La mirada de Dan Carter

2 11 2015

La mejor RWC que hemos visto coronó al mejor equipo que hayamos conocido: la Nueva Zelanda de Richie McCaw y Steve Hansen. Sí, por ese orden. Pero hubo Mundial, mucho Mundial. Y Australia logró que también hubiera final hasta los últimos diez minutos. Del resto se encargó el inmenso trabajo colectivo del equipo negro, tan repleto de detalles que para glosarlo harían falta una enciclopedia o un retablo. Para todo lo demás estaba Dan Carter, el mejor jugador del partido en muchos aspectos. Para la World Rugby, también el Mejor Jugador del Año 2015, una elección que desde aquí consideramos un exceso de entusiasmo post mundialista, y también un defecto de perspectiva. Perder demasiado tiempo en rebatirla, sin embargo, casi se antoja desleal con Carter, un jugador cuyos merecimientos siempre nos parecieron más allá de toda duda y al que, sobre la base de un rendimiento discutible en el último año, se quiso retirar de la circulación de los All Blacks antes de hora. Carter se ha encargado en este torneo, y particularmente en los partidos decisivos, de dejarnos el recuerdo de su intemporal clase como apertura. Para coronarlo se permitió la relativa frivolidad de un último reto: patear el golpe final con su pierna débil, la derecha. Y meterla, claro. Ha sido, hasta el final y pese a todas las sospechas, el incontestable director de juego de esta Nueva Zelanda de los centuriones, a la que en la fase de grupos todavía muchos veían oxidada (acabo de reencontrar una crónica que utilizaba el término nada menos que en el titular, tras el choque con Tonga) y a la que no le faltaron augurios de desastre antes de jugar contra Francia. La rotunda exhibición de ese noche, claro, hizo más conversos que el sermón de la montaña. A uno siempre le parece que a estos All Blacks, a éstos en concreto, no los celebramos lo suficiente. Y hay que hacerlo más allá de las legítimas fobias y filias de cada cual. El motivo reside en que nadie ha llevado el rugby a las cotas a las que lo han llevado ellos durante los últimos años. Y además, porque nos guste o no son los mejores embajadores del juego: con su forma de jugar, con gestos maravillosamente extemporáneos como el de la medalla de Sonny Bill Williams. O por la misma sencillez con la que hacen todo, algo de incalculable valor en estos tiempos de mercadotecnia expresiva. Todo queda sintetizado, de algún modo, en la misma simplicidad con la que Carter ejecuta sus patadas. Sin liturgias extrañas ni excesos gestuales. Una mirada larga al balón, otra a los palos, y vuelta al balón. Y el golpeo. Con plena naturalidad. Así patea Carter. Así juegan los All Blacks. Así ganan. Admiradores, partidos y títulos.

Dan Carter alinea el balón, mirando a los palos, para una de sus patadas durante el torneo: su tranquila liturgia define la esencial sencillez y excelencia con la que los All Blacks entienden el rugby.

Dan Carter alinea el balón, mirando a los palos, para una de sus patadas durante el torneo: su tranquila liturgia define la esencial sencillez y excelencia con la que los All Blacks entienden el rugby.

La final, salvo mejor opinión, nos pareció excepcional de todo punto. El rugby de los All Blacks produce un efecto que ningún otro equipo tiene: son los únicos capaces de convertir un partido en una gran ocasión, sólo con su propio juego. Al margen de lo que haga el rival. Pero este no fue el caso. Porque, aunque la superioridad negra quedó sentada a lo largo de todo el choque, en la impresión y en las estadísticas, la final tuvo protagonismo también de Australia, favorecido por su magnífico aprovechamiento (ensayos de PocockKuridrani) de la amarilla a Ben Smith en el segundo tiempo. Fue el primer partido final de una RWC con dos ensayos al menos por cada uno de los equipos. Pero, visto en perspectiva, se jugó en tres actos y sólo en el intermedio -el que corresponde al periodo de diez minutos en los que los All Blacks estuvieron con 14- logró el equipo de Michael Cheika elevarse sobre su rival.

