¿Es éste el peor 6N… o somos nosotros?

17 02 2016

El rugby es un juego de imposición física, eso no lo duda nadie. Pero tal vez este 6 Naciones esté llevando el modelo a su agotamiento. A la vista de este segundo fin de semana, los medios afectos a los dos favoritos –InglaterraGales– empezaron a hacerse una pregunta terrible en sí misma, pero que resume el estado de las cosas: “¿Es éste el peor 6 Naciones de la historia?”, tituló Mick Cleary  en el Daily Telegraph. Brian Moore escribió: “En esfuerzo, el 6 Naciones está al máximo nivel, pero tristemente le falta calidad“. Al otro lado del río Severn, en Gales, Delme Parfitt firmaba este otro titular en la web Wales Online: “No hagan caso a los apologetas: hasta ahora, este 6 Naciones ha sido verdaderamente horrible“. Un par de semanas antes de que comenzara este 6N, uno mismo ya mostró en un tuit las sospechas: “Aguardo el 6N con temor al aburrimiento: esperemos que se parezca en algo a la RWC15 y no a los últimos torneos”. Después, añadí: “No pretendo dar la nota disonante, eh. Es un torneo fantástico, obvio, pero sinceramente estos años el juego me ha hastiado bastante”. Me preguntaba si era yo o era el torneo. ¿Nos aburre ya todo? ¿Hemos visto demasiado rugby? ¿Nos hemos hecho mayores? Por lo visto, no estábamos solos…

jamie roberts centro de gales

Roberts se golpea el pecho: en este rugby de choque repetido que es el 6N, el centro galés es el Macho Alfa.

No se trata de hacer afirmaciones absolutas: si es el peor, si hubo otros peores… No se trata de eso. Para empezar porque la historia es muy larga como para saltársela en una sola frase. Pero es obvio lo que está ocurriendo. Que ahora, en la cuna del juego, se planteen abiertamente la calidad del rugby que se ofrece a los entusiasmados espectadores del 6 Naciones me parece mucho más que significativo, aunque creo que llegan tarde. Un par de años al menos. De hecho, no quieren llegar del todo: en su artículo Cleary adopta una posición voluntarista para defender las perlas que dejó esta segunda jornada. Y hoy mismo el Telegraph se inventa una de esas galerías bobas, tan frecuentes en la prensa digital del momento, para salvar algo la cara: “Nueve razones por las que amamos el 6 Naciones“. El ambiente. La cerveza. Lo inigualable, sí: siempre nos quedará el rugby. Al menos, hasta que empiece el partido…

Pero las opiniones que hemos leído estos últimos días no dejan lugar a la duda: “Francamente, el nivel general ha sido horrible”, escriben en Wales Online. Y no salvan, desde luego, ni al equipo de Gatland: “La contribución de Gales ha quedado por debajo de lo aceptable, y solo ha servido de microcosmos para un cuadro general lamentable”. La suspicacia que atrapa a los críticos es, solo en parte, una consecuencia directa de la extraordinaria calidad de la RWC15 -factor que ya avisamos que jugaría un papel básico en cualquier consideración este año-; también proviene de la ineludible esperanza de ver al gran rugby europeo competir con el sur. Y la percepción de que eso está, al menos en el estilo, lejos de ocurrir. En el fondo, subyace una comparación que es secular, pero que ahora está alcanzando su punto más álgido.

La disyuntiva norte/sur no trata de rugby esencial y estratégico frente a rugby espectáculo. No. Si seguimos creyendo que los del sur juegan a lo que les sale, que nadie defiende, que no hay táctica y solo individualismos… Si seguimos pensando que lo de los partidos de aquí es un bello tratado de estrategia napoleónica, santificación del esfuerzo y rugby colectivo, es que no habremos entendido nada. Todo el rugby es colectivo. Todo. No hay más juego colectivo en un ruck que en un apoyo para el offload. No. Todo exige preparación, entrenamiento, disposición de los jugadores y trabajo conjunto para que funcione. Aaron Mauger, 46 veces All Black y hoy entrenador de Leicester Tigers, decía hace poco en una entrevista. “Los equipos del Hemisferio Sur están más preparados para abrir el juego y que el rugby fluya. Si fluye libremente es porque se aseguran de meter horas y esfuerzo en las partes del juego que lo permiten: o sea, en otras estructuras, ataque, contraataque, recuperaciones- y de ahí obtienen un montón de posesión”. Pocos sistemas de juego más acerados en su tacticismo que el de los All Blacks, en el que están medidas al milímetro las patadas territoriales; y hasta las de reinicio y su persecución.

