Los Jefes aún son los Jefes

30 07 2013

En un punto de diferencia no caben demasiadas explicaciones. Si acaso detalles, más o menos minúsculos, para intentar desentrañar por qué los Chiefs ganaron 20-19 a los Crusaders. Será más fácil contar cómo que conjeturar por qué… Así de estrecho es el espacio que permite un punto. El caso es que los Chiefs se clasificaron para defender su título del Super XV en la final del sábado próximo. Lo harán con el factor campo de su lado y frente a los Brumbies, que unas horas más tarde profanaron Loftus Versfeld contra pronóstico, en un partido intenso y descarnado por momentos, tenso e impaciente por la responsabilidad. Lo coronó una delirante escena: el capitán de los Bulls, Dewald Potgieter, rechazó hasta tres golpes de castigo a palos en los últimos minutos, cuando el equipo surafricano ganaba, precisamente, 20-19. Con Morné Steyn dispuesto para la puntilla, Potgieter le ordenó patear a la touche: los Bulls echaron a perder los tres saques. Aún hubo un cuarto penalty y ahí sí Potgieter se avino a meterlo entre los palos, lo que provocó la mayor ovación del estadio en toda la tarde. Demasiado riesgo: hacia el final, el vigoroso Kuridrani acabó en ensayo y victoria una escapada de Toomua y los Brumbies ganaron  (23-26) frente a un incrédulo Loftus Versfeld. Les queda por tomar Hamilton, donde aún mandan los Jefes.

Messam eleva a Cruden por el aire, exultante, en la celebración del decisivo ensayo del apertura de los Chiefs. [Foto: Getty Images].

Messam eleva a Cruden por el aire, exultante, en la celebración del decisivo ensayo del apertura de los Chiefs. [Foto: Getty Images].

Ninguno de los dos partidos autorizó o sancionó ningún apriorismo. Presumíamos que la semifinal kiwi sería apretada y espectacular, un ejercicio de estilo neozelandés. Cierto que el resultado corroboró el pronóstico, pero vimos en la primera parte un delicado ejercicio de táctica. Las variantes de los Crusaders a la hora de disponer a sus trescuartos en las salidas de melé, buscando los canales más cercanos para favorecer su juego de contacto y descarga, se encontraron con el rigor defensivo de los Chiefs. Waikato concentraba su atención en las rutas de Crotty y Taylor por el medio, al mismo tiempo que los tres del fondo retrasaban su posición, cubriendo una posible patada larga. La sensación era que los Crusaders tendrían espacio que explotar por el ala. Pero la disciplina táctica y su ejecución, el modo en que los Chiefs reocuparon el ancho del campo, produjeron una escena reiterativa: balones llevados hasta la orilla por los Crusaders, para que el placaje conjunto de dos o tres Chiefs acabara por sacarlos por el lateral. Se repitió tantas veces que enseguida dejó de parecer casual o una circunstancia más del juego.

En realidad, la historia del partido cambió en el arranque del segundo tiempo. Y lo hizo, de ahí que hablemos de imprevisibilidad, cuando los Crusaders parecían haber tomado el partido en sus manos. Carter había anotado tres golpes de castigo antes del intermedio (fueras de juego por adelantarse en la línea defensiva o desprenderse antes de tiempo de la melé) y Cruden respondió con dos. Fue a la vuelta de la segunda anotación de Cruden cuando ocurrió la secuencia que varió todo. En el reinicio, Craig Clarke protagonizó una de esas acciones inspiradoras, propias de un capitán, que inflaman a su equipo: recogió el saque, desechó un par de placajes en su torrencial aceleración y corrió 20 metros por el pasillo central del campo. Más importante aún, cuando no encontró pase guardó con mucho juicio la pelota. Nada que pueda considerarse decisivo en sí mismo, pero tuvo un efecto multiplicador en los Chiefs, justo cuando parecían apagarse.

Clark y Retallick, en un interludio animado del partido frente a los Chiefs: la segunda línea se fajó por los dos lados. Clarke dirigió a los suyos con personalidad y compromiso.

