Lo que aprendimos (o no) del Rugby Ch’sp

16 10 2014

Para empezar, una disculpa. Yo debería escribir aquí mucho más a menudo de lo que lo he hecho en estas últimas semanas: particularmente del Rugby Championship. Pero por desgracia tuve que dejarlo a mitad, en todos los sentidos. No vi más partidos en directo, acosado por otras obligaciones, y a duras penas he logrado ver de seguido todos los que tenía pendientes. Como arrastro la deformación profesional de la inmediatez periodística, me parece inadecuado hablar tantos días después de encuentros y de un torneo que ya acabó, pero trataré de desgranar algunas reflexiones a modo de conclusión, resumen o, tal vez, simple reencuentro con los que estáis al otro lado. Muchas cosas las voy a comentar de memoria, así que si hay errores o el recuerdo me traiciona, corregiremos sobre la marcha. Sean ustedes condescendientes.

Ya sabíamos que los All Blacks ganarían el Rugby Championship, una vez más, y que su dominio a lo largo del torneo ha sido indiscutido… hasta el último día. La victoria de los Springboks, en un test monumental por cierto, corrige algunas líneas de percepción y abre debates. Aunque aquí siempre creemos que el fenómeno se repite cada vez que los All Blacks sufren uno de sus (raros) tropiezos, pero esa es otra historia. El torneo derivó en esta segunda fase no comentada en varias direcciones distintas a la línea general, la de la superioridad indiscutible de Nueva Zelanda. Ahí van algunos apuntes:

Agustín Creevy, capitán de Argentina y autor de un torneo soberbio, celebra con el equipo Puma la victoria sobre Australia. La evolución del XV de Hourcade, a un año del Mundial, dispone a los Pumas para un futuro prometedor.

Agustín Creevy, capitán de Argentina y autor de un torneo soberbio, celebra con el equipo Puma la victoria sobre Australia. La evolución del XV de Hourcade, a un año del Mundial, dispone a los Pumas para un futuro prometedor.

1) Argentina ganó con brillantez su primer partido del torneo. A los Wallabies (cómo no). El triunfo Puma fue resonante, y con razón. Primero por lo que tiene de dato para los anales: le ha costado tres participaciones alcanzar esa orilla, pero todos sabemos que, de un modo u otro, ha estado cerca ya antes, varias veces. La más próxima, en el tiempo y en la forma, fue el propio choque de ida en Australia. Ahí Argentina dio la impresión, hasta la última jugada, de ser el ganador. Y por lo que yo recuerdo de aquel encuentro, vino a confirmar algo importante: que el equipo que ha armado Hourcade, y su idea de juego, convierten a Argentina en un equipo mucho más peligroso y anotador cuando aleja la pelota veloz de las zonas de encuentro que cuando intenta entrar jugando por delantera, en apoyos cortos o echando mano de recursos que le han sido muy apreciados, como el maul, el pick and go o la sucesión de rucks y cargas pesadas. Sus variaciones tácticas hablan de una evolución muy apreciable: ese partido fue capaz de meter poca gente en los rucks en defensa, para tener gente en la línea. Si no ganó fue porque no acertó a acabar el trabajo, pero hizo (casi) todo lo necesario para ello. En el que sí vencieron en La Plata, esas convicciones traídas de partidos anteriores (inolvidable su demolición de la melé sudafricana, una revelación a nivel mundial) le permitieron sobreponerse a notables fallos defensivos en el medio campo, que propiciaron dos ensayos de ventaja para Australia. La remontada Puma fue memorable de todo punto. Y consagró a un equipo con una primera línea dominante, un Lavanini creciente en la segunda, una tercera versátil en la que además siguen apareciendo recambios jóvenes y, sobre todo, una tres cuartos con jugadores temibles de ataque: magnífica la competencia entre los nueves Landajo y Cubelli; soberbio Nico Sánchez a la mano y al pie (un 10 que juega, hace jugar y anota, ojo); vital la reconversión de Juan Martín Hernández como primer centro, abonando esa tendencia tan actual del doble apertura; seguro y peligroso Tuculet al fondo; e incontenible Montero en las finalizaciones. Ahí hay jugador para rato. Aquí hay equipo para rato. A un año de que se cumpla la invitación a cuatro Rugby Championship, y con la entrada del rugby de club argentino en el Super Rugby, el resumen que permiten estos últimos meses es sencillo pero no simple. Hourcade ha reformulado a Argentina para mirar al futuro. Nada más y nada menos.

2) Argentina ganó a Australia. La amenaza latente duraba varios años, porque los Wallabies entran y salen de su agujero con desconcertante facilidad. Después de un arranque de torneo pésimo, discutido y tormentoso (la opción de Beale por delante de Foley como apertura acabó reventando, entre otras cosas), Australia había apuntado una cierta mejora desde que el par Phipps (y no pensé nunca decir algo así sobre Phipps) y Foley ocuparon la bisagra. Lo de Foley estaba cantado. Había otro problema si cabe mayor: el bajísimo nivel que ofreció White como medio de melé. Después del engañoso empate de partida con los All Blacks (12-12), del que ya hablamos, el motor quedó gripado como era de prever. Sigo sin entender por qué no juega Cummings (*) de ala, por ejemplo. He de reconocer que el otro aspecto de mejora vino con el desplazamiento de mi admirado Adam Ashley-Cooper al flanco. Siempre lo preferí como centro, siempre, pero con él al fondo la línea de Australia sumó amenazas. Y además, Kuridrani justificó su entrada como centro: tiene la agresiva velocidad y potencia de choque necesarias para abrir caminos. Los Wallabies lo necesitan, porque su táctica de que Izzy Folau se lleve por delante al mundo entero no va a funcionar siempre: la mayoría de equipos han sabido cerrarle caminos al exuberante zaguero. Y eso tapona buena parte de la deseada expansividad del juego australiano. Delante, las debilidades habituales, subrayadas por las sucesivas lesiones de los talonadores: Stephen Moore, Polota-Nau y el heroico Nathan Charles. Al final acabó volviendo Fainga’a, uno de esos jugadores que, para mí, siempre anticipa en los Wallabies un escenario de mediocridad. La segunda no acaba de rehacerse y en la tercera me gustaron mucho, como suelen, el muy agresivo Fardy el capitán Hooper. No veo, sin embargo, un ocho convincente en Palu. Ya no sé si es cosa mía o no, pero ni él ni Higginbotham me parece que estén al nivel preciso. En fin, que este sábado, en Brisbane, Australia cierra la Bledisloe Cup contra los All Blacks: ya la tienen perdida, así que el partido trata de lo de siempre, de cómo reaccionarán los negros a la derrota en Sudáfrica. Después, en noviembre Australia recuperará parte de su prestigio y vuelta a empezar el movimiento pendular de los últimos tiempos. En el mientras tanto, Inglaterra sigue siendo el tercer equipo en el ránking IRB. Al fondo, la Copa del Mundo de 2015 obliga a los Wallabies a mucho más. Por no hablar de su tradición de rugby, de la historia y, por supuesto, de sus propios jugadores.

3) De Sudáfrica diremos que su campeonato dibujó trazos decepcionantes en buena parte de los aspectos que creíamos seguros: la primera línea (no me han convencido ni Bismarck ni Jannie du Plessis… y sigo pensando que Adriaan Strauss es algo más que una alternativa de talonador), no ha funcionado la recuperación de veteranos como Victor Matfield o Botha; ni tampoco la inclusión de un joven como De Jager, en lo que respecta a la crucial segunda línea sudafricana. Atrás, Willie Le Roux ha ensombrecido su mejor versión. Tampoco el capitán Jean de Villiers ha sido el de otros años. Serfontein afiló el segundo centro, tiene lo que hace falta para llenar un puesto como ese. Pero la gran amenaza verde fue el ala Hendricks, presto siempre para la finalización tumultuosa. Y sí, mucho mejor, lo de la tercera: Vermeulen fue una apisonadora contra los All Blacks, el hombre cuya agresividad en los encuentros le ganó el partido a Nueva Zelanda. Porque fue ahí, como hizo Inglaterra hace dos años en Twickenham, donde hay que ir a buscar a los All Blacks, al breakdown. Las bajas de Louw primero y de Willem Alberts más tarde provocaron un terremoto en la tercera Bokke. Pero ha resultado en varios hallazgos notabilísimos. Aunque por ahí pasaron clásicos como Juan Smith, quienes verdaderamente han llenado el puesto han sido jóvenes como Marcel Coetzee (versátil en ambos lados y de lo mejor de Sudáfrica todo el Rugby Championship) y, a última hora, el inexperto pero muy considerable Mohoje (24 años, hace dos temporadas jugaba aún rugby universitario y tiene una limitada experiencia en el Super Rugby). Con su espectacular ratio de trabajo en los encuentros (magnífico en defensa, pescando pelotas, y temible en ataque), Vermeulen ha relanzado la línea. Después de una semana de dudas físicas por problemas en un cartílago de la rodilla, el número 8 soltó un partido espectacular, que culmina su tremenda progresión. Por atrás, la lesión de Pienaar le hizo bien al ritmo del equipo, aunque Hougaard tampoco haya sido santo de nuestra devoción nunca. Pero la diferencia real la ha marcado, opinamos, el proceso de adaptación a la élite de Handre Pollard. Pagó la inexperiencia en esos niveles, pero ha terminado jugando como debe jugar un apertura de los Springboks. Y con él, el resto del equipo: agresivo delante, veloz y variado atrás. ¿Basta esto para comprometer el dominio All Black el año que viene en Inglaterra? Veremos… se encontrarían en semifinales. Para eso queda mucho, aunque sea poco: ya hemos visto cómo fluctúan los equipos de un verano al siguiente. Sudáfrica tiene (casi) todo lo necesario. Pero lo necesita en su mejor nivel. Bastante mejor de lo que ha mostrado este año en el Rugby Championship.

4) Nueva Zelanda, por fin, ha sido campeón por tercer año consecutivo. La derrota en la última jornada acaba con la racha de 22 partidos sin perder. Como siempre decimos, los All Blacks, estos All Blacks, están ya por derecho propio entre los equipos con mejor rendimiento histórico en este y en cualquier otro deporte. Han compuesto una dinastía indudable que va más allá de tropiezos puntuales, pero tienen un objetivo: corroborarlo con títulos consecutivos de la Copa del Mundo. Su mejor virtud, glosadas mil veces todas las otras, va más allá de sus individualidades o de la capacidad de producir partidos asombrosos (el de Argentina de este año, la paliza de más de 50 puntos a Australia) y sacar adelante otros ajustados. Su gran valor es colectivo y tiene que ver con un intangible: la capacidad de aprender de las (raras) derrotas, de los fallos y los desajustes. De corregir sobre la marcha. De convertir un defecto (sea ocasional o estructural) en una palanca de evolución. La búsqueda de grietas en los All Blacks es un deporte colectivo del planeta rugby, del que todos participamos más o menos convencidos. Lo hacen, desde luego, los rivales, en su obligación de derribar al macho alfa de la manada. Y lo hacemos críticos y aficionados (todos somos un poco de todo) cuando atisbamos la más mínima debilidad. Ahora se habla de cierta blandura en los breakdowns, conjetura que apunta nada menos que a Kieran Read (no ha sido el mismo del año pasado, claro, pero es que aquello era una locura) y de Kaino, otro clásico aún más clásico si cabe. Hay algo de verdad y de mentira en ese juicio. Una verdad es que a mí me parece que Steve Hansen no debería, hoy por hoy, prescindir del trabajo, la pujanza y el estado de agitación de Liam Messam. Kaino tiene una clase fuera de toda duda, pero la industriosidad de Messam me parece mucho más relevante. Otra verdad es que, como ya hemos dicho arriba, si hay un punto que parece clave para ganarles a los All Blacks es ser extraordinariamente agresivo en los puntos de encuentro. Lo hicieron Inglaterra y Sudáfrica. Ahora, saber que ese es el modo no supone que cada equipo sepa ni logre hacerlo con regularidad. Reproducir tales niveles es muy complicado. Por eso Nueva Zelanda domina, porque es mejor, en la mayoría de apartados, casi todas las veces. Un casi muy amplio, por cierto. El casi implica que Beauden Barrett nos parezca un jugador asombroso cuando resulta que es ¡el tercer apertura de Nueva Zelanda! La ecuación es así: si tienen segundos y terceros relevos como Cruden y Barrett (habrá que ver si el regreso de Carter trae a un jugador aún entero físicamente o no), discusiones sobre si ha de jugar en el fondo Ben Smith o Dagg, presuntos secundarios del nivel de Fekitoa o Cory Jane, y no digamos si resulta que ya se ha puesto sobre la mesa (lo hizo el propio Hansen) el debate transtemporal sobre si Savea es o va a ser mejor que Lomu… si todo eso es así y lo llevamos confirmando tantos años, la pregunta sale sola: ¿Verdaderamente hay alternativa a estos muchachos? ¿O es una legítima ilusión colectiva?

 

(*) Ahí va una corrección (habíamos avisado), cortesía de Eugenio Astesiano (@UgeAstesiano): el honey badger Cummings está jugando en la liga de Japón, lo que lo inhabilita para hacerlo con Australia. Eso explica mucho mejor la ausencia de lo que lo había hecho yo. También me apunta Uge la lesión de Palu, que llevó a la titularidad (detalle que no había recordado) también a McAlman como número 8, además del mencionado Higginbotham. De cualquier modo, ninguno de los tres, y aquí insisto, me alivian el juicio. ¡Gracias, con lectores así uno camina sobre seguro!

 

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3 responses

18 10 2014
Dudu

Se te echaba de menos Mario

16 10 2014
migueltuck

Gracias por el analisis Mario, como siempre un placer macho.

Me quedo con tu reflexion final sobre si alguien podra hacer sombra a los All Blacks en el mundial.

Yo los mundiales los veo muy diferentes, a lo que voy es con el topicazo de que a un partido cualquier seleccion con nivel les puede ganar, como bien dices si hace las cosas muy muy bien.
En un mundial supongo que se les acentua la presion, les crecen las dudas y les tiemblan mas las manos, que para eso son seres humanos aunque no lo parezca. Ademas son el equipo al que todas las selecciones le buscan el antidoto, asi que supongo que esto es otro factor en su contra.
Dicho esto si el Mundial se disputase entre todos los equipos clasificados en formato liguilla, no me queda duda que ganarian, porque son el mejor equipo en el dia a dia, pero un periodo concreto de tiempo son mucho mas batibles.

En lo deportivo yo tambien esperaba mas de Kaino, sobretodo en ese factor fisico del que hablas, a Read ya no lo dejan campar a sus anchas y es normal que haya bajado el nivel. Cruden creo que tiene que espabilar sino pasara de ser el teorico 2 al 3. Preveo que los equipos le van a intentar tirar la defensa por el canal del 10-12 este noviembre,veremos.
Por cierto cada dia que pasa me da pena que Conrad Smith y McCaw cumplan años, esa gente lleva el manual del rugby en la cabeza.

Un saludo

16 10 2014
Jose Ignacio Marca

Hola Mario, no he tenido tiempo de hacer el analisis de este Torneo para Marca, pero iría en esta línea argumentativa. Fenomenal ARG, ya ha introducido la necesaria velocidad en sus acciones y la participación de todo el colectivo en el juego, empieza a sorprender y no enfoca el juego en la delantera. McKenzie erró totalmente al repetir equipo contra NZ, pensó que la inercia Waratah le daría para doblegar a NZ y, amigo, eso solo lo pueden hacer SUD e ING. Después pasó de competir y su entrenador no introdujo los cambios necesarios, poco hambre hay. SUD solo jugó bien contra NZ, le supo jugar, sobre todo allí, porque NZ no fue auténtica, no quiso la posesión, todo patadas, quería huir de su campo pero no vi peligrar su victoria, pues solo había embestidas a 5 metros, nada de creatividad o balón a la mano, puro Bok. De NZ que decir, como dices es de notable alto en todas las facetas del juego y no hay debilidad alguna en melée, perdió con un golpe desde 50 m y al final, no veo fisura alguna y si mucho trabajo colectivo.

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