El torneo de las cuatro naciones

5 03 2014

Lo ha subrayado en las últimas horas Stuart Lancaster, el seleccionador inglés: Nadie ha ganado nunca un Seis Naciones con sólo tres victorias”. El dato parece una obviedad típica en el sobrio Lancaster, pero ayuda a poner en contexto el reto al que se enfrentan los cuatro candidatos a la victoria en este Seis Naciones: Irlanda, Inglaterra, Gales y Francia. Todos llegan a la cuarta jornada empatados a dos triunfos. Puede que este no haya sido, todavía, un gran torneo, pero sí ha cumplido el pronóstico de igualdad que le habíamos anticipado muchos. Sabemos ya que nadie va a ganar el Grand Slam, pero no es fácil anticipar quién será el campeón. Lo mejor de esta situación es que, este fin de semana, el título se juega en los tres campos al mismo tiempo.

Danny Care, jubiloso de camino al ensayo que le daría el triunfo a Inglaterra frente a Irlanda.

Danny Care, jubiloso de camino al ensayo que le daría el triunfo a Inglaterra frente a Irlanda. Gales es el siguiente visitante de Twickenham, en otro enorme desafío.

Irlanda llega a los dos partidos finales en el primer puesto, gracias a su mejor diferencia de puntos: +42, contra los +21 de Inglaterra, el contendiente más cualificado, por ahora, para disputarle la victoria final. El del average puede terminar siendo un factor decisivo, según como se desarrolle esta cuarta jornada. Por eso, parece plausible pensar que, este sábado frente a Italia, el equipo de Joe Schmidt buscará no sólo la victoria, sino también un margen que eleve su colchón de seguridad en caso de un hipotético empate final. Quizás tenga que ver con eso la llamada del exuberante ala Simon Zebo, en busca de una mayor capacidad de penetración en ataque… si es que a Irlanda le falta de algo. Está en duda su apertura, Sexton, que pasará este jueves una prueba física. En otras circunstancias, podríamos ver en Italia a un peligroso juez arbitrario de la suerte del torneo: visita Dublín este sábado y recibe a Inglaterra en la última sesión. Pero Italia, a la que vuelven el utility back Andrea Masi y el pilar Rizzo, no ofrece garantías este año como para comprometer a los favoritos. Salvo que el último día el Olímpico vea uno de esos días de furia que cada tanto aguardan a Inglaterra en cualquier esquina del torneo. Pero digamos la verdad: Roma no es Cardiff.

Irlanda ha sido, por ahora, el mejor equipo. El más fiable, el más solvente. El revés en Twickenham, en un partido que pudo caer de cualquier lado, afirmó más el tremendo esfuerzo defensivo inglés que algún demérito o rebaja de prestaciones de los verdes. Una derrota (casi) siempre oculta algún problema, error o falta, pero la cuestión está en distinguir si se trata de algo circunstancial o estructural. En el caso que nos ocupa, la caída en Twickenham no ha erosionado nuestra consideración acerca de las posibilidades y virtudes de Irlanda como favorito. Eso sí, no hay que olvidar que Irlanda cierra el torneo en París. Y que Francia visita este sábado a Escocia. En Murrayfield faltarán un capitán (el francés Picamoles, castigado por Philip Saint-André por su indigno gesto de aplaudir irónicamente al árbitro en Cardiff) y volverá otro: el escocés Kelly Brown, que recupera su puesto como flanker abierto y referencia de su equipo.

Francia vive instalada en la polémica, la tensión entre clubes y federación, las lesiones de los jugadores con sus clubes (Szarzewski se pierde esta vez el choque tras dañarse un tobillo con Racing Metro y PSA ha tenido que llamar al talonador Guirado) y el imprevisible rendimiento del equipo. Nada nuevo, en realidad… Nada que no pueda tapar con sus ensayos el peligrosísimo Huguet. Al contrario que en Irlanda, en Francia incluso las victorias tienen aspecto circunstancial. Saint-André le dio a su equipo un repaso sin paliativos, comparable al que le metió Gales: se ha cargado a Picamoles, ha acusado al resto de falta de espíritu y les ha pedido que algo así no haga siquiera amago de repetirse en Murrayfield. ¿Puede colarse la débil Escocia, salvada de la Cuchara de Madera por el drop postrero de Weir en Roma, por las grietas francesas? Traslademos la metáfora al campo: precisamente de eso trata el rugby, de entrar por los intervalos. Un desequilibrio que Escocia raramente ha logrado, aunque su pareja de centros (Scott y Dunbar) han estado entre lo mejor del campeonato en el Cardo.

Warburton, el capitán de Gales, galvanizador de las crecidas rojas. La imagen pertenece al partido del último Seis Naciones, la gasolina motivacional de alto octanaje que enmarca el partido del domingo en Twickenham.

Warburton, el capitán de Gales, galvanizador de las crecidas rojas. La imagen pertenece al partido del último Seis Naciones, la gasolina motivacional de alto octanaje que enmarca el partido del domingo en Twickenham.

Pero, aunque el título está en juego en los tres campos, el gran partido del fin de semana será el Inglaterra-Gales, presidido por la rivalidad y el recuerdo de la demoledora victoria de los Dragones hace un año en el Millennium. Lancaster les ha dicho claramente a los suyos: “Tenemos que ganar el título”. El mensaje no puede ser más claro. Le faltan Dan Cole y Billy Vunipola, bastiones fundamentales en el decisivo juego de delantera. Regresa Manu Tuilagi a la convocatoria, aunque no entrará en el 15 inicial. También el ala Yarde. Pero el hombre, todo el mundo lo sabe, es Mike Brown. Hasta Halfpenny lo ha admitido: “Nos puede hacer daño”. Gatland y los suyos van a Twickenham subidos en la confianza de su enésimo renacimiento. Un escenario ya clásico en este equipo de genialidades y ciclotimias que ha sido Gales en los últimos años. Jonathan Davies volverá al centro, desplazando a North de regreso a su ala. El carismático Alun-Wyn Jones rearma la segunda línea. En la tercera nada cambia. Warburton, como demostró ante Francia, sigue siendo el termómetro de Gales, para bien y para mal. La batalla promete ser despiadada en la melé y de ritmo agitado fuera de esos territorios. Rhys Webb frente a Danny Care. El cuidado táctico de Gales para detener con rigor y tamaño a los centros franceses (Fofana y Bastareaud) y al relanzador de juego (Picamoles), precisará algo similar esta vez, aunque con un centro de gravedad más retrasado: las salidas desde el fondo de Brown. Y derribar ese muro que los ingleses han construido tan bien a través de las generaciones: la resistencia bajo máxima presión. Los dos equipos, en suma, parecen rearmados nominal y moralmente con sus últimas victorias. Conscientes de que, en el aire místico de Twickenham, flotará este domingo el peso de un duelo monumental y la suerte de este Seis Naciones. Eso, por supuesto, con el permiso de Irlanda…

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