Meyer contra el oscuro pasajero

30 09 2013

Para arrebatarle a Nueva Zelanda el Rugby Championship los Springboks necesitarán al menos cuatro ensayos y una diferencia de ocho puntos frente a los All Blacks, en la última jornada del torneo, este sábado próximo: es decir, ganar el partido, hacerlo con punto bonus ofensivo y evitar que los neozelandeses sumen el defensivo… Naturalmente, tampoco el ofensivo. La amplia victoria de Sudáfrica frente a los Wallabies incluyó una decepción mayor por debajo del rotundo marcador (28-8): al equipo de Heineke Meyer se le escapó el quinto punto, un extra que los hubiera aproximado algo más al trofeo que el sábado defenderán los All Blacks. Tal y como están las cosas, la victoria negra se antoja incontestable.

Sudáfrica jugó un excelente partido, pero volvió a traicionarla su naturaleza agresiva, que va tomando ya la forma de un enemigo interior que Heineke Meyer debería conjurar si quiere que su equipo alcance la cima del mundo. En 20 minutos los sudafricanos resolvieron la disputa con una superioridad aplastante ante un rival, Australia, que pareció un triciclo enfrentado a una apisonadora. Como dice Quade Cooper, a los Wallabies se les han terminado las excusas. Su objetivo vuelve a quedarse en evitar que los Pumas los conviertan en su primera víctima en este Championship. Un año, un entrenador y bastantes jugadores más tarde, Australia continúa en el hoyo y sin diagnósticos válidos para afrontar su recuperación. Los Pumas estuvieron lo suficientemente cerca de la victoria ya en la ida como para pensar que pueden hacerlo… aunque necesitarán más de lo que ofrecieron el sábado contra Nueva Zelanda. O mejor: lo mismo, pero de forma sostenida durante todo el partido.

Strauss acaba en el primer ensayo del partido una carga de los Springboks: el talonador ya ha anotado dos en este torneo.

Strauss acaba en el primer ensayo del partido una carga de los Springboks: el talonador ya ha anotado dos en este torneo.

En ese mismo espacio de tiempo en el que Australia confirmaba la sospecha de que Robbie Deans no era el final del problema, Meyer y sus jugadores han acortado el espacio que los separaba de los All Blacks. Deportivamente, al menos. Y con matices. Al margen de otras consideraciones, a los Boks les falta algo fundamental y que a menudo se pasa por alto cuando se piensa en el rugby de los All Blacks: la clínica disciplina de comportamiento y ejecución con que los neozelandeses llevan a puerto su plan de juego y la esperada ratificación de su superioridad. Lo que ocurrió este sábado en el magnífico estadio de La Plata -50 minutos de aguerrida resistencia y desafío de los Pumas y media hora final de disolución bajo  la implacable maquinaria negra (15-33)- fue más o menos lo que Meyer tenía previsto en Ciudad del Cabo para Sudáfrica. El sábado el plan de los Boks consistía en salir al rectángulo como Tyson en los días en que aún resolvía los combates a base de guantazos y no mordiéndole la oreja a su enemigo. Es decir, solucionar la contienda cuanto antes y por la vía del cloroformo; para luego desgastar a los australianos y hacerles lo que ya les hicieron en el primer partido: rajarlos de arriba abajo en el último cuarto del choque con esos ensayos voladores para los que guardan a Willie le Roux, Habana y al mismo De Villiers, que está jugando un torneo excepcional.

Puestos a la tarea, la primera parte del proceso quedó cumplida con una aplicación escolar. Al minuto 19 ya no había ni Australia ni partido. Adriaan Strauss (talonador con un ritmo altísimo de trabajo, enormemente dinámico pese a su tamaño y con un olfato sensacional para el ensayo) hizo la primera marca; y Kirchner terminó al poco un contraataque excelso que implicó a toda la línea Bok. Pero Sudáfrica, que estaba para la brillantez sobre la base de su demoledora autoridad física, cedió a la tentación de darles también una paliza a los australianos. Es decir, una paliza física: pegarles hasta en el apellido, si fuera posible. La cosa empezó con un placaje bien peligroso de Hooper, que bajó a golpear a las rodillas del enorme Etzebeh y lo volteó por el aire como si le hubiera metido una palanca hidráulica bajo el cuerpo. Fue amarilla, pero ahí la temperatura subió y ya no iba a bajar en mucho rato.

