La fe de Thomond Park

24 04 2014
"Nada es imposible, para aquéllos que son valientes y conservan la fe": el lema de Munster, síntesis escrita de su personalidad como equipo de rugby.

“Nada es imposible para los valientes y los que tienen fe”: el lema de Munster, síntesis escrita de su personalidad como equipo de rugby.

Una tarde de entrenamiento invernal, de esas que componen la gloriosa e inolvidable vida íntima de los equipos pequeños de rugby, nuestro entrenador entró en el vestuario y, antes de sentarse y sin mirar a nadie, anunció: “Me he convertido a la religión de Munster”. Era un tipo impulsivo, así que la declaración no nos extrañó gran cosa. Precisar la fecha no puede ser muy difícil: debe de haber sido entre 2007 y 2008, algo antes o después. En todo caso, en aquella franja de la historia del rugby europeo en la que Munster dominó el continente a fuerza de rabiosos empujones, capaz de juntar 33 fases de juego, 41 fases de juego… todas sin que la pelota salga de la delantera hasta ganar el partido. Nuestro delicioso sueño húmedo. Y un estilo engañosamente ancestral que generaba beatos emocionados entre cualquiera de los que alguna vez hubiéramos conformado una delantera. Particularmente, la primera o la segunda línea… Mi entrenador, claro, estaba entre ellos. ¿Cómo no secundar esa fe? La consecuencia de su revelación no tardó en sernos dada: a partir de ese día, los delanteros empujamos la máquina de la melé durante horas sin cuenta. La llevábamos arriba y abajo del campo, como si no hubiera nada mejor que hacer en la vida, entusiasmados en un progresivo embrutecimiento que, en momentos de paroxismo mayor, nos hacía temer si no atropellaríamos a algún tres cuartos despistado. Parecíamos Conan empujando la noria antes de que le creciera una potra (diría García Márquez) capaz de volatilizar brujas. Puede que algún jovencito se haya hecho literalmente hombre a lo largo de aquellas sesiones. Si en ese momento el entrenador nos hubiera pedido que la empujáramos hasta Barcelona, habríamos tomado la vieja carretera nacional sin hacernos una sola pregunta. Profesábamos la fe de Thomond Park, Co. Limerick. Sólo nos faltaba bautizarnos con una inmersión en el río Shannon.

Munster ganó la Heineken Cup un par de veces, en 2006 y 2008, con un equipo cuya delantera se recita de memoria: Horan, Flannery Hayes; O’Connell, O’Callaghan; Leamy, Wallace, Foley o Quinlan…¿El nueve? Stringer. ¿El diez? Ni decirlo hace falta: Ronan O’Gara. Otras dos veces, en 2000 y 2002, perdieron el encuentro definitivo. En 2009 los vimos caer en semifinales ante Biarritz, en el estadio de Anoeta. Por segundo año consecutivo, el equipo de Limerick pisa la eliminatoria previa a la final, este domingo ante Toulon en el Velodrome de Marsella. Un segundo chispazo tras el laborioso proceso de reconstrucción que siguió a la decadencia y caída de aquel equipo campeón; los años en que su provincial rival del norte, Leinster, heredó el mando continental.

La hazaña de 1978, a toda página: cuando Munster derrotó a los All Blacks, que ese año ganarían el Grand Slam derrotando en su gira a todas las Home Nations.

La hazaña de 1978, a toda página: Munster derrotó a los All Blacks, que en aquella gira ganaron a todas las Home Nations.

Munster, equipo temperamental donde los haya, afecto al comportamiento tribal en el campo de juego, siempre tuvo un lado muy proclive a las heroicidades. Ha habido en la última década resonantes ejemplos: aquel partido de 2004 contra Wasps, considerado aún uno de los mejores de la historia de la HCup, que Munster perdió con dos ensayos ingleses en el final del partido; o el llamado The Miracle Match, editado incluso en VHS para conmemorar la hazaña: Munster necesitaba vencer a Gloucester por 27 puntos en el último partido de su grupo para pasar a cuartos de final. Ganó 33-6, un triunfo que entró a formar parte de inmediato del folklore popular. “Munster siempre responde mejor cuanto está contra las cuerdas”, es un mantra muy repetido al respecto. En los cuartos este año, contra Toulouse, sinceramente uno no pensó que llegarían tan lejos como para propinarle a los brillantes pero perezosos muchachos de Guy Noves una derrota tan notoria: 47-23 fue el expresivo resultado. Para que la fiesta resultara completa, el tótem que aún queda de los grandes años, el segunda Paul O’Connell, anotó su primer ensayo en la HCup en un quinquenio largo. Thomond Park vivió la ocasión con la furia festiva con la que acostumbra. En una de las balconadas del estadio se leía una pancarta en español: “No pasarán”. Y los franceses no pasaron. De hecho, ocurrió exactamente lo contrario: que les pasaron por encima a ellos. De forma literal.

