En memoria de Cliff Morgan (y otros)

29 08 2013

Cliff Morgan, fallecido este jueves, relató para la BBC el ensayo de Gareth Edwards a los All Blacks en 1973, una jugada que en el imaginario popular del rugby ha quedado como el mejor ensayo de la historia. La memoria del juego le reserva, sin embargo, otros muy notables méritos, en primera persona y no por intermediación de las genialidades de aquel equipo de los Barbarians: Morgan jugó como medio de apertura en Cardiff y alcanzó la internacionalidad 29 veces con Gales, una carrera que lo condujo a ser elegido Mejor Jugador de Gales en los años 50 por la WRU; y a la capitanía de los Lions en el tour por Suráfrica en 1955. Morgan no fue sólo el comandante de aquel equipo: también lo nombraron director del coro, porque ese seleccionado quiso ser desde el principio lo que ellos mismos llamaban un singing team. Con el propio apertura sentado al piano del hotel, los Lions ensayaron durante su concentración previa al viaje un amplio repertorio de canciones tradicionales de las home nations. E incluso acometieron algunas tentativas en afrikaans, para honrar a sus anfitriones: “Las cantábamos imitando los sonidos, como hacen los loros… y de las galesas escribí las letras en una pizarra”, ha relatado Morgan. Cuando la portezuela del avión se abrió a su llegada a Johannesburgo, Morgan y sus chicos avistaron el gentío que los aguardaba. Bajaron la escalerilla y rompieron a interpretar canciones, una tras otra, frente a la comitiva de bienvenida: “El Rand Daily Mail tituló en su portada: ‘Éste es el mejor equipo que haya pisado jamás Suráfrica’. ¡Y aún no habíamos jugado siquiera un partido!”. Los Lions empataron a dos aquella serie. Cliff Morgan anotó un ensayo en el primer test. En el tercero, en Loftus Versfeld, se convirtió en el primer galés en capitanear a los Lions en una victoria en suelo surafricano.

Cliff Morgan, medio de apertura de Gales, en una de sus apariciones con los British & Irish Lions, equipo del que fue capitán en la gira de 1955 por Suráfrica.

Cliff Morgan, medio de apertura de Gales, en una de sus apariciones con los British & Irish Lions, equipo del que fue capitán en la gira de 1955 por Suráfrica.

En 1951 había hecho su debut con Gales, frente a Irlanda. Al año siguiente aquel equipo levantó el Grand Slam en el Cinco Naciones. Y en 1953 lograría la victoria frente a Nueva Zelanda, de tour por las Islas, con un 13-8 memorable en el Arms Park de Cardiff. Morgan también jugaría con los Barbarians, el equipo cuya marca colectiva le procuraría en aquel encuentro mencionado de 1973 una narración legendaria, que resuena hoy entre las muestras de condolencia, afecto y admiración que ha levantado su fallecimiento a los 83 años. De Cliff Morgan se recuerda su estilo ofensivo, con preferencia por la mano antes que el pateo: la habilidad para advertir los huecos y su aceleración con el balón canónicamente sostenido entre las dos manos, para filtrarse en las líneas enemigas. La clase que ya en los años 50 prefiguraba a algunos nombres mayores de su puesto, con los que ha quedado asociado en el panteón galés: los también números 10 Barry John, Phil Bennett o Jonathan Davies. Todos producto de esa “cadena de fabricación de medios de apertura que tenemos escondida en uno de nuestros valles”, de acuerdo a la broma legendaria del cómico galés Max Boyce, que ha acabado por ser casi un mito generalmente aceptado.

Morgan exhibe una pieza de la colección de figuritas Groggs, con algunos de los más reconocidos medios de apertura de Gales de todos los tiempos: el primero, autografiado al pie y con el balón en las manos, el propio Morgan.

Morgan exhibe una pieza de la colección de figuritas Groggs, con algunos de los más reconocidos medios de apertura de Gales de todos los tiempos: el primero, autografiado al pie y con el balón en las manos, el propio Morgan.

