Asterix juega en Leinster

16 05 2013

Ni esto es el año 50 antes de Jesucristo ni la Galia está ocupada por los romanos. De hecho, en este preciso momento de la historia de las batallas ovales, diríamos que Asterix juega en Leinster y que la trama completa ha sido invertida: aquí los irreductibles y la aldea que resiste todavía y siempre al invasor tienen filiación celta; y las guarniciones que lo acechan son tres: Auvernia, Provenza y, más concreta y directamente en su caso, la siempre luminosa Lutecia. Salgamos de la broma contextual y la metáfora de cómic. Hablamos de esto: en su condición de triple campeón vigente de Europa, Leinster viene a encarnar la única cuña de resistencia al creciente dominio francés. Jonathan Sexton sería el Asterix celta. Y su propia figura resume el signo de los tiempos: el año próximo, como tantas otras estrellas de los dos hemisferios, Sexton jugará en un club francés. Lo inmediato es que la conquista gala del continente, a nivel individual y colectivo, se escenifica este fin de semana, en Dublín y con doble programa: Leinster y Stade Français jugarán la final de la Amlin Challenge Cup este viernes en el RDS Arena; el sábado, Clermont Auvergne y Toulon dirimirán el título de la Heineken Cup, en un escenario aún más contemporáneamente mayestático: el Aviva Stadium de la capital irlandesa.

La figura de Wilkinson ha crecido exponencialmente en los últimos estadios de la Heineken Cup, particularmente con sus extraordinarios partidos ante Leicester Tigers y Saracens: pese al enfrentamiento múltiple de estrellas que será esta final de la HCup, su capacidad de modelar y definir los partidos sigue apareciendo por delante de cualquier otro argumento previo al choque. Y en éste, en concreto, los hay a decenas...

La figura de Wilkinson ha crecido exponencialmente en los últimos estadios de la Heineken Cup, particularmente con sus extraordinarios partidos ante Leicester Tigers y Saracens: pese al enfrentamiento múltiple de estrellas que será esta final de la HCup, su capacidad de modelar y definir los partidos sigue apareciendo por delante de cualquier otro argumento previo al choque. Y en éste, en concreto, los hay a decenas…

La agarrada en este final de temporada entre Clermont y Toulon promete mucho ruido de cacharrería. Primero y segundo en la fase regular de la liga francesa, tras el cetro europeo les aguardan todavía las semifinales (Toulon ante Toulouse, Clermont contra Castres); y, previsiblemente, otro duelo por el título doméstico el 1 de junio. A tal punto ha llegado la paulatina construcción de esta rivalidad final, y de tal manera sienten los franceses que su rugby está ahora mismo en proceso de dominación con bota de hierro del juego de clubes en Europa, que hay quien considera que podría tener más valor el título francés que el mismo europeo. En todo caso, parece innegable que Clermont y Toulon son los clubes del año. Más allá, hay que subrayar el dato: tres de los cuatro finalistas continentales provienen del Top 14 francés. Y no sólo: también fueron franceses los otros dos semifinalistas de la Amlin, Perpignan y Biarritz. Es decir, un total de cinco de los ocho semifinalistas en las competiciones europeas. Son los síntomas del ciclo de dominio galo, punteado con el constante goteo de noticias de fichajes de renombre para el Top 14. El año que viene, Francia tendrá siete plazas en la Heineken Cup. Por si fuera poco, otro clavo anecdótico: la final la pitará Alain Colm Pierre Rolland, árbitro irlandés de padre francés. No hubiera sido posible resumir tantas dicotomías de forma tan sencilla…

Sin embargo, merece la pena situar en perspectiva esta final francesa: es la cuarta vez que ocurre desde que nació la copa de Europa de rugby. Antes se la disputaron Toulouse y Perpignan (22-17 en 2003), Toulouse y Stade Français (18-12 en 2005), y Toulouse contra Biarritz (21-19 en 2010). ¿Será diferente, más duradero, esta vez? Eso habrá de verse… Por ahora, el ganador de este año inscribirá su nombre por primera vez en el palmarés de un torneo que han levantado Toulouse (4), Leinster (3), Leicester, Munster y Wasps (2), además de Brive, Bath, Ulster y Northampton Sainst (1). Si la condición de favorito de Toulon en este partido se debe a la tremenda potencia de su equipo, sumada a la maestría de Jonny Wilkinson, Clermont opone una potencia de fuego equivalente y su intachada hoja de ruta en toda la competición: ha ganado los ocho partidos hasta llegar a Dublín. Si también vence en la final, habrá hecho algo que nadie pudo lograr antes: sumar las nueve victorias del torneo. Para ello deberá sobreponerse a monsieur Wilkinson et al, una reunión tremenda de jugadores que ya no hace falta glosar. En realidad, el partido viene a ser una suerte de guerra de las galaxias ovales, porque la concentración de estrellas por metro de campo sobrepasa cualquier ideal: Lee Byrne, Sivivatu, Fofana, Rougerie (si por fin puede jugar), el exuberante Nalaga, Morgan Parra, Bonnaire, Debaty, Domingo o Kayser… todos en Clermont. Y, por supuesto, la pléyade toulonnaise, con Bastareaud, los Armitage, Giteau, Palisson, Wilkinson, Bakkies Botha, Masoe, Mermoz, Gethin Jenkins o, cómo no, Fernández-Lobbe. La única duda es si el partido tendrá vuelo o acabará reducido a las cenizas de un enfrentamiento de pateadores desde el tee: una amenaza que en el rugby de hoy siempre parece latente. Parra vs. Wilkinson. Ambos gigantes, pero sobre el campo hay mucho más rugby y el deseo es que reviente como merece la ocasión.

Apuesta Mamá, quiero ser pilier: +5 Toulon.

 

Sexton

Jonathan Sexton, el apertura irlandés, aún ha de disputar dos títulos con Leinster (Amlin Challenge Cup europea y Rabo Direct Pro12) antes de partir hacia el rugby francés la próxima temporada: los equipos del Top14 parecen haber abierto de manera definitiva un periodo de dominio, primero en el mercado y ahora en las competiciones europeas de clubes.

La vida sin BOD

En la final de la Amlin Challenge Cup, Leinster no podrá contar finalmente con Brian O’Driscoll, que acaba de renovar por un año más su contrato: así que nos lo perderemos este viernes, pero ya sabemos que la gira por Australia con los Lions no será el último servicio internacional que le veamos a BOD. Como ocurre con este tipo de figuras de época, cada uno de estos detalles contribuye a la culminación de la leyenda: en el momento de rubricar la extensión de su compromiso, O’Driscoll presenta una tarjeta con 125 partidos, un Grand Slam, cuatro Triples Coronas y 46 ensayos con Irlanda. Sus números con Leinster no son menos impresionantes, al contrario: 172 partidos hasta esta final, tres títulos de la Heineken Cup, dos Rabo Direct Pro12 y 59 ensayos. Llegados a estas alturas, a Brian O’Driscoll habría que mirarlo jugar puestos en pie y en ovación sostenida; o bien sometidos al modesto rigor de un reclinatorio. También se perderá el choque definitivo su partenaire más renombrado en el medio campo irlandés: Gordon D’Arcy es baja. Así que, para defender el orgullo del resistente, Leinster habrá de formar con Ian Madigan y Fergus McFadden como centros. Sean O’Brien y Rob Kearney, que se perdieron la semifinal victoriosa de la Rabo Direct Pro12 frente a Glasgow, también están en condiciones.

En el lado francés, París afronta lo que parece una misión imposible, desde todos los puntos de vista. Primero por la potencia del rival, que además juega en su ciudad y en su campo; segundo, porque la propia campaña del Stade Français obliga a considerarlos underdogs en un partido de este calibre. El SF acabó el Top 14 en la décima plaza, pero se arregló para ir sorprendiendo rivales en las fases decisivas del torneo europeo: no se puede perder de vista que pasaron los cuartos de final ganando en Bath (22-36), y que en semifinales hicieron lo mismo frente a los compatriotas de Perpignan, también a domicilio (22-25). En esa victoria tuvo un peso definitivo el pie de Jerome Porical, el zaguero francés. El equipo de Sergio Parisse, líder desde el número 8, afronta su segunda final de la Amlin en tres años. Ya perdió en 2011 frente a los Harlequins, así que usará aquel recuerdo como espuela. Las circunstancias del choque le permiten la clásica posición de aspirante falsamente despreocupado: no tiene nada que perder porque todo el mundo lo da por derrotado de antemano. Y sí mucho a ganar: desde luego un título europeo frente a un contrario mayúsculo. Y aún más allá, la posibilidad de salvar esta temporada, y la siguiente, con la clasificación para la próxima Heineken Cup.

Apuesta Mamá, quiero ser pilier: +12 Leinster

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