Fue Munster, otra vez, en estado puro. Digamos que la idiosincrasia histórica de este equipo –estudiada en libros y tesis universitarias desde puntos de vista socioeconómicos, religiosos e identitarios- proviene en lo deportivo de la famosa victoria en octubre de 1978 frente a los All Blacks (12-0), de los últimos trofeos y de su muy bien llevada conversión a finales de los 90 en un equipo provincial que entendió los hilos que mueven el rugby profesional. Casi 20 años después de la transformación, Munster es una marca perfectamente reconocible, sostenida en valores de inspiración legendaria y trascendental, construidos a medias entre lo que ha ocurrido en el campo de juego y la edificación de un pasado relativamente mítico. Esa imagen la sostienen tradiciones indudables tanto como hábiles estrategias corporativas. El resultado es la adhesión, la pasión, la identificación y un futuro renovado hoy, con el equipo de Rob Penney.

Munster es el equipo de una región con dos centros de poder local (Limerick y Cork); es el resultado centenario (en esa parte de Irlanda el rugby floreció en 1870) de la alquimia social entre los chicos de colegios de pago y clase media de Cork y las huestes suburbiales, de extracción obrera, de Limerick. Este último modelo de relato ha prevalecido en estos últimos años aunque, naturalmente, esas dos líneas de sangre han generado y siguen dejando largos ríos de tinta, refutaciones, debates y estudios históricos. Aquí no nos interesa tanto la reconstrucción mítica del equipo provincial (aunque está bien anotarla a modo referencial para no abrazarnos a los tópicos) como su reencarnación estos días en un dique frente a las radicales perversiones del modelo de rugby profesional. Es decir, por resumirlo: el futuro del rugby dependería de Munster. O sea, hay quien cree que es históricamente necesario que el equipo irlandés le gane la semifinal este domingo a Toulon. Que frene a esa colección multinacional de camiones y evite que el modelo Boudjellal/Laporte construya una dinastía que genere escuela e imitadores.

“Hombres grandes, grandes presupuestos: El rugby no sobrevivirá a diez años de dominio del Toulon”, escribía estos días Simon Hick en el diario irlandés The Score. Su tesis: otra victoria europea del equipo tolonés, y el previsible doblete en el Top14, conducirían a este deporte a una suerte de precipicio al fondo del cual (con todo su oropel, las estrellas, los egos, la falta de identificación y el brillo de las monedas) asoma el tan temido anatema del código evolucionado: se quiere decir, el fútbol. Pero sin las glorias que el fútbol ha construido a lo largo de más de un siglo, claro. El rugby no está preparado para ser ese tipo de deporte, argumenta Hick, ni financiera ni socialmente. El panorama que pinta adquiere en algunas líneas tintes dramáticos: “En este momento existen razones para amar el rugby y para odiarlo, pero al menos todavía mantiene, en lo cultural, un aspecto diferencial. Sí, Toulon es un equipo apasionado, centrado en sus objetivos y que trabaja duro; y tienen una base de apoyo de su afición magnífica… Pero si este deporte se precipita por la autopista del dinero, se convertirá en nada más que en una especie de fútbol, sólo que menos entretenido. El fútbol es más grande que todos los demás deportes europeos juntos. Juega en su propia liga. Y se alimenta del exceso, el espectáculo colateral y los egos. El rugby nunca podrá competir en esos apartados. (…) Para ganar títulos en el rugby, en comparación con otros deportes profesionales, ni siquiera se necesita una gran cantidad de dinero. Eso supone que, en el futuro, nos encontraremos con una pléyade de hombres negocios, a los que solo les interese parcialmente, que revolotearán alrededor del rugby, ofreciendo sus poco informadas opiniones acerca de cómo debe este deporte monetizarse y elevar sus beneficios“.

Habana, con la camiseta de Toulon: su muy mediática incorporación no ha tenido el impacto esperado debido a las lesiones del ala Springbok: sus problemas musculares, manifestados ya en el último Rugby Championship, se han reproducido en las últimas semanas, pero este domingo está listo, junto a Wilkinson, para medirse con Munster.

Habana, con la camiseta de Toulon: su muy mediática incorporación no ha tenido el impacto esperado debido a las lesiones del ala Springbok: sus problemas musculares, manifestados ya en el último Rugby Championship, se han reproducido en las últimas semanas, pero este domingo está listo, junto a Wilkinson, para medirse con Munster.

