Read se corona en la Catedral

22 11 2013

La tercera semana de tests otoñales ratificó las impresiones de las anteriores. Ya sabíamos que Francia puede poner en las cuerdas a los All Blacks… al menos en París; y que, de forma simultánea, los All Blacks pueden sobreponerse a esa incomodidad, tirar de otros hilos de su juego y seguir ganando. Este fin de semana constatamos que los ingleses también pueden amenazar a NZ… algo que no hacía falta confirmar porque, de hecho, hace un año les ganaron. Hoy, el equipo de Steve Hansen parece mejor preparado que nunca para hacer frente a encuentros de dinámica incómoda para su juego. Y volver a ganar, que es de lo que se trata. Esta vez lo hicieron 22-30, en un partido con mucha miga y periodos intermedios que dieron para todo. El resto de encuentros, sin embargo, propagaron una impresión pálida. En este noviembre está faltando igualdad. Las diferencias están agrandadas, por sí mismas y por el estado opuesto de la temporada para cada uno. Así, Sudáfrica dejó a cero a Escocia (0-28), algo que no les sucedía a los caledonios desde 2007, cuando los All Blacks les aplicaron tratamiento análogo (40-0). La rotundidad bokke causa estragos en Europa: Gales no pudo anotarles un solo ensayo; Escocia, ni siquiera un punto. En el otro gran centro de interés del fin de semana, Australia se deshizo con notable comodidad de Irlanda (15-32), con Cooper en su versión favorable por un lado, más dos ensayos de Hooper, y la lesión de Johnny Sexton en el otro. Y en Gales, Argentina fluctuó de forma dolorosa entre la más que esperanzadora aparición de Cordero, por ejemplo, y una derrota severa (40-6) que subraya el estado de transición de los Pumas. Diez derrotas en 2013, las últimas ocho seguidas. Les queda Italia este fin de semana, pero para lo único que están ahora mismo los argentinos es para acabar la temporada, mudar la piel con Hourcade o quien sea al frente en la próxima y reencontrar los fundamentos de un equipo cuyo crecimiento se ha hundido en un agujero que parece tener su centro en las mismas baldosas del vestuario.

Kieran Read se deshace del intento de placaje de Ashton con un hand-off: el primer ensayo de los All Blacks llegó tras una penetración del 8 por el ala derecho de Inglaterra: el estado de forma de Read y su rugby lo lleva mucho tiempo en niveles extraordinarios.

Kieran Read se deshace del intento de placaje de Ashton con un hand-off: el primer ensayo de los All Blacks llegó tras una penetración del 8 por el ala derecho de Inglaterra: el estado de forma de Read y su rugby lo lleva mucho tiempo en niveles extraordinarios.

A Inglaterra la forma de la derrota le sirvió para muscular su confianza camino de 2015. Tiene motivos para ello: durante una hora de juego, pasado el ciclón inicial de Read y Savea con sus ensayos, casi todo lo que ocurrió fueron buenas noticias para Inglaterra. Y peores para los neozelandeses. Para empezar, otra lesión de Carter, que dejó el partido aún en la primera parte. Su vulnerabilidad física, en cuanto a las lesiones, sería el único punto débil de un jugador mayúsculo. Para cuando se fue Carter y entró Cruden, Nueva Zelanda ganaba 10-17. Habían ensayado Savea, tras una descarga sobre la línea de touche de Read; y el propio número 8, culminando una combinación maravillosa. La estatura de Kieran Read se ha hecho ya indefinible. Cuesta recordar a un número 8 con un impacto tan global, extensivo y sostenido en el campo. La constatación no es nueva. Cuando a final de año le den el premio al Mejor Jugador del mundo en 2013, porque no puede ser de otra forma, repetiremos esto que vamos a decir ahora: ese premio le llegará con un año de retraso. Pero esto no explica su fulgurante transformación de este último trienio. En 2009, Read era percibido por la afición All Black como el jugador con menos valor de los All Blacks, junto al apertura Stephen Donald. Ahora, en ese juego de Monopoly neozelandés, Read sería la Milla de Oro.

