Nadolo y el efecto estampida

18 09 2015

Si Nicola Matawalu, el medio de melé de Fiji, escuchase el himno emparedado entre el segunda Leone Nakarawa y el ala Nemani Nadolo, tendríamos una suerte de versión Pacífico Sur de la icónica imagen O’Callaghan/Stringer/O’Connell. Y los fijianos nos caerían aún mejor de lo que nos caen ya de por sí. Digamos en defensa de Matawalu que mide tres centímetros más que el enérgico nueve irlandés, pero hablamos también de uno de esos medios de gatillo fácil, con un centro de gravedad tan bajo que a veces da la impresión de que no necesita rodear un ruck, porque con su estatura sería capaz de pasar inadvertido por debajo de las montoneras. Matawalu ha compartido equipo -ahora jugará en Bath– con Nakarawa: esos Glasgow Warriors de improbable inspiración polinésica, en los que Gregor Townsend ha instaurado una delegación conceptual del juego oceánico que está poniendo boca arriba el juego escocés. Son nombres a los que atender esta noche en esa especie de David contra Goliath que acogerá Twickenham: Fiji contra los anfitriones, Inglaterra. Aquí la cuestión es que el supuesto David, al margen de Matawalu, tiene un tamaño considerable. Esa condición está resumida en el tercer elemento del triángulo que hemos dibujado: Nemani Nadolo. Un crusader tamaño Lomu (1,94 y 125 kilogramos, más grande de lo que lo era el mito en 1995, de hecho), cuya pesada maquinaria arranca bufando como una locomotora de explosión y provoca en los fijianos su querido efecto estampida.

Nemani Nadolo, ala y centro en Fiji, pateador a palos: un ciclón natural que revienta en cada acometida.

Nemani Nadolo, ala y centro en Fiji y en los Crusaders, pateador a palos: un ciclón natural que revienta en cada acometida.

La historia de Nadolo lo reclama como el primero de los muchos personajes que van a atravesar los campos de la RWC15 en las próximas semanas. Es más que probable que el resto lo haga su rugby, aunque la frontera de Fiji en el llamado grupo de la muerte no pasa de dar algún susto y varios tortazos, pese al inflamado y algo abusivo discurso del presidente fijiano, Frank Bainimarama, en la despedida del equipo: “Esperamos de vosotros la victoria. No sólo en cada partido, sino en la Copa del Mundo. Me han dicho que para eso solo tenemos que apartar a los británicos, sacar a empujones a los australianos y… estaremos en cuartos”. Pero volvamos a Nadolo… La rotundidad del perfil físico se corresponde con las aristas de la semblanza personal. Nacido en Sigatoka (Fiji) en enero de 1988, la carrera como jugador de su padre Isei Nasiganiyavi lo llevó a los tres meses al estado de Queensland, en Australia. Allí nacería su hermano, Kirisi Kuridrani. El hecho de que ninguno de los tres de esta saga lleve el mismo apellido indica la ruptura del padre con la familia, cuando los chicos aún eran jóvenes. Como respuesta por aquel abandono, ya en edad adulta los dos hijos se cambiaron el nombre: Ratu Nasiganiyavi se convirtió en Nemani Nadolo, adoptando el apellido de soltera de su madre y el segundo nombre de su enrevesada onomástica: Ratu Nemani Driu Nasiganiyavi. Su hermano, también jugador, pasó de Chris Nasiganiyavi a Chris Kuridrani. Y si en este enredo de apellidos usted se lo está preguntando, la respuesta es sí: Tevita, el Brumbie, es su primo. Y también Lote Tuqiri. O sea que el árbol genealógico de esta gente es tan recio como sus percusiones en carrera. Para desentrañarlo hace falta alguien más leído en heráldica. Pero esos son los hechos.

Naturalmente, todos ellos tienen la doble nacionalidad fijiano/australiana, pero Nadolo nunca cuajó en los Waratahs, el equipo que lo tuvo en sus rangos inferiores y con el que no alcanzó a debutar en el Super 15, pese a haber sido internacional sub20 con los Wallabies. A cambio, al joven Nadolo lo ficharon en Bourgoin y, después de jugar cuatro ratos en Francia, salió rebotado para Exeter Chiefs, donde su carrera hizo aguas con un par de episodios absurdos: primero, una alineación indebida, incumpliendo por error las premisas de la normativa Kolpak; y, después, una sanción por conducir borracho cuyos detalles alumbran un pertinaz infortunio: a la salida de un club después de una noche de jarana, Nadolo se sentó en el asiento del conductor y, con el coche estacionado, se quedó dormido. La policía tocó en su cristal y el resto, ya se sabe. Cuando se quiso dar cuenta estaba jugando en Japón: “Cualquiera con dos piernas puede jugar ahí”, ha dicho… Desde 2014 alterna en los Green Rockets con Fiji y, sobre todo, el equipo en el que ha hecho impacto de verdad: los Canterbury Crusaders.

Y ahí Nadolo, al que dicen que le gusta más jugar de primer centro (con Fiji lo ha hecho también como 13), se metió en el carril del ala y desde los flancos se dedica a amenazar todo el frente de ataque, explotando su elusiva velocidad y ese tranco de bisonte mentirosamente desbocado, que obliga a los rivales a placarlo por acumulación. Porque si confusa es la historia de su nombre y la zigzagueante trayectoria de su carrera en el rugby, aún más engañosa resulta su estructura a la hora de anticiparlo como jugador. Nadolo no se dedica a chocar con las paredes. Sabe que quien lo mira espera exactamente eso, que corra recto y derribe por colisión, pero Nadolo tiene bien incorporado el concepto de que el rugby no es sólo, y sobre todo, un juego de invasión; para la conquista, antes se hace muy necesaria la evasión. El intervalo  es su meta. Si faltara alguna rareza, también es el encargado de patear en Fiji: a Canadá le metió nueve de nueve. Todo lo explica con el mismo argumento: “Jugué de crío al fútbol y eso tiene sus ventajas”.

Por ese camino, anotó 21 ensayos en 27 partidos con los Crusaders e igualó la producción de Folau, la máquina más engrasada en el momento. Sus estadísticas lo incorporan entre los jugadores que más defensores rebasan en el Super15, y desde luego de los que más metros recorren como ball carriers: una media por encima de 10 metros avanzados en cada carrera. Hablamos de un ala descomunal en todos los sentidos del término, del que los reportajes periodísticos dicen que desayuna cinco huevos escalfados, almuerza cinco caballas y cena ligero: un pollo entero (o dos) o medio kilo de carne si no hay ave a la vista. A los 12 años pasaba de 1,80 y está acostumbrado a la sospecha (“demasiado lento para ser ala… ¿por qué no juega de delantero?”), tanto como a su derribo. Esta noche amenazará a ese bailarín de claqué de pies juguetones que es Anthony Watson.

Sí… está claro que Fiji no va a ir lejos. Pero lo que tenemos casi seguro es que, lo que avance, lo hará de la mano de sus (relativamente) anárquicos velocistas y camiones articulados: Goneva, Qera, Tikoirotuma… Y, desde luego, Nadolo: el ala con cuerpo de forward y pie de apertura.

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2 responses

18 09 2015
peleida

A sus pies
que alegria volver a leerle
un saludo y a disfrutar estos dias

18 09 2015
ornat

Welcome back, everybody… Disfrutemos. Gracias.

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