El recuerdo del relato de Cliff Morgan, y del partido entero, obliga a la memoria de todos sus protagonistas. Hoy sirve como obituario para Morgan, el jugador retirado a los 28 años, miembro de la Orden del Imperio Británico, que en los años setenta ascendió hasta ser director de transmisiones exteriores de BBC Radio; y, entre 1976 y 1987, jefe de transmisiones deportivas de BBC Television. En otros momentos ha servido para glosar la figura de Edwards o de cualquiera de los que participaron en la monumental jugada. O de los mismos Barbarians. Nosotros mismos lo hicimos hace ahora ya diez años, en 2003, para Heraldo de Aragón. Entonces, cuando se cumplían tres décadas de la anotación de Edwards, reclamamos memoria entusiasta para el medio de melé galés y sus compañeros: Gareth Edwards era hijo de un minero. También Cliff Morgan procedía de una familia de esa tradición, tan arraigada en las tierras galesas. Tiempo después, aquel relato conformó también una pieza para el viejo Somniloquios, primera plataforma de escapatoria para nuestras obsesiones y para contar historias del rugby que hoy seguimos añorando. Dejo hoy una última revisión, a modo de recordatorio para Cliff Morgan, y el enlace al antiguo texto, con el fin de no alargar innecesariamente éste. Descanse en paz Cliff Morgan, otro glorioso hijo de las minas en Rhonda Valley. Y viva el gran rugby siempre.

La leyenda del hijo del minero

[Para el doctor Saló, que me recordó hace pocos días el nombre de Gareth Edwards y me pidió que contara esta historia].

(En enero de 2003 publiqué en Heraldo un recordatorio del ensayo que Gareth Edwards había anotado 30 años antes a los All Blacks, jugando con los Barbarians. A pesar del tiempo y de la aparición de otros candidatos, está considerado el mejor ensayo de la historia del rugby moderno, seguramente por su potencia de clásico representativo de un tiempo, un equipo y una forma de jugar. Aquella página adolecía de una imperfección irresoluble: había que narrar una jugada prodigiosa sin el prodigio de la imagen, que hubiera ahorrado casi cualquier anotación. Para compensarlo, los infógrafos dibujaron una sucesión de pantallazos capturados del vídeo del partido y así explicamos la formidable carrera que inició Phil Bennett y culminó Edwards. Creo que esta revisión en Somniloquios será más completa, mérito que debe atribuirse a la tecnología, que nos permite reunir en un mismo espacio la palabra original, el texto y la imagen en movimiento. La entusiasta recreación de esta leyenda abre lo que me gustaría que fuese una serie de grandes momentos del rugby de todos los tiempos, o lo que yo entiendo por grandes momentos y que pueden ser, en realidad, instantes mínimos. Los recordaremos de manera episódica. Arranca con la historia del mejor jugador: Gareth Edwards, el hijo de un minero). 

Para hablar de Gareth Edwards o de los Barbarians, conviene empezar explicando qué son los Barbarians, un equipo en el que se juega por invitación. WP Carpmael fundó este selecto club en 1890 en la ciudad inglesa de Bradford. Su idea original consistía en reunir a los mejores jugadores una vez que la temporada de partidos entre clubes finalizaba en marzo, y enfrentar a esa selección de talentos con los mejores equipos de aquí y allá. El rugby -como el fútbol, el baloncesto y los deportes principales de equipo- tardó muchos años en tejer una infraestructura de competiciones tal y como hoy la conocemos. Pensemos que el primer Mundial no se jugó hasta 1987. O que nunca hasta la década pasada existió nada parecido a una competición europea de clubes (la Heineken Cup). La sobre exposición de estrellas de hoy y la oficialidad de los calendarios ha disminuido el impacto actual de los Ba’baas, pero el alcance de su condición histórica. En aquellos tiempos del proto rugby, cuando los equipos se retaban entre sí por el gusto de hacerlo, por amor al deporte y a una camiseta, sin trofeos en juego, jugar con los Barbarians suponía estar incluido en el mejor equipo del mundo. Como el rugby siempre ha tendido a la posteridad, los Barbarians incorporaron a su escudo un lema que reclama la singularidad del juego: “El rugby es un deporte al que pueden jugar hombres de todas las clases; pero no están admitidos los malos deportistas de ninguna clase”. Así que en el Barbarians FC han jugado a lo largo de más de un siglo, vestidos a franjas negras y blancas, los mejores de todos los continentes.

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One response

30 08 2013
peleida

Gracias otra vez mario. Soberbio otra vez mas. Hoy losvalles galeses , donde el rugby es algo mas que un deporte , nos devuelven sus hermosas canciones con un eco mas triste.

Un gentleman un showman un caballero de otro tiempo que narro esa maravillosa jugada que sirve de alimento a los sueños de todos los que amamos este maravilloso deporte

D.E.O

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