Ganar la Copa, cambiar el mundo

28 10 2015

Si dijéramos que David Pocock quiere ganar la RWC, subrayaríamos apenas una obviedad, aunque su portentosa actuación a lo largo del torneo invita a la hipérbole y permite que cualquier énfasis esté dentro de lo plausible. A lo largo de estas semanas ha crecido un acuerdo generalizado acerca de la condición del tercera australiano como mejor jugador del torneo. Y desde luego uno de los mejores terceras, si no el mejor, que ha dado el país en la última década. El partido del sábado contra Nueva Zelanda lo pone también frente a la ocasión de agregar a su perfil la categoría de héroe intemporal y situarlo en el panteón de los Wallabies legendarios de la época moderna: Farr-Jones, Lynagh, Campese, Eales… Pero la rotunda celebridad de Pocock en su país va mucho más allá del rugby, de su arrojo para limpiar rucks como si el futuro se acabara mañana, de su alegre disposición a partirse el pecho para llegar primero y la cara cuando llegan los demás. Para la prensa australiana Pocock no es solo el mejor jugador del Mundial, no: en el rabioso paroxismo de estos últimos días y la victoria contra Argentina, los medios titularon: “Pocock es el ser humano perfecto”. Hay una razón para tal exageración. Tiene que ver con el hecho de que el 8 de Australia no es que quiera ganar el Mundial; es que, en realidad, lo que siempre ha querido es cambiar el mundo.

David Pocock, en una comparecencia frente a la prensa estos últimos días, después del choque contra Argentina: su rostro explica su rugby.

David Pocock, en una comparecencia frente a la prensa estos últimos días, después del choque contra Argentina: su rostro explica su rugby.

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