Los otros dos, antes y después del placaje que llevó a la expulsión temporal del zaguero, y sobre todo los minutos finales de cada periodo, vieron a los All Blacks hacer cosas diferenciales y ganar el partido con incontestable rotundidad. Del arranque al minuto 52, hubo un ritmo general de juego muy alto, duelos bravos de las dos terceras en las abiertas, un excepcional control de Carter -soberbio en la gestión, voraz en el placaje hasta ser el que más hizo de su equipo, milimétrico con el pie- y el uso muy inteligente de variadas fuerzas de choque por parte negra: Ma’a Nonu en la transmisión natural del juego; Savea metido por dentro con frecuencia, y tomando primeros balones a la salida de fases anteriores; y el habitual Whitelock, siempre dispuesto para percutir y fijar posiciones subsiguientes de ataque. Australia estuvo en su campo casi todo el tiempo: hasta la segunda parte no pisó la 22 negra. Perdió pronto a Kane Douglas y sobre todo a su segundo ordenador de juego, Matt Giteau: una baja que le recortó variantes, sobre todo con el pie, aun cuando Kurtley Beale, que lo relevó, estuvo en un magnífico desempeño, como todo el torneo por otra parte. Ha sido un suplente disciplinado y con aportaciones sustanciosas. Otra muesca para Cheika. Delante Australia competía, era dura, llegaba al robo o practicaba la caza mayor: Kepu le hizo primero un retardado y después un placaje al cuello a Carter. El apertura resistió entero y más. Superó a Foley en todos los órdenes y tiró de su equipo hacia delante con el pie.

El momento culminante de ese primer tiempo, sin embargo, ocurrió en el ya habitual rapto de genialidad colectiva que los kiwis suelen producir. Esta vez lo encarnó el ensayo culminado por Nehe Milner-Skudder, después de un movimiento hipnótico de la pelota en el lado cerrado. Un instante marca de la casa negra. Nadie hace tan bien como los All Blacks el necesario ejercicio de competir mientras se descompone el juego a través de conceptos sencillos. Es lo que llamaríamos jugar a base de fundamentos y aplicarlos en cada situación con el mejor criterio posible. Hablamos, en realidad, de movimientos sencillos, casi diríamos básicos, pero ejecutados -y ahí radica la diferencia- a la máxima velocidad. El rugby, ya lo dijimos, es en esencia un 2 contra 1: un atacante, y su apoyo, contra un defensor. Los All Blacks deconstruyen el rugby metro a metro y así lo conducen hacia su naturaleza última con apasionante sencillez. No hay pases de globetrotters ni descargas enloquecidas; lo que siempre está presente, y el partido contra Australia lo confirmó momento a momento, es un apoyo cercano, necesario y de poco riesgo. Juego con la pelota y, sobre todo, sin ella, que posibilita los pases fáciles, ejecutados con seguridad y un control del tiempo exacto de cada jugador para la fijación y la recepción. Y 2 contra 1. Y 2 contra 1. Y 2 contra 1.

La acción del ensayo de Nehe Milner-Skudder, deconstruida en los sucesivos 2 contra 1 jugados para fijar e ir ganando superioridad: del pase inicial de A Smith a Conrad, el redoble del nueve por detrás, la transmisión a McCaw y de éste a Nehe Milner-Skudder: movimientos sencillos, bien ejecutados rupturas, apoyos y pases.

La acción del ensayo de Nehe Milner-Skudder, deconstruida en los sucesivos 2 contra 1 jugados para fijar e ir ganando superioridad: del pase inicial de A Smith a Conrad, el redoble del nueve por detrás, la transmisión a McCaw y de éste a Nehe Milner-Skudder: movimientos sencillos, bien ejecutados rupturas, apoyos y pases.