En fin, puede que esa forma de interpretar el encuentro del domingo resulte algo apocalíptica, pero quien más quien menos levantamos una ceja de disconformidad con el modelo francés, del que Toulon y Boudjellal constituyen máximos exponentes. “¿Cuántos Springboks vivirán dentro de cinco años en Toulon?”, se preguntaba un lector estos días en referencia a los Botha, Burden, Habana, Roussow, Juan Smith o Van Niekerk. Y a la aprensión por lo que se percibe como una cierta manera de mercenarismo. Munster, aunque de un modo artificial discuten algunos historiadores, representa de forma casi exacta el contrario… si es que existen antónimos realmente en este rugby de hoy. ¿No ha tenido Munster sus estrellas mundiales? ¿De Villiers, Christian Cullen, Doug Howlett? Sí, pero… de otro modo. Con un equilibrio innegable entre la escuela y el mercado. Además, la identificación del genial ala All Black con la tierra de Limerick es incomparable, defienden los adeptos: se compró una casa allí, vive con su familia en Irlanda y fue nombrado en 2013, tras su retirada por una lesión en el hombro, como embajador corporativo de la provincia. ¿No se podría decir algo parecido de Jonny Wilkinson en Toulon? Puede que sí, desde luego. La cuestión es muy resbaladiza. Pero no evita que, la verdad… de un modo u otro deseemos lo mejor para Munster. Aunque tendría sus innegables intereses previos, uno considera la previsible final Saracens-Toulon (los ingleses juegan la otra semi con Clermont en Twickenham) un panorama ciertamente ominoso. El equipo irlandés tendrá que subir una montaña en la luminosa Marsella si quiere lograr su objetivo: salvar al rugby de su propio infierno, de acuerdo a algunos; restaurar la gloria de un equipo formidable, se limitan a considerar otros. Una cosa es segura: O’Connell y los suyos (8.000 fieles de Thomond Park estarán en Francia) no ensuciarán el lema que preside el estadio de Limerick: “Stand up and fight!”. Levántate y lucha.

 

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8 responses

28 04 2014
Dudu

Fantastica entrada Mario…una pena que ayer no se cumpliese otra remontada historica de Munster…

25 04 2014
Jose Ignacio MARCA

¡Qué puedo yo decir que no haya dicho ya!. Con tu permiso Mario, recordaré que en Marca podeis leer 3 artículos sobre ‘La Leyenda de Thomond Park’, todo es increíble allí, el Miracle Match, las 5 mejores victorias de la Heineken sobre equipos ingleses, las derrotas con leicester y los AllBlacks. Verdaderamente el rugby necesita que ganemos al dinero, a esa forma de plantear este deporte tan lejana a lo que nos enamoró del rugby. Otro gran artículo, compañero, tengo fe para el domingo, soy creyente, ‘ Irish by birthplace, Munster by Grace of God’.

25 04 2014
Jun

Gran artículo de nuevo!!
Yo soy otro de los convertidos, desde la primera final perdida, la verdad es que sus participaciones en Heineken suelen tener siempre un componente épico que te pone de su lado.

El Domingo lo veo muy complicado, pero el año pasado Clermont acabo defendiéndose en su 22, una touch perdida, que si llega a ganar…. Coger el oval y para dentro, el ABC del rugby de este equipo/religión

25 04 2014
Up&Under

Grandísimo artículo! Fue por esas épocas que dices (2006-2007) cuando comencé a ver rugby y más concretamente a seguir a Munster. Recuerdo magníficos partidos de delantera como el de la final de la HCup contra Touluse. Y, sobretodo, recuerdo la visita de los All Blacks y a Howlett y otros 3 neozelandeses realizando la Haka frente a toda la escuadra negra. Increíble.

De cara a estas semifinales de H cup veo a Munster todavía un poco verde. La última ornada de jugadores de la Munster Academy nos darán muchísimas alegrías y no sólo con Munster si no también con Irlanda. Sin embargo, el sábado pasado vi a Toulon en Barcelona contra Usap y, con un equipo B, (faltaron Wilko, Habana, Smith, Castrogiovani, con Bastereaud y Hayman de suplentes, etc) y con un Michalack SOBERBIO, fueron capaces de borrar a los de Perpinyà en 60 minutos.

Por lo tanto, creo que el momento de Munster llegará, pero seguramente será el año que viene o el siguiente. Y no habrán suficientes en toda Francia para detenerlos!!! Jajaja

Saludos!

24 04 2014
goyo

Go Muster

24 04 2014
peleida

Que decir mario
Eres muy muy grande
Gracias
Algunos preguntaran porque nos gusta el rugby , si leyeran este articulo lo entenderian

24 04 2014
flanker7

Gran artículo, como siempre! Gracias Mario!

24 04 2014
Almirante Benbow

Wow!!!

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