By the Grace of BOD

14 03 2014

En ocasiones el deporte nos procura esta clase de círculos perfectos, recorridos que se clausuran en el mismo lugar (geográfica o metafóricamente) en el que comenzaron. Algo así va a ocurrir mañana en París, cuando Brian O’Driscoll juegue el último test-match de su formidable carrera en el Stade de France. No un partido cualquiera ni un homenaje relajado: nada menos que un desafío por el título. Y si hablamos de círculo clausurado es porque fue en París, en la primavera de 2000, en el primer Seis Naciones de la historia, el lugar en el que el segundo centro irlandés anotó nada menos que tres ensayos, para liderar la primera victoria de su equipo en 62 años en suelo francés. Esa tarde, el mundo oval al completo reconoció de inmediato al hombre que iba a dominar el torneo más antiguo del mundo durante el resto de su trayectoria; y también al que, puede que sin discusión, podamos proclamar como el mejor segundo centro de la era profesional, y uno de los más grandes de todos los tiempos. El muchacho al que pronto en Irlanda, y enseguida en el resto del planeta rugby, divinizamos con un acrónimo celestial: BOD.

Todo empezó en París. O’Driscoll había debutado con Irlanda nueve meses antes de aquel partido. En 1999, en la Copa del Mundo, anotó frente a Estados Unidos el primero de sus 47 ensayos en partidos internacionales (excluidos los de club). En 2001 hizo la primera de sus cuatro giras como British&Irish Lion. Su extendida capacidad de influencia, de vigencia, la explican dos anécdotas: las polémicas que sus entrenadores en 2001 (Graham Henry) y 2013 (Warren Gatland) soportaron por decisiones que tenían que ver con O’Driscoll. Henry, años más tarde campeón del mundo con los All Blacks, lo hizo jugar en Perth, frente a Western Australia, de zaguero, una posición que BOD había frecuentado en su club, antes de irrumpir en las categorías inferiores de Irlanda y ganar el Mundial sub-19. Henry eligió probar al centro irlandés como 15, desoyendo la panoplia de críticas que acompañaron la decisión y el cuarteto de jugadores que parecían, en aquel momento, más adecuados para ocupar el puesto: Iain Balshaw, Matt Perry y, en caso de necesidad, Mike Catt y Neil Jenkins. De aquella gira, sin embargo, se recordará su ensayo de 60 metros, hecho con la potencia y la esquiva que han definido a O’Driscoll a lo largo de la mayor parte de su vida como jugador de rugby. Del ruido que siguió a la elección de Jonathan Davies como segundo centro, en lugar de O’Driscoll, en el último tour de los Lions en Australia el pasado verano, aún arden muchas brasas mediáticas. Gatland y los Lions vencieron en aquella serie (2-1), pero la herida de la ausencia del gran BOD en el encuentro decisivo no se ha cerrado ni siquiera pese al bálsamo de la victoria.

Brian O'Driscoll, un guerrero inmortal en el campo de rugby.

Brian O’Driscoll, un guerrero inmortal en el campo de rugby.

Así que ésta será la última vez que veremos a O’Driscoll vestido de verde. Y asistimos a sus últimos meses como jugador de rugby. Irlanda no ha ganado en Francia desde aquella primavera de 2000. Pero, por la gracia de su mejor jugador, by the Grace of BOD, en 2009 Irlanda festejó su primer Grand Slam desde hacía 61 años… y O’Driscoll anotó uno de los ensayos en el choque decisivo. En 2011 frenó a Inglaterra, camino del Grand Slam, siendo jugador del partido; bajo su influencia, entre 2004 y 2007 Irlanda ganó tres veces en cuatro años la Triple Corona, algo que sólo había hecho en otras tres ocasiones en los anteriores 54 años. Y Leinster ha levantado tres Heineken Cup. Así que el corolario sería el título del Seis Naciones, que cerraría una época de gloria para este jugador de leyenda. Un tipo del que siempre admiramos no sólo su condición ganadora, la habilidad, la potencia y la finura de su juego; sino, por encima de todo, su compromiso. O’Driscoll se ha jugado el físico siempre, y a veces lo ha perdido: en 2007 estuvo cerca de no disputar la Copa del Mundo después de que un puñetazo en un amistoso preparatorio, frente a Nueva Zelanda en Francia, resultara en fractura nasal, del mentón y cortes bajo el ojo derecho. En 2012 se perdió el Seis Naciones. La lista de lesiones y regresos ha sido extensa, como se puede apreciar en este gráfico: “Preferiría que se hubiera retirado”, llegó a decir su padre, temiendo por su salud mental en el futuro, después de una de sus varias conmociones cerebrales en el campo. O’Driscoll se ha castigado, ha castigado y lo han castigado. Esas carreras con el torso avanzado, como anticipando un choque, siempre nos han parecido indicar su predisposición a las colisiones, si fueran necesarias… Pero su juego, por necesidad y por inteligencia, evolucionó: y pasó de ser una tremenda fuerza de choque y desequilibrio ofensivo, a un jugador alrededor del cual pivotaba el juego de ataque. De esos apoyos preclaros, siempre apareciendo junto al hombro del compañero para acelerar una vez recibida la pelota, a sus hábiles pases, a sus movimientos de hoy, a un uso del espacio que en los últimos años ha sido memorable. Su último partido en Dublín resumió la transformación.

Varias veces hemos temido su retirada, ésta que ahora ya es inaplazable. Aún le gritaban hasta hace poco el entusiasmado “one more year, one more year!!!”. Pero, como decía él mismo en su última entrevista en el Irish Times, con aire de epitafio a una carrera fabulosa: “Es raro, nunca supe qué me fallaría antes, si el cuerpo o la cabeza. Por cabeza me refiero  a la pasión por el rugby…. Y eso, desde luego, sigue estando ahí. El cuerpo no responde ya como solía, aunque aún me he arreglado para jugar a nivel internacional y de club. Pero sé que éste es un juego exigente, en muchos aspectos; lo sé lo suficientemente bien como para dejarlo al final de esta temporada“. Así será. Ya se despidió de Dublín como debe hacerlo un hombre de rugby: sin aspavientos, con una leve sonrisa agradecida, ni sombra de vedetismo. Escenificando la gran verdad de este deporte: que por formidable que sea el jugador, debe saber que es apenas una pieza humilde del magnífico engranaje llamado equipo. Queda el último acto. Una tarde de primavera en París, el mismo lugar donde lo vimos llegar, se irá el hombre que entendió como pocos lo que un jugador de rugby ha de estar siempre dispuesto a aceptar desde el mismo momento en que se pone la camiseta: que el cuerpo pertenece al club. Y en el caso de O’Driscoll, a su país.

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4 responses

15 03 2014
peleida

Honor a un grande, hoy se nos encogera un poco el corazon a eso de las 19:45

14 03 2014
Tonga_rugby

“¿Y ese quién es?” me decía el otro día una grupo de amigos (sí, de esos que solo hablan de pelotitas redondas…) almorzando alrededor de una mesa. Cerré la boca y hable hacia dentro: “Incultos. El bueno de Brian no merece ni que le nombréis. Seguid con vuestra aburrida vida llena de penalties, goles y demás. Los elegidos perdemos a uno de los grandes y eso se merece un trago de despedida”. “¡¡¡camaraero!!! Una murphy’s.”
Como se le echará de menos…

14 03 2014
peregrinator

en el caso de Irlanda, pertenece a la “Tribu”

14 03 2014
payoranger

Qué bueno es el jodío de Ornat, IN BOD WE TRUST!

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