Clarke y Retallick, en un interludio animado del partido frente a los Chiefs: la segunda línea se fajó por los dos lados. Clarke dirigió a los suyos con personalidad y compromiso.

De esa jugada nacería la carga que unos minutos, varios rucks y un par de touches más tarde produjo el poderoso ensayo del ala Lelia Masaga. Clarke también cambió un golpe a palos por el saque desde el lateral: al neozelandés sí le salió bien la apuesta, que no era tan arriesgada porque había media hora larga de juego por delante. Pero la diferencia estuvo en la convicción del resto de su equipo. Notable porque hasta entonces los Chiefs habían tenido dificultades en sus touches. Luego hablaremos de esto. Tras varias fases y moles a la puerta del ensayo, Masaga recibió escorado hacia su banda. Nada hacía prever la ruta que iba a tomar el ala de los Chiefs: en lugar de escapar hacia fuera o en perpendicular, buscando territorios de finalización naturales para un ala, Masaga se metió el balón bajo el brazo, apretó los dientes y, hecho puro acero, se fue a en diagonal en dirección opuesta, hacia las atestadas proximidades del anterior agrupamiento. Su carga pareció primero una temeridad y enseguida una imparable estampida de rinocerontes: destrozó el primer placaje, pasó la línea de cinco como un ciclón y entró en la marca con dos tipos colgados encima. Si le piden que derribe un muro, lo echa abajo…

Al minuto siguiente, Crotty cometió un error fatal: recibió la pelota en posición incómoda después de una transmisión desordenada y, de espaldas a la línea, lanzó un pase temerario que encontró la intercepción limpia de Aaron Cruden. Colosal todo el partido en su compromiso defensivo, el suplente All Black de Carter se fue hasta el ensayo sin oposición. De pronto los Chiefs ganaban 20-9 y los ‘Saders debían subir una montaña en 20 minutos. La respuesta fue formidable, en la forma de un ensayo monumental de Israel Dagg: su doble cambio de dirección para, primero, abrir en canal la línea defensiva y luego derribar la segunda cortina por el estrecho corredor del ala derecho, fue una maravilla con todas las letras. Ese tipo de jugadas que hacía Jordan contra los Knicks o en los últimos anillos frente a Utah. Comparable a aquel estratosférico off-load contra Australia, para ensayo de Nonu, que Dagg dejó en las semifinales de la RWC2011. Lo mejor de la jugada de este sábado quizá sea su perfección formal, frente a la imperfección canónica: todos nos dimos cuenta de que, una vez fijado el defensa, Dagg debió pasar a Kieran Read, que venía en ventaja pegado a la línea. No lo hizo. Fue una mala decisión, si podemos llamarla así… pero resuelta de un modo inmejorable.

Carter transformó desde el costado. Enseguida apretó aún más las tuercas con otro golpe, pero acabaría acordándose de un par de patadas desviadas o contra un poste. Quedaban seis minutos y los Crusaders empezaron a sufrir de ansiedad. Carter se precipitó en un drop desviado. La entrada de Heinz como medio melé no le dio al equipo la vivacidad necesaria para desarmar a unos Chiefs que aguantarían con la solidez defensiva que los caracterizó todo el partido. Apenas un punto. Apenas detalles. Suficiente para una final y la defensa del título. Esos detalles y la gasolina del “orgullo herido”subrayó Cruden, por la reciente y sonora derrota en Christchurch frente al mismo rival. Así fue cómo ocurrió. ¿El por qué? Tal vez la respuesta la dio el mismo apertura de los Chiefs: “Probablemente lo que nos salvó fue nuestra propia desesperación”. Una conjetura construida a partir de un intangible. Eso que no pudo explicar Kieran Read: “Nos faltó algo”.