Al calor del tortazo se produjo una primera berrea colectiva en la que las cámaras captaron lo que parecería un eye gouging (meterle el dedo en el ojo a un contrario con intenciones brutales, más de las que conlleva el hecho en sí y sin metáforas por el medio) de Jannie du Plessis a Stephen Moore. Lo hizo viniendo desde atrás mientras los demás se tironeaban en la discusión. Y, aunque el árbitro pasaba por detrás justo en ese momento en el que Du Plessis agarra la cabeza del talonador australiano y tira de ella para atrás, presumiblemente con uno o más dedos dentro de la cuenca ocular del otro, no advirtió los hechos. No faltará quien interprete algo de torva justicia poética en el perdón implícito al otro miembro de la saga Du Plessis, tras la controversia por la expulsión de Bismarck.

Después vino el placaje, por llamarlo algo, de Flip van der Mewe a Tomane, que les costó el primer sin bin a los sudafricanos. El segunda línea bokke aplicó una clásica suerte del rugby de alcantarilla: ir a la percusión alta con el antebrazo por delante, buscando el rostro contrario. Los boxeadores siempre dicen que para desgastar a los rivales hay que sacarles el aire pegándoles en los costados como si fueran una bolsa; pero a la hora de noquear, la fórmula más rotunda consiste en asestar un martillazo en la quijada. No hace falta siquiera que el golpe tenga un gran recorrido. El mentón es un multiplicador inmediato de los impactos y la onda del samugazo llega enseguida a las rodillas, que se doblan, y al cerebro, que entra en suspensión. El hombre, así, cae como un saco de patatas. Tomane, al que ya había detenido Willem Alberts, se comió un notable sopapo, de esos que son amarilla por definición y roja por consideración moral: el que lo pone en práctica sabe muy bien lo que hace y lo que quiere. Un nocáut.

Poco antes, el ala australiano había sido protagonista de una de las varias peleas que ya adornaban el partido. En esa ocasión el implicado fue otro de los hombres duros de la delantera sudafricana, Strauss. De ahí pareció derivar la toma de justicia posterior de Van der Mewe. En los Springboks rige por definición una variante del código 99 de los Lions de Willie John McBride: si tocan a uno de los nuestros, pegamos todos… En ocasiones ese comportamiento, del que han hecho fortuna competitiva con una dureza tremenda, revela una traza como de bárbaros medievales: no tienen suficiente con ganar la batalla, tomar la aldea, invadir el territorio y avanzar en la invasión. No. También han de quemar las casas, arrastrar a unos cuantos ancianos atados a un caballo, empalar a los padres de familia y violentar unos cuantos cuerpos. La delantera sudafricana compone un grupo salvaje. Lo suyo es el rugby vikingo.

El problema es que, dentro de su naturaleza combativa, el juego hace tiempo que decidió arrojar tanta luz como fuera posible sobre esas oscuras esquinas en las que antaño se cometían carnicerías furtivas. Hay un árbitro armado de cámaras, jueces aplicados en la banda y cómplices de gran hermano ocultos en las cabinas del estadio. Así, las expulsiones van que vuelan. Si los Springboks no lograron la superioridad precisa para su cuarto ensayo se puede sospechar que fuera, en buena parte, por haber cedido a la brutal pulsión de eso que en la serie Dexter llaman el oscuro pasajero.

La segunda exclusión sería para Duane Vermeulen, esta vez con un avant deliberado para interrumpir un ataque australiano cercano al ingoal. Fue una falta profesional, como se llaman en el reglamento, del número 8; nada que ver con la violencia. Pero ha quedado claro que por las venas de la familia Bok la sangre corre espesa. Sudáfrica jugó diez de los últimos 15 minutos del choque con 14 jugadores.  Y, aunque también se fuera el australiano Timani; aunque Le Roux escapase una vez para posar sobre la esquina con su proverbial habilidad; y aunque SA oliese otro ensayo del irresistible ala, frenado a tiempo… a pesar de todo eso cabe preguntarse cómo afectaron las ausencias a la búsqueda del necesario cuarto ensayo. Sobre todo cuando los Boks estaban desatados en ataque y arrasando en cada metro del partido. Es decir, qué sería de este equipo sudafricano si alguien lograse embridar su lado salvaje.

La pregunta consiste en si, camino del gran duelo que prevemos para 2015, Meyer logrará domesticar el demonio desbocado que habita en el corazón de su magnífico equipo. Una acción individual equivocada se puede ver como una decisión unilateral, fuera de control, de un jugador. Pero también es cierto que la disciplina colectiva llama a la particular y que hay mecanismos para incorporarla como cultura al comportamiento de un equipo en el campo. Ese es un reto para los Springboks, complementario al deportivo: más allá del error de Poite o del empeño posterior de Bismarck en bordear el reglamento, el último choque de Sudáfrica ante los All Blacks demostró que para enfrentarse a ellos hay que ir con todas las armas y no concederles ni un mínimo resquicio. En el rugby, hoy, la disciplina ha devenido en factor básico del juego. Los Springboks, el equipo más duro de los últimos tiempos, deben madurar su agresividad para que no acabe siendo su peor enemigo.