Pero volvamos al partido, que tuvo mucho que contar después de la mayestática aparición de Read en el primer tramo del encuentro. Los All Blacks alejaban la pelota enseguida de los contactos e Inglaterra sufría para hacer eficaz su defensa frente a un contrario de ritmo altísimo en ataque. Contra todo pronóstico, lo logró cuando más arriba planeaban los All Blacks. Y durante el resto del primer tiempo y la mayor parte del segundo, el partido fue inglés. Launchbury capitalizó una pelota extraviada a la salida de una melé para anotar ensayo y coronar el extraordinario partido de la segunda línea. Se pareció, aun siendo bastante más confuso por los rebotes previos, al ensayo oportunista de Robshaw una semana antes. El caso es que Inglaterra logró hacer que su ensayo pareciera inevitable, consecuencia directa del juego. Algo impensable pocos minutos antes. En ese tramo en que Nueva Zelanda vivió sitiada, los ingleses habían elevado a consulta ya un par de posibles ensayos. Poco a poco, aprovechando la insistencia de los negros en las infracciones, y rentabilizando la ausencia por amarilla de Read, Owen Farrell le movió la silla a los All Blacks con su pie. Llegó a hacer seis de seis con la pelota parada. Esa precisión provocó un lento vuelco del encuentro. Patada a patada y venciendo en las batallas intermedias, Inglaterra se adueñó del balón, el territorio y la iniciativa. Si la vida fuera un ruck, los ingleses dominarían el mundo.

Twickenham había empujado desde el previo, ahogando el paroxístico Kapa O Pango liderado por Messam con un general Swing Low, Sweet Chariots… Inglaterra juzga a su equipo entregada al anhelo del Mundial 2015. aunque tiene cosas que arreglar y no son menores. Más allá de las opiniones que lo consideran un jugador unidimensional (y aquí nos acecha con frecuencia ese prejuicio), la ausencia de Manu Tuilagi pesa mucho en esta Inglaterra de hoy. Tuilagi hace una cosa, pero la hace muy bien: es un ariete ofensivo con todas las de la ley. Capaz del desequilibrio por impacto. Twelvetrees, mucho más fino, mejoró su primer partido, pero Inglaterra necesita bastante más en el medio campo. Tomkins ha defraudado expectativas. La alternativa de Barritt, ahora lesionado, siempre fue contestada. En realidad, Inglaterra aún no ha alcanzado un funcionamiento plenamente convincente de sus tres cuartos en ataque. Farrell tiene una compostura admirable ante situaciones de presión, pero su juego con el balón a la mano (con esas frecuentes derivas laterales que cierran espacio a sus exteriores), su toma de decisiones y su capacidad creativa resultan muy opinables. Lo mismo vale decir del medio de melé. Y, por fuera, los alas siguen generando dudas. Lo único indiscutible es Brown de 15: su lectura anticipatoria del juego defensivo resulta fascinante. Su medida para las pelotas aéreas y la salida al contraataque, formidables. Él está siendo, con el crecimiento del par Lawes / Launchbury (se comieron a rivales tan altamente cualificados como Whitelock y Retallick), la dominación del pack y el pie de Farrell, lo mejor de Inglaterra.

Pese a todos esos valores, Inglaterra perdió. Nueva Zelanda se rehízo a tiempo y, mostrando una vez más su terrible pegada, sacó partido de una touche rebañada en la 22 contraria para lanzar un largo movimiento que Nonu convirtió en ensayo de Savea. El papel creativo de Nonu desde el medio campo, cuando el apertura negro se ve muy presionado, suele pasar inadvertido, pero es muy notable. Nonu, cuando quiere, sabe jugar muy bien el rugby antónimo de su apariencia: aligera los choques y las rupturas y muestra finura en las patadas a seguir y la creación de superioridades dos contra uno. Su movimiento en el segundo ensayo de Savea resume esa tesis. Con eso, y metido en campo contrario, Nueva Zelanda ganó en Twickenham y redimió la derrota de hace un año en este mismo estadio. Lo hizo otra vez a la contra, como en Francia. Con sufrimiento matizado: tres ensayos a uno. Esa potencia de fuego supone un argumento incontestable. Queda pendiente de un solo partido, en Dublín este fin de semana, en su búsqueda del año perfecto, sin derrota.

Precisamente de Irlanda queríamos hablar. Otro equipo en (re)construcción, al menos de ideas y con técnico aún en rodaje, si lo queremos llamar así. Irlanda salió al partido con los Wallabies y se fue a buscar a Australia a su campo. Cualquiera sabe que los australianos prefieren mantener la pelota en movimiento todo el tiempo posible: habitantes de un continente de grandes extensiones desérticas, su comportamiento parece una somatización telúrica. No les complacen espacios cerrados como la melé… Así, el plan de Joe Schmidt consistía en presionar bien arriba, para mantener a Australia en su campo y hacerlos partir de posiciones muy alejadas de los territorios de ataque. Y, si era posible, forzar errores. Aunque la touche verde tardó algo en ajustarse (O’Brien funcionó entonces mejor que Toner como saltador), pronto los irlandeses lograron armar un maul en avance, a la salida de un saque lateral, que produjo su primera amenaza de ensayo y, eventualmente, tres puntos salidos del pie de Johnny Sexton. Quade Cooper había hecho la primera diferencia por el mismo camino.

