Cheika, un hombre frente al caos

6 10 2015

Lo que está de moda estos días es hablar de Stuart Lancaster, de la dimensión del fracaso inglés y el futuro de su entrenador. Sin embargo, de eso ya hemos hablado de manera suficiente a lo largo de estos años de pretendida construcción. Y además: el partido en el que Inglaterra verdaderamente pierde el grupo fue contra Gales, no en éste frente a Australia: un equipo que ganó en Twickenham con una superioridad manifiesta, sólo comprometida durante algunos minutos por la entrada de Phipps y su desastrosa gestión del reciclaje y los pases en sus primeros minutos en el campo. Inglaterra no tuvo ninguna opción. Lo que hizo Australia fue exponer su estatura actual frente a la decadencia del rival. Por eso merece la pena hablar de los Wallabies. En pocos meses han ganado el Rugby Championship, el sábado se cargaron a Inglaterra de su propia RWC jugando el mejor rugby que se ha visto en el torneo hasta ahora y, de repente, todo el mundo piensa si el tapado no serán ellos. ¿Y todo esto quién lo explica? Aunque no es el único, parece inevitable que lo haga un nombre: Michael Cheika.

Michael Cheika arenga a sus hombres antes del partido con Inglaterra del pasado sábado, una victoria que resume la transformación de los Wallabies con el entrenador de los Waratahs.

Michael Cheika arenga a sus hombres antes del partido con Inglaterra del pasado sábado, una victoria que resume la transformación de los Wallabies con el entrenador de los Waratahs.

Demasiado a menudo olvidamos quiénes son los Wallabies. Nos hemos acostumbrado a esperar durante los últimos cuatro años que los Pumas cazasen canguros en el Rugby Championship; y, de hecho, a que eso ocurriera; o a que los maltratasen sus enemigos de siempre en la Sanzar; a verlos perder en las giras otoñales por el norte; a ver su talento convertido en una reunión de geniales dipsómanos, su melé hecha una fiesta, el vestuario convertido en una jaula de grillos… No es culpa nuestra: se lo han ganado a pulso. Pero, si Inglaterra hablaba de construir un equipo, merece la pena hacer el paralelismo. El mérito de Lancaster, a ojos de la Rugby Football Union inglesa, fue instaurar una cultura de respeto por la Rosa extraviada en el último periodo de Martin Johnson, y particularmente en los episodios de la RWC11: los flirteos nocturnos del cuasi royal Mike Tindall; el lanzamiento de enanos en una juerga post partido; el chapuzón de Tuilagi de regreso de un día de crucero por la bahía… Pero, además de eso, hay que jugar a rugby, elegir con qué hombres, instaurar un plan de juego, ejecutarlo, crecer. Y que dé resultado. Por lo que parece, cuatro años no han sido suficientes. Mientras, en Australia, Cheika sí parece haberlo conseguido. Pero en apenas once meses.

Ese es el tiempo que ha pasado desde que Ewen McKenzie, encargado de cerrar el tumultuoso periodo de Robbie Deans, dimitió de su cargo y se produjo el nombramiento de Cheika. A su llegada, el técnico encontró el caótico escenario habitual, más parecido a un campo de batalla que a un vestuario o una organización del deporte de élite. En el periodo Deans habían sido Quade Cooper y su “ambiente tóxico” en la federación aussie; ahora, con McKenzie, se trataba de Kurtley Beale y su violenta discusión con la business manager de la selección, Di Patston. Esa deflagración interior abrió una guerra civil nada sorda, con los jugadores principales divididos en facciones a favor o en contra del explosivo, en todos los sentidos, utility back de los Waratahs. Como todas las guerras modernas, ésta también fue transmitida en directo por los medios de comunicación.

En esa atmósfera post nuclear, Cheika tomó a su cargo al equipo apenas una semana antes de la gira de otoño, en la cual Australia perdería tres de sus cuatro tests: ganó a Gales y cayó con FranciaIrlanda Inglaterra, que por cierto destrozó la melé de los Wallabies. El mérito del entrenador, en medio del ruido cacofónico de un país de críticas muy ácidas, consistió en hacer de ese punto de no retorno un punto de inflexión. Llamó a sus filas a Mario Ledesma, ex hooker argentino que le iba a hacer de consultor de melé en New South Wales y también en la selección. Los resultados de su trabajo quedaron expuestos en Twickenham el sábado. Antes todo el mundo se reía del scrum australiano. Ahora resulta que es una plataforma de funcionamiento equilibrado, en la que el capitán Stephen Moore se atreve a pedir melé en un golpe franco y su pack logra extraer de la jugada un golpe de castigo. Esto ocurrió contra los ingleses, de forma literal. Foley cobró las deudas.

Cheika, flanqueado por Hooper y Pocock, dos armas de destrucción (y construcción) masiva en la tercera línea australiana.

Cheika, flanqueado por Hooper y Pocock, dos armas de destrucción (y construcción) masiva en la tercera línea australiana.

Hay más, claro. Stephen Larkham trabajando con los de atrás. Y un invento que ahora la prensa llama Pooper: reunir a Pocock y Hooper en la tercera, junto al lebrel Fardy, dinamitando cualquier previsión. La estrategia ha resultado en una asociación de de tremendos scavengers, de jugadores determinantes con la pelota y sin ella, un barrido de variados perfiles que refuerzan todos los aspectos del juego: de la touche al placaje, de la cobertura de terreno abierto al dominio de los encuentros, de las rupturas con cabezazo a ese driving maul con Pocock en la cola que le ha otorgado otra dimensión a sus soluciones de juego, sobre todo en la salida de la touche de ataque. Y contra el que tanta guerra psicológica, sin resultado, intentó Inglaterra en los días previos al partido.

Por lo demás, uno mira al equipo y ve tantos nombres conocidos… Los díscolos Cooper y Beale, éste con un impacto tremebundo el sábado; está Foley, ese Foley que también ha sido muy opinable otras veces y que rajó de arriba abajo la línea inglesa, atacando la ventaja, metiéndose dentro y jugando con un mando que no se ha visto a otro apertura hasta ahora en la RWC. Están más o menos los primeras de casi siempre desde que desaparecieron Robinson Alexander (Sio Slipper, Moore o Polota NauKepu…), y también los segundas: Simmons, Douglas, Skelton, Mumm… Y atrás Toomua, Kuridrani, Folau, Horne… Es verdad que las adiciones de GeniaDrew Mitchell y, sobre todo, PocockMatt Giteau elevan el nivel que no tuvo en los últimos años. Ahora, también la excepción Giteau es trabajo de Cheika, que impuso a la ARU el cambio en sus reglas de elegibilidad. No hace tanto, además, Giteau era otro muñeco de pim pam pum en los Wallabies.

Es verdad que Cheika ganó la Heineken Cup con Leinster y que en un par de años hizo campeones a los Waratahs, pero también Deans tenía su historial vencedor en Canterbury y McKenzie con los Reds… ¿Exactamente en qué es diferente Cheika? Puede que la respuesta, esquiva, esté en las orejas de coliflor del entrenador wallaby. O, más concretamente, en lo que hay entre medias de ese desorden cartilaginoso de los pabellones auriculares. Un hombre que piensa y piensa bien. Que transmite y ejecuta.

Hijo de emigrantes crecido en un suburbio portuario, jugador de rugby trece en su juventud,  Cheika era una improbable estrella del código union. Imponente por su físico y su actitud, alcanzó las inferiores australianas pero nunca disputó un test match. Fue con Randwick, su club, con el que pudo enfrentarse a los All Blacks y el temido Buck Shelford, que lo midió con un golpe temprano y encontró la calma oculta en la frontal fisonomía de Cheika: “¿Es eso todo lo que sabes hacer?”, cuentan que le dijo el ocho australiano al legendario kiwi. La anécdota revela al hombre oculto bajo la carcasa. Donde todo el mundo esperaba, y obtenía, una ocasional brutalidad -aspecto que ha generado no pocas reticencias aquí y allá a la hora de contratarlo-, los más próximos advertían de que la verdad estaba en su inteligencia emocional, la empatía para las relaciones y el conocimiento del juego.

Jugó en Francia e Italia. A su regreso a Australia, optó a un puesto de director comercial que buscaba una diseñadora de moda local. Cheika nunca completó estudios superiores, pero parte de su familia se había dedicado al negocio de la ropa y a él le pareció suficiente bagaje. No se equivocaba. Logró el trabajo y su empleadora, Collette Dinnigan, habló de él así: “Cualquiera querría tenerlo en su negocio”. Le acompañaban adjetivos de este tipo: inteligente, gran gestor de equipos, cordial, con mucho sentido común, don de gentes, buen psicólogo… “Un gigante amable”. Más tarde, Cheika montaría su propio negocio de distribución de moda, Live Fashion. Lo expandió por Europa y ganó mucho dinero. Muchísimo.

Bernard Foley, cuya consideración se ha disparado en esta RWC15 después de la exhibición contra Inglaterra, exactamente como ha ocurrido con los Wallabies.

Bernard Foley, cuya consideración se ha disparado en esta RWC15 después de la exhibición contra Inglaterra, exactamente como ha ocurrido con los Wallabies.