No, no es una cuestión de estrategia ni de trabajo en equipo. La cuestión trata básicamente de que el rugby ha cambiado porque han cambiado las reglas (el influjo de los puntos bonus por ensayos ya resulta innegable… veremos cuánto tiempo más se resiste el 6N a ello) y porque ha cambiado, principalmente, la forma de defender. Y esa defensa exige otras formas de atacar. Antes al rugby se jugaba concentrando oponentes en fases repetidas de delantera, para después abrir el campo. Jugar cerca, llevarla lejos. Esa era la dinámica de trabajo. Cuando la defensa se situó en línea y a la altura de los puntos de encuentro (la llamada blitz defense traída del rugby league) todo varió. La progresión del rugby profesional hizo el resto. Cada vez se queda más gente de pie, porque se entra menos al ruck y porque el físico del jugador profesional le permite aguantar más y mejor.

El otro factor básico, que está unido al anterior, es el ritmo al que se juega. Eddie Jones hablaba de esto durante el Mundial. De que siempre hay gente para defender, siempre gente de pie, poca fatiga, mínimo espacio. Lo comentamos aquí. El espacio es la clave absoluta del rugby de hoy. Espacio que antes estaba frente a ti (la defensa también se disponía en profundidad, como el ataque) y que ahora ha desaparecido. Eso obliga a atacar de otras formas y percutir para dar continuidad, para usar el eje vertical del campo… además del horizontal cuando llega la ocasión. Volvamos a Mauger: “Muchas veces vemos a los equipos en el sur agarrar la pelota de las vallas de publicidad y ponerla en juego rápidamente, para que el juego siga desestructurado. Con ese juego abierto, lo encajan en su estilo y su calidad técnica se adapta mejor. Así ponen bajo presión a los equipos del norte… con un ritmo alto”. Pero, como él mismo razona, no se trata de habilidades naturales, sino de preparación y de dónde pones el foco: “En el norte los equipos se centran más en las fases estáticas y en ralentizar el ritmo de juego, quieren ser realmente buenos en esos aspectos. Así que, cuando se cruzan norte y sur, los del sur pueden igualar las fases estáticas, pero marcan la diferencia en el ritmo y en el juego abierto”.

Vayamos un poco más lejos, a costa de sonar demasiado técnicos. El rugby que se enseña hoy a cualquier jugador, al menor nivel (de otra manera no lo habríamos aprendido nosotros) maneja tres conceptos de ataque básicos: jugar delante de la defensa, jugar dentro de la defensa y jugar detrás de la defensa. Cada momento requiere un tipo de juego, un tipo de actitud de las 2+1 unidades básicas del rugby: el portador de la pelota, su defensor… y el apoyo. Ese tercer elemento, el apoyo, es la clave en el aspecto que aquí nos interesa: jugar dentro de la defensa. Es decir, meterse contra el muro del rival, ganar la línea de la ventaja buscando no el cabezazo desaforado sino el intervalo, permanecer de pie en el contacto y pasar al apoyo que rompe.

Esa continuidad es el gran avance del rugby ofensivo en los últimos tiempos y la dinámica de juego que utilizan de forma constante en el sur. E, insistimos, en muchos sitios en el norte, fuera del 6 Naciones. La Premiership  inglesa se juega -y no sólo WaspsChiefsBath– a otro tempo. En el 6 Naciones (salvemos la acción del talonador Jamie George contra Italia para el ensayo de Farrell) ese tipo de cosas se ven raramente.

No hay nada malo en que el rugby busque la imposición física, de la que hablábamos al principio, como fórmula para imponer la superioridad. Pero lo que se espera es que de la imposición física nazca el juego. Eso solo lo hizo este fin de semana, en justicia, Inglaterra en la segunda parte. Después de un primer periodo algo contemplativo, dejando que se animaran los sospechosos habituales en Italia (el pie ajustado de Canna, el crecimiento exponencial del Exeter Chiefs Campagnaro, las elegantes apariciones de Parisse), el equipo de Eddie Jones apretó las tuercas delante e Italia empezó a cometer errores: una salida loca de Bellini desde su fondo de la que vino el robo y el primer ensayo de Joseph; un cacharrazo de Launchbury, recuperación y golpeo en la esquina para la marca; el ritmo e inventiva de Danny Care para elevar la velocidad de las cosas y descoyuntar al rival… En fin. Que en medio rato Inglaterra giró los habituales juicios favorables a la evolución de la Nazionale (no sé cuántas veces habremos proclamado ya en vano la conversión al dinamismo de los italianos), para pasar a hablar de su inocencia, falta de pegada, ausencia de hombres que marquen la diferencia… Al final, se comieron cinco ensayos, tres de Jonathan Joseph, que los tiene por clientes habituales: cinco de sus ocho marcas con la Rosa se los ha hecho a los azzurri.