El plan irlandés no funcionó. La dirección del mercurial apertura australiano le hizo mucho bien a su equipo. Cooper enseguida tiró de los hilos para animar un ataque de lado a lado que implicó desde Stephen Moore, el talonador, a Hooper, Toomua y Kuridrani. Fijada la defensa irlandesa, la agilidad del relanzamiento al lado contrario de Cooper (acelerada por ese sistema de doble 10 que permite usar a Toomua de primer centro) produjo una segunda escapada de Moore, el pase en contacto de éste a Cummings y la fulgurante carrera en contrapié del Honey Badger, al que Bowe y Kearney solo pudieron ver pasar, lanzado como un mercancías, en diagonal al ensayo. Con su rizo amarillo domesticado en una cinta al estilo clásico de los delanteros, Cummings recordaba a un Bjorn Borg enloquecido. O a un rockero californiano en el verano del amor. Aún es uno de esos personajes que anima por sí solo los partidos: y ojo, la potencia desaforada de su carrera y su ratio de finalizaciones no parecen nada desdeñables.

Pocos minutos y un golpe de castigo errado por Sexton más tarde, Australia posó el segundo: otra vez Cooper empujó hacia atrás a Irlanda con patadas al espacio abierto a la espalda de sus alas. La presión, la ineficacia verde en la persecución de las patadas de salida y las combinaciones veloces de los Wallabies para encontrar superioridades en los extremos del campo, produjeron una penetración lanzada esta vez por un tercera (Fardy) y finalizado en ensayo con carrera ventajosa por otro, Michael Hooper (3-15). Sexton, aprovechando los golpes australianos en los rucks (y una amarilla a Hooper por el medio) equilibró al descanso (12-15) un partido en el que los wallabies parecían tener la iniciativa y el filo. Luego se lesionaría. En realidad, el segundo tiempo sólo trajo noticias de incertidumbre para las filas irlandesas. Cooper se coló entre Madigan y Marshall para posar la tercera marca australiana, a la salida de una melé. Ojo con eso: Australia, ensayando frente a Irlanda, en Dublín, a la salida de una melé. Bien, lo siguiente aún hizo más daño a la vista: los Wallabies entraron por delantera en la zona de ensayo rival, con un maul andante que permitió a Hooper su segunda anotación. Es decir, defensivamente falló todo. Primero las alas, luego los canales interiores, finalmente la defensa de la delantera. Mucho que hacer.

En fin, que noviembre va camino de terminarse y nos habrá dejado, como suele, con más preguntas que respuestas. Es lo bueno: que muchas se contestan, en realidad, en febrero y marzo. En el Seis Naciones. El último gran encuentro de esta ventana otoñal llega este fin de semana en París: Francia, contra los implacables sudafricanos. No estarán exentos de interés el Italia-Argentina, un choque de equipos análogos, de simetría inversa, en cada hemisferio. Miraremos con interés el Escocia-Australia para saber dónde más o menos están los chicos de, todavía, Scott Johnson… Y, sobre todo, pondremos la vista en el Central de la Universidad Complutense, donde España recibe a Japón después de dos partidos que no hemos podido ver: victoria en Chile 3-26 y, en Uruguay, parece que aprovechable derrota por la mínima con los Teros (16-15). Ensayos de Beñat Auzqui y Pablo Feijoo en un partido en el que a España le falló el pie de Igor Genua. Para este sábado, Santiago Santos rearma su equipo con Franck Labbe, Mariano García, Jaime Nava, Anthony Pradalie, Unai Lasa, Juan Anaya, David Barrera, Martín Heredia y Julen Goia. Japón viene de perder con los All Blacks y Escocia, claro, pero le ganó a Rusia (13-40). El partido servirá para medir el impacto de la recuperación de la doctrina Sonnes en el XV de España y calibrar opciones para hacer el mejor equipo posible cara al Europeo de Naciones del nuevo año.

Anuncios

Acciones

Information

One response

4 12 2013
peleida

desde luego lo de read es increible, su mejora en 2012 y 2013 es insuperable. se ha convertido como bien comentas en un 8 mitico. su impacto en el juego,en todo, el de ataque incluido con la linea desplegada, es devastador. su lectura del intervalo, su desconocida capacidad de pase, que este año ha lucido como nunca lo convierten en algo que nadie habia sido capaz de predecir hasta ahora.
esa capacidad de pase me retrae al gran zinzan brooke si uno ve los ensayos de los all blacks en esa epoca muchos llevaban el ultimo pase de brooke un tipo capaz de dropar incluso siendo un 8(quizas su antecedente fue el john taylor de los patilludos aunque este era un 7).

pero read esta rompiendo en jugador totemico , si es capaz de aguantar a este nivel hasta el 2015 sin duda pasara al olimpo de los grandes rugbiers

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: