El rompeolas

13 02 2014

La verdad, cuando la grada empieza a hacer la ola en un estadio de rugby (un gran estadio de rugby, esto es… porque cosas así sólo ocurren en un gran estadio de rugby), el nervio se me pone en marcha. Hay quien dice que me entra en hinchazón rojiza la venilla del cuello, que por lo visto desde niño ha constituido el síntoma visual de mis más peligrosos hervores internos. Lo diré sin circunloquios: cuando la gente hace la ola en un campo de rugby, me dan ganas de apagar el televisor. Si me agarra en el campo es otra cosa. O sea, que no me dan ganas de irme, pero me cuido mucho de participar. El motivo es común: bastante tengo con ocuparme del cajón de pintas que he acumulado debajo del asiento en la última visita al bar como para dar arriesgados saltitos y descuidar a esos espumosos polluelos de stout que aguardan a que me los beba a mordiscos. Mucho menos abandonarlos a la acostumbrada intemperie norteña de esos lugares.

Yo he detestado la célebre y querida ola desde los días de su mismo nacimiento en 1986, en la Copa del Mundo de México. Su expansión y vigencia me sorprenden. Incluso he leído (puede que decenas de) crónicas futbolísticas que consignaban el hecho como culminación del gran partido de un equipo cualquiera: “El Zaragoza llevó su fútbol a tales niveles de solvencia, precisión y belleza que la grada toda, empujada al paroxismo por el marcador y la explosión de juego de su equipo, convino en celebrarlo HACIENDO LA OLA”. Pongamos por caso… Hace años leí, a no recuerdo quién y no me acuerdo dónde, una reflexión a la que siempre me he adherido. Decía el cronista, ajeno al embeleso, algo así acerca de una ola en un partido de fútbol inglés: “Que los ingleses, que fueron quienes inventaron el fútbol, que le dieron su forma a través de un catálogo de normas que han derivado en todo lo que vimos después, que nos entregaron la belleza de un espectáculo universal, que fueron el gatillo de una pasión que traspasa razas, geografías y condiciones sociales… En fin, que esos mismos ingleses ahora se entreguen en sus estadios a esa tonta celebración de coreografía colectiva que es la ola, con fervor inusitado, indica que algo en el fútbol está irremisiblemente perdido”.

La elocuencia me subyugó. Sí, había que decirlo en esos términos, aunque fueran exagerados de forma deliberada. Ya no vamos a los grandes espectáculos deportivos tanto a ver el espectáculo deportivo como a participar en una coreografía grupal instigada por la televisión: los disfraces, los tocados estrambóticos, la cámara de los besos, las celebraciones de cumpleaños, la cuenta atrás antes de los partidos, los gaiteros subidos en el alero del estadio, las explosiones de fuego, las performances tribales… todo eso. El deporte moderno es esto. Ya no es ir a ver un partido. Ahora se trata de la experiencia global del hecho de ir a ver un partido. La ola anticipó muchos años todo eso. Y ahí sigue, perfectamente encajada en el progreso del asunto. Y a veces, incluso vanguardia.

En el vídeo de arriba hemos podido ver a los aficionados franceses en la comisión de este acto de colectiva indignidad. Fue en el partido de noviembre contra Australia, pero por lo visto se trata de un comportamiento habitual. Este domingo, ante Italia, rompían por las tribunas parisinas olas frecuentes, con entusiasmo de temporal atlántico. Todo en medio de un primer tiempo en el que Dousain y Tomasso Tommy Allan pugnaban por imponer todas las formas posibles del error en el pateo a palos. En medio de un encuentro prosaico a más no poder, licuado en un espectáculo de espacios exiguos que Francia no pudo abrir (apenas alguna patadita hábil de su muy opinable último 10, Jules Plisson), controlado por la defensa de Italia… la gente hacía la ola. La misma gente que alguna vez (al menos alguno de ellos debería quedar o haber sido educado en el recuerdo de aquellos días) asistiera en el Parque de los Príncipes, no digamos en el Colombes, a aquellos gloriosos espectáculos de malabarismo combinatorio que Francia supo producir y alimentó, bien mezcladitos con la proverbial brutalidad ya la sangre espesa de sus delanteros (*), para gloria de su rugby. Y del rugby, en general. ¿Qué harían los visitantes del suburbial Saint Dennis si un día vieran algo así?