Respecto a FranciaGuy Novès dejó que su equipo mostrara otro lado del prisma: el de la ocasional brutalidad, que siempre ha sido -no nos hagamos los despistados- muy del rugby francés. Al poco de empezar Maestri le arreó un topetazo a Sexton cuando la pelota ya andaba lejos. Y Guirado, el talonador, pasó el tiempo largando placajes samoanos, de los de garrotazo al cuello. Después de aguantar todo lo que pudo con tres golpes anotados de Sexton, Irlanda denunció un día más su falta de resto físico y acabó sometida por un ensayo de Médard: no, no fue una bella combinación. Fue una ruptura tras melé a cinco de los franceses, después de un sostenido periodo de asedio por la vía del empujón. Eso es Francia. Lo que no quiere decir que no pueda resultar temible. Veremos lo que da ahora, fuera de casa. En el Principality Stadium de Cardiff, en concreto.

Gales también le derribó el castillo a Escocia mediante la aplicación de una fina estrategia medieval: la del battering ram, término del idioma inglés que siempre nos ha fascinado y que en español equivale a otro no menos atractivo: ariete. En esa entrada, como segunda acepción, valdría un nombre: Jamie Roberts. Gales ganó el partido a cabezazos. La cabeza de Roberts es mucha cabeza. Y su cuerpo, más. Su descomunal percusión para el ensayo, en viaje diagonal que busca la demolición, es un movimiento repetido mil veces. Luego George North aprovechó otra primera pelota para, metiéndose por dentro (Gatland extrema esa opción, convirtiéndolo de facto en su tercer centro) rajar de un lado a otro a la permisiva defensa escocesa.

La victoria -que pone a Gales en la fila, recibiendo a Francia y luego visitando a Inglaterra, cruces que decidirán seguramente la suerte del torneo- no ha impresionado a mucha gente en el país oval, donde se preguntan por qué Escocia fue mejor durante una hora; también se preguntan qué pasa con el funcionamiento de los dos terceras abiertos (WarburtonTipuric), que tuvieron un peso mínimo en el juego (dos balones recuperaron entre ambos) y no le han dado a Gales ni la agresividad en el encuentro, ni la fiereza en el placaje defensivo ni las rupturas con la pelota en el ataque que se espera de semejante combinación. La cosa ha llegado incluso al tutorial: qué tiene que hacer un seis, qué tiene que hacer un siete… y qué es lo que no están haciendo ni el seis ni el siete de Gales. Enfrente, Escocia. Cosas muy bien hechas, pero un equipo que no tiene el peso ni la potencia necesarias delante para dominar, controlar y cerrar los partidos. Y demasiadas pérdidas, errores tontos, desajustes en la touche, etc, que minan su excelente trabajo y gran disposición para darles vida hasta el final a los partidos. Pero claro… en el mientras tanto las derrotas se acumulan. Y el próximo camino lleva, cómo no, a Roma.

 

 

 

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4 responses

9 03 2016
peleida

me estoy animando a mi mismo para el Sábado
llamando a todos los arcanos de los dragones
se puede, ganamos seguro
por cierto rugby moderno era este

la jugada que comienza en el 3:58 o asi es un monumento al juego, un festival de off loads, eso que presuntamente solo sabes hacer si has nacido en el hemisferio sur. ¡hace 40 años! . que lo vean jonathan davies y jamie roberts 50, 100 o 3000 veces
bueno ya me he desahogado
vamos a por ellosssssssss

p.d: espero no se haya notado mucho que voy con los dragones en esto del seis naciones

19 02 2016
Alvaro Cañoto

Lo primero un auténtico placer leer este blog Mario.

Mi duda como no experto de rugby aunque sí apasionado es la siguiente:

Llevamos un tiempo analizando estilos contrapuestos en hemisferios norte y sur y asumiendo que quizá la razón del declive del norte se deba a una forma de jugar un tanto desacompasada al rugby moderno que se dicta en zona austral. Aunque en la pasada copa del mundo es cierto que el dominio del Sur presentando cuatro semifinalistas es incontestable, ¿no es cierto que quizá se pudieron dar todas las circunstancias para ello en cierto modo?

Quiero decir, al final el declive del Norte ha sido más de sus dos grandes potencias, Inglaterra y Francia, sumidas en profundas crisis de identidad. Gales con sus armas y numerosas bajas pudo ganarle a Australia en primera fase y pudo asimismo ganar a Sudáfrica. Qué decir de Escocia. De Irlanda creo que nos ha quedado la duda de si podría haber logrado pelear mucho más su partido de contar con al menos, algún jugador clave como podrían haber sido Sexton o O´Brien… ¿Es entonces el juego del Sur su baza y la razón del declive del norte? Argentina es ejemplo de que sí, pero sin ir más lejos Inglaterra viene gobernando en categorías inferiores con nuevas generaciones que quizá nos hagan pensar que pueda volver a ser esa gran potencia.