Su carrera como entrenador la inició en Padova, animado por el gran avanzado del rugby australiano en Italia, el inevitable David Campese, Después vendrían Randwick, el episodio LeinsterParís y los Waratahs. Rocky Elsom, veterano wallaby, compartió vestuario con él en la provincia de Irlanda y lo define así: “Gran motivador. Hay pocas virtudes más necesarias para un entrenador en la élite”. Así que en ese perfil imposible, equívoco, se oculta Michael Cheika, el entrenador. Un hombre que ha jugado estos meses a mejorar a Australia, procurando que se mantuviera por debajo del radar de los apostadores. Ganó el Championship moviendo piezas. Después de arrebatarles el título a los All Blacks, en el encuentro en el que puso por primera vez a Pocock y Hooper juntos, cambió a seis jugadores para el último partido de la Bledisloe Cup: fue literalmente arrasado por los neozelandeses, pero se diría que no le importaba demasiado. Había reunido los pedazos de un equipo roto y lo interesante estaba por llegar. En algún momento de ese proceso entrevimos que los Wallabies habían regresado y que, desde luego, habrían de ser Inglaterra y Gales quienes le pusieran nombre al cadáver del grupo de la muerte.

¿Cómo lo ha hecho? Lo distinto, dicen quienes le conocen y han trabajado con él, es su cerebro y su aproximación conceptual y emocional al rugby. El manejo de los códigos. Cheika ha devuelto al equipo australiano el orgullo de la camiseta verde y oro. La humildad. Orden después de un creciente desapego, que se inició después de la derrota de 2003 en la RWC, y que muchos críticos sitúan en la ausencia de un plan de desarrollo del rugby australiano en todos sus niveles, que permitiese relevos más allá de la cada vez más habitual solución de los convertidos del código league. Durante años, dicen quienes sostienen esa teoría, los jugadores se instalaron en una zona de confort propiciada por sus sueldos y por su fuerza ante unos despachos que permitían la situación, y que no hacían nada por remediarlo. Se hicieron blandos, cómodos, poco competitivos. Así durante años… hasta que el modelo implosionó en las formas conocidas.

Con Cheika, el rugby es otra cosa. Los gestos tienen importancia porque comunican un sentido de grupo, valores, pertenencia y responsabilidad que no se puede extraviar ni siquiera en la élite. En los Waratahs, acabó con el paisaje de un campo sembrado de botellas, vendas y material desechado por los jugadores al final de cada entrenamiento: los obligó a encargarse de eso. La actitud tiene que ver con un pasaje de Legacy, el libro en el que el autor John Kerr relata la vida íntima de los All Blacks y la obligación de barrer su vestuario después de cada partido: “Te enseña responsabilidad. Te demuestra que nadie va a hacer por ti el trabajo que te toca hacer a ti; y que no puedes dar nada por supuesto”, corrobora Andrew Mehrtens. Cheika llegó a los Wallabies con una escoba. Levantó la alfombra y ahora airea su rugby.

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10 responses

12 10 2015
tony

Una cosa ha quedado demostrada……..cuanto más alejado esté Quade Cooper del verde en mayor medida crecen las opciones de los canguros de llegar lejos. Australia es la selección que más cosas me ha dicho en la primera fase, tal vez porque es la única que ha tenido que solventar dos envites realmente serios. Enorme el trabajo de Cheika en estos últimos meses, dotando de una consistencia al equipo de la que adolecían los aussies en los últimos tiempos. Con Foley a los mandos el juego gana en solvencia y fluye a un ritmo altísimo. Y Giteau…que decir de Giteau…….Un jugador fuera de categoría………….uno de los tres o cuatro grandes del Rugby Mundial en la zona de creación……..impresionante lo que le da al equipo…….

Tremenda también la influencia del trabajo de Ledesma con los gorditos……….se nota ese toque pumita en el juego de pick and go y en el maul…..Y tremendo el trabajo de la tercera línea……Literalmente ridiculizó a Roabshaw, Morgan y cía en los puntos de encuentro…..ya contra una tercera de similares prestaciones como la galesa(y eso que Gatland, para mi un técnico un poco plomizo prefiere a Lydiate en lugar de Tipuric) el juego se equilibró algo más, pero en el día D aussie, que era contra Inglaterra, se pasó por la piedra a la tercera de la rosa.

6 10 2015
peleida

otra pregunta que me queda en el aire es
¿es esta australia tan majestuosa? o ¿lo que decidió el partido (y el grupo) fue, que desde el minuto 60 contra gales , Inglaterra jugo con una pesadísima mochila en la que el miedo al fracaso aumentó el ya de por si extraño camino que ha llevado este seleccionado los ùltimos años?
quizas en el medio de los dos este la respuesta , pero seguiremos mirando con atención.

