¿Debería Australia aprender de los Pumas?

9 09 2013

Puede que haya llegado el momento de que alguien se siente en una mesa (ese alguien bien podría ser Ewen McKenzie, el seleccionador) y, ante la evidencia de las pruebas reunidas, admita: “Es oficial, los Wallabies están en un laberinto“. Sudáfrica le pasó por encima a Australia el sábado, ante su propia gente, en la tercera jornada del Rugby Championship. Y si se dice le pasó por encima, no es sólo que lo superó deportivamente (el resultado de 12-38 no ofrece dudas), sino que le pasó por encima, de forma literal. Como una aplanadora. Como una hormigonera. Como una picadora de carne. Y lo hizo despacio, sin alardes exhibicionistas, a la manera surafricana, reduciendo al contrario con paciente brutalidad, en cada contacto; una superioridad física expresa segundo a segundo del partido y que asfixió durante una hora la resistencia australiana, hasta las explosiones finales en forma de ensayo: Le Roux, también desde el ala, y Kirchner. Suráfrica es ahora mismo un equipo constrictor, de los que te vacía de aire a puro tortazo. Pero hay otra cuestión que salta a la vista: Australia, hoy por hoy, no está preparada para asumir la demoledora exigencia física del rugby de sus rivales.

Kieran Read descarga de forma maravillosa el balón para ensayo de Savea, con el medio de melé Landajo en un intento de detener la marca. AFP PHOTO / Michael Bradley

Kieran Read descarga de forma maravillosa el balón para ensayo de Savea, con el medio de melé Landajo en un intento de detener la marca. AFP PHOTO / Michael Bradley

En esa muy hipotética escena confesional de McKenzie, que sólo aspira a levantar una metáfora tal vez gráfica pero sin demasiada gracia, la primera pregunta de un informador avisado resultaría tan capciosa como fuera posible: “¿Es un laberinto o es un agujero negro?”. Negro. Ese color provocaría sonrisas maléficas al otro lado del Mar de Tasmania. Quizás también entre algunos infiltrados. Es inevitable: el rugby australiano vive en contraposición, por naturaleza, al rugby neozelandés. El problema no se detiene, sin embargo, en la comparación con los All Blacks. La cuestión es que Australia parece haberse quedado al margen de lo que el test rugby demanda hoy: fuerza, energía, potencia y tamaño. Hubo un momento en que Robbie Deans y su equipo parecieron en condiciones de dominar el mundo sobre la base de la velocidad, el rugby abierto y la mercurial creatividad de sus principales jugadores. Fue un espejismo.

Suráfrica abrió el camino en 2007. Parecía sólo una consecuencia del modo bokke de entender el rugby, de su estilo. Pero era mucho más que eso. Una tendencia anticipada: Graham Henry y los All Blacks lo entendieron a tiempo para ganar el Mundial de 2011. No sólo eso: lo mejoraron, agregaron rigores tácticos, un punto de cinismo defensivo si hiciera falta y su habitual brillantez exuberante. Hansen ha insistido en esa línea y la ha mejorado, con la ayuda del torrente extraordinario de talento que produce la escuela neozelandesa y que se percibe con facilidad en cualquier competición por debajo de los tests o el Super 15. La musculación táctica y física del juego All Black ocurrió al mismo tiempo que Australia perdía su identidad y todo lo demás, ante Irlanda.

Desde entonces, ya no se ha encontrado, lo hemos dicho mil veces. Siempre le quedan recursos porque hablamos de una nación enorme, una de las grandes del rugby. Pero desde dentro surgen voces que insisten en que ha perdido el tren. Y hay quien ya habla de que ha de cambiar su cultura de rugby, porque el problema es de detección, educación y producción de jugadores con el perfil necesario para lo que hace falta hoy. El modo en que la derrotaron los Lions más parcos en mucho tiempo fue la (pen)última explicación del proceso. Antes ocurrió lo de Irlanda o el tremendo 22-0 del año pasado en el segundo partido con NZ. Suráfrica agrandó el tamaño del abismo porque su forma de ganar este sábado precisó una idea violenta en sí misma, que casi duele plantearse: Australia está ahora mismo indefensa para competir con sus pares.

No puede, sin más. Ni con Robbie Deans ni con McKenzie. Australia no puede en la melé, no puede en el contacto, no puede en la defensa y, sobre todo, no puede en el break-down. La madre de todas las demás batallas. Ahora viene Argentina: un ominoso panorama… De ahí la pregunta de apertura, que hay que razonar para no perder la perspectiva ni faltarle al respeto a un equipo de rugby con un orgullo, una tradición y una genética tan gigantescos como el australiano. Australia ya salvó una situación parecida el año pasado, cuando parecía la víctima propiciatoria de los Pumas en su primera aparición en el campeonato: se arregló para vencer 23-19 y 19-25 al equipo de Phelan, que había llevado al empate a Suráfrica en el estadio Malvinas Argentinas.

Morné Steyn y Willie le Roux abrazan al zaguero Kirchner en uno de los ensayos ante Australia: Le Roux es una de las apariciones más rutilantes del último año en el test rugby.

Morné Steyn y Willie le Roux abrazan al zaguero Kirchner en uno de los ensayos ante Australia: Le Roux es una de las apariciones más rutilantes del último año en el test rugby.

Cuando pensamos si los Wallabies deberían aprender de Argentina, de lo que hablamos es de contraponer al extravío wallaby el modo en que el Tati sigue evolucionando a su equipo, desde una posición de evidente inferioridad de arranque, para competir en los términos en que debe hacerse en el rugby de hoy… y nada menos que con el Hemisferio Sur. Para constatar el progreso argentino basta comparar sus problemas en junio contra Inglaterra o en el primer partido de este Championship con Suráfrica: ese Janie du Plessis pidiéndole por favor al capitán Steyn que les dejara jugar los golpes en melé, para aplastar una vez más a los argentinos. A los argentinos y en melé, nada menos. Compárese tal inferioridad Puma con el comportamiento en esa fase del juego, y en el abierto, en sus últimos dos partidos: del equipo devastado en cada melé y contacto a la versión de ahora, con un trabajo excelente en las fases de conquista; la readaptación y crecida de su scrum, en un momento en el que la melé recupera de nuevo su condición de batalla en igualdad de condiciones; y una phisicality en el juego abierto a la altura o al menos suficiente para competir con los All Blacks en su visita del pasado fin de semana en Hamilton (28-13 para los All Blacks en un gran partido de los dos). Los Pumas han mejorado su break-down de una forma muy llamativa. Para lo que aún no tienen remedio (ni al Pato Albacete) es para la touche. Ahí han perdido el paso. Pero se trata de un detalle. El concepto general sigue avanzando.

Ese tipo de readaptación, de remodelación de actitud y convicciones, de trabajo o de estrategias (o todo a la vez) parece ser, al margen de otras cosas más o menos concretas, lo que necesita Australia. Esa cierta ferocidad y los cuerpos que la defiendan. Y luego ya veremos si Toomua es o no apertura para los Wallabies, si no debería jugar Sio, si McKenzie explota o no el talento… Hay un problema de base: Australia necesita esa cierta ferocidad… y los cuerpos y mentes que la defiendan.

Otro día, por cierto, hablaremos del duelo que viene entre los All Blacks y los Springboks. Y no sólo este próximo fin de semana con el cruce directo y los Bokke de líderes del torneo. La cosa va mucho más allá y promete un largo enfrentamiento: cada uno por su camino y con niveles de éxito y aceptación muy distintos (hace un año, Suráfrica crepitaba como un incendio en torno a Heineke Meyer), Suráfrica y Nueva Zelanda han construido un capítulo de rivalidad que promete inflamarse hasta la gran deflagración del año 2015 en Inglaterra.

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2 responses

10 09 2013
migueltuck

Un placer volverte a leer Mario.

Como dices Australia esta en medio de la nada. No entiendo como McKenzie, que ha lucido unos Reds magnificos estos ultimos años, no asume el 100% del estilo de juego como los de Queensland. Jugadores con buen manejo de balon, terceras extremadamente moviles y habiles en el breakdown, tres cuartos muy muy rapidos y los medios ya los tiene… Personalmente esa manera de jugar me gusta, pero no es la que en mi corta historia con el rugby suelo asociar a los wallabies. En sus ultimas grandes actuaciones en mundiales, tanto en el 1999 o 2003 aunque palmaran, tenian una delantera muy disciplinada en defensa como en ataque y capaz, en un mal dia , plantarle cara a cualquier equipo top, por ese caracter competitivo de sus jugadores.
A mi me parece que encajaria mas con el esquema de los Brumbies de Jake White ( experto en armar equipos fieros ) aunque decirlo ahora es un ejercicio de ventajismo puro y duro,sobre todo mirando el superXV y lo que llevamos de Rugby Championship.
De todas maneras McKenzie merece tiempo, aunque por el camino se pueda/se pegue numerosos bofetones, pero es que si te enfrentas 3 veces por año con los All Blacks y 2 contra Sudafrica alguna cornada te vas a llevar.

Lo de Sudafrica es todo lo contrario, hasta en años de transicion, es un equipo temible. Pocos equipos mas fuertes fisicamente se han podido ver, vencer al rival por aplastamiento en el rugby de elite de hoy en dia es complicado, pero viendo el encuentro del sabado parece facil. Percusiones brutales en ataque, presion asfixiante en defensa, nuncar rehuyen del contacto y en el palco un entrenador que parece que va a convertirse en Hulk en cualquier momento.
Lo mejor de todo es que son un equipo claramente en desarrollo, con un grupo de jugadores que va mas alla del 1 al 15, con aparaciones todos los años de jugadores jovenes ( Arno Botha , JJ Egelbrecht o Sefortein etc…) o celebridades en el exilio ( Du Preez , J. Fourie ) .Sin hablar de ciertas ausencias por unas cosas u otras que sin duda darian mas prestaciones a este equipo: Pierre Spies, Heinrich Brussow, Frans Steyn, el desparecido Burger…
Lo unico que no me gusta de este equipo son esos gestos de violencia que se ven en ciertos momentos, sobran completamente. Esta bien que se juegue con esa agresividad y al limite del reglamento, pero cuando lo sobrepasan continuamente con violencia no hacen mas que generar muchas trifucas y a veces hacer correr peligro la integridad fisica de los jugadores. En ese aspecto deberian de hacerselo mirar, aunque a juzgar por su historia, no van a hacerlo.
Espero tu articulo para hablar del ABs – Boks.

PD: No se puede comentar sin tener que registrarse en wordpress?

9 09 2013
payoranger

Creo que a estos partidos que se avecinan entre ABs y Boks habría que invitar a los del CERN, qué colisionador ni gaitas!

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