La revolución controlada

16 12 2015

En la cola de la tormenta viaja la calma; bajo los adoquines aguardaba una playa; y detrás de Lancaster vino Eddie Jones. La lógica de las decisiones es simple: para olvidar al fracasado del Mundial, nada mejor que relevarlo por uno de sus grandes triunfadores. En Inglaterra, país mercurial como tantos otros, muy dado a las certezas retrospectivas, la catarsis tiene nombre: Eddie Jones. Pero no sólo eso. En medio del cráter de acusaciones dejado por la implosión en la RWC15, una nueva rosa ha florecido en el otro rugby inglés: el de los clubes, protagonistas indiscutibles de este agitado primer tramo de la temporada. Dominan la Champions Cup después de tres jornadas y sus actuaciones, de estilos disímiles, han extendido la temprana sensación de que el gran rugby europeo está viviendo el pasaje nodal de eso que comúnmente llamamos cambio de ciclo. El gran desafío -derribar el dominio de Toulon y, por extensión, del hiperinflacionado rugby francés- parece en camino, aunque hay mucha tela que cortar todavía… Del otro, el de la recomposición de la selección nacional y restauración del inagotable orgullo de la Rosa, se encarga Jones. La cuestión, en el fondo, parece sencilla:  lograr que el rugby de Inglaterra se parezca al rugby que se juega en Inglaterra. Y todo eso sin dejar de ser Inglaterra. Se entiende, ¿no? Lo analizaremos en dos entregas.

Eddie Jones, en el centro del rugby inglés: Twickenham, todas las expectativas y la necesidad de renovación.

Eddie Jones, en el centro del rugby inglés: Twickenham, todas las expectativas y la necesidad de renovación.

En esa tentativa anda desde su toma de posesión este mes Eddie Jones. Un hombre para todas las estaciones: en verano era entrenador de Japón; en otoño de los Stormers, equipo del que se marchó casi antes de haber llegado; y ahora en invierno, de Inglaterra. Porque a Inglaterra no se le puede decir que no, diga lo que diga la autoridad fronteriza: para la anécdota quedará que Jones hubo de aguardar cinco días a que se le autorizara la entrada en el país, por problemas en su visado. En cuanto pisó suelo inglés empezó una interminable gira por la isla, hecha de partidos, reuniones, visitas, charlas, decisiones, planificación y, sobre todo, estudio del mercado, si vale el término. Su simpática imagen, con un gorro de lana sobre la cabeza y esos rasgos afables que le confieren una expresión casi infantil, se ha hecho ya clásica en los estadios del país. ¿A quién habrá venido a ver?, se preguntan los periodistas. A su alrededor hay tanta expectación que, cuando se marcha, uno casi aguarda que la megafonía versione aquel solemne anuncio al final de los conciertos de Elvis Presley: “Eddie has left the building”.

Puede que la imagen bondadosa de Jones lleve a confusiones. Sus actos, no: acaba de cargarse al staff técnico completo de Lancaster. Sin excepciones: Mike Catt, el entrenador de ataque; Graham Rowntree, el de delantera; y también Andy Farrell, el padre de la criatura y técnico defensivo. Se había especulado con que Farrell pudiera quedarse, en virtud del pasado Saracen de ambos (Jones trabajó como consultor en 2006 y en otro periodo de 2007 a 2009). No ha habido lugar. La línea de fuga de los Sarries está presente en la decisión, ya oficial desde este martes, de incorporar al que ya fue su colaborador en asuntos de fase estática con Japón, Steve Borthwick (al que la RFU debe liberar de su recién estrenado contrato con Bristol). Y desde luego en la pretensión de Paul Gustard, integrado en el grupo de trabajo de Mark McCall, en el que dirige la preparación defensiva mientras comparte la responsabilidad de la delantera con Alex Sanderson.

Robshaw y Eddie Jones: capitán y entrenador se reunieron para hablar del futuro.

Robshaw y Eddie Jones: capitán y entrenador se reunieron para hablar del futuro.

Se ha hablado también de Rob Baxter y de Mike Ford, directores de rugby de Exeter y Bath. Pero son operaciones de gran calado: ambos dirigen clubes dispuestos a no dejarse avasallar fácilmente por el bully federativo. Esta semana está previsto que se anuncie la incorporación de Gustard. Y el último nombre para dirigir la preparación técnica y de ataque es Alex King, enrolado en el personal de Northampton Saints, con experiencia a las órdenes de Cotter y Joe Schmidt en su paso anterior por Clermont.

Pero aquí la cuestión, siendo importante lo de los entrenadores, está en los jugadores. La primera reunión de orden estrictamente deportivo la tuvo Eddie Jones con Chris Robshaw, el capitán de Lancaster. Parecería una visita de rutinaria cortesía, dadas las atribuciones de cada uno. El contexto del encuentro, sin embargo, quedaba expuesto a la recuperación de aquellas frases de Eddie Jones en una de sus columnas de análisis en la RWC: “En el panorama internacional, Robshaw no tiene nada que marque la diferencia”. Eso dijo el hoy entrenador de Inglaterra del -todavía- hoy capitán de Inglaterra. Lo definió con una palabra: “Es competente”. Uso flagrante de eufemismo. Y una conclusión descarnada: “Me parece un seis y medio”.