En fin, que el Seis Naciones avanza y al siempre renovado gusto por volver a verlo en la primera jornada le ha sustituido este fin de semana un aburrimiento mortal en cada uno de los tres partidos. Completado, por cierto, con el 11-6 de España a Bélgica, aunque ahí había tanta necesidad de victoria que no le pondremos reparos al marcador. Pero lo otro… Me lo dijo mi presidente después del fin de semana inicial y le puse cara de escéptico: “Yo veo muy poco nivel en este Seis Naciones”. Hombre, espera un poco, murmuré… Ahora le tengo que dar la razón. Sí, Irlanda parece por encima del resto y sus viejas conexiones en el medio campo (Sexton, D’Arcy, O’Driscoll), combinadas con su furia defensiva, el empeño salvaje en la presión y la mecánica gloriosa de su delantera en las fases estáticas le procuraron una minuciosa demolición del, por otro lado, etéreo equipo de Gales. Pero no hay partido sin dos contendientes. Y no hubo partido en Dublín (26-3 es un resultado extrañísimo entre los equipos celtas), porque este Gales de Monsieur Gatland anda en un profundo extravío, al que por cierto no ha sido ajeno en temporadas precedentes. Menos competencia hubo todavía en la Calcutta Cup (0-20 para el equipo de Lancaster), al punto de que ni siquiera podemos juzgar a los ingleses. En la tarde dominical, Francia tuvo un arranque de segundo tiempo con tres ensayos de Picamoles, Fofana y Bonneval, y eso fue todo (30-10). Ya sé que puede ser cosa mía, pero es que también me aburrí, así que no agrego más detalles. Queda la crónica un poco a la Carlos Boyero: como no me gustó, no cuento nada. Los cronistas mercuriales somos así (!!!). Je.

De modo que el choque del día 22 entre Inglaterra e Irlanda en Twickenham es nuestra esperanza de rescate. Y puede, desde luego, nominar al campeón. Aún pienso que van a ser los de la Rosa, pese a todo lo visto. ¿Francia? No estoy seguro de poder razonarlo, pero no lo veo. Ni siquiera ante la acumulación de evidencias en forma de resultados y calendario; ni siquiera ante ese arcano de que, cuanto peor llegan, mejor parados salen los franceses. Pero uno nuna fue bueno haciendo pronósticos. Y así nos va: se nos acumulan los errores y sus consecuencias. ¿Y si ahora van los chicos de Saint-Andrè y ganan con Grand Slam? En ese caso haré lo mismo que prometo si un día alguien me ve participando en una ola en partido de rugby (y aun de cualquier otra disciplina): cortarme el meñique. Pero con un papel y poco, ojito…

[*] Vayan a www.tornarugby.blogspot.com.es y busquen la entrada del miércoles 25 de agosto de 2010, titulada ‘Malos de verdad’. Con su erudición habitual, Phil Blakeway nos sirve un gracioso catálogo de algunos de los animales salvajes que han conformado esa cuerda de galeotes malcarados, vestidos de azul, que llamamos de forma común ‘la delantera francesa’.

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7 responses

20 02 2014
peleida

buenas
sobre lo de la ola, como bien dijo ese famoso godo del codigo asociacion: no ase falta disir nada mas

Discrepare, como llevo haciendo quince dias con casi todo el mundo , en lo del irlanda gales. Me parecio mayestatica la exhibicion verde, aplasto a los galeses en delantera sin remision. En todas las posibles situaciones, touces(ahi lo esperabamos todos) , mauls(ahi mas o menos tambien) pero fueron demoledores en las abiertas(rucks y contrarucks) . en multitud de jugadas en las que los galeses , parecian llevar ventaja , los pasaron por encima
si añadimos que los medios galeses siguen a lo que estan y que el hasta este torneo casi infalible hlaphenny estuvo erratico(como contra italia) la cosa no podia finalizar de otra manera.

los otros dos partidos la verdad es que no tuvieron historia , y pena da lo de escocia otrora equipo lleno de orgullo y hoy en dia, grupo sin alma ni liderazgo.

y sobre lo de las cervezas que el amigo mario comenta, por dios veo que usted cuando va a esos lugares frios del norte adopta las costumbres locales. Eso de ir al partido y beberse no menos de 6 pintas durante el desarrollo del mismo,

17 02 2014
peregrinator

Explicación muy clara. Si lo he entendido bien, hay que mirar mas las caderas que los brazos, y ver si el jugador se ha detenido del todo o no. Y más que doble movimiento, sería una retención del balón por el jugador placado. Muchas gracias por la luz.