Por si todo esto fuera poco, hay un suplente que se llama Sonny Bill Williams y que representa la posibilidad de una vía aún más directa: crash ball por los primeros canales de juego y descarga. Cuando SBW apareció en el arranque de la segunda mitad por Conrad Smith, lo hizo para producir el segundo arreón de los suyos, un cambio de paso violento. Las primeras pelotas que jugaron los All Blacks lo tuvieron por destino. Hansen movió a Nonu al segundo centro y los negros asumieron el cambio de guion con su típica naturalidad. Sonny Bill chocó dos veces y en las dos produjo offloads ventajosos. En la primera estuvo a punto de huir ese escapista de cintura indescifrable que es Nehe. En la segunda, después de concentrar a cuatro rivales en la percusión, sacó el brazo para dársela a Nonu: la carrera del 12, de dentro afuera, dibujó un prodigio de visión, potencia y resistencia. Nonu esquivó con un movimiento evasivo el muro de cuerpos apelotonados en la búsqueda de un posible ruck que con SBW casi nunca se produce (porque nadie lo derriba antes de que la entregue) y se metió detrás de la defensa en diagonal; pasó al lado de Beale, que vino en la segunda cortina, como un tren enloquecido que no se detiene en la estación, con un paso lateral digno de un patinador de hielo, y rechazó cualquier persecución con un final portentoso, que resume su fantástico año y este último pasaje con los All Blacks. Sinceramente, fue un ensayo emocionante que no podremos dejar de ver (como esta final) durante mucho tiempo: para nosotros Nonu ha sido, sin lugar a dudas, el Jugador del Año 2015. Que ni siquiera estuviera entre los seis nominados indica hasta qué punto el premio incurre a menudo en una suerte de ruleta de la fortuna, en la que la perspectiva deportiva queda aislada. Si el Mundial ha de ser un criterio decisivo para elegir al mejor de este año, algo en lo que estamos de acuerdo, Nonu cumple el requisito: su campeonato ha sido excelente. Hay quien preferirá a otros mejores jugadores de la RWC, y con argumentos tan buenos o mejores. Ahora, pocos jugadores pueden discutirle a Nonu la vigencia de su altísimo nivel durante el Super 15, los tests y el Mundial. Y el año se compone de eso, no solo de estas últimas semanas.

Pero en fin, es que los All Blacks juegan con una reunión de posibles mejores jugadores. El efecto que semejante catálogo de rendimientos individuales produce es que cuesta mucho distinguir al mejor, a tal punto que nadie destaca demasiado, salvo excepciones o momentos concretos. Eso es lo que nos lleva a tasar siempre a la baja rendimientos excelentes a lo largo de un torneo como los que han tenido muchos jugadores: ¿Ha reunido alguien mejores números globales que Kieran Read, un jugador que hace literalmente de todo y que ha gobernado, a veces de forma decisiva como frente a Sudáfrica, las touches de los All Blacks? ¿Qué pasará si puntuamos al detalle el Mundial de Richie McCaw? ¿Alguien repara en que ese veterano recién retirado está siempre dónde debe, haciendo pequeñas cosas, y otras grandes, decisivas? ¿Cómo quedan el resto de nueves al lado de Aaron Smith? ¿Y los alas, con ocho ensayos Savea y siete Milner-Skudder? Por cierto: otro en la final para el hombre que más metros ha recorrido con la pelota en todo el torneo: 561. ¿La touche? Ni una sola ha tirado parcial Dane Coles: el talonador ha lanzado 62 veces la pelota en el alineamiento y nada menos que 60 de ellas fueron exitosas: un escandaloso 96,7%. El único 100% del torneo es el del italiano Ghiraldini, pero con un tercio de lanzamientos, claro: 20 de 20. Los All Blacks han robado una media de 2,1 por choque (miren a Read… era él). ¿La melé? Otro mito derribado: un marginal 0,1 de media por partido en scrums propias perdidas; y serían golpes, porque no hemos visto a nadie pasarles por encima como ellos sí hicieron, por cierto, contra la muy ponderada -con razones- melé australiana de Mario Ledesma. A tal punto que los secundarios del paquete (Faumuina, Mealamu) llegaron a forzar un derribo de los Wallabies en los minutos últimos de la final.

Kieran Read, excepcional y decisivo con su trabajo en el juego cerrado y, sobre todo, en las touches, donde ha dado a Nueva Zelanda una plataforma de juego fiable al mayor nivel.

Kieran Read, excepcional y decisivo con su trabajo en el juego cerrado y, sobre todo, en las touches, donde ha dado a Nueva Zelanda una plataforma de juego fiable al mayor nivel.