Mullan, Waller, George, Haywood, Thomas y Brookes.

Mullan, Waller, George, Haywood, Thomas y Brookes.

Ahora, Jones debe decidir sobre el seis y medio y unos cuantos jugadores más. Ahí es donde habremos de medir el tamaño de su revolución. Si es que hay tal revolución… porque impedimentos no faltan. Como si lo del visado jugase a ser augurio. Los abigarrados contratos de la RFU con los clubes de la Premiership limitan la capacidad de maniobra de Jones: sólo puede cambiar a 10 jugadores de los 31 que fueron convocados para la RWC15. En realidad, once… porque el regreso de Sam Burgess a la rugby league australiana libera una plaza más.

¿Parecen pocos? Puede que no lo sean. Es verdad que la gran cuestión alrededor de Lancaster fue su elección de jugadores, pero construyó un equipo con muy pocas internacionalidades y con muchos elementos reutilizables por Eddie Jones. En realidad, lo que necesita Inglaterra no es tanto una revolución como una remodelación: entiéndase en el sentido estricto, el del cambio de modelo. Una buena revisión del ideario general de juego, estructura y puestos clave en los que las decisiones de Lancaster parecieron, siempre, muy mejorables. Un vistazo rápido, sin mayor intención exhaustiva, da idea del tamaño del armario que maneja Inglaterra.

Si empezamos por la primera línea y a Jones no le gustan Marler, Tom Youngs y Dan Cole (como nos pasa por aquí, para qué negarlo), hay gente disponible para redefinir el quinteto de delante, clave en el juego tradicional inglés. Para el tight-head aparecen jugadores como Henry Thomas o Kieran Brookes, este último ahora mismo dominante en la Premier, que deben tomarles el relevo a Dan Cole y ese recurso gastado que es David Wilson. En el medio, hay que ver qué pasa con el ingobernable Dylan Hartley de talonador, porque el carácter le ha hecho perder a Inglaterra a un hombre fundamental. Mucho temo que Tom Youngs seguirá, aunque nunca lo patrocinamos aquí; y ya tienen papeles principales en la Premier chicos como Rob Webber o Jamie George -que ya han pisado la élite-, Cowan-Dickie o Haywood, muy atendibles en el puesto de 2. Para el pilar izquierdo, donde el añorado Corbisiero nunca acaba de regresar, Marler y Mako Vunipola han sido inamovibles estos años. No es un problema de edad, sino de condiciones y rendimiento. Mako tiene 24 años; Marler sólo 25. Edades incluso tempranas para los pilares. Dan Cole está entrando en la flor de un primera línea, con 28 años. La cuestión son sus prestaciones y el rendimiento. Hay alternativas en los Wasps: Matt Mullan y Jake Cooper-Woolley. Y también en los Saints: Alex Waller, que se reparte el puesto con su hermano Ethan en Northampton, ha crecido mucho.

Los segundas Charlie Matthews, Maro Itoje y Ed Slater.

Los segundas Charlie Matthews, Maro Itoje y Ed Slater.

Por detrás, aparece una de las características básicas de la nómina inglesa de hoy: la combinación de perfiles diferentes. Nadie le pone mayores problemas a una segunda línea Lawes/Launchbury si los dos están al máximo, cosa que no ocurrió en el Mundial. Pero ojo a lo que viene por detrás: no sólo a gente como Slater, de los Tigers, el arlequín Charlie Matthews o el ya presente Kruis. Incluso Gaskell, de los Wasps. Pero, sobre todo, no se puede perder de vista al imponente Maro Itoje, sensación de los Saracens. Su introducción permitiría además un movimiento que los Saints ya practican de cuando en cuando: pasar a Lawes al número 6. Porque es en la tercera línea -como no podría ser de otra forma en el rugby de hoy-, donde Inglaterra ha de tomar decisiones de peso estratégico principal. Se habla de Jack Clifford, de Ewers, de Will Fraser... Están Tom Wood y Haskell del periodo anterior, Kvesic que no ha acabado de quedarse… El gran asunto en esa línea es la continuidad o no de Robshaw. Uno cree que, como casi todo lo demás, ocurrirá de forma paulatina: primero dejará de ser capitán de Inglaterra (otra cosa parecería incoherente) y conforme pase el tiempo irá desapareciendo.

Cuatro terceras de presente y futuro: Clifford, Ewers, Fraser y Kvesic.

Cuatro terceras de presente y futuro: Clifford, Ewers, Fraser y Kvesic.