6 10 2015
ornat

Majestuosa no lo diría yo. El adjetivo se lo reservo a determinados partidos de los All Blacks, cuando se ponen a jugar a un ritmo sublime. Lo que sí veo en Australia, habiendo mejorado sus puntos débiles, es un potencial enorme porque pocos equipos tienen la velocidad de juego de ataque suya; está en su personalidad. Y esa tercera, hoy día, me parece diferencial. Muy competitivos en los encuentros (a menudo ganadores) y tremendos en juego abierto. Es una mezcla explosiva. Respecto a Inglaterra, desde luego ese factor pesó mucho: el equipo estaba superado. En el primer tiempo Australia lo volteó como a un muñeco. Pero ese pánico, aparte de las circunstancias, ocurre también -a cualquier nivel- cuando un equipo se da cuenta de que no tiene mecanismos (ni en el campo ni fuera), ni tampoco recursos de juego para frenar lo que está pasando. Gales se venía para arriba e Inglaterra nunca supo cómo hacerle frente. El miedo los devora porque no tienen respuestas físicas, deportivas y tácticas para hacer frente al tamaño del problema. Es mi interpretación.

6 10 2015
peleida

buenas mario dios me libre de corregirte(soy solo un modesto admirador) pero Gales y Australia juegan este fin de semana una final para ambos.
el que pierda juega cuartos con Sudafrica y el que gana juega cuartos con Escocia y luego las semis con irlanda , argentina o francia
el que pierda se va al lado del cuadro(que dirian en tenis) donde estan sudafrica y nueva zelanda.
a bokkes y blacks solo los encontrarían en una hipotética final.

sobre lo del mal dia esta claro, que se lo pregunten a los all blacks

Una duda sobre el partido del sabado, hooper ha sido llamado a declarar y podria ser sancionado (aun no he leido si finalmente hay sancion o no), ¿no te parecio raro que no viera amarilla?

Por cierto hasta ahora Pocock me parece el jugador del torneo su partido del Sabado fue soberbio.

6 10 2015
peleida

me refiero al que gane, el que gane entre Gales y Australia solo veria a los blacks y bokkes en una hipotetica final(teniendo en cuenta que ganase cuartos y semis cosa nada facil)
pero si tendria un camino algo menos complicado en teoria

6 10 2015
ornat

A mí se me puede y se me debe corregir: sólo soy el que escribe, no el que más sabe ni alguien infalible. En este caso lo haces con toda la razón. He cruzado pensamientos y, de paso, el cuadro. Lo que quería decir, y he dicho tan mal, es ese tópico de que cualquier aspirante al título ha de pasar por la piedra de cruzarse, tarde o temprano, con los mejores. Está clara la importancia del choque del sábado para abrirse camino por ese lado del cuadro.

6 10 2015
Jun

Mas que limpieza a sido recondución del vestuario, 3 de los 4 “elementos” siguen en el equipo, aunque yo a Cooper no lo quiero ni regalado, el único que se ha cargado, O´Connor no hay por donde salvarlo.

Por lo demás, tremendo el trabajo en la mejora en melé y con la tercera línea

Y como muy bien dices, la actitud. Australia siempre ha tenido talento y jugadores, y ahora son un equipo, un equipo serio y duro que siempre rinde muy bien en las RWC y a los que hay que tener muy en cuenta para el triunfo final

6 10 2015
ornat

Era un símil con lo de barrer el vestuario. Está claro lo que dices, y para mí es una gran parte del mérito que se le puede atribuir: ha limpiado el vestuario limpiando las actitudes, no a los jugadores. Eso indica la capacidad de transmitir y convencer que tiene y su conexión con el equipo.

6 10 2015
peleida

buenos dias:
Australia ha demostrado ser un equipo duro, y muy trabajado(quien lo hubiera dicho hace 10 meses). Pocock y Hooper estan rindiendo a un nivel altísimo, aunque Hooper es quizas a la vez un poco peligroso debido a ese caracter que hace que cometa tonterías como la del Sábado que pueden llegar a costarle muy caras.
lo malo para Australia es que ahora juega otra final contra gales y tambien ha de ganarla porque si la perdieran deberìan jugar contra Sudafrica en cuartos y eso si seria una bomba.

6 10 2015
ornat

Si no se los encuentran en cuartos, se los encontrarán en semifinales. El cruce con los Boks, salvo sorpresa mayúscula, es inevitable para cualquiera que aspire al título. Desde luego el camino de cualquiera del grupo A es mucho más duro que el del resto, porque ya han tenido que jugar a mayor nivel de partida. Y en las eliminatorias no basta la teoría ni la lógica: un mal día, cualquier error, te manda a casa.

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