Esa melé acabó con cualquier esperanza que le quedara a Australia. Sigamos la línea de tiempo de esa jugada en sentido inverso y veremos un ejemplo -tal vez el definitivo- del impacto de Dan Carter sobre el resultado. Si Nueva Zelanda, esta Nueva Zelanda, estaba destinada a la gloria, fue Carter quien se encargó de manejar todos los hilos para propiciar ese destino. Lo hizo de manera particularmente decisiva cuando más calentaba el sol contra los All Blacks: con 21-17 y los Wallabies envalentonados tras regresar del 21-3 durante la ausencia del zaguero Smith. En ese instante, Carter se inventó (fue una invención, no hubo ningún tipo de construcción colectiva propia ni posible anticipo por nadie de lo que iba a hacer el apertura) uno de los drops más asombrosos que hayamos visto jamás en el rugby. Hermano del que largó contra Sudáfrica en la semifinal: una patada sin tiempo, desde la línea de 40, con la izquierda. Bien. Sacó Australia de centro, la pelota vino de nuevo a Carter y éste volvió a crear: esta vez, una patada a seguir alta, otra vez hermosísima, que él mismo presionó. Recogió Beale, placó Carter, hubo avant del australiano en el contacto y melé para NZ. Fue la melé que acabó derribada. Vino el golpe. Lo cobró el 10. Resumen: en apenas tres minutos, Carter había puesto a su equipo más allá de la barrera de los siete puntos con dos acciones personales. Dicho de otro modo: acabó con Australia y cerró el partido. En un momento. Él, casi solito.

A Australia solo le quedó atacar a la desesperada, con la bravura del aspirante más cualificado para derribar del trono a sus rivales. Lo intentaron hasta que un balón quedó suelto en el contacto: fue el que recogió Ben Smith y pateó, con un timing sencillamente espectacular, después de avanzar lo suficiente para comprometer a la defensa y encontrar el hueco al que iba a ponerla. Rasa, veloz, afilada y mortal, la pelota se fue al carril central y Barrett les ganó la carrera a todos para poner el 34-17 definitivo.

Los campeones, con el gran capitán trofeo en mano. Un equipo irrepetible.

Los campeones, con el gran capitán trofeo en mano. Un equipo irrepetible.

Así terminó todo, con Nueva Zelanda levantando el trofeo de nuevo -y por tercera vez en las ocho copas del mundo disputadas- y con cinco jugadores investidos de inmortalidad deportiva: Richie McCaw, Dan Carter, Keven Mealamu, Conrad Smith Tony Woodcock* y Ma’a Nonu. Los cinco centuriones de estos All Blacks. Pongamos estos números en perspectiva: sólo hay seis jugadores –el sexto es Muliaina- que hayan superado las cien caps a lo largo de la historia en los All Blacks, un equipo en el que la competición por un puesto es feroz y la regeneración de la excelencia, velocísima. ¿Hace falta recordar donde está Dagg? ¿O que detrás de Carter vienen Cruden y Sopoaga? ¿Nos damos cuenta de lo importante que era Messam hace un año y de su papel residual en este torneo? ¿Quién se acuerda de Luatua? ¿Hace falta hablar del papel secundario, pero tan fundamental, de Sonny Bill Williams? ¿De Beauden Barrett? ¿De Naholo? Y ya que estamos con los alas: ¿Es necesario subrayar el asombroso caso de Milner-Skudder, que hace seis meses ni siquiera aparecía en el radar?

No, no es sencillo ser centurión en los All Blacks. La retirada de estos cinco gigantes anticipa el próximo desafío: ya se habla de una tercera Copa del Mundo en Japón pero, antes, los nuevos All Blacks deberán lograr lo que este equipo ha hecho desde 2011, cuando Graham Henry dejó el cargo: sostener un nivel extraordinario durante el largo periodo entre mundiales. Hace cuatro años, Nueva Zelanda ganó después de superar todos los fantasmas que les acosaban. Y de forma muy trabajada, contra Francia. Este segundo título ha sido, en consonancia con la brutal evolución auspiciada por Hansen, mucho más exuberante. Y solo se puede entender como la culminación, la consecuencia si se quiere, de cuatro años de rugby excepcional en el juego y en la implacable acumulación de victorias. Esa es la gran diferencia de este equipo con sus rivales. No solo con los contemporáneos. También, desde luego, con todos aquéllos que lo han precedido a lo largo de la historia.