Respecto a los Brumbies, no parecían en condiciones de comprometer la fortaleza surafricana. Y sin embargo Jake White, conocedor aventajado de las formulaciones surafricanas en el rugby, ha diseñado un equipo con una enorme carga estratégica (basta ver el puñal que son sus patadas de reinicio del juego), mucha compostura, una melé potentísima que exprime las posibilidades disciplinarias de esa fase y la solvencia de Leali’ifano para capitalizarlas. Es decir, una mezcla capaz de hacer saltar la caja fuerte. Buena parte del éxito de su propuesta reside en el pie milimétrico de su medio de melé, Nic White, que maneja el juego de territorio y posesión con mayor preeminencia que el propio apertura. Hacia el minuto 71 del partido una estadística parecía subrayar esa característica: Toomua apenas había hecho seis pases, dado tres carreras y pateado tres veces. Poca ocupación para el 10 de un equipo que, pese al emocionante desenlace, manejó casi siempre los hilos visibles e invisibles del partido. La explicación recae en White: búsqueda de primeros corredores entre los grandes, sin alejarse de los puntos de encuentro, y patadas tácticas a discreción. Un plan, un medio de melé.

Los Brumbies entraron en el partido los primeros y se fueron los últimos. Eso les dio la victoria: aunque la crecida de los Bulls en la segunda mitad fue notable (una vez que solucionaron sus problemas de melé con la entrada de Mellett por Greyling), los Brumbies nunca se descompusieron. Es un equipo que se conserva bien incluso en condiciones adversas de luz y temperatura. La segunda mitad lo fue. Loftus Versfeld posee una mística que alimenta al equipo de casa y devora a los rivales. Particularmente a hombres como el brutal Jacques Potgieter, uno de los flankers más fieros que se puedan encontrar en el rugby de hoy: un tipo que cruzaría el cuerpo frente a un mercancías si de ganar la pelota se trata. De esos que salen del campo después de darse una paliza y, sobre todo, habiendo propinado varias. Cuando lo relevaron en el cuarto final del choque, uno lo sintió. Y pensó que los Bulls estaban perdiendo un activo importantísimo.

Jake White, el técnico de los Brumbies, felicita a Nic White, su medio de melé: la extensión en el campo del entrenador, triunfal en su segunda temporada al frente del equipo de Canberra.

Jake White, el técnico de los Brumbies, felicita a Nic White, su medio de melé: la extensión en el campo del entrenador, triunfal en su segunda temporada al frente del equipo de Canberra.

Los Bulls no estuvieron en lo que debían estar hasta la segunda mitad. La primera los tomó desconectados y sin planos para el juego de los Brumbies, que se pusieron a repartir balones a la mano desactivando de inmediato la previsión de sus pateos. Si hemos hablado del ensayo de Dagg, igual merece mención el de Mogg, fabricado por Speight gracias a su poderosísima tracción en carrera (el muchacho tiene registrados 11 segundos en los 100 metros lisos) y a una primorosa descarga final por debajo de la axila. Engelbrecht contestó con otra marca al final de una jugada bien trabajada por los Bulls frente a la defensa en enjambre australiana. Y luego el partido caminó durante un largo rato bajo el signo del duelo de pateadores. Los Brumbies cobraron los frecuentes hundimientos de la primera línea de los Bulls y Morné Steyn movió el marcador a costa del empeño de Fardy por entrar en los agrupamientos como un elefante en una cacharrería. Lo mismo le daban puertas que ventanas… Debería fijarse en el delicado trabajo de George Smith.

También hubo pasajes de temeroso rugby-tenis, con los chicos intercambiando patadas desde el fondo, a la conquista del territorio por asalto. Como si jugaran al Risk, pero en formato oval. La tensión dejó el partido en suspenso en algunos momentos. Sobre todo cuando más empujaron los Bulls y los Brumbies resistían la acometida con falsa pasividad. Así, a la hora de partido los Bulls tomaron la delantera (20-19). Y la estiraron tres puntos más. Fue en esos últimos diez minutos en los que se produjo la escenita de los tres golpes desechados por Dewald Potgieter. Tres veces frente a palos, la misma decisión, patada a la esquina, idéntico resultado: touche, maul que contuvieron los Brumbies con su solvencia habitual, mal saque del talonador suplente, Callie Vissagie, o pérdida de la disputa en el salto. Lo notable es que, antes, los Bulls habían dominado esa fase del juego. Su meltdown revela el escaso convencimiento del equipo para secundar las decisiones de Potgieter: fueron a los alineamientos como fastidiados, sabedores de que ahí se estaba cometiendo un error grueso. Uno no puede imaginar el pensamiento del imperial Victor Matfield, coach de ataque y touche de los Bulls, en el área de entrenadores.

