucharlo. Un plan estratégico en dos fases. La primera, iniciada en 2009, con cinco centros de desarrollo de la unión en ciudades principales del país. Dirigidos a jugadores a partir de 18 años y, por supuesto, a la capacitación de entrenadores. Una base principal que ya dio sus frutos: 25 de los 31 hombres que Hourcade dirigió en el reciente mundial inglés salieron de los llamados PLADARES: esas siglas no designan planes de alto rendimiento (en esos solo se incluyen a los jugadores de Jaguares Pumas), sino planes de desarrollo para el alto rendimiento. El matiz, como subrayó Mackey, es decisivo.

De ahí nació todo el impulso a partir de 2010. Mientras detectaba, formaba y promocionaba jugadores, Argentina solicitó entrar en competiciones internacionales. Tras mucha especulación con Europa, España y el Seis Naciones, tomaron la dirección del sur, ellos que siempre habían jugado las melés al modo del norte. Pero mejoradas. En 2010 el Pampas XV, un segundo seleccionado, entró a jugar la Vodacom Cup. En 2012, los Pumas integraron para cuatro años el Tri-Nations, que pasó a llamarse Rugby Championship. En 2015 hicieron las semifinales de la RWC y declararon al mundo que el rugby de Hourcade y su tropa era otro: jugadores jóvenes, técnica y atléticamente hijos del Hemisferio Sur. Este 2016 han entrado en la expansión del Super Rugby. Nuevos mercados. Una liga intercontinental algo intrincada de seguir por su sistema de competición, que merece un vídeo explicativo y algunas pausas para asimilarlo.

En todo caso, un espectáculo. Y en lo que importa al rugby argentino, el cruce de un Rubicón que los pone mirando a Japón 2019. Han perdido de momento tres de los cuatro partidos. Debutaron con una remontada loca ante Cheetahs, para luego caer con los durísimos Sharks, los abrasivos Stormers y, en un encuentro memorable con final para recordar, los Chiefs. Cada partido merecería un análisis individualizado. Todos juntos muestran una indudable evolución. La mirada no puede obviar el largo plazo.

Para cuando lleguen al próximo Mundial, el plantel de los Jaguares llevará cuatro años compitiendo juntos a un nivel estratosférico. Muchos de ellos lo hacen ya, aún por debajo de los 25 años: García Botta, Noguera Paz, Felipe Arregui, Bartoloni, Julián Montoya, Iglesias González, Lezana, Ortega Desio, Facu Isa, Ezcurra, Bertranou, De la Fuente, Moroni, Moyano… Y algunos principales, pese a la edad tan temprana: Matera, Lavanini, Cordero. Hay más. Se mezclan con un núcleo pequeño de veteranos de la treintena: González Amorosino, Juan Martín Hernández, Senatore o Creevy. Una buena parte de todos ellos se quitarán dentro de tres años y medio la camiseta naranja para ponerse la albiceleste de los Pumas… pero los compañeros, muchos, serán los mismos. En términos de competencia, ese tiempo de ensamblaje al más alto nivel supone una ventaja competitiva de valor incalculable. Como aspirar a todo o casi todo.

Mientras, el camino sigue. Mackey nos explicó cómo se pone ahora en marcha la segunda fase del plan de la UAR. Una pirámide formativa que baja la mirada del plano nacional a las provincias. Y de los 18 años, a la etapa adolescente (15 a 17). Y de la exclusividad de los detectados como potenciales jugadores de élite, a todos aquellos jugadores y entrenadores, hasta los de nivel y divisiones menores, que deseen formarse en el entrenamiento, el trabajo y la tecnificación del juego. A través de 15 centros por todo el país, ese plan alineará a todo el rugby nacional en una metodología de trabajo autóctona; desarrollada de acuerdo a las características, singularidades y objetivos propios. Una idea que vertebra, desde la cúspide de Pumas Jaguares, el rugby entero de un país.

 

 

 

 

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27 06 2016
Junio, una ventana hacia el futuro (1) | Mamá, quiero ser pilier

[…] la transformación del rugby argentino tiene una dirección vertical, vertebrada en el trabajo que ya glosamos en su día en los placares y centros de […]

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