Depredadores y carroñeros

12 03 2014

Si no fuera por aquel ensayo de Fickou, a la Inglaterra de Stuart Lancaster esta semana todos los caminos la conducirían a Roma y, de paso, al Grand Slam. Esa distancia mínima, la que significan diez minutos de despiste, de paso atrás, de equivocaciones de un entrenador en los cambios… de ausencia de Danny Care (¿por qué no decirlo si ha sido el hombre más importante de Inglaterra? Sólo eso. El único tramo en todo el torneo en el que el equipo de la Rosa ha rebajado su habitual rigor defensivo. Pero ocurrió. Y así sucede que Irlanda, el mejor equipo libra por libra de este Seis Naciones, tiene en su mano el título. Y se lo discute Inglaterra: al cabo, los dos equipos que se han distinguido por jugar con más compromiso, sacrificio y deseo: dos bloques que nos recuerdan que, al margen de tácticas, influencia de entrenadores, calidad en el campo y circunstanciales fortunas, el rugby sigue siendo sobre todo un deporte para hombres hambrientos. Como siempre, como ya dijimos la semana pasada, con el permiso de Francia. La Francia inexplicable. La Francia incorregida. La Francia indultada por los errores de Escocia. Esta La Francia peligrosa. O sea, la Francia de Huguet. Francia envilecida, diagnóstico que luego razonaremos.

Yoann Huguet esprinta de lado a lado del campo para anotar el ensayo que, previo error escocés, le daría al equipo de Saint André la victoria en Murrayfield.

Yoann Huguet esprinta de lado a lado del campo para anotar el ensayo que, previo error escocés, le daría al equipo de Saint André la victoria en Murrayfield.

Todo esto no hubiera pasado si Escocia hubiera acertado a ganar. A acabar su trabajo. El equipo caledonio no supo cómo hacerlo. A pesar de anotar un ensayo temprano de Hogg en un regalo francés. A pesar de que Seymour se colase por el intervalo abierto por un bloqueo de Dunbar a Plisson, para apoyar el segundo… A pesar, desde luego, de la evidencia de que Francia no tiene dirección en el campo, más allá de un plan de juego de medianas patadas territoriales, ni espíritu de equipo. Pero sí que tiene una extraña, innegable y peligrosa capacidad para elevarse por encima de sus propias miserias, planear atento a las ajenas… y explotarlas. Dicho de un modo muy vulgar, que no quiere ser  ni mucho menos peyorativo: si Irlanda e Inglaterra son equipos depredadores (e Inglaterra no lo ha sido siempre, recientemente), Francia se comporta como un bloque carroñero. Donde advierte un atisbo de putrefacción en la convicción o las ejecuciones del rival, ataca. Es un modo alternativo, posibilista, de alimentación. Parece funcionar… a ratos. Huguet es el scavenger jefe.

El error de Weir en el ensayo del ala francés define el estado perentorio de Escocia: primero larga una de esas pataditas cruzadas sobre el flanco para que la persiga nada menos que el segunda Richie Gray… Como si Gray se hubiera transfigurado en George North o en un imposible Lomu rubio. Naturalmente Gray no la gana. Pero Escocia recupera el balón en el agrupamiento que sigue a la touche consiguiente y juega un ataque con aroma de ensayo. Bastaba el pasamanos, pero Weir se empeñó en un salto innecesario de Hogg (en la BBC el galés Jonathan Davies literalmente aullaba pidiendo explicaciones por esa decisión del apertura) que Huguet anticipa. Su potente carrera de lado a lado hunde a Escocia. Los errores de Laidlaw y el propio Weir en las patadas a palos en el tramo final son castigadas por un golpe muy discutido que Doussain pone dentro, para el 17-19. Escocia le dará muchas vueltas. Pese a todas sus limitaciones, por momentos crece la impresión de que en esa tres cuartos (de Laidlaw hacia atrás, con Scott y Dunbar, Hogg, Seymour, Maitland y Visser cuando estén…) hay un potencial superior al rendimiento que obtiene Scott Johnson. Trabajo desafiante para Vern Cotter.