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8 responses

8 10 2013
migueltuck

Esperando tus impresiones de El Partido del sabado…

9 10 2013
ornat

Son días complicados: disculpas por la demora. Espero dejar la pieza hacia el mediodía de hoy. Gracias por la paciencia.

9 10 2013
peleida

tranquilo supongo que a todos , nos pierde la impaciencia , sabiendo como sabemos que tu verbo embellece y aporta matices que quizas no apreciamos estamos deseando leerlo.
seguro que merecera la pena la espera
p.d: momento pelota fin

2 10 2013
peleida

buf otra vez entramos en terreno pantanoso. el rugby es un deporte duro, de contacto , el cuerpo a cuerpo es pan nuestro de cada dìa, pero hay unas reglas y hay que cumplirlas. y hay personas encargadas de hacerlas cumplir , siendo su labor muy muy difìcil.

el problema de los bokkes es que confunden muchisimas veces agresividad(que es buena ) con violencia gratuita y macarrismo. y como he dicho antes no una o dos veces, muchisimas.

y a mi hay cosas que me enferman, no solo en el rugby, ni siquiera en el deporte, tambien en la vida, y una de ellas es ver como tipos que van de duros no son mas que macarras del 3 al cuarto. como el tal matfield y el botha(os habeis olvidado de john smith ese hombre). muy valientes pegando a un caido en el suelo o a un tio 20 centimetros mas pequeño que ya ha soltado el balon y eso si deberia ser fuertemente sancionado.

como el tal du plessis este fin de semana, deberia haber sido gravemente sancionado, lo que hace es muy muy peligroso para la salud del rival, sino recuerdo mal dupy paso veintitantas semanas sancionado por algo parecido

http://www.marca.com/2009/12/19/mas_deportes/rugby/1261180316.html

y el pillier de un equipo frances 54 , eso si este lo hizo en un ruck con un caido.

y es triste hablar de estas cosas cuando deberiamos de hablar del partido en si, que tiene muchisimos atractivos. Unos springbooks que llegan muy fuertes con un conjunto joven y plagado de una fuerza casi sobrehumana, frente a unos blacks que siguen en la cresta de la ola haciendo camino poco a poco y dando relevo y horas de vuelo a jovenes talentos o a jugadores reconvertidos como ben smith

1 10 2013
migueltuck

Gran articulo. Este tema necesitaba un escrito aparte de lo ocurrido en el NZ-SA.
Completamente de acuerdo con lo que escribes. Fijate tu que manera mas estupida de Jannie de jugarse el partido de los All Blacks, lo normal es que lo citaran y le cayera unas cuantas semanas. Van der Merwe por ejemplo no podra jugar, ahora que estaba por delante de Kruger.
A mi hace un tiempo que me chirria esa actitud agresiva de SA, no creo que sea algo potenciado por Meyer, recuerdo varios sucesos en las epocas de White o P. De Villiers. Ademas siempre que juega SA hay un alto porcentaje que haya tangana. Antes con Bakkies Botha, Matfield, Burger, ahora con los Du Plessis,Vermeulen, Alberts o Ezebeth ( este ultimo ha heredado tanto lo bueno como lo malo de sus predecesores ).

Si los ves por separado, pintandoles el color de la camiseta y no poniendoles caras a los jugadores podrian pasar como acciones aisladas propias de un calenton, pero cuando ves que todas vienen del mismo lugar te das cuenta que juegan bordeando el reglamento y saltandoselo claramente.
El de Greyling sobre todo me parece brutal, para dejarlo en el sitio.

No creo que este reñido ese rugby fisico, alta intensidad en el juego etc… con la no violencia. Evidentemente siempre hay faltas de juego y acciones peligrosas, pero es que SA sobresale por encima del resto.

1 10 2013
Payoranger

Viendo a H.Meyer en la pecera y siendo un poquito malo, puedo imaginar de donde les viene el ansía…

30 09 2013
Fran

Muy buena entrada, como siempre. Por cierto, el marcador del SA vs AUS fue de 28 – 8, no 28 – 3.

Un saludo.

30 09 2013
ornat

No era la única imprecisión… Venía editando sobre la marcha y lo he publicado antes del repaso definitivo. Gracias, van los cambios.

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