17 02 2014
peregrinator

Una de reglamento. Viendo el ensayo de Picamoles, me viene a la cabeza una de muchas lagunas sobre el reglamento, que es el tema del doble movimiento. Podría alguien explicarme cuando una maniobra como la que se ve en este ensayo es doble movimiento y cuando no? muchas gracias por iluminar a quien esta en la oscuridad,

17 02 2014
ornat

Trataré de arrojar luz. Para empezar es preciso aclarar una cosa fundamental: el doble movimiento no existe como tal en las reglas del juego. Es sólo una forma extendida de explicar la Ley 15 del reglamento, que es la que se refiere al placaje y a lo que el jugador placado y el placador han de hacer en tal caso. De hecho, el llamado doble movimiento es, en realidad, una regla del rugby league, no del union. Si consultáis foros de árbitros, veréis que hacen hincapié en ese detalle, que es el que genera toda la confusión. O el que la aumenta, en realidad, porque en efecto esta regla es equivoca como algunas otras. A ver si la puedo explicar…

La cuestión estriba en que para considerar a un jugador placado, este ha de haber sido derribado (al menos sus rodillas han tocado el suelo) y, sobre todo, DETENIDO POR COMPLETO. Cuando eso ocurre tiene el deber, como sabemos, de poner la pelota en disposición de ser jugada por el resto de jugadores que han quedado de pie. Es lo que llamamos ‘liberar’ el balón. Pero ese jugador placado y detenido también tiene derecho a estirar su cuerpo y sus brazos, de inmediato, en cualquier dirección para poner esa pelota en juego. Y eso, si se produce cerca de la línea de marca, supone que tiene derecho a estirar los brazos y ensayar. Si no ha sido detenido por completo en el placaje, simplemente puede seguir avanzando, volver a levantarse si ha caído parcialmente y ensayar. Es lo que hace Picamoles: lo placan y va parcialmente al suelo, pero el placaje no lo frena por completo, así que aprovecha la inercia de su movimiento para ensayar. Como hace dos movimientos con los brazos parece que está contraviniendo la ley, pero es que, insisto, no existe tal referencia en las reglas al doble movimiento.

Lo que conocemos por esa frase es que un jugador, ya placado, derribado y detenido en el suelo, intente volver a avanzar (impulsándose con sus rodillas, los pies, las piernas o el tren superior…) en lugar de poner de inmediato el balón en juego para el resto.

En resumen, ante una jugada como está lo que hay que hacer para resolver la duda es NO PENSAR O FIJARSE EN SI HAY DOBLE MOVIMIENTO O NO, sino fijarse en si el jugador placado HA SIDO O NO DETENIDO. Si lo ha sido, puede estirar los brazos y anotar; pero ya no puede reiniciar otro movimiento de avance.

14 02 2014
Jose Ignacio MARCA

Hola Mario, yo también sigo pensando que será Inglaterra, a priori mejor calendario que los demás al tener 2 en casa y la posibilidad de poner muchos puntos de ventaja en el último partido contra Italia. Pero todo pasa porque Gales entre en el Torneo venciendo a Francia y provocando el cuádruple empate a 2 victorias y una derrota tras la tercera jornada, contando con que La Rosa gane a Irlanda…. ¡por fin un 6 naciones con casi todos implicados y compitiéndolo!. De la ola diré que tampoco me parece para tanto, no debemos ser tan estrictos con nuestros propios códigos.

17 02 2014
ornat

Gracias por el comentario, José Ignacio. A ti com a todos os que volvéis siempre por aquí. Aclaro una cosa por si había quedado confusa: yo detesto la ola en el rugby y en cualquier otro deporte. Qué le voy a hacer, es un prejuicio que tengo. No me gusta. La cosa, en ese sentido, no va más allá de una preferencia personal que expongo aquí para entretener y debatir un rato con todos vosotros. Nada más. Pero sí creo que es un síntoma (no el único) de muchas cosas que están cambiando en el rugby a toda velocidad y que, la verdad, no estoy seguro de que me guste a donde llevan. El comportamiento del público y de los jugadores están entre ellas. Creo, sin dramatismos, que el rugby ha extraviado o va a hacerlo algunas esencias que lo hacían singular y admirable. A mí no va a dejar de gustarme, pero añoraré esas cosas que se pierden y queme parecían felizmente distintivas.

13 02 2014
peregrinator

Un deportista de élite que ve que el público hace la ola debería preguntarse si lo que esta haciendo merece el precio de la entrada. Yo al teatro voy a ver a los actores en escena, no al resto del público. La dichosa ola me desagrada tanto como a tí, Mario. De hecho en estadios de futbol de equipos de verdad, no de equipos de plástico n ose ve nunca. No entiendo que la puedan hacer en el Stade de France. Me parece un insulto a Sella, Camberabero, Blanco y demás que son los me aficionaron a este deporte. Por cierto, que me parece que el champan ha dado muchos más títulos y resultados a Francia que la supuesta eficacia pragmática laportista. Respecto a los partidos del pasado finde….bueno, quedémonos con lo positivo, Irlanda va estupenda y seguro que ganamos de calle en Twickenham (soñar es gratis Mario, déjanos un poquito, que seguro que le daría mucha vida al torneo).

Valor y fuerza ( gladiator dixit)

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