Francia había vuelto a hacerlo. Y aún puede, matemáticamente, ganar el torneo, aunque para ello tenga que imponerse a Irlanda y que antes (Inglaterra juega el primer partido de la jornada del sábado), Italia sume una más que improbable victoria frente a la Rosa. El equipo de Brunel no parece en condiciones de algo así. Irlanda la acabó goleando 46-7. El equipo de Joe Schmidt es el que más variantes tácticas, y de mayor riqueza, ha desplegado en todo el torneo. Ha sabido jugar cada partido como debía; y no siempre igual. A Italia le concedió un buen rato de percusiones por pasillos cercanos a los agrupamientos, que permitieron a la Nazionale una de sus clásicas exhibiciones de buena defensa. Ahora, cuando Sexton desplegó las alas encontró el vuelo majestuoso de O’Driscoll, que registró en su último partido en el Aviva Stadium un catálogo de sutilezas delirantes: BOD fabricó con sus pases y sus cimbreantes carreras tres ensayos irlandeses, los dos de Sexton y el de Trimble. Al final, Irlanda metió siete. Se dice pronto. Es el poder desatado de un equipo que sabe a dónde va y cómo llegar.

Ahora se trata de acabar el trabajo. Como sostenía en su columna en el Daily Telegraph el ex talonador inglés y comentarista de la BBC, Brian Moore: “Ganar la Triple Corona –cosa que hizo Inglaterra frente a Gales- no es nada hoy por hoy, pese a su significado histórico. Lo que hay que ganar es el torneo“. Para mantenerse en esa posibilidad, Inglaterra rebasó el escollo galés con protagonistas reincidentes y un marcador (29-18) menos explícito que el partido. Primero los protagonistas… Su delantera, el terrible par de segundas Launchbury/Lawes, un muy entero David Wilson otra vez, y el empuje de una tercera más trabajadora que brillante, pero engarzada en un motor inagotable que crece con los partidos. Gethin Jenkins trató de exprimir a Wilson con un empuje diagonal y hacia dentro constante en las melés. Ilegal, claro, pero el colegiado Poite tardó al menos un golpe en interpretarlo. Luego, no se cansó de advertir a todo el mundo, incluidos Jenkins (al que acabaría expulsando diez minutos por su insistencia, ausencia que determinó el principio del fin de Gales), el capitán Warburton y, finalmente, Paul James, relevo de Jenkins en el pilar. Descubierto el butrón, la delantera inglesa al completo se metió dentro y Gales acabó sometida al demoledor empuje del grupo salvaje de Robshaw.

Inglaterra es una hasta su apertura, el chico Farrell, y otra después. Salvo por Mike Brown, claro, aunque Brown encontró menos espacios ante Gales. Estuvo más calladito. Care ha sido el jugador más influyente del torneo, una condición tal vez sólo discutida por el enorme peso táctico de Sexton en Irlanda y las anotaciones de Huguet. El nueve inglés no puede transformar a Owen Farrell en el apertura imaginativo que no es, pero sí lo mejora por la vía del ritmo. A Farrell, a menudo, el balón se le hace huéspedes en las manos. Tiene nervio, personalidad y un pie riguroso. Pero no la repentización, la claridad decisoria y la interpretación de las defensas rivales que precisa un diez para idear cada movimiento de ataque de su línea. Después, hay cosas que mejorar. May y Nowell no son los alas titulares de Inglaterra, claro. Seguro que tampoco el segundo centro se llama Luther Burrell (aunque ha metido tres ensayos, cantidad nada desdeñable), porque ya asoma Tuilagi. También aceptamos que a Twelvetrees le falta contundencia en el contacto. En este caso, sin embargo, es su labor de segundo apertura lo que lo convierte, a los ojos de Lancaster, en un jugador necesario. Aun con todo eso, Inglaterra manda en los partidos porque tiene un medio imperativo con su actividad, el inagotable Danny Care: otra vez metió un ensayo de muchacho listo, que retrató el estado de dispersión colectiva en el que Gales incurre cada tanto. Cualquiera sabe que no se puede dar la espalda a un golpe en tu propia 22, aún menos cuanto más cerca esté. Aún menos con Care. Es pecado mortal. Pero esta Gales entra y sale de su propia carcasa de equipo grande con una facilidad pasmosa, y a menudo lo hace dejando en el escenario una impresión de ligereza mental desconcertante.

