Europa después de la guerra

17 10 2014

¿Es posible que una guerra en Europa mejore algo? A cien años de la Gran Guerra en el continente, una pregunta así parece ordinaria, pero en el rugby todo es posible. Europa, tras la batalla, ha mejorado mucho. Hablamos de la nueva Champions Cup, la competición que sustituye a la celebrada Heineken Cup, y que arranca esta misma noche. De la ruidosa conflagración que durante meses puso en peligro la convivencia entre federaciones y clubes en medio del profesionalismo, ha surgido un torneo de apariencia fantástica, en el que hay un sistema de clasificación más justo, más dinero para repartir, dos operadores televisivos y menos clubes… Es decir: mejores partidos. A tal punto que los choques mayúsculos empiezan desde la fase de grupos. Y que nadie se puede dormir porque se lo llevará la corriente. Si la guerra era esto, como decía aquél, que no se acabe nunca…

La presentación de la Champions Cup, una Copa de Europa recauchutada y de apariencia espectacular.

La presentación de la Champions Cup, una Copa de Europa recauchutada y de apariencia espectacular.

La nueva copa de Europa parece un festín, desde todos los puntos de vista. La reducción a 20 equipos participantes tiene su lado brillante, encarnado en la nómina de partidos de, por ejemplo, esta primera jornada: Harlequins-Castres esta noche; Saracens-Clermont, Leicester-Ulster, Glasgow-Bath, Racing Metro-Northampton, el sábado; y el domingo, tachán… Leinster-Wasps, Toulon-Scarlets y, para aficionados conspicuos al Top14, Toulouse-Montpellier. El fin de semana lo completarán Sale-Sharks-Munster, donde nadie es manco, y Ospreys-Treviso. Lógicamente, allí donde caiga el contendiente italiano subrayarán los aficionados el partido menos interesante de cada jornada. Pero, por lo demás, el resto es lo que los ingleses dicen mouth watering. Ya no hay que esperar a los cuartos para que la batalla se ponga seria. Aquí es todo jamón.

Es el resultado de la redefinición del torneo, después de una larga discusión legal que enarcó muchas cejas. Ingleses y franceses se quejaban, no sin razón, de que los equipos del Pro12 se clasificaban para la Heineken Cup silbando, porque tenían las plazas aseguradas de antemano y podían dedicarse a especular con las alineaciones y descansar jugadores sin peligro de ver amenazada su plaza en el continente. Eso ha cambiado. Ahora han de ganárselo. La nueva Champions Cup no clasifica solamente a los campeones, pero sí fuerza una competencia notable en cada liga: ahora, sólo un equipo de cada país del Pro12 se clasifica para la competición. Es decir, un irlandés, un galés, un escocés y un italiano. Los primeros de cada uno de esas unions. Las otras tres plazas (de las siete disponibles para la liga celta) se completan con los tres mejores clasificados en la tabla). Francia clasifica a seis equipos; e Inglaterra, a otros seis. Eso hace 19: la vigésima plaza sale de un play-off entre los séptimos mejores clasificados. Al menos, este año. El sistema para la concesión de ese último spot podría cambiar en años sucesivos.

Así, la Champions Cup se ha cargado ese concepto tan popular del llamado grupo de la muerte. Ahora todos son, más o menos, grupos de la muerte. Con gallos, campeones, aspirantes y equipos en forma cruzados por el sorteo desde el primer día. El asunto del dinero, que estaba en el fondo de la cuestión desde el primer momento, se ha resuelto por arriba. A ratos, uno se pregunta si hacía falta tanto enfrentamiento para acabar así. En el origen del problema, cantaban los ingleses, el asunto estaba en que la Premiership y sus clubes habían firmado un acuerdo con el operador BT, mientras que los derechos de la competición pertenecían a Sky. La solución cuál ha sido: que ambas televisiones emitirán la Champions Cup. Todos los partidos (*). Había más. Con el viejo sistema de reparto de los ingresos, los equipos del Pro12 se repartían el 52% de las ganancias; Inglaterra y Francia, el 24%. Aquello no podía durar mucho. Y no lo ha hecho. Ahora la pasta la reparte Salomón: 33% para cada uno de los tres bloques (Premiership, Top14 y Pro12), además de establecer una compensación de 20 millones de libras para los celtas/italianos durante los primeros cinco años de competición. Y si el beneficio excede los 60 millones, cosa que la organización espera que ocurra en un par de temporadas, irlandeses y galeses también se llevarán una parte. El sistema de compensaciones ha dejado a todos contentos. Ha sido ganar o ganar. Al menos por ahora.

Retirado Wilkinson, Toulon busca su tercer título consecutivo, una hazaña monumental: y el resto, derribar al orgulloso campeón francés.

Retirado Wilkinson, Toulon busca su tercer título consecutivo, una hazaña monumental: y el resto, derribar al orgulloso campeón francés.

Heineken sigue siendo patrocinador de la competición, pero ya no será el único y tampoco le dará nombre. Es una puerta abierta para elevar las ganancias por ese lado. Lo más importante es un detalle legal que hace bascular todos los resortes de poder del rugby europeo: esta Champions Cup ya no la controlan las unions, como ocurría con la Heineken Cup; ahora, quienes pinchan, cortan, juegan y ganan (en lo económico) o pierden (en lo deportivo) son los clubes. En lo deportivo, no caben más alicientes. Toulon en busca de lo que sería un histórico triplete de títulos consecutivos. Y todos los demás en una lucha de octubre a mayo por derribar a los franceses en el primer año después de Wilkinson. Es la pregunta. ¿Es capaz Toulon de repetir la gloria sin los puntos del excelso pateador inglés? De eso se trata. No falta quien cree que este nuevo sistema perjudica a la Europa de segunda línea (entiéndase, los Zebre y demás…) porque les cierra una puerta al progreso. Pero así es la modernización, un camino que el rugby va completando poco a poco sin detenerse ni mirar atrás. Veinte años después de que Rupert Murdoch forzase la conversión del deporte en profesional con su amenaza de comprar a los mejores jugadores del mundo y montar una competición transcontinental en el hemisferio Sur, el rugby de clubes europeo adopta la forma (casi) definitiva de un torneo ultraprofesional. Habrá quien sienta nostalgia. Habrá quien se divierta sin mirar atrás. Habrá para todo, pero… esto es lo que hay.

(*) En España, Canal+ seguirá emitiendo el torneo, como ya empezase a hacer el año pasado con la HCup. Este fin de semana ofrecerá Saracens v Clermont (Sábado, 16:15) y Toulon-Scarlets (Domingo, 16:15). 

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2 responses

26 04 2016
Dan Carter, a la conquista de Europa | Mamá, quiero ser pilier

[…] Cup, nacida sobre el cadáver aún caliente de la Heineken; una competición ideada por la revolución de las clases poderosas del rugby continental: los clubes de Inglaterra y Francia, que forzaron a redefinir la […]

17 10 2014
Phil Blakeway

Me alegro de verle de regreso, Mr. Guadiana

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