En la tercera, Inglaterra precisa otras prestaciones más atléticas en los flankers. O, al menos, una combinación más variada, jugadores con más impacto en campo abierto. En demasiadas ocasiones, y a pesar de la calidad de muchos de ellos, daban la impresión de tener un vuelo recortado. Los terceras son una tropa de élite, elementos disuasorios en defensa, desestabilizadores en ataque y versátiles en fases estáticas, jueces de desequilibrios en su mezcla con los backs. Por ellos o por su entrenador, los terceras ingleses tuvieron siempre encima con Lancaster una comprensible sospecha de unidimensionalidad.

Se ha hablado mucho de Steffon Armitage, antes y ahora, pero esa vía está descartada a pesar del cambio de régimen, porque Jones ha aceptado la política pro-Premier de la RFU. Armitage no va a jugar. Ni como siete, donde aparece ahora en Toulon, dado el congreso mundial de segundas, terceras y ochos que ha reunido Boudjellal; ni como octavo, puesto que Lancaster le entregó en su momento a Billy Vunipola. El saracen fue otro de los que hizo el arco dramático definitorio de los últimos años: apareció saludado por los hagiógrafos, fue indiscutible mucho tiempo, y acabó por no convencer del todo ni al propio entrenador. La ruleta a su espalda no mejoró las perspectivas. De entre sus lugartenientes, Ben Morgan aún tiene 26 años: es más contundente cuando lleva la pelota, pero lo ensombrecen ciertas intermitencias. Sinceramente, el recurso de Nick Easter pareció fuera de lugar. Waldrom está volviendo a ser uno de esos ochos decisivos y anotadores en Exeter, a sus 32, después de haber llegado y pasado por el 8 de Inglaterra sin dejar mayor huella. A veces parece demasiado redondo; ahora da impresión de estar infravalorado. Ese permanente cambio de luz, perspectivas y juicios resume el periodo Lancaster, ahora derogado.

(En la segunda entrega, medios, tres cuartos y zagueros).

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5 responses

18 12 2015
Jorf

Gracias Mario por volver a escribir, los que abrimos este blog varias veces por semana con la esperanza de ver una entrada nueva nos hemos llevado un alegrón.

Inglaterra da para dos equipos distintos de primerísimo nivel, para jugar, parafraseando al chiste, a rolex o a setas.

Me extraña que en la bajara de opciones de Jones no pongas a Nathan Hughes, que el año que viene ya podrá jugar con la rosa, y es para mi ahora mismo el mejor nº8 que tienen, estando Armitage en Francia.

PD: Esa de McCaw la espero salivando 🙂

18 12 2015
ornat

A Hughes lo pasé por alto y después me lo hicieron notar, con toda la razón. Iba a introducir un apéndice, pero ya lo hacen los comentarios. Es un asunto controvertido: hasta junio no es seleccionable, pero es que además su caso ejemplificará, desde luego, el desastre que son las normas de elegibilidad de Rugby World para los jugadores internacionales. Hughes es fiyiano, pero podía jugar también con Nueva Zelanda y Samoa. Y, a partir de junio, con Inglaterra en virtud de la norma de los tres años de residencia. Una norma inútil en estos tiempos de hiper profesionalismo, que solo contribuye a desnaturalizar (y también adulterar un tanto, por qué no) el sentido de las selecciones nacionales.

Dicho lo cual, desde luego, cuando Hughes esté disponible será, si nadie lo evita, el mejor 8 posible para Inglaterra.

Bien está, como digo siempre, que estas entradas se completen con contribuciones ajenas.
Gracias.

18 12 2015
peleida

buenas mario , como siempre un gran articulo.
habra que ver que idea tiene Eddie Jones y si le dejan trabajar´. si tendran paciencia con el o si el terrible cataclismo ocurrido durante el mundial hace que todo en la RFU siga alterado mucho tiempo.

parece que el tiene las ideas muy claras y eso es bueno(borthwick por ejemplo) , pero la RFU es un enorme gigante con miles de intereses entrecruzados, tendrá que saber navegar ahí.No sera facil cambiar una forma de entender el juego(quizas ya muy anticuada) , enraizada en la cultura de los de la rosa,llega un tiempo interesante.

Sobre los jugadores que decir, tiene gran materia prima y los clubes de la premiership(al menos un grupo muy notable) juega a algo parecido a lo que propuso Jones en el mundial con Japón.Dinamismo, velocidad,

si se tiene paciencia con el hay una generación prometedora en Inglaterra que puede dar mucho juego , yo con que mantenga a Joseph y recupere a Corbisiero (dos debilidades personales) ya iría contento.

p.d: perdoneseme el atrevimiento pero me uno a migueltuck, yo también espero leerte ese articulo sobre el gran Richie y la no menos extraordinaria generaciòn que le ha acompañado

18 12 2015
migueltuck

Veremos qué hace Jones con la Rosa, jugadores no le faltan desde luego.

Pero vamos con lo importante: te recuerdo que nos debes un artículo a modo de despiece sobre Richie y si te animas un anexo de postre sobre esta generación de All Blacks.

17 12 2015
germán

muy buen artículo, te leo siempre desde argentina, muchas gracias por iluminarnos con rugby.

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