Respecto a Gales, ya localizamos hace tiempo sus problemas en la bisagra. Phillips primero, Webb en estos últimos partidos y, atrás en el 10, el extraviado Priestland, un jugador que transmite una crisis de confianza descorazonadora. El impacto de estas dificultades aún adquiere mayor relevancia cuando consideramos el juego de Gales desde el punto de vista de ese estilo made in Gatland, que los australianos llaman Warrenball. No sin intención peyorativa, desde luego: no olvidemos que Gatland es neozelandés. ¿En qué consiste el Warrenball? Explicado en sus términos más básicos, en aprovechar el tamaño de los jugadores de Gales para sostener una mecánica de demolición de la defensa rival a base de percusiones explosivas de los gigantes (los terceras y, desde luego, los enormes centros) en los alrededores de los agrupamientos. Y, cuando ya hay suficientes rivales convocados en la detención de esos terribles arietes, abrir juego para que sus dos gigantes de las alas (North, Cuthbert) reciban cortando en diagonal hacia el interior del campo. Lo que se ha llamado, también, crash ball, otro término del glosario Gatland: balón de choque. Rugby de onda expansiva.

El problema reside en que, para que eso resulte, ha de cumplirse una primera condición: la velocidad de la pelota. Sin ritmo no hay dinámica, movimientos hacia los espacios ni entradas en penetración. No es fácil sacarle pelotas rápidas a Inglaterra del break-down, desde luego. Gales no lo consiguió hasta un ratito de la segunda parte. Tuvo entonces aspecto amenazante, pero duró poco. Sólo Halfpenny, con su inmaculado 6 de 6 con el pie, antes de lesionarse el hombro para el resto de la temporada en un placaje a Burrell, mantuvo en el radar del partido a Gales. Inglaterra había cometido demasiados golpes. En algún momento el duelo pareció sólo un duelo de pateadores (Farrell contestó a todos), agraciados por un extraño concurso de a ver quién comete el golpe de castigo más disciplinariamente innecesario. Visto en perspectiva, puede que Inglaterra estuviera vendiendo esa parte de su alma al diablo, en un intercambio deseable desde el punto de vista de la dinámica de fondo del juego: embarullar lo más posible los rucks, aun a costa de ceder penalties, con el fin de impedir la velocidad de la pelota galesa. Si fue así, lo consiguieron.

Leigh Halfpenny, inmaculado con el pie, aguantó como pudo a Gales en el partido hasta mediada la segunda parte, aprovechando los frecuentes golpes de castigo ingleses. Encarnando la caída del Dragón, el mejor de los rojos terminó lesionado tras un placaje y se pierde el resto de la temporada.

Leigh Halfpenny, inmaculado con el pie, aguantó como pudo a Gales en el partido hasta mediada la segunda parte, aprovechando los frecuentes golpes de castigo ingleses. Encarnando la caída del Dragón, el mejor de los rojos terminó lesionado tras un placaje y se pierde el resto de la temporada.

Acabemos con Francia, antes de sentarnos a esperar la batalla de París. Cuando hablábamos de la Francia envilecida hablábamos de una sospecha. Que quizás estemos asistiendo al primer caso verdaderamente importante de perversión del rugby internacional como siempre lo habíamos conocido. Seguro que ellos lo negarían; puede que, en el fondo de su cerebro y de su corazón, no sea así. O no quieran que sea así… Pero ya es inevitable la impresión de que a los jugadores, en Francia, les importan más sus clubes que el equipo nacional. Insisto, puede que se trate de un reflejo inconsciente. Puede que haya cosas que no sabemos respecto a Saint-André. Que, simplemente, estemos ante otro fracaso de dirección y plantilla. Pero la verdad es que el rugby francés, envuelto en un chorro de millones que atraen a las mayores estrellas del juego en todo el mundo, ha creado todas las condiciones para que, ahora mismo, los clubes manden más que la selección. Y que obvien la tradicional prioridad del equipo nacional hasta imponer sus intereses particulares. Las lesiones han mermado mucho a Francia: unas cuantas han tenido que ver con el modo en que los clubes desoyeron la petición de descansar a sus jugadores entre jornadas del Seis Naciones. Puede que éste sea un diagnóstico equivocado, pero al mismo tiempo se antoja imposible que la batalla intestina entre la FFR y la LNR no acabe pasando factura. Algo no funciona en Francia. Y da toda la pinta de no ser una circunstancia, sino un grave desajuste estructural. Quizás, en el fondo, Francia no sea sino el rugby del futuro, anticipado a su tiempo. No demasiado tiempo.