[Por error incluimos a Conrad Smith entre los jugadores con más de cien partidos, confundido en el grupo de los que se retiraban tras esta Copa del Mundo: tal y como nos hizo ver nuestro lector Xosé, entre los cinco centuriones quien debe aparecer es el pilar Tony Woodcock (118 caps), lesionado durante esta RWC15 y retirado ya. El fantástico Conrad Smith deja los All Blacks con 94 caps, incluida la de la final. Gracias por el apunte].

Anuncios

Acciones

Information

10 responses

3 11 2015
Alvaro Cañoto

Gracias por el excelente análisis de la final. Un auténtico placer leerte.

En cuanto a lo que se debate en el foro, sobre la grandeza de este equipo, no cabe duda que estos cuatro años se pueden considerar un prodigio en el deporte. Un equipo de esta magnitud, solo 3 veces derrotado en este lapsus temporal, hacen merecedor a los AB de entrar en el olimpo de conjuntos legendarios. No obstante lo que apuntáis muchos, estoy en parte de acuerdo y en parte disiento de algunos análisis.

Creo que, siendo los mejores, la distancia no es tan sideral con sus principales competidores del sur, Australia y Sudáfrica. Hemos visto en los últimos tiempos grandes duelos de poder a poder que se han ido decidiendo por detalles, casi siempre a favor de los de negro. Y es ahí donde sí creo que existe esa gran diferencia sobre sus dos rivales, en la gestión de los momentos clave. Un equipo con una experiencia y ejecución en momentos decisivos donde me cuesta encontrar un parangón no ya en rugby, sino en el mismo deporte. Hemos visto a los AB ganar un partido en la última jugada en Dublín que parecía imposible de creer, o mismamente en el último Championship el ensayo de McCaw contra Sudáfrica. Es ahí donde encuentro esa diferencia, pero creo que por plantillas, aún inferiores, Australia y Sudáfrica pueden competir el cetro, aunque ese gen ganador marque la diferencia, como ocurre.

En cuant a Carter, me quito el sombrero absolutamente. Creo que como bien decís, la final fue muy favorable a los AB incluso sin esas jugadas de Carter, pero especialmente, creo que sin la actuación del 10 hubiera sido mucho más complicado vencer a Sudáfrica, que ha sido para mí el único equipo que ha podido de verdad ganar a Nueva Zelanda en esta Copa del Mundo. Un jugador superlativo al que echaremos de menos verle de negro.

Un saludo a todos,

3 11 2015
peleida

buenos días.
ahora si desde el ordenador a explayarme un poco.
Antes de nada felicitar a todos aquellos que como yo se sienten all blacks de corazón , aunque vivamos lejos de aquellas tierras sentimos ese equipo como nuestro.
Podría firmar todo lo que dicen los compañeros cuenca o migueltuck. pero introduciré algunas matizaciones.
Los all blacks son a día de hoy el mejor equipo del mundo de rugby, y con una diferencia bastante grande sobre el siguiente. No me baso ni en puntuaciones, ni en coeficientes ni cosas modernas de esas.
Son no solo sensaciones, son echos. echos contrastados a sangre y fuego estos últimos 4 años. Periodo de tiempo en el que este grupo de jugadores ha perdido solo 3 partidos y empatado uno. Algo nunca visto en el rugby.