En cuanto estilo veo que mismamente una Sudáfrica plana y con único sentido de orgullo ha sido capaz de pelear a los All Blacks hasta el último aliento… Y por su estilo, en cierto modo vilipendiado, podríamos entender que no debiera haber estado más cerca de ganar que Australia con un rugby más expansivo.

Mi duda principalmente es la siguiente, ¿no crees que el rugby del hemisferio Norte puede tratar de dominar con su juego? Del mismo modo que Sudáfrica pueda volver a hacerlo con el suyo, que es quizá el mejor ejemplo de que sigue habiendo diferentes formas de jugar a este deporte a pesar de la inevitable globalización del mismo.

Y bueno, que los más acérrimos del rugby me perdonen, si lo comparamos con el fútbol, pero para que se me entienda. SI hemos visto en la era del F.C. Barcelona con un estilo muy marcado y preciosista a equipos ganar Copas de Europa como el Inter o el Chelsea, o al mismo Atlético del Cholo, ¿no podemos pensar que en el rugby pueda ocurrir algo parecido?

Al menos a mí sí me gusta pensar que Inglaterra o Sudáfrica jueguen a lo que su historia les ha dictado tradicionalmente, y espero que eso no se pierda y sigan pudiendo ser grandes en este deporte tan maravilloso a su manera.

Un saludo y lamento la extensión. Quizá me haya excedido con esta reflexión.

18 02 2016
Jose Ignacio Benito Marca

Hola Mario

Nada es verdad y nada es mentira…., todo es válido, el rugby admite todo, pero esto lleva desde la RWC 11 cambiando debido a la tiranía AllBlack totalmente incontestable en todos sus términos, sobre todo con entrenadores por todas partes con sus nuevos métodos. El rugby del Norte que tanto me gusta y defiendo ha asimilado, a su manera, todo esto, yo creo que se juega mejor que hace 4 años, pero si se compara con el Sur, la mejora no se aprecia. Coincido con lo mencionado de las defensas, la preparación física ha hecho que ya nadie domine en ese aspecto, todos son moles musculares, no hay ya casi esas victorias por aplastamiento, es curioso que Toulon es de los que gana así, aplasta poco a poco al rival, lo asfixia física y mentalmente hasta destruirle. Con la condición física igualada, ya es la velocidad de ejecución de las acciones la que gana partidos, ya todos ganan sus melees y touches, sus pateadores son todos infalibles y, pese a ser juego colectivo, en mi opinión, ellos (NZ y AUS) en su sistema siempre buscan el uno contra uno para desequilibar, la calidad en ese aspecto del jugador del Sur, entrenada tecnicamente desde que empieza a jugar, como si fuera un automatismo, es la que marca la diferencia, siempre englobada en el juego colectivo al que te refieres ( el 2+1 que mencionas ). Es el segundo parámetro que hace que su juego sea superior al Norte en general. El tercer aspecto, por supuesto, es el ritmo de juego, altísimo para aquí arriba.

La busqueda de la resolución del juego en el aspecto individual es la gran innovación que yo veo, encuadrada en el colectivo, aquí se ataca en tropa, todos juntos, solidarios, equipo y todo eso, ellos tienden a resolver de forma más individual, su técnica lo hace posible.

Soy partidario de cambios en el 6 Nac, el bonus es imprescindible y conllevaría caracter bianual al torneo, al condicionar mucho jugar dos o tres en casa y contra quién.

Muy buen artículo, saludos

16 03 2016
Tony

El uso del off load para mí esta siendo la gran diferencia que marca el paso ahora mismo.

En Europa se abusa del ruck para reorganizar el juego o para construir superioridades mientras que en el sur se trata de mantener el balón vivo y desorganizar la defensa. Con la única excepción de Sudafrica, que juega un rugby más similar a los que se juega en Europa pero bajo el amparo de un juego de delantera monstruoso en el que se relanza continuamente a sus panzers para ganar la linea de ventaja. Aún siendo un juego menos vivo y mucho mas elemental que el de las otras tres selecciones del sur, es mucho más fluido y con mucho más ritmo que el del norte. En ocasiones me he llegado a desesperar viendo partidos del top14…..mil rucks y de mil minutos cada uno…… Los bokkes proponen un juego dexmil rucks…..pero rucks rápidos que asfixian a las defensas y las apisonan.

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