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3 responses

12 03 2014
migueltuck

A mi me da pena Gales, viendo lo sucedido en Dublin y en Londres, no creo que fuese la casualidad de dos dias malos.
No creo que sea culpa de Gatland, ni de eleccion de jugadores si quiera, evidentemente todo es susceptible de mejora. Pero creo que es un problema de actitud dominante, esa actitud que sí muestra y demuestra esta Inglaterra creciente de Lancaster. Pueden jugar fatal, puede que no tengan el dia o puede que pierdan en el ultimo minuto con ensayo de Fickou, pero se rearman, siguen creyendo en su manera de jugar y vuelven a competir.
Gales ya mostro grietas el 6 naciones pasado, aunque le diera para ganarlo, y lo ha vuelto a mostrar en este. La diferencia es que Irlanda ha subido muy mucho sus prestaciones e Inglaterra continua desarrollandose y progresando.
En mi opinion Gales tiene el mejor grupo de jugadores del hemisferio norte, por combinacion de fisico, de juego ataque-defensa y de fases estaticas, pero por B o por C no lo termina de demostrar. Cuando no es una salida de tono de Phillips es el sangre-horchata Priestland, cuando no le falta algun centro, sino es que vienen los ABs o es que hay que ir Twickenham…
Me da la sensacion de que es el eterno aspirante y eso me duele, porque lo deberia de ver como un aspirante al titulo mundial por derechos propios, o candidato serio a mojarle la oreja a Sudafrica y NZ, pero es que es irremediable para mi.
El partido del domingo demostro que a poco que mejore ( y no es dificil que lo haga ) puede competir con Inglaterra en su feudo de tu a tu sin ningun tapujo, pero claro esta el factor mental o psicologico.
Woodward achacaba esto hasta por salir de gris al calentamiento, que tio Clive eh, pero vamos, yo creo que es un problema de profundidad de ideas. De realmente no tener ese minimo de “arrogancia” de saberse mejores o como minimo iguales a su rival. Esa arrogancia que le viene de serie y que posee excedentes los de la rosa por cierto.
Ese Priestland como he dicho antes, sin sangre en las venas, macho que estas jugando contra Inglaterra en Twickenham, un poco mas de atencion. Colgo por lo menos tres patadas que no iba nadie a lucharlas, entreo otras cosas por que no se entendia con su linea. Lo dije un dia y lo mantengo, la figura de Phillips aglutina, y ha aglutinado tantisimo juego que el apertura es un mero apuntador en la direccion del juego, y cuando falta Mike, y el 10 tiene que dar un paso al frente se nota una barbaridad.

La defensa a pesar de encajar veintipico tantos no me parecio mala, no es tarea facil parar a los elefantes ingleses y mas cuando Care les da ritmo, mucho desgaste. En un mal dia sales trasquilado con esta Rosa.
Gales tuvo ciertos momentos, sobre todo cuando Inglaterra bajo el piston defensivo, que encontro huecos para generar peligro, pero por una cosa o por otra se quedaron sin ensayos.
Que pena me da de ver a esta Gales mal.

12 03 2014
Jun

Totalmente de acuerdo, hay mucho dinero y demasiados intereses en juego, el caso de Francia es algo que no se entiende.

Centrándonos en el torneo, es lamentable que Francia siga con opciones de ganarlo; no juegan a nada, lo peor es que llevan así ni se sabe, continuos bandazos que van salvando por puro talento individual.
Dicho esto, lo lógico seria una victoria irlandesa, despedir a BOD por todo lo alto y celebrar un San Patricio anticipado; pero mucho me temo que acabaremos cayendo en la eterna fatalidad verde…

Por lo demás, Dani Care jugador del torneo, y Gales, tiene pinta de que el ciclo de Gatland se ha agotado, este equipo me recuerda a la última Australia de Deans, muchos nombres pero ni plan de juego ni capacidad de reacción

12 03 2014
peleida

lo que apuntas en tu ultima parte es lo que me preocupa desde hace tiempo como seguidor de rugby .

en Francia hay una guerra abierta entre federacion y clubes, y ambos defienden modelos contrarios. si gana la liga, el rugby como lo hemos conocido aqui en Europa tradicionalmente , cambiara de arriba a abajo.

test matches, giras y demas historias (y cuidado con el seis naciones, no de aqui a diez años pero si en 20 o 30) que nos hicieron felices , desapareceran bajo la tirania de los clubes.

y seria una pena

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