Pero siendo importante el resultado, lo que mas marca la diferencia es la forma en que lo han conseguido. En estos cuatro años no tengo la cifra en la mano pero habrán jugado entre 55-70 partidos y en los que perdieron solo contra Inglaterra en el 2012 fueron ampliamente superados. Sudáfrica el año pasado les gano con una patada en el ultimo minuto y contra Australia este año en el 68 aun ganaban el partido. es decir compitiendo siempre a tope.

han alcanzado cotas de juego que ningún otro combinado puede soñar, y han sido muy regulares en su juego . dejando partidos para el recuerdo. Todos los eliminatorios de este mundial cada uno con sus particularidades, este año en la Bledisloe Cup arrasando a los wallabies, el año pasado en la Bledisloe Cup remontando 10 puntos en los ultimos minutos (fekitooooooaaaaaaaa), el partido del rugby championship en el que en Nueva Zelanda laminaron a Australia(el día en el que el tal Hooper dijo que los ùltimos 20 minutos habìan sido igualados) , el partido contra Irlanda del 2013 remontando con el tiempo acabado en aquella ultima maravillosa jugada(ejemplo del rugby de este equipo), y como no el monumento al deporte que jugaron en Ellis Park en octubre del 2013.

A pesar de ello , y creo honestamente que muchas veces llevados por las ganas de que los all blacks perdieran , se centraban en presuntas debilidades del equipo neozelandés y en otras presuntas(por no demostradas con continuidad a ese nivel ) fortalezas del l rival que iban a hacer caer a este equipo en cada partido.Y es aqui donde encuentro el error en muchos analistas, era mas su deseo que la realidad.

y el segundo error es que en general no se ha apreciado el tremendo talento de este grupo y no se los ha disfrutado como se debiera. Porque por desgracia seguramente(ojala no , ojala haya no uno sino 4 equipos que jueguen pronto así) nos costara encontrar un equipo que vuelva a dominar y maravillar de esta manera. No es solo el método neozelandés, no es solo el entrenador , han confluido una serie de jugadores de un talento exagerado, que se han entendido a las mil maravillas y han tenido un líder incontestable al que han seguido hasta el final. la jugada del primer ensayo de la final lo resume. no me imagino a ningún otro equipo(quizás Australia en un día inspiradísimo) realizando algo así.

Algún día también se hará justicia con el capitán del grupo, un tipo que ha recibido ataques de otros equipos siempre aduciendo que si tenia un código especial para el , que si jugaba con ventaja , evitando analizarlo como lo que ha sido, un jugador superlativo, una referencia esencial para el equipo , veía y entendía(lo estoy retirando sin que sea oficial) el juego muchísimo mas rápido que la mayoría y de ahí obtenía ventaja infinidad de veces.

estas son algunas de las cosas que se me ocurren, habrà alguna mas espero la debatamos aquí abiertamente.

un saludo a todos .

3 11 2015
Generación Deporte

Fantástica entrada. Os invitamos a pasar por Generación Deporte y dejar vuestros comentarios sobre la Rugby World Cup http://generaciondeporte.com/rugby-world-cup-2015/

3 11 2015
Xosé

Muchísimas gracias por este pedazo de artículo que te has mandado, Mario. Ha sido un placer leerlo, releerlo y disfrutarlo.

(Déjame hacer solo una puntualización, un tecnicismo. Conrad Smith (94) no ha llegado a las 100 caps, en cambio Tony Woodcock (118) sí lo ha hecho y esta en esa nómina de mitos de los AB. Ya sé que lo sabes, te lo digo solo para que conste)

Saludos desde Beach Haven, AKL, y muchas gracias por toda la cobertura del mundial. Entre tus tuits y artículos y los de J. Señarís los que nos sabemos de esto hemos podido aprender y disfrutar un poquito más.

3 11 2015
ornat

Uuhhhh, qué gran apunte y tan correcto, Xosé. Confusión seria, mezclé a los retirados con los centuriones y me dejé a Woodcock -el gran Tony Woodcock-. Edito e incluyo una nota al respecto.

Gracias a todos por vuestras aportaciones. Mejoran este espacio y es un gusto compartir con vosotros tanto rugby.

2 11 2015
peleida

Ahora dessde el movil ,mañana desde el ordenador haremos analisis mas profundos.
gracias mario por este espacio. Por el trabajo compartiendo esto con nosotros y por tus analisis tan brillantes.
Es un espacio sin igual para el rugby en españa
un saludo

2 11 2015
migueltuck

Sin duda el mejor equipo del mundo, no por el resultadismo del mundial, sino por esa linea que mantiene test tras test en la que la cronica suele ser cuan cerca ( o lejos ) esta el rival de ellos.