Todo eso ocurrió ante la creciente pitada del estadio. La primera vez hubo quien aplaudió la gallardía, como con cierta suficiencia. A la vista de los errores, la marea cambió: ¿Qué hacemos desechando ocasiones cantadas de anotar, a menos de diez minutos y con el mejor ejecutor del campeonato en el equipo?, se preguntó el campo entero. Morné asentía a las indicaciones de su capitán mientras en su cabina acristalada el entrenador de los Bulls se comía el walkie-talkie ordenando que pateara Morné: o van a palos en el siguiente o los cuelgo a todos de los pulgares, parecía decirle a gritos a su contacto en el banquillo. Cuando los Bulls tuvieron a su disposición el cuarto golpe en pocos minutos, el aguador llegó al punto de la infracción en medio segundo, con el fin de asegurar que se cumplía el deseo del técnico. “Es una orden”, debió de ser el diálogo. Steyn apuntó y anotó. El mal ya estaba hecho. Luego vendría el ensayo de Kuridrani y la derrota. Si usted cree que a esa altura Potgieter había escarmentado, lea estas declaraciones suyas al final del partido: “De lo único que me arrepiento es de no haber mantenido la misma decisión hasta el final y haber pateado ese último golpe también a la touche”. Dicen que la locura consiste exactamente en repetir hasta el infinito lo que sale mal, confiando siempre en que alguna vez saldrá bien.

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4 responses

31 07 2013
fer_almogavar

Como desconozco enormemente el mundillo oval del Hemisferio Sur, he puesto a indagar un poco acerca de Dewald Potgieter y he encontrado un vídeo que me ha dejado boquiabierto. Me ha parecido un jugador espectacular: rápido, agresivo, potente, placador salvaje… claro que los highlights solo muestran lo bueno pero aún así me ha gustado muchisimo. Pero he alucinado cuando he visto que no tiene ni una cap con los Boks. Está claro que si de algo tienen llena la despensa los Sudafricanos es de flankers psicopatas pero aún así… me ha recordado mucho al mismisimo Schalk Burger

Adjunto el vídeo

pd- no juzgo la decisión de la touch que les costó el partido, está claro que ahí se equivoco

1 08 2013
t1mas

Yo vi un partido de los Sprigboks en que precisamente Dewald Potgieter entró como suplente de Shalk Burger. Creo recordar que fue un test match contra Francia en el 2010 o 2011. Así que supongo ese partido le habría reportado la cap, no?

1 08 2013
fer_almogavar

tienes razón, no se por qué no lo encontraba… ha jugado 6 partidos con los boks, incluido el que comentas contra Francia

http://www.sarugby.net/playerprofile.aspx?id=35756&category=sarugby/springboks&leagueid=1

30 07 2013
Miguel

Genial cronica como siempre Mario. Yo tambien esperaba un poquito mas del Chiefs Crusaders, me refiero a la 1ª mitad claro. En la segunda el juego combinativo si que fue lo que se esperaba, rugby por todos lados del campo.
Se esta fraguando ( o se ha fraguado ) un grupo de segundas lineas neozelandeses impresionantes , tanto B. Retallick , Sam Withelock o Luke Romano. Cada vez son mas dinamicos, intervienen en mas partes del juego y su radio de accion por el campo es mayor. No se que sera lo proximo que vere, bueno a Wyatt Crocket lo confundi un par de veces con Read, no se si porque vi el partido en el Pc en una mala resolucion o porque cada dia su manejo del oval es mejor.
De la otra semi solo vi un resumen largo, pero sigo sin creerme las decisiones de Potgieter. Mas aun si ves como ganaron los Bulls los torneos de SuperRugby.

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