Este blog no es sospechoso, pero me gustaria saber si se hablaria con tanto nivel de adoracion hacia este equipo/seleccion de no haber ganado esta copa del mundo. Sea como fuere, se merecen todavia mas reconocimientos.

Fuera ya de irritaciones y revanchismos personales, habria que hablar largo y tendido sobre Hansen, las decisiones (nada faciles algunas) que ha ido tomando a lo largo de estos años y la manera en que ha ido subsanando, minimizando e incluso revertiendo los errores o debilidades en fortalezas.
La manera que se ha gestionado este equipo por parte del cuerpo tecnico y los propios jugadores es digna de mencion, tanto en la derrota como en la victoria, como en el monotono dia a dia.
Estan en la cumbre de este deporte porque estan continuamente en movimiento, evolucionando, adquiriendo nuevos conceptos e introduciendolos para volver a mejorar.
Aunque como bien dices el equipo primero es de McCaw, del cual deberias escribir largo y tendido.
Un saludo

2 11 2015
migueltuck

Y por cierto, mil gracias por este blog.

2 11 2015
Jorf

Para leer con el babero puesto. Muchas gracias!!

2 11 2015
cuenca

Coincido contigo en que esta Nueva Zelanda es el mejor equipo de todos los tiempos, aunque yo lo veo desde una perspectiva bastante parcial, al ser un fan all black irredento.
Hay algo distintivo en este equipo que me enamora, que me hace ponerlos por encima de cualquier otra seleccion all black de la historia. Es su capacidad de sufrimiento, su manera de gestionar la presión en los momentos más difíciles de los partidos. Lo hicieron contra Suráfrica y lo volvieron a hacer contra Australia en la final. Eso antes era el gran talón de aquiles de los kiwis, que han tenido otros equipos estratosféricos, como el de 1995 ó el de 2007. Pero ninguno ha tenido un control sobre los partidos como el que tiene este de Steve Hansen, un tipo al que tampoco se le reconoce mucho su labor pero que ha sabido gestionar cuatro años de enorme presión hasta llegar a ser la única selección que ha ganado dos RWC consecutivas.
Cuando los All Blacks juegan concentrados es prácticamente imposible ganarles. Y si Ben Smith no llega a cometer el tonto error del placaje ilegal creo que la final se hubiera decidido mucho antes, hay que recordar que el parcial de los minutos con igualdad numérica fue de 34-3. Da gusto verles jugar, sobre todo haciendo gala de esa sencillez letal que tú glosas tan magníficamente en esta entrada.

Sobre lo de Carter, cierto que objetivamente hablando él sólo ha destacado en el Mundial, pero es que todo el año estaba enfocado a esta competición. Es igualmente cierto que Nonu ha estado fantástico, pero lo que ha hecho Carter en la semifinal y en la final es superlativo. Y no sólo por los drops, sino por su dominio del ritmo, por su manera de atacar y defender, por su implicación constante en todos los aspectos del juego, pero sobre todo por la forma en la que respondió a la confianza de sus compañeros y en cómo se ha sobrepuesto a una carrera mundialista marcada por la mala suerte. Carter no había podido brillar en los tres mundiales anteriores a éste: en 2003 era un joven sin jerarquía que tenía a Carlos Spencer por delante, en 2007 jugó lesionado el cuarto de final contra Francia e incluso tuvo que ser sustituido al comienzo del segundo tiempo y en 2011 ya sabemos lo que pasó, se perdió toda la fase realmente decisiva del torneo. La Copa del Mundo era la única espina que tenía clavada este extraordinario jugador y la manera en la que ha gestionado unos últimos años llenos de lesiones hablan bien a las claras de su determinación.

Steve Hansen declaró el sábado que McCaw es el mejor jugador all black de la historia, pero a mí me parece que Carter es todavía mejor jugador de rugby que McCaw, y desde luego el mejor apertura de la historia, lo que pasa es que Richie ha sido más de cien veces el capitán del mejor equipo que ha visto este deporte y eso le convierte en algo más que un jugador de rugby, lo convierte en un mito.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: